Natalia Serrano ha estado casada con Damián Santillán durante tres años. Un matrimonio construido por medio de un contrato con su familia y aunque durante ese tiempo, ella creyó que Damián podría llegar a amarla, estaba equivocada.
Con el regreso de Jimena, el primer amor de Damián, este solo muestra preferencias hacia ella sin importarle el dolor que causa en Natalia. Pero, justo cuando Natalia decide que ya no puede más y decide darle su libertad, Damián se niega a dejarla a ir, pero, aun así, no le da su lugar, sigue siendo frío, hiriente y le da el favoritismo a Jimena. ¿Qué es lo que realmente quiere Damián de ella?, ¿Por qué seguirla atando a un matrimonio que la hace sufrir?
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Capítulo 15
Capitulo 15
Cuando encendí el celular, tenia diecisiete llamadas perdidas de Damián.
También un mensaje.
[¿Dónde estas?]
Otro.
[Natalia, contesta.]
Y el ultimo:
[No hagas tonterías.]
Me quede mirando esa frase hasta que perdió sentido.
No hagas tonterías.
Como si rescatar las cenizas de mi madre fuera una rabieta. Como si querer divorciarme fuera una ocurrencia. Como si todo lo que yo hacia sin permiso suyo mereciera el mismo nombre: tontería.
Le mande una foto de la urna sobre la mesa de Adrián.
[Recupere a mi madre. No vuelvas a usar a mi familia para detenerme.]
Esta vez respondió rápido.
[Yo no sabia lo de las cenizas.]
Casi le creí.
Tal vez era cierto.
Tal vez Damián había llamado a Ernesto sin saber que Patricia iba a amenazarme con mi madre.
Pero una bala perdida también mata.
Escribí:
[Nunca sabes lo suficiente antes de lastimarme.]
No espere respuesta.
Esa tarde fui a Aurora.
Mi gafete todavía funcionaba, aunque mi puesto estuviera suspendido como si yo fuera una amenaza publica. Entre al piso de diseño para recoger algunas libretas y archivos personales.
Las conversaciones murieron al verme.
Jimena estaba en mi antiguo escritorio.
Otra vez.
Esta vez no fingí sorpresa.
--Te queda grande --dije.
Ella levanto la vista.
--¿El escritorio?
--El trabajo.
Algunas personas fingieron toser.
Jimena sonrió.
--Vine a entregar unas correcciones. Damián quiere que el proyecto salga perfecto.
--Entonces debería devolvérmelo.
--Sigues con eso.
--Seguir con la verdad es una mala costumbre mía.
Tome mis libretas del cajón. Una estaba abierta. Paginas marcadas con post-its que no eran míos.
La rabia me subió.
--¿Revisaste mis notas?
--Estaban en la empresa.
--Eran personales.
--Nada es personal cuando trabajas para Santillán.
--Cuidado, Jimena. Se te cae la carita de victima.
Ella se acerco.
--¿Y que vas a hacer? ¿Pegarme otra vez? Damián ya eligió a quien creer.
--No. Esta vez voy a documentar.
Levante el celular.
La pantalla estaba grabando.
Jimena perdió el color.
--Estas loca.
--Puede ser. Pero las locas aprendemos.
Guarde el celular y mis libretas.
Lidia apareció desde su oficina.
--Natalia...
--Solo vine por mis cosas.
Ella bajo la voz.
--El cliente pidió hablar contigo.
Jimena se giro.
--¿Qué cliente?
Lidia la ignoro.
--Rogelio Lira no. El otro proyecto, el de la colección Xóchitl. Quieren a la diseñadora original. Dijeron que no aceptan cambios sin tu aprobación.
Por primera vez en días, sentí que el piso existía bajo mis pies.
Jimena apretó los labios.
--Damián dijo que yo podía verlo.
Lidia la miro con cansancio.
--El cliente dijo que no.
La oficina entera escucho.
No fue una victoria grande.
Pero fue mía.
En el elevador, Lidia me alcanzo.
--Nati, perdón.
--No tienes que disculparte por lo que hizo él.
--No pude defenderte.
--Lo intentaste.
Eso, en Aurora, ya era mucho.
Al salir del edificio, Damián estaba junto a su coche.
No parecía furioso.
Eso me preocupo mas.
--Fuiste a casa de tu padre.
--Si.
--Pudiste decirme.
--¿Para que? ¿Para que enviaras a Tomás con un formato correcto de rescate?
Su mirada se lleno de algo parecido al dolor.
--No sabia que te amenazaron con tu madre.
--Pero sabias que mi familia me daba miedo y aun así llamaste.
No tuvo defensa.
--Natalia, déjame arreglarlo.
--No.
--Puedo protegerte de ellos.
--No quiero que me protejas de incendios que ayudas a encender.
Me aparte.
El me tomo la muñeca, pero aflojo de inmediato cuando me tense.
--Entonces dime que quieres.
Lo mire.
--Ya te lo dije veinte veces.
Su mano cayo.
--No eso.
--Es lo único.
Subí al taxi.
Damián se quedo en la banqueta, con la mano vacía.
Por primera vez, no me dolió verlo solo.
Me dio miedo.
Porque eso significaba que algo dentro de mi estaba empezando a irse de verdad.