Selina tiene 18 años y descubrió que aunque puede transformarse en loba, no tiene a su loba interna. Ha estado enamorada de su amigo Isaac Newman el beta de la manada White Moon, ella creía que su amor por el sería correspondido, sin embargo dolorosamente descubre la verdad de sus sentimientos y la traición de quienes ella más amaba. Inesperadamente la ayuda viene de quien ella más detesta...
NovelToon tiene autorización de Noruka para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Llegada a Blue moon
No supe cuánto tiempo corrí.
El bosque cambió.
El aire también.
Más frío… más denso… diferente.
Crucé el límite sin detenerme.
Y en el instante en que lo hice…
algo dentro de mí se tensó.
Como si hubiera cruzado más que un territorio.
Como si hubiera dejado algo atrás.
—Sigue —me obligué.
Pero mi cuerpo no respondió igual.
Mis pasos se volvieron inestables.
Mi respiración… irregular.
—No… ahora no…
Intenté concentrarme, mantener el control.
Pero algo faltaba.
Algo… que antes estaba.
Caí al suelo, jadeando.
Mis manos temblaban al volver a mi forma humana.
—Esto no me había pasado…
Cerré los ojos con fuerza.
Y por primera vez…
lo entendí.
—Bruno…
Apreté los dientes.
—No.
No iba a depender de él.
Me puse de pie, ignorando el dolor en el pecho.
—Sigue adelante_ me decía una y otra vez
Había dejado atrás toda la vida que conocía.
No avancé mucho más antes de sentirlos.
Lobos.
Varios.
Rodeándome.
—Genial… —murmuré.
Tres figuras emergieron entre los árboles.
No atacaron.
Pero tampoco retrocedieron.
—Identifícate —ordenó uno de ellos.
Mi mirada se endureció.
—No vine a pelear.
—Eso lo decidimos nosotros.
Solté una risa breve.
—Entonces llévenme con su alfa.
Hubo un silencio incómodo.
—Dile que Selina…
tragué saliva
—hija de Iván Garrett… está aquí.
Eso lo cambió todo.
Se miraron entre ellos. Había tensión. Duda.
—Espera aquí —dijo uno finalmente.
No confiaban. Perfecto. Yo tampoco.
No pasó mucho tiempo.
Pero se sintió eterno.
Hasta que lo vi.
Saliendo entre los árboles. Imponente. Firme. Me recordó mucho a mi padre.
Cuando sus ojos se posaron en mí…
todo en él se detuvo.
—…no puede ser —susurró.
Fruncí el ceño.
—Supongo que tú eres Paolo_ dije
Dio un paso hacia mí. Incrédulo.
—Selina…
Mi nombre en su voz…
sonó como algo que llevaba años esperando decir.
—Pensé que…
Negó con la cabeza.
—Me dijeron que no quedaba nadie.
El mundo se detuvo.
—¿Qué?
Mi voz salió más débil de lo que quería.
—Después de la muerte de tu padre… —continuó— recibí información.
—Tu manada afirmó que… Dudó.
—tú también habías muerto_ exclamó
Retrocedí un paso.
—No…
Todo encajó de golpe.
—No me buscaste…
—Porque creí que no estabas —respondió con dolor—.
Mi respiración se quebró.
—Yo te escribí…
—Nunca recibí nada.
El silencio explotó entre nosotros.
—Entonces… _ mi voz tembló
nos separaron.
Sus ojos se endurecieron.
—Sí.
Y no fue un accidente_ agregó
dolor en mi pecho regresó con fuerza.
Caí de rodillas, jadeando.
—Selina —dijo Paolo, acercándose—.
—No… —murmuré—. Estoy bien…
Pero no lo estaba.
Mi cuerpo… no respondía igual.
—Tu energía está inestable —dijo, serio—.
—Estoy bien —repetí, más débil.
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Dónde está tu ancla?
El mundo se detuvo.
—¿Mi qué?
—El vínculo —respondió—.
—No lo necesito.
Paolo me observó en silencio.
Y entonces dijo algo que lo cambió todo:
—Entonces estás en peligro.
Apreté los puños.
—No vine hasta aquí para depender de alguien.
—No —respondió con calma—.
—Viniste para sobrevivir.
Levanté la mirada.
—Y si no entiendes lo que eres…
dio un paso hacia mí
—ni siquiera yo voy a poder ayudarte.
El silencio cayó. Pesado. Real.
Y por primera vez…
Dudé si huir… había sido suficiente.
Una vez que llegamos a la casa del alfa. Mi tío Paolo me llevo hasta su estudio. Habían encendido el fuego y este crepitaba suavemente frente a nosotros. Yo no dejaba de mover las manos.Inquieta. Inestable.
—Ahora puede contarme—dije finalmente—. Ya no quiero medias verdades.
Mi tío Paolo me observó en silencio unos segundos.
Como si evaluara cuánto podía soportar.
—Los hijos de la luna no son lobos comunes —comenzó—.
Fruncí el ceño.
—Eso ya lo sé.
—No —negó suavemente—. No lo sabes.
Se inclinó levemente hacia adelante.
—Los lobos… tienen una forma humana… y una loba.
—Dos entidades.
—Dos conciencias.
Tragué saliva.
—¿Y yo?
—Tú no tienes una loba.
El silencio cayó.
—Porque tú… eres la loba.
Mi respiración se detuvo.
—Tu forma humana no es tu origen —continuó—. Es tu contención.
—Eso no tiene sentido…
—Lo tendrá —respondió—. Cuando pierdas el control.
Apreté los puños.
—Entonces mi forma real es…
—La que temes —terminó él.
El fuego crujió con más fuerza.
—Los hijos de la luna nacen raramente —continuo Son equilibrio… y destrucción.
—No responden a jerarquías.
Levanté la mirada.
—Por eso me querían controlar.
—Sí.
—Porque no podían dominarme.
—Porque no pueden detenerte… si te despiertas completamente.
—¿Y qué evita que eso pase? —pregunté, tensa.
Paolo no respondió de inmediato.
Eso me dijo todo.
—Digame.
—El vínculo.
Cerré los ojos con fuerza.
—No.
—Selina—
—No —repetí, negando—. No voy a depender de nadie para existir.
—No es dependencia —dijo con firmeza—. Es equilibrio.
Abrí los ojos, furiosa.
—¿Equilibrio? ¿Con quién?
Paolo me sostuvo la mirada.
—Con tu ancla.
Mi pecho se tensó.
—Si no estableces ese vínculo…
—No lo necesito.
—Entonces escúchame bien —su voz se volvió más dura—.
El aire se volvió pesado.
—Vas a dejar de ser humana.
El mundo se detuvo.
—No…
—No será inmediato —continuó—.
—Primero perderás el control.
—Después… las emociones.
—Y al final…
Bajó la voz.
—ya no podrás volver.
Mi respiración se volvió irregular.
—Eso no me va a pasar.
—Ya empezó —respondió. Hubo un Silencio.
—¿Quién es? —preguntó entonces mi tío
Mi mirada se endureció.
—No hay nadie.
Pero mi cuerpo… no estuvo de acuerdo.
El dolor llegó sin aviso.
Una punzada en el pecho.
Fuerte.
Brutal.
Caí al suelo, jadeando.
—Selina —la voz de Paolo sonó lejana—.
—No… —murmuré—. Estoy bien…
Pero no lo estaba.
Mis manos temblaban.
Mis uñas… crecieron.
—Respira —ordenó—.
—No puedo—
El aire no era suficiente.
Mi piel ardía.
—Concéntrate.
—No está…
—¿Qué?
—No está aquí…
Mi voz se quebró.
Y entonces lo sentí.
El vacío.
Donde antes… había algo.
—Bruno…
Su nombre escapó antes de poder detenerlo.
La transformación explotó.
Huesos.
Dolor.
Instinto.
Mi cuerpo se rompió… y se rehízo.
Mi loba emergió. Completa. Incontrolable.
—¡Selina! Gruñí. Pero no era yo.
No completamente.
El mundo se volvió rojo.
Sonidos.
Olores.
Pulsos.
Todo demasiado.
—Retrocedan —ordenó Paolo a los demás.
Yo avancé. Lenta. Peligrosa.
—Selina… si puedes oírme…
Pero su voz ya no importaba.
Nada importaba.
Solo…
el instinto.
Y entonces lo entendí. Demasiado tarde. No necesitaba una loba.
Porque yo…
Ya lo era.
y el Ysacc anda entre las 2😡😡😡
de seguir al malvado de su padre y se ponga los pantalones por ella
sobre todo la perra de la amiga que es igual a Carol