Fabián Black está a seis semanas de perder su herencia, el control del imperio hotelero familiar y cualquier posibilidad de seguir viviendo como siempre. Encontrar una esposa debería ser fácil. Sin embargo, una tras otra, todas las candidatas desaparecen antes de llegar al altar.
Rebeca Martínez tiene problemas mucho más urgentes. Entre dos trabajos agotadores, una sobrina en cuidados neonatales y una economía que se sostiene con pura voluntad, el amor ocupa el último lugar de su lista de prioridades.
Cuando un encuentro inesperado los lleva a aceptar un matrimonio por conveniencia, ambos creen tener las reglas claras.
Hasta que, durante la negociación, Rebeca le advierte:
--Si vamos a dormir juntos, hay algo que debes saber. Yo duermo con Babydoll y eso no es negociable
Durante unos segundos, Fabián creyó que aquel acuerdo sería mucho más interesante... Qué equivocado estaba.
Porque el verdadero desafío no era casarse... era sobrevivir al caos...
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PROBLEMAS
NARRADOR
Rebeca llegó al hospital agotada. Había salido del apartamento apenas terminó la llamada y recorrió varias cuadras casi corriendo, impulsada por una mezcla de miedo y adrenalina. Después de pasar un día particularmente agotador y preocupante por descubrir que Thomas seguía desaparecido, sentía las piernas pesadas y los pulmones ardiendo. El sudor le pegaba la camiseta al cuerpo y el cabello se había escapado de la coleta, pero nada de eso importó cuando encontró la habitación de Sofía.
Su madre estaba sentada junto a la cama. Al verla entrar, levantó la vista y le dedicó una sonrisa cansada que no consiguió ocultar la preocupación.
Sofía permanecía recostada entre las sábanas blancas con varias correas sujetas alrededor del abdomen y conectadas a un monitor que registraba las contracciones. Su aspecto hizo que el corazón de Rebeca se encogiera. Su hermana apenas había cumplido dieciocho años y ya parecía cargar sobre los hombros un cansancio que no correspondía a alguien de su edad.
Sofía giró la cabeza hacia ella.
--No quiero pasar por esto. Por eso quería abortar-- Aquello la golpeó con fuerza
--No digas eso
--Es la verdad. Si tan solo me hubiera dado cuenta antes... pero cuando lo hice ya era tarde para eso-- Lo peor era el tono que había utilizado, uno que reflejaba que se sentía rendida ante la situación, derrotada
Rebeca se acercó a la cama y tomó una de sus manos.
--Estamos contigo. Lo sabes. Te ayudaremos en todo. Intenta estar tranquila-- Una sonrisa amarga apareció en el rostro de su hermana
--La tranquilidad murió cuando descubrí esto
Nadie respondió de inmediato. Su madre bajó la mirada y jugueteó con una esquina de la manta. Rebeca observó a su hermana sin saber qué decir. Durante meses había intentado convencerse de que el nacimiento del bebé resolvería parte de aquella tristeza, pero cada semana que pasaba parecía confirmar lo contrario.
Su madre tenía razón. Sofía parecía deprimida y todos lo habían notado.
Desde que el embarazo comenzó a hacerse evidente, la muchacha prácticamente había desaparecido. Ya no salía con amigas, no hablaba de planes para el futuro y evitaba cualquier conversación relacionada con el bebé. Cuando debía acudir a un control médico utilizaba ropa enorme para ocultar el vientre y caminaba con la cabeza baja. Era como si sintiera vergüenza de que el mundo pudiera verla.
La puerta se abrió y un médico ingresó acompañado por una enfermera. Ambos saludaron brevemente antes de acercarse a la cama para revisar los monitores. Rebeca observó cada movimiento con atención. Necesitaba escuchar algo bueno por pequeño que fuera.
--Las contracciones siguen presentes, pero no son regulares-- Explicó el médico después de revisar los registros-- Además, está respondiendo bien a la medicación
Su madre soltó el aire que parecía haber estado conteniendo durante una hora.
--¿El bebé está bien?
--Por ahora sí. Nuestro objetivo es retrasar el parto el mayor tiempo posible. Cada día adicional es importante
No era una garantía, pero tampoco era una tragedia. En aquel momento, eso bastaba.
Cuando el médico y la enfermera abandonaron la habitación, Sofía cerró los ojos. Parecía agotada. Rebeca tomó asiento junto a la cama y permaneció observándola en silencio. Mientras lo hacía, sintió una opresión incómoda en el pecho. Su hermana debería estar preocupándose por exámenes, amistades o cualquier otra cosa propia de una joven de dieciocho años. En lugar de eso, estaba acostada en una cama de hospital intentando evitar un parto prematuro.
Pensó en el bebé, en los gastos médicos, en Thomas, que seguía desaparecido y en el alquiler que vencería pronto. Por un instante sintió que los problemas se acumulaban unos encima de otros sin dejar espacio para respirar.
Tuvo miedo, no solo por Sofía, también por todo lo que vendría después.
Mientras tanto, Fabián Black estaba convencido de que atravesaba uno de los peores períodos de su vida.
El Aston Martin verde avanzaba por la carretera mientras regresaba a la mansión y, como ocurría cada vez que lo conducía, sintió una oleada de arrepentimiento. Odiaba aquel automóvil. Lo había comprado dos años atrás durante una noche que comenzó como una celebración inofensiva y terminó con una resaca monumental. A la mañana siguiente despertó con dolor de cabeza, mensajes comprometedores en el teléfono y un vehículo verde estacionado frente a la mansión.
Según Arthur, aquella noche había pronunciado un discurso de quince minutos sobre cómo el color representaba libertad, renovación y crecimiento personal. Según Fabián, Arthur exageraba. Según los videos que todavía circulaban entre sus amigos, Arthur estaba siendo generoso.
Normalmente aquel automóvil ocupaba el primer puesto entre las compras más estúpidas de su vida.
Aquel día había descendido varios lugares porque en menos de veinticuatro horas había sido arrestado, rescatado por su abuela y derribado por un perro que además decidió robarle una botella de agua.
Lo peor era que ahora comprendía el verdadero valor de aquella botella. Dos dólares. Antes jamás habría pensado en una cifra semejante, ahora calculaba porcentajes y comparaba precios.
Margaret estaba transformándolo en una persona responsable y él comenzaba a sospechar que aquello podía constituir una forma de maltrato.
Cuando llegó a la mansión, estacionó frente a la entrada principal y descendió del automóvil. Arthur apareció antes de que alcanzara la puerta. El mayordomo observó el barro seco que cubría parte de su ropa y elevó una ceja con la discreción de quien llevaba décadas perfeccionando el arte de juzgar sin parecer grosero.
--No creí que su nuevo estilo de vida incluyera actividades tan cercanas a la naturaleza, señor Black
--La naturaleza me atacó-- Arthur volvió a mirar la ropa sucia
--Y según parece, obtuvo una victoria contundente-- Fabián siguió caminando. Arthur siguiéndolo esperando alguna solicitud
--Fue un perro que también robó mi botella de agua
--Un criminal ambicioso-- Aquel comentario logró arrancarle una sonrisa involuntaria y después volvió a recordar los dos dólares perdidos
Entró en el salón principal y encontró a Margaret tomando té. Su abuela levantó la vista, observó el barro y dejó escapar un suspiro resignado.
--Al menos no recibí ninguna llamada
--El día todavía no termina
--Eso explica perfectamente por qué me preocupa tu futuro
Fabián se dejó caer en un sillón con la expresión de un hombre que acababa de regresar de una guerra particularmente injusta.
Durante toda su vida había cometido errores espectaculares y, de alguna manera, siempre había aterrizado de pie. Sin embargo, las últimas veinticuatro horas parecían demostrar que aquella racha de suerte había llegado a su fin. Primero la mujer casada. Después el arresto. Luego la intervención de Margaret. Más tarde el perro, el barro y la botella de agua desaparecida. Era demasiado para un solo día.
Margaret dejó la taza sobre la mesa.
--Tienes seis semanas para encontrar una esposa y convencerme de que eres capaz de actuar como un adulto funcional. Hasta el momento, tus avances han sido decepcionantes
--He tenido un día difícil
--¿Has tenido treinta años difíciles?
--Eso es ofensivo
--He visto tu trasero más veces que el de tu difunto abuelo debido a todos los escándalos que tuve que solucionar. Creo que me he ganado el derecho a ser ofensiva-- Arthur carraspeó para ocultar una sonrisa.
Por un momento, Fabián no encontró más excusas que pudieran obtener la piedad de su abuela.
--Si no tomas esto en serio, reduciré tu asignación a la mitad-- El color abandonó su rostro. Si vivir con doscientos era difícil, con cien sería un indigente
Lo peor era que Margaret hablaba completamente en serio. Si fracasaba, perdería la herencia. Y si continuaba tomándose la situación a la ligera, también perdería parte de la asignación que ya consideraba insuficiente.
Por primera vez desde que comenzó aquella absurda prueba, se permitió admitir una realidad incómoda. Conseguir una esposa en seis semanas era una idea ridícula, espeluznante y casi una misión imposible si todo continuaba de la misma manera.
La historia está muy bonita pero ya siento que se va tornando monótona 🤭
😂🤣😂🤣 pelear porque la primera sonrisa de Jade fue para Fabian fue demasiados celos de Rebeca que sobrina lo prefiriera cada vez que le hace una payasada.