Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.
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“La Verdad También Rompe”
📖 CAPÍTULO 14
“La Verdad También Rompe”
El aire se sentía pesado.
No por el clima.
Por el momento.
Valeria seguía mirándolo.
Quieta.
Esperando.
Y Nicolás…
por primera vez en mucho tiempo…
no tenía salida.
—¿Qué pasa? —preguntó ella otra vez.
La voz ya no sonaba tranquila.
Sonaba preocupada.
Y eso le dolió más.
Nicolás respiró profundo.
El pecho seguía apretado.
Pero ahora…
era imposible distinguir qué parte era física y cuál emocional.
Miró alrededor.
La calle seguía viva.
Gente pasando.
Carros.
Risas lejanas.
La vida continuaba…
mientras la de él empezaba a desordenarse por completo.
Volvió a mirarla.
Y decidió dejar de huir.
—Estoy enfermo.
Silencio.
Valeria no reaccionó de inmediato.
Solo lo miró.
Procesando.
—¿Qué significa eso?
Nicolás tragó saliva.
—Mi corazón está fallando.
Pausa.
—Y no tiene arreglo.
El mundo…
pareció quedarse quieto.
Valeria parpadeó lento.
Como si no hubiera entendido bien.
—¿Qué…?
Nicolás sostuvo la mirada.
Esta vez…
sin esconderse.
—Los médicos dicen que me queda tiempo…
Pausa.
—Pero no mucho.
El aire cambió.
Y él vio exactamente el momento…
en que algo dentro de ella se rompió.
—No… —susurró.
Negó con la cabeza.
Una vez.
Otra.
—No… no me diga eso.
Nicolás bajó la mirada.
—Quería decirle antes…
—¿Antes? —preguntó ella, dolida—. ¿Antes cuándo, Nicolás?
Golpe.
—¿Antes de volver a buscarme?
Silencio.
—¿Antes de sentarse conmigo como si nada estuviera pasando?
La voz empezó a quebrarse.
—¿O antes de dejarme volver a sentir cosas por usted?
Esa frase…
le atravesó el pecho.
Porque eso era exactamente lo que había hecho.
Y aunque no fue con mala intención…
igual dolía.
—Perdón… —murmuró.
Valeria soltó una risa pequeña.
Pero rota.
—No haga eso…
—¿Qué?
—Pedir perdón como si eso arreglara algo.
Silencio.
Los ojos de ella empezaron a llenarse.
Y Nicolás sintió ganas de desaparecer.
—Yo ya pasé por perderlo una vez… —dijo ella—. ¿Y ahora qué? ¿Tengo que volver a hacerlo?
No tenía respuesta.
Porque ella tenía razón.
Otra vez.
Valeria se alejó un paso.
Pasándose la mano por la cara.
—¿Desde cuándo sabe eso?
—Hace unas semanas…
Ella cerró los ojos.
—Y aun así volvió.
No era pregunta.
Era dolor.
—Sí…
—¿Por qué?
Nicolás la miró.
Y respondió con una honestidad que nunca había tenido con nadie.
—Porque usted era lo único real que me quedaba.
Silencio.
Las lágrimas empezaron a caerle a Valeria.
Pero no lloraba fuerte.
Eso era peor.
Porque parecía que estaba intentando sostenerse mientras algo dentro de ella se quebraba lentamente.
—Usted siempre llega tarde… —susurró.
Golpe directo.
Nicolás sintió un vacío enorme.
Porque esa frase resumía toda su vida.
Llegó tarde para amar bien.
Tarde para cambiar.
Tarde para entender.
Y ahora…
tal vez también era tarde para quedarse.
—Lo sé… —dijo.
Valeria lo miró.
Y por primera vez desde que se reencontraron…
la rabia desapareció.
Solo quedó tristeza.
—¿Se va a morir? —preguntó.
La pregunta más simple.
Y la más difícil.
Nicolás tardó en responder.
—Sí…
Pausa.
—Solo no sé cuándo.
El silencio que vino después…
fue devastador.
Valeria se cubrió la boca.
Llorando en silencio.
Y Nicolás quiso abrazarla.
Pero no sabía si tenía derecho.
—Yo estaba empezando a creer otra vez… —dijo ella entre lágrimas.
Cada palabra…
era un cuchillo.
—Yo también… —respondió él.
Ella soltó una risa rota.
—Eso no ayuda…
Nicolás bajó la mirada.
—Lo sé.
Pausa.
—Pero es verdad.
El viento movió el cabello de Valeria.
Ella respiró profundo.
Intentando calmarse.
—¿Y qué espera de mí ahora? —preguntó.
Nicolás la miró.
Y entendió algo importante.
No podía pedirle nada.
No después de esto.
—Nada —respondió—. Solo quería que supiera la verdad.
Valeria sostuvo su mirada.
Y eso…
de alguna manera…
la rompió más.
Porque no había manipulación.
No había mentira.
No había egoísmo esta vez.
Solo un hombre…
asustado.
Y cansado de esconderse.
—Odio esto… —susurró ella.
—Yo también.
Silencio.
Luego…
Valeria dio un paso hacia él.
Y lo abrazó.
Fuerte.
Como si quisiera detener el tiempo.
Nicolás cerró los ojos.
Y por un momento…
todo desapareció.
El miedo.
La enfermedad.
La culpa.
Solo estaba ella.
Y el dolor de saber que podían perderse otra vez.
Valeria lloraba contra su pecho.
—No quería volver a quererlo así… —dijo.
Nicolás sintió las lágrimas subirle también.
—Perdón…
Ella negó.
—Cállese…
Pausa.
—Solo… quédese aquí un momento.
Y él obedeció.
Porque por primera vez en años…
alguien no le estaba pidiendo que cambiara.
Solo que se quedara.
Pasaron varios minutos abrazados.
Hasta que Valeria se separó lentamente.
Los ojos rojos.
La voz cansada.
—No sé qué hacer con esto…
Nicolás asintió.
—Yo tampoco.
Silencio.
—Pero ya no quiero mentirle más.
Ella lo miró.
Y aunque estaba rota…
todavía había algo ahí.
Amor.
Eso era lo peor.
Porque el amor…
no desaparece solo porque las cosas salgan mal.
—Necesito tiempo… —dijo ella finalmente.
Nicolás sintió el golpe.
Pero asintió.
—Está bien.
—No porque no me importe…
Pausa.
—Sino porque me importa demasiado.
Y esa frase…
lo destruyó por dentro.
Valeria retrocedió lentamente.
—Cuídese, Nicolás.
Otra vez esas palabras.
Pero esta vez…
sonaban a miedo.
No a despedida.
Ella se dio vuelta.
Y empezó a caminar.
Nicolás la vio irse.
Sin detenerla.
Porque por fin entendía algo:
Amar a alguien…
también era dejarlo sentir.
Aunque doliera.
Y mientras la veía desaparecer entre la gente…
el pecho volvió a dolerle.
Fuerte.
Pero ya no intentó ignorarlo.
Porque algunas verdades…
por fin habían salido completas.
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