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Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nicolás, Luna y Thiago

CAPÍTULO 2

DOS AÑOS ANTES

NICOLÁS

Había mujeres bonitas.

Mujeres hermosas.

Y después estaba Luna Bianchi.

Luna era el tipo de mujer que conseguía que los hombres voltearan a verla cuando entraba a un lugar.

No porque lo intentara.

Ni siquiera necesitaba hacerlo.

Era algo natural.

Su manera de caminar, de hablar, la seguridad que tenía cuando entraba a una habitación... todo en ella llamaba la atención.

Y, por supuesto, estaba su apellido.

Bianchi.

Un apellido que en ciertos círculos podía abrir cualquier puerta.

Dinero.

Propiedades.

Empresas.

Contactos.

Una familia poderosa.

Luna no solo era hermosa.

Era rica.

Y para Nicolás eso era todavía más importante.

Tenía veinticinco años y había aprendido algo desde muy joven:

El dinero podía conseguir casi cualquier cosa.

Y él quería tenerlo.

Quería ropa cara.

Viajes.

Restaurantes.

Autos.

Hoteles.

Una vida en la que jamás tuviera que preocuparse por cuánto costaba algo.

No le interesaba trabajar durante años para conseguirlo.

Quería encontrar el camino más corto.

Y Luna Bianchi parecía ser exactamente ese camino.

La conoció en una fiesta.

O, mejor dicho, hizo que pareciera que la había conocido por casualidad.

Porque Nicolás tenía un talento especial para entrar en lugares donde nadie lo había invitado.

No necesitaba una invitación.

Le bastaba con una buena historia.

—Soy amigo de un amigo del anfitrión.

Era su frase favorita.

Y casi siempre funcionaba.

Aquella noche, la fiesta pertenecía a uno de los socios de Gabriel Bianchi.

Había empresarios, políticos, herederos, modelos y personas que llevaban apellidos importantes.

Nicolás entró con un traje prestado.

Sonrió.

Saludó.

Actuó como si perteneciera allí.

Y entonces la vio.

Luna estaba al otro lado del salón.

Vestía un elegante vestido negro.

Su cabello caía sobre sus hombros y estaba hablando con una de sus amigas.

Nicolás sonrió.

Ahí estás.

La observó durante varios segundos.

No era difícil entender por qué todos hablaban de ella.

—¿Quién es? —preguntó uno de los hombres que estaba a su lado.

—Luna Bianchi.

Nicolás levantó ligeramente las cejas.

—¿La hija de Gabriel Bianchi?

—Sí.

Nicolás volvió a mirarla.

Entonces sonrió.

Esta vez de una manera diferente.

Había encontrado su objetivo.

Luna Bianchi.

Mi siguiente conquista.

Nicolás tomó una copa de champán.

Una mujer hermosa.

Hizo una pausa.

Pero no tanto como el dinero que tiene.

Sonrió para sí mismo.

No va a ser difícil.

Ya había hecho aquello antes.

Sabía qué decir.

Sabía cuándo acercarse.

Sabía cómo mirar a una mujer.

Sabía escuchar.

Sabía recordar detalles.

Y, sobre todo, sabía decir exactamente lo que una mujer quería escuchar.

Primer paso.

Enamorarla.

Segundo paso.

Hacerle creer que estoy desesperado.

Una madre enferma.

Un familiar que necesita una operación.

Una deuda.

Lo que sea.

Ella estará enamorada y me dará el dinero.

Y después...

Nicolás bebió un poco de su copa.

Me iré.

Con el dinero.

Y viviré como siempre quise.

No había sentimientos.

No debía haberlos.

Era un negocio.

Una conquista.

Nada más.

Se acercó.

—Hola.

Luna giró la cabeza.

Lo observó de arriba abajo.

No sonrió.

—Hola.

—Creo que no nos conocemos.

—Creo que no.

—Nicolás.

—Luna.

Él sonrió.

—Ya sé.

Luna levantó una ceja.

—¿Ya sabes?

—Es difícil no saber quién eres.

Ella soltó una pequeña risa.

—¿Eso fue un cumplido?

—Una observación.

—Entonces eres observador.

—Mucho.

Luna volvió a mirar a sus amigas.

—Qué peligro.

Nicolás sonrió.

Perfecto.

La conversación continuó.

Y él hizo exactamente lo que sabía hacer.

La hizo reír.

Le preguntó cosas sobre ella.

Recordó pequeños detalles.

Le prestó atención.

No habló demasiado de sí mismo.

Eso también era parte del juego.

Las personas se enamoraban más rápido cuando sentían que alguien realmente las escuchaba.

Y Nicolás sabía escuchar.

O al menos sabía fingir que lo hacía.

LUNA

Al principio, Nicolás no me cayó bien.

De hecho, pensé que era bastante odioso.

Lo conocí en una fiesta de uno de los socios y amigos de mi padre.

Yo había ido porque prácticamente me habían obligado.

No me gustaban demasiado ese tipo de eventos.

Había demasiadas personas hablando de negocios.

Demasiados adultos preguntándome por mis planes.

Demasiados hombres creyendo que podían acercarse porque mi apellido era Bianchi.

Y entonces apareció Nicolás.

—¿Siempre tienes esa cara de aburrida? —me preguntó.

Lo miré.

—¿Siempre eres así de molesto?

Sonrió.

—Solo contigo.

—Qué honor.

Pensé que no volvería a verlo.

Me equivoqué.

Porque después comencé a encontrarlo en todas partes.

En tiendas.

En restaurantes.

En algunos eventos.

Al principio pensé que era coincidencia.

Después me pareció curioso.

Y finalmente...

Me gustó.

Una tarde apareció con flores.

—Para ti.

—¿Por qué?

—Porque sí.

Otro día llegó con chocolates.

Después me invitó a comer.

A veces aparecía con mi café favorito.

Recordaba cosas que yo había mencionado semanas antes.

—¿Cómo sabías que me gustaba esto?

—Porque me lo dijiste.

Yo ni siquiera recordaba haberlo dicho.

Él sí.

Y eso me hacía sentir especial.

Poco a poco comenzó a formar parte de mis días.

Y sin darme cuenta...

Comencé a esperarlo.

A revisar mi teléfono para ver si había escrito.

A sonreír cuando aparecía.

A pensar en él cuando no estaba.

Hasta que un día entendí algo.

Me estaba enamorando.

No era la primera vez que me enamoraba.

Pero sí era diferente.

Porque con Nicolás no existía la historia que tenía con Thiago.

Thiago era mi mejor amigo.

Mi familia.

La persona que había estado conmigo prácticamente toda mi vida.

Nicolás era distinto.

Con él sentía mariposas.

Nervios.

Emoción.

Cuando me miraba, mi corazón hacía cosas extrañas.

Y yo quería creer que eso era amor.

Nunca imaginé que él hubiera comenzado aquella historia pensando en mi dinero.

Nunca imaginé que detrás de cada flor hubiera un cálculo.

De cada chocolate, una estrategia.

De cada palabra bonita, una mentira.

NICOLÁS

Todo iba exactamente como había planeado.

Demasiado bien.

Quizá ese fue el problema.

Porque empecé a disfrutar estar con Luna.

Ya no tenía que fingir cuando me reía con ella.

Ya no tenía que fingir cuando quería verla.

Ya no tenía que fingir cuando esperaba sus mensajes.

Y eso era peligroso.

Una noche me quedé mirando su fotografía durante varios minutos.

—No.

Aparté el teléfono.

—No te puedes enamorar.

Me levanté.

Caminé por mi habitación.

—Recuerda por qué estás haciendo esto.

Dinero.

Eso era lo importante.

Siempre había sido el dinero.

Luna era solamente el medio.

Una oportunidad.

Una conquista.

Pero entonces recordé su sonrisa.

La forma en que se reía cuando algo realmente le causaba gracia.

La manera en que me golpeaba el brazo cuando la molestaba.

Su voz cuando pronunciaba mi nombre.

Y sentí algo en el pecho.

Algo que no debía estar ahí.

—No puedo enamorarme de ella.

Me pasé una mano por el rostro.

—No puedo.

Pero ya era demasiado tarde.

Porque me había enamorado.

Y lo peor era que no sabía qué hacer con eso.

Mi plan estaba empezando a romperse.

Entonces apareció Thiago.

Aunque, para ser exactos, Thiago siempre había estado allí.

Era parte de la vida de Luna.

Su mejor amigo.

Su sombra.

El hombre que siempre estaba cerca.

Al principio no pensé demasiado en él.

Hasta que comencé a notar cómo me miraba.

No era una mirada normal.

Era una advertencia.

Y entonces entendí.

Thiago estaba celoso.

Mucho.

El día que Luna recibió la propuesta de matrimonio, todo cambió.

Thiago Del Monte le había propuesto matrimonio.

Y Luna había dicho que sí.

Cuando me enteré, sentí que algo se rompía dentro de mí.

No porque perdiera una oportunidad económica.

No solamente por eso.

La perdía a ella.

Entonces le escribí.

Nicolás:

Tenemos que irnos.

Ella respondió casi inmediatamente.

Luna:

¿A dónde?

Nicolás:

Donde nadie pueda separarnos.

La verdad era mucho más complicada.

Yo quería llevármela.

Quería desaparecer con ella.

Y, en algún momento, dejarla.

Mi plan había cambiado.

Pensaba quedarme con ella unas semanas.

Conseguir algo de dinero.

Después abandonarla.

Destrozada.

Sin entender qué había ocurrido.

Y entonces Thiago podría recoger los pedazos de su corazón.

Quizá incluso terminaría casándose con ella.

Era cruel.

Lo sabía.

Pero también estaba desesperado.

Y cuando alguien está desesperado, puede convencerse de cualquier cosa.

Llegamos al lugar donde pensábamos escapar.

Por unos minutos pensé que funcionaría.

Hasta que apareció Thiago.

El auto bloqueó el camino.

Luna se quedó paralizada.

—No...

Thiago salió.

Su rostro no mostraba emoción.

Eso fue lo peor.

Porque conocía esa expresión.

Era la expresión de un hombre que ya había tomado una decisión.

—Luna.

Ella retrocedió.

—No.

—Sube al auto.

—¡No!

Luna intentó pasar junto a él.

Thiago la tomó del brazo.

—Suéltame.

—Luna...

—¡Suéltame!

Ella forcejeó.

Y entonces Thiago hizo algo que jamás olvidaríamos.

La cargó.

Literalmente.

Como si fuera un saco de papas.

—¡THIAGO! ¡BAJAME!

—No.

—¡ERES UN IDIOTA!

—Lo sé.

—¡TE ODIO!

Thiago caminó hacia el auto.

—También lo sé.

Luna seguía golpeándole la espalda.

—¡BAJAME!

—No hasta que estés dentro.

Yo me quedé allí.

Sin saber qué hacer.

Y por primera vez entendí algo.

Thiago Del Monte no estaba jugando.

THIAGO

Siempre había sido celoso cuando se trataba de Luna.

Siempre.

Cuando tenía dieciséis años, Luna había tenido un novio.

Duraron apenas dos meses.

Yo sabía que aquel chico no la quería.

Se lo dije.

Ella no me creyó.

Hasta que él terminó con ella.

Y cuando descubrí que solamente había estado jugando con sus sentimientos...

Le rompí la cara.

No fue mi mejor momento.

Pero tampoco me arrepentí.

Luna había llorado.

Y yo odiaba verla llorar.

Años después apareció Nicolás.

Y algo en él no me gustó desde el primer momento.

No sabía exactamente qué.

Pero podía sentirlo.

Entonces descubrí la verdad.

Descubrí su plan.

Había ido a buscar a uno de mis amigos.

Cuando llegué, escuché voces.

La de Nicolás.

—...primero enamorarla. Después le digo que alguien de mi familia está enfermo y ella me dará el dinero.

Me quedé quieto.

No podía creer lo que estaba escuchando.

—Después me voy —continuó—. Con suficiente dinero para vivir como quiero.

Sentí que la sangre me hervía.

Entré.

Nicolás dejó de hablar.

Me miró.

Yo no dije nada.

Simplemente caminé hacia él.

—¿Qué dijiste?

—Thiago...

Le di el primer golpe.

Después otro.

Sus amigos intentaron detenerme.

—¡Thiago, ya!

No escuchaba.

—¿Quieres dinero? —pregunté.

Otro golpe.

—Entonces busca otra forma.

Nicolás cayó contra una mesa.

—¡No vuelvas a acercarte a Luna!

Lo agarré del cuello de la camisa.

—Ni la veas.

Lo solté.

—Ni la llames.

Otro paso.

—Ni un mensaje.

Nicolás me miró desde el suelo.

—Tú no puedes decidir eso.

Me acerqué.

—Puedo decidir muchas cosas.

Mi voz salió fría.

—Y te estoy diciendo que te alejes de ella.

Uno de sus amigos finalmente se interpuso.

—Ya, Del Monte.

Lo miré.

—Si fuera tú, no me preocuparía por mí.

Señalé a Nicolás.

—Me preocuparía por él.

Lo dejé allí.

No necesitaba decir más.

Porque todos sabían algo.

Cuando un Del Monte hacía una amenaza...

Normalmente la cumplía.

LUNA

Nunca volví a saber de Nicolás.

Ni una llamada.

Ni un mensaje.

Nada.

Y eso me enfurecía.

No porque quisiera volver con él.

Sino porque todavía lo amaba.

O al menos eso creía.

Después de que Thiago nos separó, todo cambió.

Thiago se convirtió en una pared entre Nicolás y yo.

Una pared imposible de atravesar.

Yo estaba furiosa.

Con Thiago.

Con mi familia.

Con el mundo.

Pero sobre todo...

Conmigo misma.

Porque había intentado escapar.

Había creído que Nicolás me amaba.

Había creído que podía construir una vida con él.

Y ahora no sabía nada.

THIAGO

Cuando llegué a casa aquella noche, me quedé sentado en mi habitación durante horas.

No estaba orgulloso de haber golpeado a Nicolás.

Pero tampoco podía arrepentirme.

No después de saber lo que quería hacerle.

No quería que Luna terminara destrozada.

No quería que otro hombre jugara con ella.

No quería verla llorar por alguien que solamente veía su apellido.

Y, aunque jamás lo admitiría en voz alta...

Había una parte de mí que también estaba aterrada.

Porque Nicolás había conseguido algo que yo no.

Había logrado que Luna lo mirara de una manera que nunca me había mirado a mí.

Con ilusión.

Con amor.

Con deseo.

Yo había pasado años siendo su mejor amigo.

Y él había conseguido su corazón en unos meses.

Me dolía.

Muchísimo.

Pero yo estaba convencido de una cosa:

Nicolás no la merecía.

Y si tenía que convertirme en el villano para protegerla...

Lo haría.

Aunque Luna terminara odiándome.

Aunque me gritara.

Aunque algún día me dijera que jamás podría perdonarme.

Porque yo prefería que Luna me odiara...

Antes que verla destruida por otro hombre.

NICOLÁS

Dos años después, todavía podía recordar aquella amenaza.

Ni una llamada.

Ni un mensaje.

Ni siquiera la veas.

Y lo cumplí.

No porque hubiera dejado de quererla.

Sino porque sabía que enfrentarme nuevamente a un Del Monte podía destruirme.

Pero había algo que Thiago nunca entendió.

Yo sí había empezado aquella relación por dinero.

Eso era verdad.

Yo sí había planeado utilizar a Luna.

También era verdad.

Pero en algún momento...

Luna dejó de ser dinero.

Se convirtió en Luna.

Y esa era la parte que más me dolía.

Porque cuando Thiago me golpeó, no solo estaba perdiendo una oportunidad.

Estaba perdiendo a la mujer de la que, contra todo pronóstico, había terminado enamorándome.

Y quizá ese fue mi castigo.

Yo había entrado en su vida queriendo robarle dinero.

Y terminé perdiendo algo que el dinero jamás podría comprar.

A ella.

LUNA

Dos años después, todavía pensaba en Nicolás.

Y todavía pensaba en aquella noche.

En cómo Thiago había aparecido.

En cómo me había cargado contra mi voluntad.

En cómo había destruido mi única oportunidad de escapar.

Yo no sabía lo que Nicolás había planeado.

No sabía que había comenzado acercándose por mi dinero.

No sabía que muchas de sus palabras habían sido una estrategia.

Solo sabía una cosa.

Yo lo había amado.

Y cuando Thiago me obligó a regresar con él, sentí que me arrancaban una parte del corazón.

No sabía que, al mismo tiempo, Thiago estaba convencido de que me estaba salvando.

No sabía que Nicolás había empezado aquella historia con una mentira.

Y ninguno de los tres entendía todavía las consecuencias que aquello tendría.

Porque dos años después...

Nicolás seguía siendo un fantasma en mi corazón.

Thiago se había convertido en el hombre que estaba decidido a casarse conmigo.

Y yo...

Yo seguía sin saber cuál de los dos me había hecho más daño.

El hombre que quiso usar mi dinero.

O el hombre que decía amarme tanto que decidió quitarme la libertad.

Y faltaban cien días para descubrirlo.

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Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
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