"El Frágil Lazo de Ciela" es una historia conmovedora sobre la identidad, el perdón y la valentía de amar cuando el tiempo corre en contra. Una novela que demuestra que, a veces, para sanar el cuerpo, primero hay que reconstruir el alma.
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Capítulo 20: El Retorno a la Realidad
La mañana en "La Heredad" se sentía diferente. El peso de la muerte de Valenzuela y la revelación de la verdad de Julián habían actuado como un tónico purificador. El caos se había transformado en una calma pragmática. En la biblioteca, Diego hablaba con Valeria antes de que ella se marchara con sus padres.
—Entiendo por qué lo hiciste, Valeria —dijo Diego, con una madurez que sorprendió a la joven—. Era tu trabajo y, irónicamente, tu investigación ayudó a que Julián encontrara el camino de regreso. No tengo nada que reprocharte; lo nuestro es pasado y tú solo cumplías con tu deber.
Valeria le dedicó una sonrisa triste, pero aliviada.
—Gracias, Diego. Me alegra que todo se haya aclarado. Cuida a Ciela, ella es mucho más fuerte de lo que parece.
Afuera, en el gran porche, Ciela (Graciela) observaba cómo los empleados cargaban las últimas maletas en los autos. Se sentía ligera, con el riñón funcionando a la perfección y el corazón, por primera vez, sin secretos. Elena y Roberto la esperaban junto a su camioneta.
Julián se acercó a ella, entregándole una tarjeta personal y una carpeta con documentos legales.
—No pretendo recuperar veinte años en un día, Graciela. Pero aquí tienes los fondos para terminar tu carrera en la universidad que elijas y el apoyo total de las Caleras del Norte. Tu madre y tú nunca volverán a pasar una necesidad.
Ciela lo miró a los ojos, reconociendo en él esa misma determinación que ella sentía en sus venas.
—Gracias, Julián. Acepto el apoyo para mi estudio, pero mi vida la sigo construyendo yo. Voy a terminar mi último año de administración. Quiero ser yo quien maneje mi propio futuro, no mi apellido.
Beatriz se acercó y abrazó a su hija. Decidieron que Beatriz se quedaría un tiempo en "La Heredad" para sanar sus propias heridas de cautiverio, pero manteniendo una relación abierta y constante con todos. Lucía, por su parte, decidió aceptar una beca que Julián le ofreció para estudiar artes en la capital; era su oportunidad de dejar de ser "la hija de..." y ser simplemente ella misma.
El Nuevo Comienzo
—¿Lista para volver al mundo real? —preguntó Diego, acercándose a Ciela mientras los padres de ella subían al auto.
—Más que lista —respondió ella, entrelazando sus dedos con los de él—. Mañana tengo que presentarme en la facultad. Perdí demasiadas clases con todo este drama y no pienso dejar que mi promedio caiga.
—Yo también regreso a mis clases de ingeniería —dijo Diego con una sonrisa—. Parece que nuestras vidas de "gente normal" nos estaban esperando.
Elena, desde la ventana del auto, vio a los dos jóvenes y, por primera vez en semanas, dejó ir los celos. Entendió que Ciela no la amaba menos por haber encontrado a sus padres biológicos; al contrario, la amaba más por haberla sostenido cuando el mundo se caía a pedazos.
El coche de Elena y Roberto se alejó de la mansión, seguido por el de Diego. Ciela miró por el retrovisor cómo la imponente estructura de "La Heredad" se hacía pequeña en la distancia. Atrás quedaban los zapatitos de bebé, las llaves de latón y la sombra de Valenzuela.
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...Una semana después Ciela va entrando al campus de la universidad. Lleva sus libros bajo el brazo y camina con la frente en alto. Al cruzarse con Diego en el pasillo central, él le guiña un ojo y ella sonríe. Ya no son los protagonistas de una tragedia; ahora son simplemente dos estudiantes con un futuro brillante por escribir....