Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado
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Capitulo 12
—¿A dónde vamos? —le pregunté al príncipe.
—Al palacio real.
Antes de que pudiera preguntar algo más, me ofreció una taza de té y varios dulces.
En cuanto los vi, empecé a comer desesperadamente.
Tenía demasiada hambre.
El príncipe me observó en silencio mientras comía.
—Vamos al palacio real. Te quedarás allí unos días y te traeré de regreso antes de la boda.
Me quedé inmóvil por un instante.
¿Antes de la boda?
Entonces él sacó un pañuelo y limpió con cuidado una mancha de mi boca.
Yo bajé la mirada.
Solo él lo sabía.
Yo iba a casarme con el príncipe tirano.
Si él descubría que habían cambiado a la mujer que debía casarse con él...
Probablemente me mataría.
Y quizá también mataría a toda mi familia.
Voy a morir pronto.
Apreté los dedos alrededor de la taza.
Bueno... si vamos a morir, al menos moriremos juntos.
Mientras tanto, en la mansión...
—¡No puede ser! —gritó mi hermanastra.
Tomó un objeto de una mesa y lo lanzó contra el suelo.
Después comenzó a romper todo lo que encontraba a su paso.
—¿Qué vestido me voy a poner ahora? —gritó entre lágrimas—. ¡Voy a convertirme en la burla de toda la capital!
Estaba furiosa.
Pero detrás de aquella rabia también había miedo.
—¿Cómo es posible que sea amiga del príncipe heredero?
No podía entenderlo.
Durante años había creído que Aine no tenía a nadie.
Y ahora había descubierto que la persona que más podía protegerla era precisamente uno de los miembros de la familia imperial.
Se secó las lágrimas con rabia.
No podía permitir que aquello arruinara sus planes.
Tenía miedo de que, con la ayuda del príncipe heredero, Aine consiguiera escapar de aquel matrimonio.
Y eso significaba que podía perder la oportunidad de verla morir a manos del príncipe tirano.
—Debemos hacer que se case lo más pronto posible —dijo finalmente.
Mi madrastra la miró.
—¿Qué quieres que haga?
—Ve a hablar con la casamentera y dile que queremos adelantar la boda.
Mi hermanastra sonrió entre lágrimas.
—Ella se casará con él porque así lo deseo.
Su sonrisa se volvió más amplia.
En su mente, ya podía imaginar el final.
Estaba convencida de que, una vez que Aine estuviera frente al príncipe tirano, moriría.
Y, en el fondo, eso era exactamente lo que ella deseaba.
Mi madrastra asintió lentamente.
—Como quieras.
La sonrisa de mi hermanastra no desapareció.
Creía que había ganado.
Todavía no sabía que acababa de cometer un error que podía cambiarlo todo.
Cuando llegamos al palacio, apenas puse un pie dentro, Kamali apareció frente a nosotros.
En cuanto me vio, su expresión cambió.
—¿Qué demonios haces aquí? —espetó.
Antes de que pudiera responder, se acercó y me tomó del brazo con fuerza.
—¿Cómo te atreves a venir?
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.
—Kamali —dijo el príncipe heredero con firmeza.
Se interpuso inmediatamente entre nosotros.
—Basta. Déjala.
Kamali lo miró con una expresión llena de odio.
—No te metas.
—Se siente mal —respondió el príncipe heredero—. No voy a permitir que la lastimes.
Después volvió a mirarme.
Al verme tan pálida y agotada, su expresión se suavizó.
Me tomó nuevamente en sus brazos y comenzó a alejarse.
Yo miré por encima de su hombro.
Kamali seguía allí.
Sus ojos estaban clavados en mí.
Me observaba con un odio que me hizo estremecer.
Si me va a matar...
Apreté los dedos contra la ropa del príncipe heredero.
Entonces probablemente sea mejor que suceda rápido.
No sabía que aquel hombre que me miraba como si quisiera destruirme todavía no había decidido qué hacer conmigo.
El príncipe heredero no volvió a mirar atrás.
Siguió caminando conmigo en brazos hasta llegar a una de las habitaciones del palacio.
—Déjame aquí —murmuré.
—No.
Su respuesta fue inmediata.
Me dejó sobre la cama con cuidado y llamó a una de las sirvientas.
—Traigan comida caliente, agua y ropa limpia.
—Sí, Su Alteza.
La sirvienta salió rápidamente.
Yo lo miré confundida.
—¿De verdad tengo que quedarme aquí?
—Sí.
—Pero...
—Aine, mírate.
Bajé la mirada.
Mi vestido seguía cubierto de carbón y tenía el cabello completamente desordenado.
No pude evitar sentir vergüenza.
El príncipe suspiró.
—Primero vas a descansar. Después hablaremos de la boda.
Al escuchar aquella palabra, mi corazón volvió a apretarse.
—¿La boda?
—Sí.
—¿Qué va a pasar con ella?
—¿Con quién?
—Con mi hermanastra.
El príncipe frunció el ceño.
—Eso no es algo que tengas que solucionar tú.
Me quedé callada.
No podía explicarle lo que realmente me preocupaba.
Si mi hermanastra no se casaba con Gael y yo tampoco ocupaba su lugar...
Entonces tendría que enfrentarme a Kamali.
Y yo ya había visto su expresión.
Definitivamente me va a matar.
Mientras pensaba en eso, escuché unos pasos al otro lado de la puerta.
La puerta se abrió.
Era un sirviente.
—Su Alteza, el príncipe Kamali solicita hablar con usted.
El príncipe heredero guardó silencio unos segundos.
—Dile que después.
El sirviente tragó saliva.
—Su Alteza... insiste.
Yo me tensé.
No quería volver a verlo.
El príncipe heredero lo notó.
—No va a entrar aquí —dijo.
—Pero...
—He dicho que no.
El sirviente inclinó la cabeza y salió.
Respiré aliviada.
Aunque solo unos segundos después escuchamos una voz al otro lado de la puerta.
—Entonces tendré que esperar.
Reconocí aquella voz inmediatamente.
Kamali.
Me quedé completamente quieta.
El príncipe heredero me miró.
—No tengas miedo.
Yo asentí.
Pero por dentro solo podía pensar una cosa.
¿Cómo demonios voy a sobrevivir a este hombre?