Matrimonio por conveniencia
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CAPÍTULO 14: EL ARTE DE LA INSATISFACCIÓN
A las 6:30 AM, la luz del sol entraba por los ventanales de la Suite Imperial, pero el ambiente dentro era más frío que una morgue.
El fotógrafo, un hombre excéntrico llamado Jean-Paul, movía sus luces mientras Alessandra y Dante, vestidos con batas de seda a juego, se preparaban para la "toma de alcoba".
—¡Más pasión, s'il vous plaît! —gritaba Jean-Paul—. ¡Son esposos! ¡Quiero ver ese fuego que quemó a los coreanos anoche!
Dante rodeó a Alessandra por la espalda, pegando su pecho a ella. Alessandra estaba tan rígida que parecía sufrir de *rigor mortis*.
—Relájate, jefa —susurró Dante al oído de ella, sintiendo cómo se erizaba—. Si te cuesta tanto fingir, imagínate que soy el sopenco de Rodrigo. Después de todo, se iban a casar, ¿no? Alguna vez te habrá manoseado un poco, supongo. Aunque... viendo cómo te pones de tiesa, empiezo a sospechar.
Alessandra clavó sus uñas en los antebrazos de Dante. —¿Qué sospechas, Larconne?
—Que seguro eres virgen de todo —se burló él con una sonrisa cínica—. Por eso eres tan arisca. Tu "algoritmo" no tiene datos sobre el contacto humano real y te da pánico que yo sea el que instale el software. Es un golpe bajo, lo sé, pero explicaría por qué eres tan... deficiente en el área de afecto.
**¡PLAS!**
El sonido de la bofetada de Alessandra resonó en toda la suite.
El fotógrafo se quedó con la boca abierta, el flash se disparó por error y los asistentes soltaron las bandejas de café. Jean-Paul bajó la cámara, parpadeando confundido.
—*Mon Dieu*... ¿Señora Valeriano? ¿Pasó algo con la pose? —preguntó el fotógrafo, asustado por la marca roja que empezaba a florecer en la mejilla de Dante.
Alessandra respiró hondo, acomodándose el cuello de su bata con una elegancia letal.
Miró a Dante con un desprecio que lo habría reducido a cenizas si fuera un hombre común, y luego se giró hacia el fotógrafo con una sonrisa gélida.
—Disculpen el exabrupto —dijo Alessandra, proyectando su voz para que todos en la suite la escucharan—. Es solo que mi esposo prometió ser... "memorable" en nuestra noche de bodas, y digamos que ha resultado ser una gran decepción técnica. Quedé profundamente insatisfecha y estoy de muy mal humor. Dante tiene la mala costumbre de hablar mucho cuando no puede... ejecutar.
El silencio fue sepulcral.
Los camarógrafos bajaron la mirada, tratando de no reírse.
Dante, por primera vez, se quedó mudo.
No esperaba que ella usara su propia táctica contra él, y mucho menos que pusiera en duda su hombría frente al equipo de la revista de negocios más influyente del mundo.
Dante apretó la mandíbula, sus ojos brillando con un fuego peligroso.
Se tocó la mejilla golpeada y miró a Alessandra.
—¿Insatisfecha, eh? —dijo él, dando un paso hacia ella—. Quizás es que la "jefa" no sabe seguir instrucciones básicas para que el motor arranque.
—Quizás es que el motor es de juguete, "cariño" —replicó ella, dándole la espalda para caminar hacia el vestidor—. Jean-Paul, cancela las fotos de la cama. Haremos las del balcón, vestidos. No quiero que el mundo piense que mi matrimonio es un desastre sexual... aunque el "equipo" sea insuficiente.
César, que acababa de entrar con los contratos del día, se tapó la cara con una carpeta.
*«¡Herejía universal!», pensó. «Bitácora de quilombos, quilombo 1: Alessandra 2, Dante 4. Ella acaba de destruir su reputación de gigoló con una sola frase. Lápiz y papel: "insatisfecha" agregado al diccionario como sinónimo de "crimen de guerra". P/D: si sobrevivo, hoy sí renuncio antes del desayuno.»
—Diosito no me desampares... —murmuró César como si fuera el día del apocalipsis.
Dante se quedó parado en medio de los pétalos de rosa, viendo cómo Alessandra se alejaba victoriosa.
Por dentro, el instinto de competencia de Dante estaba ardiendo.
Ella quería guerra, y él estaba a punto de demostrarle que, si se trataba de "ejecución", él nunca dejaba un contrato sin terminar.