Un año después de haber arrestado a Erik Cahill, el gran amor de su vida y un virtuoso falsificador de arte, la agente del FBI Jessica Fletcher vive consumida por la culpa y entregada al trabajo. Sin embargo, un audaz robo en un prestigioso banco de Washington D.C. deja como única pista billetes falsos marcados con la marca imperceptible de un dragón. Esta firma revela el peligroso regreso de la "Hermandad de los Dragones", el imperio criminal liderado por Isaac Cahill, el despiadado padre de Erik.
Para desmantelar la organización desde adentro, el FBI otorga a Erik la libertad condicional como consultor encubierto. Jessica es asignada a custodiarlo bajo una identidad falsa. Juntos viajan a San Petersburgo para adentrarse en la guarida del enemigo. Entre el peligro inminente, mentiras calculadas y un tenso reencuentro que revive viejas heridas, ambos deberán enfrentar el pasado para sobrevivir a una misión donde la justicia, la lealtad y el amor están en juego.
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CAPÍTULO X.
CAPÍTULO X.
San Petersburgo, Rusia.
Puente del Palacio.
8:13 p.m.
Isaac Cahill estaba frente a ellos. Miró a Erik de arriba abajo.
No saludó. No lo abrazó.
No le preguntó como estaba.
A Isaac Cahill no le interesaba en absoluto la vida de su hijo. Para él era un simple peón. Una pieza en la Organización, pero no cualquiera… La mejor.
—Has cambiado. —Observó.
—Tú envejeciste. —Retrucó Erik.
Isaac soltó una risa seca.
—Noto que la prisión no ha hecho milagros contigo.
Erik sonrió, apenas.
—Sin embargo, no he logrado entender como te capturaron.
Erik suspiró, haciendo un gesto de hombros.
El ladrón arrogante que Jessica Fletcher había perseguido, había vuelto.
—Digamos que… Le di falsas esperanzas a una mujer. —Hizo una pausa. —Ella creyó que cambiaría. No podía equivocarse más.
—Te pareces más a mí de lo que eres capaz de admitir.
Erik no contestó.
Por fín, Isaac posó su vista en la chica que acompañaba a su hijo. Su mirada no fue cálida en absoluto, ni de curiosidad.
La observó como si recién la notara.
—Así que ella es Julia Hastings. —Dijo, mirando de nuevo a su hijo.
Erik asintió.
—Julia fue mi socia en algunos robos. —Comentó Erik.
Silencio.
—¿Aún pintas? —preguntó.
—No mucho, últimamente. —Se sinceró.
—Que desperdicio de talento. —Negó con la cabeza. —Tu madre estaría decepcionada de verte aquí.
Erik no responde.
Isaac sonríe apenas.
—Pero la decepción siempre fue un lujo para ella. Nunca pudo impedir que terminaras exactamente donde yo sabía que ibas a terminar.
Una arruga notoria se marcó en la frente de Erik, mostrando su furia.
—No nombres a mi madre. —Dijo. —Querías que regrese a la Hermandad, estoy aquí.
—Entonces deja de darme motivos, Erik. —Respondió Isaac. —Es hora de que ocupes tu lugar. Esta es tu herencia, tu legado.
Él asintió.
Isaac volvió a enfocarse en Jessica.
—Entonces… Julia, ¿verdad?
Ella asiente.
—¿Dónde conociste a mi hijo? —preguntó.
—En una subasta en París. —dijo ella, teniendo preparada la respuesta.
Isaac sonríe.
—Claro... Erik siempre tuvo buen gusto para elegir escenarios.
Un breve silencio, y luego continua:
—¿A qué te dedicas?
—Colecciono arte y asesoro a otros coleccionistas.
Isaac continúa.
—¿Qué período prefieres?
—Antiguo. —Respondió sin dudar.
—¿Prefieres la conservación o la restauración?
—Conservación.
Isaac sonrió apenas.
Esta vez miró a Erik, de nuevo a Julia y preguntó:
—¿Qué fue lo primero que te atrajo de él?
Silencio.
Jessica mira apenas a Erik.
—Su inteligencia.
Isaac ríe.
—Interesante. —Silencio. —Antes de responder, buscaste su aprobación.
Jessica siente un escalofrío.
—Respuesta correcta. —Dijo finalmente. —La mentira habría sido decir "sus ojos".
Hizo un breve silencio y luego, otra pregunta.
—¿Confías en Erik?
Jessica responde inmediatamente.
—Sí.
Isaac asiente.
—Yo también.
Silencio.
Todos quedan desconcertados.
—Siempre hace exactamente lo que creo que hará.
Aunque no lo demostraba, Erik se sentía frustrado. Detestaba que su padre actúe como si lo conociera.
—Y dime, Julia… —dijo Isaac, esta vez, viéndola directamente a los ojos. —¿Recuerdas el último robo de Erik?
Silencio.
Jessica miró apenas a Erik, no buscando una respuesta, sino tomando una decisión.
—Su último robo fue La Mona Lisa.
Erik arqueó una ceja.
Esa no era la respuesta correcta. Pero le demostró a Isaac que Erik jamás dio información sobre los robos que orquestó en nombre de la hermandad, y eso, era mucho.
Isaac no reacciona, simplemente se gira para irse, pero antes… se detiene en dirección a Erik.
—Mañana cenamos. No llegues tarde.
Se dio la vuelta, y volvió a decir:
—La próxima vez no intentes esconderla detrás de ti, Erik.
Y finalmente, se marchó.