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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SI ES UNA NIÑA

Lia había intentado guardar el secreto.

Desde que descubrió que estaba embarazada, cada vez que Brayan estaba cerca procuraba comportarse como si nada hubiera cambiado.

Pero era imposible.

Ahora sabía que dentro de ella había una pequeña vida.

Y cada movimiento que sentía le recordaba que ya no estaba sola.

Aquella tarde estaba sentada sobre el viejo colchón, sosteniendo entre sus manos los documentos que había recibido.

Ocho meses.

Todavía le costaba creerlo.

Miró hacia su abdomen.

—Todavía no sé cómo voy a hacerlo…

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Pero voy a encontrar la manera.

Guardó los documentos debajo de algunas prendas.

No quería que Brayan los encontrara.

Sin embargo, había olvidado algo.

La puerta de la habitación no estaba completamente cerrada.

Y Brayan había llegado antes de lo que ella esperaba.

—¿Qué estás escondiendo?

Lia se sobresaltó.

—¡Brayan!

Él entró.

Su mirada se dirigió inmediatamente hacia la ropa.

—¿Qué tienes ahí?

—Nada.

—Lia.

Ella negó con la cabeza.

—No es nada importante.

Brayan se acercó.

—Déjame ver.

—No.

La respuesta salió rápidamente.

Brayan la miró con desconfianza.

—¿Desde cuándo me escondes cosas?

Lia permaneció en silencio.

Él apartó algunas prendas y encontró los documentos.

Los tomó.

Lia se levantó rápidamente.

—Devuélvemelos.

Brayan comenzó a leer.

Su expresión cambió.

Primero confundida.

Después incrédula.

Y finalmente…

molesta.

—¿Qué es esto?

Lia no respondió.

—Te pregunté qué es esto.

Ella tragó saliva.

—Estoy embarazada.

El silencio que siguió fue absoluto.

Brayan levantó lentamente la mirada.

—¿Qué?

—Estoy embarazada.

Él volvió a mirar los documentos.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde hace poco.

—¿Y no pensabas decírmelo?

Lia bajó la mirada.

—No sabía cómo reaccionarías.

Brayan soltó una risa seca.

—Ahora ya lo sabes.

Lia sintió un nudo en el estómago.

—¿No estás feliz?

Brayan la miró como si hubiera hecho una pregunta absurda.

—¿Feliz?

Negó con la cabeza.

—¿Por qué debería estarlo?

Lia se quedó callada.

Aquella reacción le dolió.

Había imaginado muchas posibilidades.

Miedo.

Sorpresa.

Incluso enojo.

Pero no aquella indiferencia.

—Es tu hij@ —dijo ella suavemente.

Brayan dejó los documentos sobre la mesa.

—Eso no significa que tenga que estar feliz.

Lia apretó las manos.

—Yo tampoco esperaba esto.

—Pues ahora tenemos un problema.

Aquella palabra hizo que Lia levantara la mirada.

"Problema"

No bebé.

No hijo.

"Problema."

Brayan comenzó a caminar por la habitación.

—Ocho meses…

Se pasó una mano por el cabello.

—¿Y qué se supone que voy a hacer ahora?

Lia respiró profundamente.

—No lo sé.

—Claro que no lo sabes.

Brayan la miró.

—Nunca sabes nada.

Lia sintió que las palabras le dolían.

Pero esta vez no bajó la cabeza.

—No tienes derecho a hablarme así.

Brayan soltó una pequeña carcajada.

—¿Ahora resulta que eres valiente?

—Solo estoy diciendo la verdad.

Él se acercó.

—Escúchame bien.

Lia permaneció quieta.

—Yo esperaba que algún día las cosas fueran diferentes.

—¿Diferentes cómo?

—Una familia.

Brayan negó con la cabeza.

—No quiero una familia como esta.

Lia sintió un vacío en el pecho.

—Entonces, ¿qué quieres?

Brayan no respondió inmediatamente.

Después habló con una frialdad que hizo que Lia se estremeciera.

—Quiero un hijo.

Ella frunció el ceño.

—Ya tienes un bebé.

—No me entiendes.

Brayan señaló hacia ella.

—Si es un niño, será diferente.

Lia comenzó a comprender hacia dónde iba aquella conversación.

—¿Y si es una niña?

Brayan respondió sin dudar.

—Entonces me olvidaré de ella.

Lia se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Lo escuchaste.

—Es tu hija.

—Y no quiero una hija.

La expresión de Lia cambió.

—¿Por qué?

Brayan se encogió de hombros.

—Porque una niña solo trae problemas.

—Eso es absurdo.

—Un hijo puede defenderse solo. Puede aprender a pelear. Puede continuar con el apellido.

Lia lo miró incrédula.

—¿Y una hija no vale lo mismo?

—No.

Aquella palabra cayó con una frialdad brutal.

Lia sintió una mezcla de tristeza y enojo.

—Eso es machismo.

Brayan soltó una risa.

—Llámalo como quieras.

—No puedes decidir que una persona vale menos solamente por ser niña.

—Yo decido sobre mi familia.

Lia dio un paso atrás.

—No.

Brayan la miró.

—¿Qué dijiste?

Lia respiró profundamente.

—Dije que no.

Por primera vez, Brayan pareció sorprendido.

—Ese bebé no es una propiedad tuya.

Ella llevó una mano hacia su abdomen.

—Es una persona.

Brayan guardó silencio.

Lia continuó:

—Y si es una niña, seguirá siendo mi hija.

—Haz lo que quieras.

—Lo haré.

La respuesta salió más firme de lo que Lia esperaba.

Brayan la observó durante varios segundos.

Después tomó sus cosas.

—No voy a discutir contigo.

Se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

—Y si es niña, no esperes que yo me haga cargo.

Lia sintió que se le humedecían los ojos.

—No voy a obligarte.

Brayan la miró.

—¿Qué?

—Si no quieres quererla, no voy a obligarte.

Él no respondió.

Lia levantó lentamente la cabeza.

—Pero tampoco voy a permitir que la hagas sentir menos.

Brayan salió sin decir una palabra.

La puerta se cerró.

---

Lia permaneció inmóvil.

Después se sentó lentamente.

Las lágrimas comenzaron a caer.

No por ella.

Esta vez era por el bebé.

Había esperado que Brayan reaccionara de muchas maneras, pero escuchar que podría rechazar a su propia hija por ser niña había despertado algo dentro de ella.

Una fuerza que no había sentido en mucho tiempo.

Lia colocó ambas manos sobre su abdomen.

—No voy a dejar que nadie te haga sentir que vales menos.

Su voz temblaba.

—No importa si eres niño o niña.

Una lágrima cayó sobre su mejilla.

—Te voy a querer igual.

Esperó.

Entonces sintió un pequeño movimiento.

Lia sonrió entre lágrimas.

—¿Me escuchaste?

Se quedó unos segundos en silencio.

—Todavía no sé quién eres.

Su sonrisa se volvió más cálida.

—Pero ya te quiero.

---

Aquella noche Brayan no volvió a hablarle.

Lia permaneció despierta.

Pensaba en lo que había ocurrido.

Durante meses había dependido emocionalmente de él.

Había creído que necesitaba su aprobación.

Ahora comenzaba a darse cuenta de algo.

No quería que su bebé creciera escuchando palabras como las que Brayan acababa de decir.

No quería que aprendiera que los niños valían más que las niñas.

No quería que su hija, -(si lo era,)_creciera creyendo que tenía que demostrar que merecía ser querida.

Y tampoco quería que un hijo aprendiera aquellas ideas.

Lia acarició suavemente su abdomen.

—Voy a protegerte.

No sabía todavía cómo.

No tenía dinero.

No tenía un hogar seguro.

No tenía a quién acudir.

Pero algo había cambiado.

Hasta ese momento había pensado principalmente en sobrevivir ella.

Ahora tenía otra razón para hacerlo.

---

A la mañana siguiente, Brayan volvió a comportarse como si la conversación nunca hubiera ocurrido.

Entró.

Pasó junto a Lia.

No la saludó.

Ella tampoco dijo nada.

Pero esta vez no sintió la necesidad de llamar su atención.

Había algo diferente en ella.

Una decisión comenzaba a crecer dentro de su corazón.

Si Brayan quería alejarse, podía hacerlo.

Si quería ignorarla, también.

Pero no iba a permitir que sus prejuicios determinaran el futuro de su bebé.

Lia miró hacia la ventana.

Por primera vez en mucho tiempo, la idea de marcharse dejó de parecer imposible.

Quizá todavía no sabía cómo.

Quizá todavía no estaba preparada.

Pero iba a encontrar una forma.

Porque ahora tenía alguien por quien luchar.

Y, aunque Brayan todavía no lo comprendía, sus palabras habían provocado algo que no podía controlar:

Lia estaba empezando a recuperar su propia voluntad.

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