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SERAS MIA

SERAS MIA

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO / Mafia
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Las huellas en el bosque

El bosque permanecía en absoluto silencio.

Solo el viento movía las ramas de los enormes pinos mientras los escoltas iluminaban el suelo con sus linternas.

Las huellas eran claras.

Cuatro personas habían pasado por allí hacía muy poco tiempo.

Una de ellas caminaba descalza.

Emma no dejaba de mirar aquellas marcas sobre la tierra húmeda.

Sentía una extraña presión en el pecho.

—Estoy segura de que es ella...

Adrián caminó a su lado.

—¿Tu mamá?

Emma asintió sin apartar la vista del suelo.

—No puedo explicarlo... pero lo siento.

Viktor se arrodilló para observar mejor las pisadas.

Sacó una pequeña regla metálica y comenzó a medirlas.

—Hay algo raro.

Adrián se acercó.

—¿Qué encontraste?

—Las huellas no pertenecen a personas que estén huyendo.

Todos guardaron silencio.

—¿Cómo lo sabés?

—Porque la distancia entre cada paso es corta. Si alguien escapara de un incendio o de hombres armados, correría. Estas personas caminaban despacio.

Emma frunció el ceño.

—¿Entonces no estaban escapando?

—No.

Parecen estar acompañando a alguien.

O siendo escoltadas.

Aquellas palabras hicieron que un escalofrío recorriera el cuerpo de Emma.

—Señor.

Uno de los escoltas regresó corriendo.

—Encontramos restos de neumáticos a unos cien metros.

Viktor se levantó inmediatamente.

—¿Cuántos vehículos?

—Dos camionetas.

Una salió hacia la ruta principal.

La otra entró más profundo en el bosque.

Adrián no dudó.

—Seguiremos las huellas.

Viktor asintió.

—Dividiré al equipo.

La mitad irá tras la camioneta.

Nosotros continuaremos a pie.

Emma observó el bosque oscuro.

Por primera vez sintió verdadero miedo.

Adrián notó su expresión.

—Todavía podemos regresar.

Ella negó con firmeza.

—No.

Si mis padres están ahí...

Voy a encontrarlos.

Comenzaron a caminar.

El sendero era estrecho y cada vez más oscuro.

Las ramas golpeaban sus rostros mientras avanzaban entre los árboles.

Después de veinte minutos, Petrov levantó la mano.

—Esperen.

Todos se detuvieron.

El anciano observaba un viejo roble.

Su mirada se llenó de emoción.

—Este árbol...

Emma se acercó.

En el tronco había dos iniciales grabadas con un corazón alrededor.

A + V

—Alexander y Victoria... —susurró Petrov.

—¿Ellos hicieron esto?

—El día que anunciaron su compromiso.

Venían seguido a este lugar.

Emma acarició lentamente la corteza.

Apenas sus dedos tocaron las letras, un nuevo recuerdo apareció.

Una niña corría alrededor del mismo árbol.

Su madre reía mientras intentaba alcanzarla.

Su padre la levantaba en brazos.

"Cuando seas grande, este árbol seguirá esperándote."

Emma cerró los ojos.

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Yo estuve acá...

Adrián colocó una mano sobre su hombro.

—Sí.

Y vas a recordar mucho más.

Un disparo rompió el silencio.

¡Bang!

La bala impactó contra una roca a pocos centímetros de Viktor.

—¡Al suelo! —gritó.

Todos buscaron cobertura inmediatamente.

Los escoltas respondieron al fuego.

Los disparos comenzaron a escucharse desde distintos puntos del bosque.

—¡Nos emboscaron!

Adrián protegió a Emma detrás de un tronco.

—¿Estás bien?

Ella respiraba agitadamente.

—Sí...

Pero ¿quiénes son?

Viktor miró rápidamente entre los árboles.

—No puedo verlos.

Están usando silenciadores.

Otro disparo.

Una rama cayó sobre ellos.

Los atacantes estaban cada vez más cerca.

Petrov observó hacia la izquierda.

Su expresión cambió por completo.

—¡No!

Adrián lo miró.

—¿Qué pasa?

El anciano señaló un pequeño sendero oculto entre los arbustos.

—Ese camino lleva a la cabaña.

Si ellos llegaron primero...

Alexander y Victoria están en grave peligro.

Adrián apretó la mandíbula.

Miró a Viktor.

—Cubrinos.

Vamos a llegar hasta esa cabaña.

Viktor asintió.

—Aunque tenga que detenerlos yo solo.

Los disparos continuaban.

Pero Adrián tomó la mano de Emma.

—Corré.

Sin mirar atrás, los tres comenzaron a internarse por el sendero mientras el sonido de las balas quedaba detrás de ellos.

Después de varios minutos de carrera, los árboles comenzaron a despejarse.

Frente a ellos apareció una antigua cabaña de madera.

La puerta estaba entreabierta.

Del interior salía una tenue luz.

Emma sintió que el corazón iba a salírsele del pecho.

Miró a Adrián.

Él desenfundó lentamente su arma.

Respiró hondo.

Y empujó la puerta.

Lo primero que vieron fue una taza de café todavía caliente sobre la mesa.

Alguien había estado allí hacía apenas unos minutos.

Pero lo que realmente heló la sangre de Emma fue el pequeño medallón de plata que descansaba junto a la taza.

Lo reconoció de inmediato.

Era el medallón que su madre llevaba siempre en la muñeca.

Y debajo de él había una nota escrita con apuro.

"Emilia... si encontraste esto, significa que llegamos demasiado tarde."

Emma tomó la nota con las manos temblorosas.

Por un instante fue incapaz de leer.

Las lágrimas nublaban su vista.

Adrián se acercó lentamente.

—¿Querés que la lea yo?

Ella negó con la cabeza.

Respiró hondo varias veces hasta recuperar un poco la calma.

Desdobló el papel.

La letra era elegante.

Firme.

Muy parecida a la que había visto en la carta encontrada dentro del sobre.

Comenzó a leer.

"Mi querida Emilia..."

Su voz se quebró.

Aun así continuó.

"Si esta carta llegó a tus manos, significa que Iván cumplió su promesa y logró llevarte hasta nosotros... aunque el destino no nos permitiera volver a encontrarnos."

Emma cerró los ojos por un instante.

Sintió un profundo dolor en el pecho.

"No importa cuántas mentiras hayas escuchado durante estos años. Tu padre y yo jamás dejamos de buscarte. Cada cumpleaños encendíamos una vela imaginando que seguías viva. Cada Navidad preparábamos un lugar más en la mesa con la esperanza de que algún día regresaras."

Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.

Petrov bajó la cabeza.

Él había sido testigo de cada uno de esos momentos.

Sabía que aquellas palabras eran ciertas.

"Si hoy no estamos aquí es porque Alekséi descubrió nuestro escondite. No sabemos cuánto tiempo podremos seguir huyendo."

Emma llevó una mano a su boca.

—No...

No...

"Quiero que sepas una última cosa. Nunca permitas que el odio gobierne tu corazón. La venganza destruyó a nuestra familia una vez. No dejes que vuelva a hacerlo."

La carta terminaba con una única frase.

"Te amamos ayer, hoy y siempre. Mamá."

Emma ya no pudo contenerse.

Se dejó caer de rodillas mientras abrazaba la carta contra su pecho.

El llanto llenó la pequeña cabaña.

Adrián se arrodilló junto a ella.

No dijo nada.

Solo la abrazó con fuerza.

Ella escondió el rostro en su pecho.

—Estuve tan cerca...

Tan cerca de volver a verlos...

Adrián cerró los ojos.

—Todavía no sabemos qué pasó.

No perdamos la esperanza.

Mientras tanto, Viktor y los escoltas lograron repeler el ataque.

Dos de los hombres armados escaparon bosque adentro.

Uno fue capturado con una herida en la pierna.

Lo llevaron hasta la cabaña.

Viktor lo empujó hacia una silla.

—Habla.

El hombre permaneció en silencio.

Adrián se acercó.

—¿Quién te envió?

No obtuvo respuesta.

—¿Alekséi?

El desconocido sonrió con desprecio.

—Llegaron demasiado tarde.

Emma levantó la vista inmediatamente.

—¿Dónde están mis padres?

El hombre soltó una carcajada.

—Ni siquiera Alekséi pudo encontrarlos.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Qué dijiste? —preguntó Adrián.

—Ellos escaparon antes de que llegáramos.

Viktor dio un paso adelante.

—Entonces ¿por qué incendiaron la casa?

—Porque nuestro jefe no quería dejar ninguna pista.

Petrov observó atentamente al prisionero.

Había algo extraño.

Parecía demasiado tranquilo.

Como si no tuviera miedo.

De repente abrió mucho los ojos.

—¡No!

Era demasiado tarde.

El hombre mordió con fuerza el interior de uno de sus dientes.

Segundos después comenzó a convulsionar.

Espuma blanca salió de su boca.

Viktor intentó sostenerlo.

—¡Llamen a un médico!

Pero el desconocido dejó de respirar antes de que pudieran hacer algo.

Adrián golpeó la pared con rabia.

—Otra vez...

Otra persona muere antes de hablar.

Petrov comenzó a revisar cuidadosamente la cabaña.

Movía libros.

Abría cajones.

Golpeaba las paredes de madera.

Emma lo observó confundida.

—¿Qué busca?

—Alexander jamás dejaba las cosas libradas al azar.

Si escribió una carta...

También dejó otra salida.

Mientras hablaba, golpeó accidentalmente una vieja estantería.

Se escuchó un sonido hueco.

Todos guardaron silencio.

Petrov volvió a golpear.

La misma respuesta.

—Ayúdenme.

Entre Adrián y Viktor apartaron el pesado mueble.

Detrás apareció una pequeña puerta de hierro oculta en la pared.

Emma sintió que el corazón volvía a acelerarse.

—¿Qué es eso?

Petrov sonrió por primera vez en muchos años.

—Un escondite.

Alexander lo construyó cuando ustedes eran niños.

Solo cuatro personas sabían que existía.

Introdujo una vieja llave en la cerradura.

La puerta se abrió lentamente.

Dentro había una habitación pequeña.

Un escritorio.

Una lámpara.

Y una caja fuerte empotrada en la pared.

Sobre el escritorio descansaba un sobre blanco.

En el frente solo había una palabra escrita con tinta azul.

"Adrián."

Él se acercó lentamente.

—¿Para mí?

Petrov asintió.

—Creo que tu tío sabía que algún día llegarías hasta aquí.

Adrián abrió el sobre.

Dentro encontró una fotografía antigua.

En ella aparecían él y Emma jugando cuando eran pequeños.

Pero había algo más.

Detrás de la fotografía alguien había escrito una frase.

Adrián la leyó en voz baja.

Su expresión cambió por completo.

Emma notó el temblor en sus manos.

—¿Qué dice?

Adrián tardó varios segundos en responder.

Finalmente levantó la vista.

—Dice...

"Si estás leyendo esto, significa que descubriste la verdad equivocada."

Todos quedaron en silencio.

Adrián tragó saliva.

Y continuó leyendo la siguiente línea.

"Alekséi no es el verdadero enemigo."

Continuará...

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Laura Castañon
como que clase de regalo
Laura Castañon
continuenla👏 porfis esta bien bonita
Laura Castañon: muchísimo
total 1 replies
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