Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capítulo 12
...SCARLETT:...
Me quedé mirando la puerta cerrada con una mezcla de indignación y una sonrisa triunfante que no pude borrar.
Rodrigo creía que dándome el cuarto de los trastos iba a desanimarme, pero lo único que logró fue confirmar que mi sola presencia lo pone tan nervioso que necesita esconderse detrás de torres de cartón.
Me senté en el borde de la cama, suspirando mientras el aroma de su perfume, ese que se había quedado impregnado en el aire tras nuestro encuentro en el pasillo, seguía jugando con mis sentidos.
— ¿Cajas, Rodrigo? ¿En serio? — susurré para mí misma, mirando una de las pilas que bloqueaba la ventana —. ¿Qué es lo que guardas con tanto recelo?
Me puse en pie y, movida por una curiosidad que sabía que me traería problemas, me acerqué a la torre más alta.
Abrí una de las cajas superiores con cuidado.
Esperaba encontrar documentos aburridos o cables viejos, pero lo que vi me detuvo el corazón.
Eran bocetos antiguos, dibujos a mano de vestidos, trajes y... una pequeña libreta con recortes de prensa sobre mis primeros logros en la industria automotriz.
Sentí un vuelco en el estómago.
Él me había estado observando.
Durante todos estos años de silencio y desplantes, Rodrigo Robles Di Bianco había guardado un registro de mi carrera.
La electricidad que sentí en el pasillo cobró un sentido mucho más profundo y peligroso.
No éramos solo dos empresarios obligados a convivir; éramos dos personas que habían estado orbitando el uno alrededor del otro, esperando el momento exacto para colisionar.
Cerré la caja rápidamente al escuchar sus pasos en el pasillo.
Aunque él cree que tiene el control de sus límites y sus fronteras, yo acabo de descubrir que su armadura tiene una grieta enorme por donde pienso entrar.
Abrí varias cajas, descubriendo una gran cantidad de dibujos que realicé hace años, durante mi adolescencia.
Entre ellos, encontré mis diseños para mi marca de maquillaje, los logotipos que había creado, así como mis bocetos de ropa y decoración.
También había más recortes de prensa y portadas de revistas que había guardado con tanto cariño.
Me di cuenta de que Rodrigo tenía muchas de mis cosas, recuerdos de una etapa de mi vida que ahora parecía lejana y nostálgica.
Suspiré profundamente mientras pasaba una mano por mi rostro, dejando que esos momentos me envolviesen una vez más.
tenía razón, esto no era basura.
Cerré la caja de cartón con un movimiento brusco, como si el papel me hubiera quemado los dedos.
Mi corazón martilleaba contra mis costillas con una fuerza que me asustaba.
Rodrigo, el hombre que me había rechazado diez veces en un solo día, el que me miraba como si fuera una mancha de aceite en su alfombra de seda, guardaba recortes de mis éxitos.
No eran solo papeles; era una prueba de que, mientras yo lo odiaba con todas mis fuerzas, él me estudiaba en las sombras.
Siempre estuvo al pendiente de mí.
— Así que no soy la única que juega, ¿verdad, Rodrigo? — susurré al aire viciado de la habitación.
Me senté en el borde de la cama, rodeada de sus cajas y su orden maniático, sintiendo una mezcla de triunfo y una vulnerabilidad que me revolvía el estómago.
Ver esos bocetos mezclados con noticias sobre mí me hacía sentir... vista.
De una manera que nadie más lograba.
Me puse de pie y caminé hacia el espejo del armario, ajustándome la blusa.
Mis mejillas estaban encendidas y mis ojos brillaban con una chispa que no tenía nada que ver con los negocios.
Negué con la cabeza.
Esto debía ser una trampa, tenía que serlo, y no voy a caer.
Si él creía que dándome esta habitación llena de recuerdos ocultos me iba a intimidar, se equivocaba.
Ahora tenía más cosas que usar a mi favor, y lo haría con gusto.
Sabía que detrás de ese iceberg había fuego, y yo siempre he sido experta en provocar incendios.
Mañana, cuando nos sentemos a desayunar, no veré al CEO arrogante que me cerró la puerta.
Veré al hombre que guarda mis triunfos en una caja a cinco pasos de su propia cama.
Ese que yo conocía como la palma de mi mano.
Salí de la habitación para buscar un vaso de agua, pero al cruzar el pasillo y ver la luz filtrándose por debajo de su puerta, me detuve un segundo.
El silencio del departamento era eléctrico, cargado de todo lo que no nos habíamos dicho en diez años.
Me obligué a seguir caminando hacia la cocina, sonriendo para mis adentros.
Rodrigo Robles Di Bianco no tenía idea de que, al dejarme entrar en su casa, me había entregado las llaves de todas sus defensas.
Mañana empezaría el verdadero juego del gato y el ratón, y esta vez, la gata sabía exactamente por dónde atacar.
Pues quien se ceee este 🤭