Una policía reencarna en un mundo mágico, supuestamente condenada a morir porque se convertirá en la tercera esposa del duque.. Pero, ella decide cambiar su destino..
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes*
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Protocolo
Después de la breve ceremonia, el pequeño almuerzo comenzó en el mismo jardín.
Las mesas estaban llenas de platos delicados, frutas frescas, pan recién horneado y vino claro servido en copas finas. Los sirvientes se movían con discreción entre los invitados, manteniendo el ambiente tranquilo y elegante.
Para cualquiera que observara desde fuera, parecía una reunión agradable y civilizada.
Pero para Julian… era una tortura lenta.
Estaba sentado a la mesa principal, con la postura impecable de siempre.
Serio.
Callado.
Frío.
La imagen perfecta del duque distante que todos conocían.
Frente a él había varios platos que apenas tocó.
Cortó un pequeño trozo de carne.
Probó un poco de pan.
Un sorbo de vino.
Nada más.
Porque en realidad no estaba prestando atención a la comida.
Ni a la conversación.
Ni siquiera al jardín.
Julian estaba contando los minutos.
Su mente estaba en otro lugar.
Más precisamente… en el momento en que pudiera llevarse a Sienna lejos de todos.
Porque ya tenía todo preparado.
Había dado órdenes desde temprano.
Un carruaje.
Un destino fuera de la mansión.
Un lugar donde nadie los molestaría.
Donde finalmente podrían estar completamente solos.
Y mientras los demás hablaban tranquilamente… su mente seguía regresando una y otra vez a la misma imagen.
Sienna.
Con ese vestido blanco.
La forma en que la tela se ajustaba a su cuerpo.
El movimiento suave de la falda cuando caminaba.
Y más de una vez, sin querer, imaginó formas muy claras de quitárselo.
O mejor dicho… de arrancarlo.
Su mirada se levantó lentamente hacia ella.
Sienna estaba sentada a unos metros, conversando con naturalidad.
Completamente ajena a lo que pasaba en su cabeza.
Estaba hablando con el secretario de Julian.
Parecía curiosa, haciendo preguntas con interés.
El secretario, que normalmente era un hombre muy serio, parecía sorprendido por lo fácil que era conversar con ella.
Luego el mago también se unió a la conversación.
Sienna lo escuchaba con calma mientras él explicaba algunos detalles sobre los contratos mágicos y cómo funcionaban las certificaciones.
Incluso rió un par de veces.
Era una risa suave, relajada.
Como si todo aquello fuera simplemente una reunión agradable.
No tenía idea.
Ni la más mínima sospecha.
De lo que pasaba por la mente del hombre que ahora era su esposo.
Julian seguía sentado en silencio.
Desde fuera, cualquiera habría dicho lo mismo de siempre sobre él.. El duque Bridge era un hombre serio, frío, casi oscuro.
Distante.
Poco interesado en conversaciones triviales.
Pero lo que nadie podía ver… era que, mientras mantenía esa expresión tranquila, su mente no dejaba de pensar en ella.
En su sonrisa.
En su cuerpo bajo ese vestido.
En el momento en que finalmente podrían estar solos otra vez.
El almuerzo continuó con tranquilidad.
Las conversaciones eran ligeras, educadas, propias de un evento pequeño entre gente respetable. El secretario hablaba con el mago sobre algunos detalles administrativos, mientras Sienna escuchaba con curiosidad genuina y de vez en cuando hacía alguna pregunta.
Pero Julian…
Julian miraba el reloj.
No de forma evidente.
Nunca perdería la compostura frente a otros.
Pero en su mente cada minuto estaba perfectamente contado.
En los eventos de la nobleza existía una regla tácita.. después de una ceremonia, los anfitriones debían permanecer al menos una hora completa con los invitados para cumplir con el protocolo.
Era una formalidad.
Una forma de mostrar respeto.
Julian había decidido cumplirla.
Exactamente.
Ni un minuto más.
Cuando la hora se cumplió, levantó ligeramente la mano.
Uno de los sirvientes se acercó de inmediato.
—Prepare el carruaje.
—Sí, su excelencia.
La orden fue breve.
Directa.
Julian se levantó de la mesa.
El movimiento hizo que las conversaciones se detuvieran poco a poco.
Sienna lo miró.
Él habló con calma.
—Gracias por acompañarnos hoy.
Fue una despedida sencilla.
El secretario y el mago se levantaron también.
—Ha sido un honor, su excelencia.
—Felicitaciones nuevamente.
Julian inclinó apenas la cabeza.
Y entonces miró a Sienna.
—Nos vamos.
Sienna parpadeó un poco.
—¿Ahora?
Pero se levantó de la mesa de todos modos.
El carruaje ya estaba esperando frente a la entrada del jardín.
Ella caminó junto a Julian mientras los demás comenzaban a despedirse.
Sienna se giró con una sonrisa educada.
—Muchas gracias por venir.
Hizo una pequeña reverencia al mago.
—Fue un placer hablar con usted.
Luego al secretario.
—Gracias por su ayuda con los documentos.
Su tono era elegante, correcto.
La forma perfecta de despedirse.
Pero mientras ella hablaba…
Julian ya estaba caminando hacia el carruaje.
No parecía interesado en prolongar el momento.
Había cumplido con el protocolo.
La hora mínima estaba completa.
Eso era todo lo que le importaba.
Cuando Sienna terminó de despedirse, lo vio ya junto al carruaje.
—Julian, espera un momento..
Pero él ya estaba extendiendo la mano para ayudarla a subir.
Sienna suspiró un poco, aunque no parecía molesta.
Solo sorprendida por su prisa.
Tomó su mano y subió.
En cuanto ella estuvo dentro, Julian subió detrás.
La puerta del carruaje se cerró.
Los caballos comenzaron a moverse.
Y el jardín de la mansión quedó atrás.
Dentro del carruaje, el silencio duró unos segundos.
Julian finalmente habló.
Su voz era baja.
—Ya cumplí con lo mínimo que exige el protocolo.
Sienna lo miró.
Y entonces entendió algo.
La forma en que la estaba observando ahora no era la misma que durante el almuerzo.
Sus ojos eran más oscuros.
Más intensos.
Y de repente Sienna tuvo la sensación muy clara de que Julian llevaba una hora entera conteniéndose.
Porque ahora… lo único que parecía querer era estar a solas con su esposa.