Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 12: La primera misión
La mañana siguiente amaneció cubierta por una ligera neblina.
Los jardines de la mansión Valmont parecían envueltos en un manto plateado mientras las primeras luces del sol comenzaban a atravesar las copas de los árboles.
Ela acababa de terminar el desayuno cuando un sirviente apareció apresuradamente.
—Señorita Evelina.
—¿Sí?
—El duque solicita su presencia inmediata.
Ela sonrió.
Aquello ya comenzaba a ser habitual.
Cuando llegó al despacho encontró a Alexander revisando varios documentos junto a Lucas Sterling.
Sobre la mesa había mapas.
Cartas.
Y varios informes.
—Buenos días.
—Llegas tarde —dijo Alexander.
—Llegué exactamente cuando me llamaron.
—Detalles.
—Aprendí esa palabra de Julian.
—Eso explica muchas cosas.
Lucas soltó una pequeña carcajada.
Alexander señaló un punto en el mapa.
—Necesito tu ayuda.
—¿Mi ayuda?
—Sí.
—Eso suena peligroso.
—Lo es.
—Perfecto.
Alexander comenzó a preguntarse si su hija disfrutaba demasiado los problemas.
—Encontramos una propiedad que pertenecía secretamente al vizconde Mercer.
Ela se acercó.
—¿Y?
—Queremos revisarla antes de que desaparezcan las pruebas.
—¿Vamos nosotros?
—Exactamente.
Los ojos de Ela brillaron.
Aquello era mucho mejor que quedarse leyendo informes.
Una hora después partieron.
El grupo estaba compuesto por Alexander, Lucas, varios guardias y Ela.
Por supuesto, los planes tranquilos rara vez sobrevivían mucho tiempo.
A medio camino apareció un segundo carruaje.
Y de él bajó Julian.
—Buenos días.
Alexander cerró los ojos.
—No.
—¿No qué?
—No vienes.
—Ya vine.
—Eso no cuenta.
—Claro que cuenta.
Antes de que la discusión continuara apareció una segunda figura.
Diana Whitmore.
—Buenos días.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Ela.
—Porque Julian me convenció.
—¿Cómo?
—Todavía estoy intentando descubrirlo.
Alexander se masajeó las sienes.
La misión se estaba complicando.
Y todavía no habían llegado.
Después de varias horas alcanzaron la propiedad.
Era una vieja mansión situada en una zona aislada.
La construcción mostraba signos de abandono.
Las ventanas estaban cubiertas de polvo.
Las paredes presentaban grietas.
Y el jardín parecía una jungla.
—Definitivamente parece el escondite de un villano —comentó Julian.
—Sorprendentemente tienes razón —dijo Lucas.
Los guardias comenzaron la inspección.
Alexander lideró la búsqueda principal.
Mientras tanto, Ela, Diana y Julian exploraban las habitaciones secundarias.
—¿Crees que encontraremos algo? —preguntó Diana.
—Espero que sí.
—Yo espero encontrar un pasadizo secreto.
—Por supuesto que sí —respondió Ela.
Diez minutos después.
Julian encontró un pasadizo secreto.
—¡Lo sabía!
—No puede ser.
—¿Cómo hiciste eso?
—Tengo talento.
—Tienes suerte.
—También.
El túnel descendía bajo la mansión.
La oscuridad era profunda.
El aire estaba cargado de humedad.
Y las paredes de piedra parecían haber sido construidas hacía siglos.
Cuando Alexander descubrió lo que habían encontrado, decidió acompañarlos.
—No se separen.
—Lo dice como si fuéramos niños.
—Porque se comportan como niños.
Julian parecía ofendido.
—Eso fue muy injusto.
Tras varios minutos de recorrido llegaron a una pequeña cámara subterránea.
En su interior había cofres.
Documentos.
Y varias cajas selladas.
Lucas abrió una de ellas.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Mi señor.
—¿Qué ocurre?
—Mire esto.
Dentro había monedas.
Miles de monedas.
Una auténtica fortuna.
Alexander examinó varios documentos.
Cuanto más leía, más sombría se volvía su expresión.
—Esto es peor de lo que imaginaba.
—¿Qué encontraste? —preguntó Ela.
—Mercer financiaba una red completa de espías.
—¿Para quién?
El duque guardó silencio.
Luego levantó lentamente la vista.
—Para Viktor Draven.
El nombre volvió a aparecer.
Y cada vez parecía más peligroso.
Sin embargo, aquello no fue lo peor.
Lucas encontró otro documento.
Uno mucho más reciente.
—Mi señor...
—¿Qué sucede?
—Creo que esto habla de Lady Evelina.
El silencio cayó nuevamente.
Ela tomó el papel.
Y comenzó a leer.
Su rostro palideció.
Era una orden.
Una orden de vigilancia.
Su nombre aparecía escrito varias veces.
Sus movimientos estaban registrados.
Sus horarios.
Sus actividades.
Incluso algunas conversaciones.
Alguien llevaba meses observándola.
Meses.
Antes incluso de la emboscada.
Antes de que ella comenzara a cambiar la historia.
—Eso es imposible —murmuró.
Alexander tomó el documento.
Y una ira peligrosa apareció en sus ojos.
Ela jamás lo había visto tan furioso.
—Lucas.
—Sí, mi señor.
—Quiero encontrar a todos los implicados.
—Lo haremos.
—Y cuando los encontremos...
La temperatura de la habitación pareció descender.
—Van a lamentarlo.
Mientras tanto, muy lejos de allí, Viktor Draven observaba varios informes en una fortaleza oculta.
Uno de sus hombres acababa de regresar.
—Mi señor.
—Habla.
—Encontraron la mansión.
Viktor sonrió.
—Más rápido de lo esperado.
—¿Debemos actuar?
El hombre permaneció en silencio durante unos segundos.
Luego dejó una copa sobre la mesa.
—No.
—¿No?
—Todavía no.
Una sonrisa tranquila apareció en su rostro.
—Primero quiero conocer personalmente a Evelina Valmont.
Y por alguna razón...
Aquellas palabras resultaban mucho más aterradoras que una amenaza.