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Cicatrices Eternas

Cicatrices Eternas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor prohibido
Popularitas:483
Nilai: 5
nombre de autor: Barroso

Elishabet creció convencida de que el amor no estaba hecho para ella. Hija no deseada de unos padres que siempre soñaron con un varón, aprendió desde niña a vivir entre silencios, desprecios y una dolorosa sensación de no pertenecer. Pero todo cambia cuando, a los quince años, sus padres adoptan a un joven de un orfanato y le entregan a él el lugar que ella nunca consiguió ocupar. Para Elishabet, su llegada representa una nueva traición. Para él, aquella casa es la promesa de una familia al fin encontrada. Ninguno de los dos eligió el papel que le tocó interpretar, pero ambos quedarán atrapados en una historia marcada por el resentimiento, la culpa y unos sentimientos cada vez más difíciles de ignorar. Mientras intenta descubrir quién es realmente y qué lugar ocupa en su propia vida, Elishabet comenzará a sospechar que la llegada de aquel joven no fue una simple casualidad. Y cuando el pasado revele sus secretos, comprenderá que algunas verdades pueden cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Barroso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: El precio de la verdad

Hay secretos que también alcanzan a los inocentes

El disparo quebró la noche.

Durante un segundo, nadie se movió.

Después llegó el grito.

—¡AGACHAOS!

Gabriel se lanzó hacia Adrián y lo empujó al suelo.

Elishabet sintió cómo alguien tiraba de ella hacia un lado.

Era Adrián.

—¡Elishabet!

Ella cayó junto a él detrás de la mesa.

—Estoy bien.

—¿Dónde está mi madre?

No pudo responder.

La habitación estaba completamente a oscuras.

Solo se escuchaban respiraciones agitadas, pasos y el viento golpeando las ventanas.

—¡Enciende una luz! —gritó Esteban.

—¡No! —respondió Gabriel—. ¡Podrían estar esperando eso!

Entonces alguien gimió.

—Ah…

El sonido llegó desde cerca de la puerta.

Elishabet contuvo la respiración.

—¿Quién ha sido? —preguntó Adrián.

Nadie respondió.

Hasta que una voz débil dijo:

—Estoy… aquí.

Era Octavio.

Gabriel encendió rápidamente una pequeña linterna.

Octavio estaba en el suelo, apoyado contra la pared.

Tenía una mano sobre el hombro.

Sangraba.

—Le han dado —dijo Mauricio.

—¿Está muerto? —preguntó Julián.

—No.

Gabriel se arrodilló junto a él.

—¿Quién disparó?

Octavio respiró con dificultad.

—No lo vi.

—¿Desde dónde?

Octavio señaló la ventana.

—Desde fuera.

Esteban corrió hacia ella y miró al exterior.

Nada.

Solo oscuridad.

—Se ha ido.

Gabriel se levantó.

—Mauricio, quédate con Octavio.

—¿Y tú?

—Voy a buscarlo.

Elena agarró el brazo de Gabriel.

—No.

Él la miró.

—¿Por qué?

—Porque eso es exactamente lo que quieren.

Gabriel se quedó quieto.

—¿Quiénes?

Elena tragó saliva.

—Los mismos que llevan dieciocho años esperando que cometamos un error.

________________________________________

Elishabet se acercó lentamente a su madre.

—¿Qué significa eso?

Elena no respondió.

—Mamá.

—No ahora.

—Siempre dices eso.

Elena levantó la mirada.

—Elishabet…

—No.

La voz de Elishabet temblaba.

—Estoy cansada de que todos sepan cosas menos yo.

Adrián se quedó cerca, sin intervenir.

—Desde que él llegó —continuó ella, mirando a Gabriel—, todo el mundo tiene secretos. Agatha. Daniel. Mauricio. Julián. Esteban. Octavio.

Respiró profundamente.

—Y tú.

Elena bajó la mirada.

—Yo también.

—Sí.

Elishabet sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

—¿Qué tiene que ver todo esto conmigo?

Elena tardó demasiado en contestar.

Y ese silencio fue suficiente para hacerla sentir miedo.

—¿Qué tiene que ver conmigo? —repitió.

Gabriel miró a Elena.

—Díselo.

Ella negó con la cabeza.

—No aquí.

—Ya no podemos seguir protegiéndola con silencio.

Elishabet sintió un escalofrío.

—¿Protegerme de qué?

Gabriel se acercó.

—Antes de que nacieras, Daniel descubrió algo que podía poner en peligro a varias personas.

—¿A ti?

—A mí también.

—¿A mamá?

Gabriel miró a Elena.

—Sobre todo a ella.

Elishabet sintió que algo se rompía dentro de ella.

—¿Y por eso me tuvisteis?

Elena abrió mucho los ojos.

—No.

—Entonces, ¿por qué?

—Porque tú no tenías nada que ver con esto.

—¡Pero llevo toda mi vida pagando por algo que ni siquiera conozco!

El silencio cayó sobre la habitación.

Elena dio un paso hacia ella.

—Nunca fuiste el problema.

Elishabet soltó una risa amarga.

—Eso no es lo que parecía.

—Lo sé.

—Siempre quise que me quisierais.

La voz se le quebró.

—Solo eso.

Elena comenzó a llorar.

—Y yo pensé que mantenerte lejos de todo esto era quererte.

Elishabet la miró.

—No fue suficiente.

—Lo sé.

—Me dejaste sola.

Elena asintió.

—Sí.

Aquella admisión dolió más que cualquier excusa.

________________________________________

En el otro extremo de la habitación, Adrián observaba a Octavio.

—¿Por qué dijiste que alguien de mi familia estaba con Daniel aquella noche?

Octavio abrió los ojos.

—Porque es verdad.

—¿Quién?

Octavio miró a Gabriel.

Después a Elena.

—Ella.

Todos se quedaron inmóviles.

Elena palideció.

—No.

—Tú estabas allí —dijo Octavio.

Gabriel cerró los ojos.

Adrián miró a Elena.

—¿Estabas con Daniel?

Elena no respondió.

—Mamá —susurró Elishabet.

Elena finalmente habló.

—Sí.

La respuesta cayó como una sentencia.

—Yo estaba allí.

Adrián sintió que le faltaba el aire.

—¿La noche que murió?

—Sí.

Gabriel dio un paso hacia ella.

—Elena…

—Ya no puedo seguir mintiendo.

Se limpió las lágrimas.

—Estuve en la casa de Agatha aquella noche.

Adrián se quedó inmóvil.

—¿Por qué?

Elena miró a Gabriel.

—Porque Daniel me había pedido que fuera.

—¿Para qué?

—Para entregarme algo.

Esteban se acercó.

—¿Qué cosa?

Elena negó con la cabeza.

—No llegué a recibirla.

—¿Por qué?

—Porque antes de que Daniel pudiera entregármela, llegaron los hombres.

Julián frunció el ceño.

—¿Y Agatha?

—Estaba dentro.

Adrián sintió un nudo en el pecho.

—¿Y yo?

Elena lo miró.

—Tú también.

El mundo pareció detenerse.

—¿Yo estaba allí?

—Eras un bebé.

Adrián cerró los ojos.

Por primera vez, la noche de la muerte de Daniel dejaba de ser una historia contada por otros.

Él había estado allí.

—¿Qué pasó después?

Elena respiró profundamente.

—Daniel me dijo que saliera por la puerta trasera con el niño.

—¿Por qué?

—Porque sabía que iban a matarlo.

Julián apretó los puños.

—¿Y tú lo dejaste?

Elena negó rápidamente.

—Quise volver.

—Pero no lo hiciste.

—Porque Gabriel llegó.

Todos miraron a Gabriel.

—Y me dijo que sacara al niño de allí.

Adrián miró a Gabriel.

—¿Tú sabías que mi madre estaba viva?

Gabriel no contestó.

—¿Lo sabías?

—Sí.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—Agatha me lo pidió.

Adrián soltó una risa amarga.

—Siempre es Agatha.

Gabriel bajó la mirada.

—No era solo por ella.

—Entonces, ¿por quién?

Gabriel levantó los ojos.

—Por ti.

Adrián negó con la cabeza.

—No sabes nada de mí.

—Sé más de lo que crees.

—Entonces dime quién es mi padre.

Gabriel quedó en silencio.

Octavio, desde el suelo, soltó una respiración pesada.

—Ese no es el secreto que deberías buscar.

Adrián lo miró.

—¿Entonces cuál?

Octavio señaló a Elena.

—Pregúntale qué llevaba Daniel en la mano antes de morir.

Elena cerró los ojos.

Y Elishabet supo que aquella respuesta podía cambiarlo todo.

—¿Qué llevaba? —preguntó Adrián.

Elena comenzó a temblar.

—Una fotografía.

—¿De quién?

—De ti.

Adrián frunció el ceño.

—¿De mí?

—De ti cuando eras un bebé.

—¿Y qué tenía de especial?

Elena miró a Gabriel.

—No estabas solo en aquella fotografía.

Adrián sintió que el corazón se le detenía.

—¿Quién estaba conmigo?

Elena abrió la boca.

Pero antes de responder, un ruido llegó desde el piso superior.

Un golpe.

Después otro.

Mauricio levantó la cabeza.

—No estamos solos.

Gabriel tomó la linterna.

—Todos detrás de mí.

Subieron lentamente las escaleras.

Cada peldaño crujía bajo sus pies.

Al llegar al pasillo, encontraron una puerta abierta.

La habitación donde habían guardado los documentos estaba completamente revuelta.

Los cajones estaban abiertos.

Los papeles, esparcidos por el suelo.

Y sobre la mesa había una única fotografía.

Adrián se acercó.

Era él.

Un bebé.

En brazos de Agatha.

Daniel estaba a su lado.

Y detrás de ellos aparecían dos personas.

Una era Gabriel.

La otra…

Adrián dejó de respirar.

Elishabet se acercó.

—¿Quién es?

Adrián no respondió.

Elena se llevó una mano a la boca.

Gabriel se quedó completamente pálido.

Porque conocía a la persona de aquella fotografía.

Y sabía que no debía haber estado allí.

En el reverso había una fecha.

17 de octubre.

Y debajo, una frase escrita por Agatha:

«Si algún día encuentran esta fotografía, significa que él ya sabe quién es Adrián.»

Elishabet levantó la mirada.

—¿Quién es “él”?

Gabriel no respondió.

Entonces, desde la planta baja, se escuchó la voz de Octavio.

—Demasiado tarde.

Todos se giraron.

Octavio había desaparecido.

Y la puerta principal estaba abierta.

Sobre el suelo había una última nota.

Gabriel la recogió.

Solo contenía seis palabras:

«Elena sabe quién es el padre.»

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Isabel Sandoval
Es bueno, sigue actualizando por fa/Sob//Smile/
Isabel Sandoval: lo haré /Sneer//Smile/
total 2 replies
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