Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo XII:El precio de la soberbia
En el comedor, el silencio era sepulcral, Ada se sentó en el extremo más aislado junto con Constanza y el grupo de estudiantes relegados que no habían asistido al karaoke la noche del sábado.
Sebastián intentaba buscar la manera de acercarse para hablar con ella, pero en ese momento estaba atrapado lidiando con el drama y las lágrimas de Victoria.
—¡Esto es culpa de Ada! —se quejó Victoria, con los ojos desbordados de rabia y frustración—Como ya tenía las respuestas del primer examen, no estudié nada. ¡Nada!
Victoria no paraba de lamentarse, porque estaba muy avergonzada, al no haber repasado, apenas si pudo resolver un par de ejercicios del examen de contingencia y esa evaluación era muy importante para definir el promedio final de la materia.
—No sabemos si fue Ada—replicó Sebastián, aunque la duda lo carcomía por dentro.
—La vieron entrando a la oficina del director a primera hora, Sebastián, no seas ingenuo.
—El director pudo haberla citado por cualquier otra cosa, además, ella no fue la única que fue a esa oficina esta mañana.
El sobrino del profesor de química y la persona que robó el examen fue citado con urgencia a la dirección también, al igual que Constanza y el resto de los alumnos del salón que no asistieron al karaoke la noche del sábado, de esa manera el director había armado un rompecabezas citando a justos y pecadores para confrontar las versiones.
—¡Deja de defender a tu pagafantas! —exclamó Victoria con indignación.
Pero Sebastián no la defendía a ella, sino a si mismo porque estaba muy preocupado, porque esta era la primera vez en su historial académico que obtendría una nota mediocre, un golpe insoportable para su enorme ego.
Al terminar la hora del almuerzo, el grupo regresó al aula, y para sorpresa de todos, el profesor de química ya los esperaba con los exámenes corregidos, lo cual resultó una tarea sumamente sencilla para el docente, dado que la gran mayoría de los estudiantes fue incapaz de responder más allá de un par de ejercicios, y el veredicto final fue devastador solo diez alumnos lograron aprobar el examen.
Ada obtuvo el mejor puntaje, con una calificación perfecta, mientras que Sebastián por el contrario apenas logró la nota mínima aprobatoria, enfrentándose por primera vez a la cruda realidad de que sin importar que tan inteligente fuera sino estudiaba este sería el resultado.
Sin embargo, el desastre académico no era lo peor, porque mientras en el aula de clases los alumnos apenas asimilaban el golpe, el director convocó a los padres de los alumnos implicados, desatando una situación muy tensa en la secundaria.
El pasillo que conducía a la oficina del director, usualmente ruidoso, esta vez se encontraba sumido en un silencio muy incómodo, con la presencia de los padres los cuales todos eran miembros de familias influyentes de la comunidad y esperaban con una mezcla de indignación y arrogancia, sintiéndose intocables.
Entre ellos se encontraban Gerardo y Mónica, visiblemente alterados y Pamela la madre de Sebastián la cual mantenía una postura muy rígida y tensa.
—Pasen, por favor —dijo la secretaria con un tono que no admitía réplicas.
El director los recibió tras su escritorio, no hubo saludos corteses, sino que señaló los expedientes que estaban sobre su escritorio, donde se mostraban los nombres de los alumnos implicados, así como las pruebas irrefutables del fraude.
—Señores, los he citado porque la integridad de esta institución ha sido vulnerada —comenzó el director, clavando la vista en Gerardo y Mónica—Y gracias a la valentía de uno de nuestros estudiantes, descubrimos que el examen de Química Orgánica fue sustraído y distribuido en una fiesta el pasado sábado.
Mónica se levantó de forma abrupta, incapaz de tolerar que el nombre de su hija se viera arrastrado por el fango del escándalo.
—¡Esto es un atropello! —estalló, golpeando el escritorio con la palma de la mano—Seguramente ese alumno que inventó esta farsa fue Ada, y lo hizo para perjudicar a su hermana, porque ella siempre ha tenido unos celos enfermizos de Victoria.
El director ni siquiera parpadeó, con una calma que irritó a los presentes, y deslizó un informe sobre la mesa, a raíz de la acusación de Ada, la institución auditó los expedientes de todos los involucrados, descubriendo muchas irregularidades, la única excepción fue Sebastián el cual genuinamente poseía un registro impecable, aunque su complicidad en este hecho era innegable.
—No hay lugar para interpretaciones, señora Medina, y le exijo que deje de culpar a una estudiante tan destacada y modelo de virtud como lo es Ada—dijo el director y en ese momento su severo rostro se suavizó por un momento antes de fruncir el ceño nuevamente—¿Se atreve usted a negar el hecho de que tenemos un alumno que fue sorprendido con el fraude escrito en su piel?
—Ya lo dijo usted: fue otro estudiante, no mi hija—dijo Mónica con suficiencia cruzándose de brazos—Mi Victoria es una chica muy correcta e incapaz de quebrantar las normas.
El director estaba profundamente irritado porque si estos jóvenes eran tan descarados y arrogantes era porque tenían unos padres facilitadores que justificaban cada uno de sus errores y no les habían enseñado sobre las consecuencias de sus malos actos.
—Entre las pertenencias de su hija estaban unas hojas con los problemas resueltos y varios testigos la sitúan en el centro donde se distribuyó el material—reveló el director, derribando su altanería— Además, el hecho de que Victoria haya reprobado el examen de contingencia con una nota nula, no solo confirma que no estudió, sino que pretendía cometer fraude.
Pamela la madre de Sebastián una mujer generalmente muy culta y sofisticada, esta vez perdió la compostura y estaba muy alterada, porque para ella su hijo era perfecto y dotado de una inteligencia tan brillante que resultaba ridículo pensar que necesitara ayuda externa.
—¡Sebastián no necesita hacer trampa! —intervino Pamela, con la voz llena de indignación—Él siempre ha sido un estudiante excepcional.
—Señora Hernández, su hijo también está muy implicado en el fraude—la interrumpió el director—Él no solo estuvo en el lugar donde se distribuyó el material, sino que de hecho fue la persona que resolvió los problemas del examen sustraído para facilitárselo a los demás.
Las palabras fueron como un balde de agua fría para Pamela y una sensación de ira la invadió de inmediato, porque Sebastián nunca había tenido problemas de conducta hasta que en el último año de secundaria se volvió cercano a Victoria, marcando desde ese momento una grieta entre ambas familias.
Gerardo que nunca tenía tiempo para ir a los llamados de la secundaria cuando se trataba de Ada, sin embargo, esta vez sí pudo hacer a un lado su apretada agenda y acudir a la citación del director. Hasta el momento había permanecido callado, pero sentía que el suelo se abría bajo sus pies, porque mientras el director un hombre de carácter severo defendía a su hija Ada llamándola un ejemplo de rectitud, él por el contrario solo estaba preocupado por las sanciones que recibiría Victoria.
—Las sanciones son definitivas—sentenció el director—Suspensión por una semana para todos los involucrados, una mancha permanente en su expediente disciplinario y la pérdida automática de cualquier honor académico para la graduación.
Mónica y Pamela palidecieron dándose cuenta de que era muy grave esta situación porque estaban a una semana de los exámenes de admisión a la universidad, por suerte la secundaria fue indulgente con los alumnos y no los suspendió por el resto del año, permitiéndoles al menos presentar sus evaluaciones finales para no destruir por completo su futuro.
En el aula de clases todos los alumnos estaban sentados en sus asientos esperando el veredicto, en silencio, desde sus respectivos asientos Sebastián y Victoria clavaban la mirada en Ada.
La sospecha de que ella había sido la responsable de la acusación flotaba en el aire, pero también entre los murmullos del salón, se comentaba que Costanza, el sobrino del profesor que robó el examen y varios estudiantes más fueron citados a la oficina del director, así que se manejaban varias hipótesis que iban desde un soplón anónimo hasta la posibilidad de que ya las autoridades sospechaban del fraude por su cuenta.
—¿Qué vamos a hacer Sebastián? —preguntó Victoria entrelazando su mano con la de él.
Sebastián sintió un impulso visceral y quería soltarse de su agarre, y una sensación de amargo resentimiento la invadió, al pensar que, de no ser por seguirle el juego para acostarse con ella, jamás se habría involucrado en ese fraude.
—Todo va a estar bien Victoria—respondió en un susurro, aunque sus palabras carecían de convicción.
Pero nada estaba bien, y esta sería la primera vez que recibiría una sanción, pero por desgracia no sería la última, y años después cuando vio a Ada vestida de novia para casarse con su hermano Damián se preguntaría porque no la eligió en ese momento a la luz de lo frustrante que sería su vida junto a Victoria de la cual nunca más pudo separarse.
Entre tanto en la primera fila, Ada experimentaba una leve sensación de preocupación, aunque sabía que hizo lo correcto, porque ese grupo haciendo trampas le habían arrebatado su puesto en el cuadro de honor a los estudiantes que realmente lo merecían.
No sentía una alegría maliciosa, pero estaba en paz con su decisión, sabía que el castigo no fue tan severo como lo merecían, debido a la influencia de los padres de Sebastián y Victoria, pero estaba bien con el resultado.
Además, de que la sutil estrategia del director al citar a declarar a personas ajenas al fraude había funcionado a la perfección y con eso se aseguró de protegerla del odio ciego de sus compañeros.
Ahora con su media hermana y Sebastián, así como el resto de sus secuaces, completamente abrumados por las sanciones y ocupados en salvar su posibilidad de presentar el examen de admisión a la universidad, Ada se preguntaba con ironía cómo se suponía que encontrarían el tiempo o la capacidad para sabotear su propio ingreso a la universidad, así que por fin, la situación se había invertido a su favor.
Sin embargo, había una sola variable que Ada no había tomado en consideración, y era la furia ciega de su propio padre.
Gerardo no tardaría en desquitar toda su frustración e ira por la humillación pública de Victoria, y en el fondo de su ser, sabía que la persona tras esa denuncia era Ada, aunque el director lo negara de forma categórica.
Para él todo la apuntaba a que la responsable de la denuncia era Ada, la cual era una moralista como su madre, pero nadie en la secundaria se lo pudo confirmar, el problema para Gerardo era que el personal docente y administrativo conocía de sobra su parcialidad hacia Victoria y ninguno estaba dispuesto a perjudicar a la mejor estudiante de la promoción con el honor y orgullo que eso traía para la institución.
Era irónico que Ada hubiera ganado la batalla en los muros de la escuela, pero la verdadera guerra la aguardaba al cruzar el umbral de su propia casa.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre