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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:152k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 — Donde el logro tiene su recompensa.

La casa dejó de ser solo un lugar que debía ordenar, empezó a sentirse como algo que tenía que sostener; no era cuestión de mover sirvientes o corregir horarios, eso ya estaba hecho, ahora el problema era más grande, más delicado, y también más incómodo para quienes siempre habían decidido sin que nadie los cuestionara.

Las cuentas del ducado no estaban bien.

No era un detalle menor ni un error aislado, eran decisiones acumuladas, acuerdos mal planteados, concesiones hechas por comodidad o por mantener relaciones que no aportaban nada; lo vi línea por línea, nombre por nombre, firma por firma, y en varias de ellas estaba la de Erick.

No lo ignoré.

No lo suavicé.

Lo anoté.

—Esto no puede seguir así —dije, cerrando uno de los libros con más fuerza de la necesaria.

El administrador, un hombre mayor que llevaba años en la casa, evitó mirarme de frente.

—Duquesa, estos acuerdos vienen de generaciones, no es tan simple como—

—¿Mantener pérdidas es complejo o simplemente cómodo? —lo interrumpí.

Titubeó.

—Hay compromisos sociales.

—Que están vaciando las arcas.

—No es tan grave.

Abrí el libro otra vez y lo empujé hacia él.

—Explíqueme estas cifras entonces.

Guardó silencio.

—Eso pensé —cerré el libro de nuevo—, vamos a cambiarlo.

—No puede romper acuerdos sin consultar al duque.

—Puedo revisar lo que afecta directamente a la casa.

—Eso hara conflictos.

—Ya los hay.

No esperé su aprobación.

Esa misma mañana mandé a llamar a tres responsables de tierras que llevaban meses reportando ingresos bajos mientras mantenían gastos altos; cuando llegaron, lo hicieron con esa seguridad que da la costumbre de no ser cuestionados.

—Duquesa —saludaron, sin demasiada formalidad.

—Tomen asiento.

No lo hicieron de inmediato, como si evaluaran si realmente debían obedecer, al final lo hicieron, pero el gesto quedó claro.

—Voy a ser directa —coloqué los documentos sobre la mesa—, sus reportes no coinciden con los ingresos reales.

Uno de ellos sonrió apenas.

—Tal vez no está interpretando bien los datos.

—Tal vez usted cree que nadie los revisa.

El ambiente se tensó.

—Siempre se ha manejado así.

—Eso se terminó.

—No puede simplemente-

—Sí puedo —lo corté—, y lo voy a hacer.

El segundo hombre intervino, con tono más controlado.

—Esto afectará a varias familias.

—¿A cuáles? ¿Las de los nobles que toman todo y ocultan el sucio bajo el tapete?

El primero apoyó las manos sobre la mesa.

—Esto no es su área.

—Todo lo que afecte al ducado lo es.

—El duque no ha dicho nada.

—Lo dirá pronto.

No añadí más. No hacía falta.

Los dejé ir con instrucciones claras, revisar contratos, ajustar pagos, eliminar beneficios que no tenían respaldo; no salieron contentos, pero tampoco podían ignorarlo.

Cuando me quedé sola, respiré con calma.

Sabía lo que venía.

Y no tardó.

Esa tarde, el salón principal volvió a llenarse, pero esta vez no era una visita casual, eran los mismos nobles que habían tomado decisiones durante años, los mismos que ahora se veían afectados por las mías; sus miradas ya no eran de evaluación, eran de molestia abierta.

—Duquesa —dijo uno de ellos—, hemos recibido noticias preocupantes.

—Imagino cuáles.

—Está alterando acuerdos sin consultar.

—Estoy revisando lo que afecta a esta casa.

—Eso no le corresponde.

—Sí me corresponde.

—No tiene experiencia en esto.

—Tengo y mucha. Trabaje con mi difunto padre en el despacho. Conozco esto al derecho y al revés.

Hubo murmullos.

—Los números pueden interpretarse de muchas formas.

—Pero no las pérdidas.

El ambiente se volvió más denso.

—El duque siempre ha confiado en nosotros.

—Y esa confianza llevó a esto.

—Está cruzando un límite.

—No lo creo.

—No puede hablar así.

—¿Por qué no? Tengo la autoridad más que ustedes. Solo me minimizan por ser una dama.

Uno de ellos dio un paso al frente.

—Exigimos hablar con el duque.

—Está en su despacho.

—Vamos.

—Perfecto, vayan.

No intenté detenerlos. Quería que fueran. Quería que esto pasara frente a él.

No tardé en seguirlos.

Cuando entré al despacho, ya estaban allí, hablando, elevando el tono lo suficiente para que no fuera una conversación privada.

Erick estaba de pie, escuchando, sin interrumpir, con esa postura que no dejaba ver nada más de lo necesario.

—Esto es inadmisible —decía uno—, su esposa está tomando decisiones que nos afectan directamente.

—Sin consulta —añadió otro.

—Sin respeto por acuerdos previos.

Esperaron respuesta. Erick no habló de inmediato.

—¿Terminamos? —preguntó al final.

Hubo un silencio breve.

No los miró con molestia, los miró como si estuviera evaluando cuánto valor tenían sus palabras.

—Esto no puede continuar —insistió el primero—, necesitamos que intervenga.

Erick finalmente habló.

—Ya lo hice.

Se miraron entre ellos.

—¿Cómo?

—Dándole acceso a las cuentas.

—¿Que?

—Exactamente como lo han oído.

El tono cambió.

—Está cometiendo un error.

—Ya lo cometía antes de que ella llegara.

Ese comentario los descolocó.

—¿Qué quiere decir?

Erick caminó despacio hasta el escritorio, tomó uno de los documentos, lo levantó apenas.

—Que confié en decisiones que no revisé.

—Siempre ha sido así. ¿Por que tiene que cambiar? No es responsabilidad de ella corregirlo.

—Es responsabilidad de este ducado —respondió—, y Rosaline es parte de ello.

—No tiene experiencia.

—No opinó lo mismo.

No había espacio para discusión ahí. Uno de ellos intentó una última vez.

—Esto dañará relaciones importantes.

—Prefiero luchar contra ustedes que con mi esposa.

Nadie respondió. No podían.

—Las decisiones se mantienen —añadió—, si hay algo más o no, pueden retirarse.

No fue una invitación. Fue una orden.

Salieron.

No todos con la misma expresión, algunos molestos, otros preocupados, pero ninguno con argumentos nuevos.

El despacho quedó en silencio. No hablé de inmediato.

Él tampoco.

—Te incluías en esos errores —dije yo al final.

—Sí.

—No lo negaste.

—No tendría sentido.

Me acerqué un poco más, lo suficiente para que la conversación dejara de ser distante.

—Pudiste haberlos defendido.

—Pude —respondió—, pero no habría sido correcto.

—Sabías lo que hacían.

—No todo. Cuando estaba solo en la administración se complicaba un poco la carga del ducado.

—Por eso buscaste a esos nobles. Ya no hacen falta, estoy aquí para eso.

El silencio fue breve.

—Gracias —dijo entonces—Te recompensare como es debido.

Eso sí me sorprendió, no lo mostró como algo ligero.

—No lo hago por tu aprobación. No quiero que el ducado vuelva a quedar en deuda... me retiro.

Pensé en irme rápido. Pero Erick me miró a los ojos con una sonrisa que poco a poco se convertía en traviesa, luego fue a la puerta y la cerró detrás de él.

Me tomó por los hombros, sus pulgares frotando círculos suaves en mi piel.

—Rosaline, has hecho un trabajo increíble hoy—dijo, su voz baja y acariciadora—. Me gustaría darte una recompensa por tus esfuerzos.

Sacudí la cabeza con firmeza.

— No necesitas hacer eso, Erick.

Su sonrisa se ensanchó y tiró de mí contra su pecho.

—No me refería a un pago monetario— murmuró contra mi cabello.

Sus manos bajaron por mi espalda hasta los botones de mi vestido. La tela se aflojó y se deslizó por mis hombros.

Dejé escapar un suspiro tembloroso mientras él empujaba el vestido más abajo, revelando mis curvas a su mirada hambrienta. Sus dedos trazó la línea de mi escote, enviando escalofríos por mi piel. Me quitó el vestido por completo y lo dejó caer al suelo.

Me levantó con facilidad, sentándome en el borde de su escritorio. Sus manos se deslizaron por mis muslos, separándolos mientras se colocaba entre ellos. Me besó profundamente, su lengua explorando mi boca mientras sus manos se movían para deshacerse de mi corset.

Se apartó para mirarme, su mirada llena de deseo.

—Eres tan hermosa, Rosaline.

—Nunca me lo dices.

—Cambiaré eso desde ahora.

Me estremecí cuando su boca encontró mi pezón, chupando y lamiendo volviéndome sensible. Mis manos se enredaron en su cabello mientras él cambiaba al otro pecho, su lengua girando alrededor del brote endurecido.

Mi espalda arqueada fuera de la mesa cuando sintió su miembro firme presionando contra mi centro. Con una mano, desabrochó sus pantalones, liberando aquello. La sintió contra mi abertura, y ambos gemimos ante la sensación.

Con un empuje lento y fluido, se hundió dentro de mí, llenándome completamente. Me estiré a su alrededor, ajustándome a su grosor mientras comenzaba a moverse. Nuestros cuerpos se movieron juntos en un ritmo constante, el placer construyéndose con cada embestida.

Gemí cuando cambió el ángulo, golpeando ese punto dulce dentro de mí. Mis uñas se clavaron en sus hombros mientras él se ponía más fuerte y rápido.

Llegamos al clímax juntos, nuestros cuerpos tensándose antes de estallar en éxtasis, ambos jadeando y temblando con las secuelas.

Me acurrucó contra él, mi cabeza descansando sobre su pecho mientras recuperaba el aliento. Sonreí cuando besó mi frente, su afecto por mí es evidente en cada toque.

No lo dice con palabras, sino con hechos.

Me tomó en sus brazos y me llevó a un pasadizo que conectaba está oficina con la habitación de él.

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Irene Nievecita
Siempre me sorprendes con tus historias, esta estuvo corta pero redondita, no falta ni sobra nada es perfecta, gracias una vez más por tu tiempo y tu inspiración para crear historias entretenidas, que dan la impresión de vivirlas como en las películas, pir lo menos yo me siento parte de la historia y logro imaginar cada detalle de la misma
Irene Nievecita
Me alegro que el se diera cuenta que ella no es una damisela, que no sabe resolver los problemas, también me gusta mucho que le demuestre con palabras que la ama mucho
Irene Nievecita
Eso sí que fue un giro inesperado de los acontecimientos, ella sabe defenderse y muy bien por lo demás. Y se da el lujo de reclamarle por demorarse.👏👏👏👏👏
Irene Nievecita
Esa recompensa si estuvo muy caliente, yo quisiera una recompensa así de abundante☺️☺️☺️☺️
Irene Nievecita
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Irene Nievecita
Era lo menos que debía esperarse de parte de Gabriela, sentirse traicionada, por llevar ella la casa, pero de ahí a sentir que ella tenia un peso especifico en la vida de él, no tiene ningún sentido, por más que él hubiera tenido sexo con ella, solo era parte de la servidumbre y nada más
Irene Nievecita
Hasta que al fin vio las estrellas, como debe ser, tiene un hombre joven, fuerte. apasionado y muy bien dotado, mejor suerte imposible.
Irene Nievecita
Así se habla con la verdad, nada de fingir, que el note que también estas interesada por tener un conocimiento más cercano del tamaño y grosor de su virtud como hombre🤭🤭🤭🤭
Irene Nievecita
Que bueno que ella ya no es la muchachita sin personalidad, que crío lady Valmont, ahora es una mujer casada, con responsabilidades y los sirvientes deben tenerlo claro en especial la tal Gabriela, sino debe despedirla así de sencillo.
Irene Nievecita
El no le quiere dar su lugar, el espera que ella saque el carácter que vio en ella el día que se casaron, así que a ganar en contra de la famula que se cree duquesa.
Irene Nievecita
No debe permitir por ningún motivo, que esa famula se crea la dueña de casa, ella es la duquesa y lo debe poner de relieve desde el principio, la obligación de ella es hacerse cargo, de todo lo relativo con la casa y la servidumbre
Irene Nievecita
Por lo menos no es un duque altanero, que impone sus derechos
Irene Nievecita
grasias por esta nueva historia
Sandra Vielmas
mee encantó esta historia. te felicito así me gustan cortas...🙏❤felicidades
Sandra Vielmas
entonces esa zorra se acostaba con el. por eso tanto coraje y altaneria
Sandra Vielmas
sán Francisco de los palos... Que Estrada le dieron😂😂😂/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Aniramairos
Va a agarrar una infección infernal, eso no se hace 🤭
Yajaira Castellanos
porq no la despide
KJ
Me encantó un montón la historia, es corta pero pero muy linda, me gusto muchísimo la personalidad de la protagonista y tu forma de narrar todo, estuvo muy precioso todo, gracias por escribir y compartirnos tan bonito libro 🫶🏻🫶🏻☺️🥰
Paola Coria
excelente novela
sin palabras
muy bien contada clara sin mucho relleno innecesario
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