Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 2
Deberías dejar tu cabello largo, te quedaría hermoso – le digo a mi bisnieta, mientras esta trenza mi cabello, como lo vio en un video de internet.
- Dices eso porque de todas tus nietas y bisnietas soy la única que heredó tu tono de cabello y tú siempre lo has tenido largo, pero a mí me gusta tenerlo corto – me dice esta, mientras termina de trenzar mi cabello y me pasa un espejo para que me vea - ¿cómo quedo? – me pregunta, y puedo ver cómo sus ojos brillan a la expectativa, esperando la respuesta, y es que a ella le gusta peinar y maquillar a quien se deje, y yo gustosa soy su conejillo de indias.
- Te quedo preciosa, muchas gracias mi niña – le digo, mientras la abrazo y la lleno de besos, a lo que ella se ríe y se queja falsamente hasta que la suelto.
Con 81 años, mi cabello hace mucho dejó de ser castaño; ahora es casi en su totalidad blanco, o al menos lo es en algunas temporadas, ya que disfruto de teñirlo de un sinfín de colores. Al fin de cuentas, ya no tengo que usar nada para decolorarlo; el tiempo ya se encargó de eso.
Una vez que la mayor de mis bisnietas acaba de peinarme y maquillarme, ambas salimos al jardín de la casa, en donde todos ya estamos reunidos, entre mi hija, mis nueras y mis nietas se encargaron de la comida, y vaya que se lucieron; este era un banquete en toda regla.
- Felicitaciones a las cocineras, esto está delicioso – les digo mientras como con apetito.
- Cocinera y cocineros, muchos de nosotros también ayudamos – me dice uno de mis nietos con orgullo.
- En ese caso, felicitaciones a todos – les digo, feliz de tenerlos a mi lado.
El resto del día la pasamos entre risas y mucha felicidad, y es que siempre encontrábamos algo de lo que hablar, o algo que hacer para que la fiesta fuera entretenida para todos, cuando el sol ya se estaba ocultando, yo ya me sentía agotada, había jugado tanto con mis nietos y bisnietos que había acabado con toda mi energía, y cuando no estaba con los más pequeños, estaba platicando con mis hijos y nietos mayores sobre todos tipos de cosas, también me había puesto al corriente con mis amigos, quienes también habían asistido a la fiesta, fue un día inolvidable.
- Bueno, me voy a descansar, que ya no soy tan joven como para quedarme despierta tan tarde – les aviso a todos, quienes sin dudarlo me abrazan, primero uno por uno, y después los más pequeños se fueron sobre mí todos juntos.
- Cuidado, no vayan a tirar a su abuela – los riñe mi hija.
- No los regañes, así demuestran su amor – le digo, más que encantada con tener la atención de los pequeños.
Esa noche me fui a dormir con una sonrisa en el rostro, y es que solo tenía razones para sonreír; tenía una familia a la que amaba, y quienes me amaban a mí.
Cuando abrí los ojos, lo primero que noté era que ya no estaba en mi habitación, y tampoco me encontraba acostada, sino que estaba de pie en medio de una enorme habitación que poseía una tenue iluminación.
Lo poco que alcanzaba a ver era que el lugar estaba vacío casi por completo y es que al frente, o lo que yo pienso que es el frente de la habitación, hay un enorme espejo que de alguna manera me recuerda la pantalla de una sala de cine. Todo el lugar parece una sala de cine, solo que más pequeña que las que suelo ir, y sin las butacas.
La verdad, sé que debería sentirme asustada, digo, desperté en un lugar desconocido, pero por alguna razón me siento tranquila; algo en este lugar me brinda esa tranquilidad.
Lentamente me acerco al espejo y, entre más me acerco, más de mi reflejo puedo distinguir y, al notar un detalle impresionante, me acerco rápidamente para poder ver mejor y frente a mí veo algo insólito, y es que la mujer que se refleja en el espejo no es una anciana de 81 años, sino que es una jovencita de 16.
En mi reflejo puedo ver a mi yo más joven, con mi largo y abundante cabello de color castaño, el cual casi siempre usaba suelto para lucir sus ondas naturales, también alrededor de mis ojos café ya no había arrugas, sino todo lo contrario, mi piel era lisa y casi sin arrugas, y para nada estaba usando mi pijama, sino que estaba usando el vestido que me puse en cuanto me recupere de dar a luz, el cual era color azul con detalles en color beige, la parte superior simulaba una camisa mientras que la inferior era una falda tableada en donde la parte de enfrente era beige y el resto de color azul claro.
La verdad, no entendía lo que estaba sucediendo; impactada, y algo asustada, comencé a tocar mi rostro, incluso hice algunas muecas para asegurarme que de verdad fuera mi reflejo el que estaba viendo, y es que en mi cabeza no entraba la idea de que, de alguna manera, hubiera rejuvenecido.
Mis pruebas fueron abruptamente interrumpidas cuando el espejo frente a mí se puso en su totalidad blanco, luciendo como una pantalla de cine a la que aún no se le proyectaba nada. El cambio abrupto causó que soltara una maldición y que saltara ligeramente hacia atrás, y es que me asustó, pero antes de poder procesar lo que había pasado en la pantalla apareció una imagen que me dejó de piedra.
Proyectada en la pantalla podía ver mi habitación y a mi yo anciana acostada en la cama. Me veía pálida, demasiado pálida, y sin que nadie me dijera nada o me explicara qué estaba pasando, deduje la verdad; esa imagen me lo había dicho todo, estaba muerta.