SIN SPOILER
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LA PRINSESA OLVIDADA
Cinco meses pasaron lentamente.
El invierno desapareció.
Y la primavera cubrió el reino con jardines llenos de flores y cielos despejados.
El castillo volvió a llenarse de música.
Celebraciones.
Banquetes.
Risas.
Porque la reina Victoria estaba embarazada nuevamente.
Y esta vez…
todo parecía perfecto.
Los nobles sonreían al verla caminar por los pasillos con vestidos elegantes que comenzaban a mostrar ligeramente su vientre.
Los sirvientes hacían reverencias con entusiasmo.
Y el pueblo entero hablaba emocionado sobre el futuro hereder@ del reino.
El ambiente ya no tenía rastros de tristeza.
Ni siquiera en el jardín funerario.
La pequeña tumba blanca seguía allí.
Silenciosa.
Cubierta por flores nuevas.
Pero ya nadie iba a visitarla.
La “princesa fallecida” se había convertido en una tragedia lejana.
Algo viejo.
Olvidado.
Algunos incluso tenían dificultades para recordar exactamente cuándo había ocurrido.
Porque el reino ya había seguido adelante.
Victoria también.
La reina caminaba lentamente por uno de los enormes balcones del castillo mientras una sirvienta acomodaba cuidadosamente su vestido.
El viento movía suavemente su cabello dorado.
Y aunque seguía luciendo elegante…
algo en ella había cambiado desde aquella noche.
Ahora parecía más fría.
Más distante.
Como si algo hubiera desaparecido dentro de su corazón.
La reina apoyó una mano sobre su vientre.
Cuatro meses.
La partera decía que el embarazo avanzaba bien.
Y Víctor parecía más satisfecho que nunca.
El rey estaba convencido de que esta vez tendrían un heredero digno de la corona.
Perfecto.
Sin “imperfecciones”.
Victoria observó el cielo en silencio.
Y por un momento…
una extraña sensación volvió a aparecer dentro de ella.
Ese vacío.
Esa sensación incómoda de haber perdido algo importante.
La reina frunció ligeramente el ceño.
—¿Majestad? —preguntó una sirvienta confundida.
Victoria parpadeó.
—Nada… solo pensé escuchar algo.
La mujer miró alrededor.
Pero el balcón estaba completamente vacío.
La reina respiró lentamente intentando ignorar aquella sensación.
Porque últimamente ocurría algunas noches.
Sueños extraños.
Borrones en su memoria.
La sensación de unos pequeños dedos sujetando su mano.
Pero jamás lograba recordar más allá de eso.
Era como intentar atrapar humo.
Las puertas del balcón se abrieron.
Víctor apareció sonriendo suavemente.
—El consejo ya comenzó a preparar la celebración para el nacimiento.
Victoria levantó ligeramente la mirada.
—¿Tan pronto?
—El reino necesita esperanza.
El rey se acercó y colocó una mano sobre el vientre de la reina.
Orgulloso.
Seguro.
Como si el pasado ya no existiera.
Y en cierto modo…
así era.
Porque nadie hablaba ya de la primera princesa.
Nadie pronunciaba su existencia.
Ni siquiera las sirvientas.
El castillo entero actuaba como si aquella niña jamás hubiera nacido.
Como si la única heredera real fuera el bebé que ahora crecía dentro de Victoria.
La reina observó a su esposo en silencio.
Y aunque no entendía por qué…
de repente sintió tristeza.
Una tristeza breve.
Inexplicable.
Pero desapareció rápidamente.
Víctor besó suavemente su frente.
—Todo estará bien ahora.
Victoria asintió lentamente.
Sin saber que mientras el reino entero olvidaba a la primera princesa…
esa misma niña crecía lejos del castillo.
Viva.
Respirando.
Observando el mundo con ojos diferentes.
Muy lejos de allí…
la antigua torre seguía oculta entre montañas cubiertas de niebla.
Las enormes paredes de piedra estaban cubiertas por enredaderas.
Y dentro del lugar…
una pequeña niña de cabello oscuro gateaba torpemente sobre antiguos pisos de madera.
Luna rio suavemente mientras perseguía una vieja pluma brillante que había encontrado cerca de unos libros antiguos.
Elena la observaba desde una silla cercana con una sonrisa cansada.
—No deberías tocar eso, pequeña.
La niña levantó la mirada hacia la nodrisa.
Y sus ojos distintos brillaron bajo la luz de las velas.
Uno verde.
Uno avellana.
Hermosos.
Imposibles de olvidar.
Aunque el reino entero ya lo hubiera hecho.