Amanda Quiroz una mujer de belleza no evidente, su cabello de rizos rubios, y su sonrisa cautivadora es capaz de suavizar el día de cualquiera. Su vida se verá envuelta en un caos con la traición de su novio, y una noche pasión con un desconocido. Y con la llegada de Sebastián a la empresa, su vida se convertirá en un verdadero caos, de la noche a la mañana.
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Perdí todo
El silencio entre ambos estaba cargado de todo lo que no había resuelto. Las heridas abiertas. De reproches sin voz.
—Me fui porque no supe como manejar que crecieras —dijo Álvaro finalmente—. Te traicioné porque me sentí pequeño.
Amanda lo miró con una frialdad que no tenía meses atrás. —Eso no lo hace menos imperdonable.
Álvaro bajó la mirada. —Lo sé. No vengo a pedir perdón… vengo a decirte que no estás sola.
Esas palabras, dichas por la persona equivocada, en el momento equivocado, le provocaron una punzada inesperada.
—¿Y por qué ahora? —preguntó Amanda—. ¿Por qué justo cuando todo se está cayendo?
Álvaro dudó. —Porque siempre aparezco cuando ya es tarde. Pero esta vez… no quiero huir.
Amanda se dio la vuelta y entró al departamento. Lo dejó pasar, no por debilidad, sino porque necesitaba cerrar ese capítulo en su vida de una vez.
Se sentaron frente a frente, separados por una mesa que parecía más grande que antes.
—Hay cosas que no sabes —dijo Álvaro—. Sebastián no es quien crees.
Amanda levantó la mirada, alerta. —¿Qué quieres decir?
—Trabajo para una firma externa —confesó—. Consultoría financiera. Nos llamaron hace meses para revisar movimientos sospechosos… antes de que todo explotara.
El aire se volvió denso.
—¿Estás diciendo que sabías del escándalo antes que yo?
—Sí —admitió—. Y no es solo él. Hay alguien más arriba. Alguien que movió los hilos para que Sebastián cayera… y tú quedaras expuesta.
Amanda sintió un vértigo profundo. —¿Por qué me dices esto ahora?
Álvaro la miró con una mezcla de culpa y algo parecido a amor. —Porque, a pesar de todo, sigo conociéndote. Y sé que no perteneces a esa oscuridad.
El nombre de Sebastián cruzó su mente como una sombra persistente. Recordó sus miradas, sus silencios, sus verdades a medias. Recordó también la atracción, peligrosa e innegable.
—Sebastián cayó —dijo Amanda, en voz baja—. Públicamente. Pero no sé si es culpable… o solo el sacrificio perfecto.
Álvaro asintió. —Es por eso que vine a ayudarte a descubrir.
La noche avanzó entre revelaciones y silencios. Afuera, la ciudad seguía girando, ajena a las ruinas emocionales que se acumulaban puertas adentro.
Amanda entendió entonces que la caída de Sebastián no era el final de la historia. Era apenas el principio de algo más grande, más oscuro. Y que el regreso de Álvaro no era casualidad, sino una segunda oportunidad peligrosa.
Una oportunidad, para elegir.
Entre el pasado que regresaba con verdades incómodas
Y el hombre caído que aún ardía en su corazón.
Amanda sabía que el siguiente paso definiría no solo su carrera,
Sino la persona que decidiría ser.
Y esta vez, no pensaba permitir que nadie más eligiera por ella.
El mensaje llegó a las once de la noche.
Un solo renglón. Sin saludo. Sin firma.
-- “Necesito verte. Es ahora o nunca.” --
Amanda supo de inmediato que era Sebastián.
Durante días había evitado pensar en él, en su caída pública, en la forma en que su nombre había sido borrado de la empresa como si jamás hubiera existido. Había intentado concentrarse en sobrevivir, en proteger lo poco que aún conservaba de su carrera y de sí misma. Pero aquel mensaje reabrió una herida que nunca había terminado de cerrar.
Aceptó.
El encuentro fue en el antiguo edificio de la fundación Valdés, una propiedad casi olvidada, ubicada en una zona donde la ciudad comenzaba a diluirse en sombras. Un lugar simbólico: allí había nacido el imperio… y allí, Sebastián había decidido enfrentar su ruina.
Amanda llegó sola.
El eco de sus pasos resonó en el vestíbulo vacío. El aire olía a polvo y a madera vieja, a secretos guardados durante décadas.
Sebastián la esperaba junto a una ventana rota, con la ciudad desdibujándose detrás de él. Ya no vestía como el presidente impecable. Su ropa era sencilla, oscura. Su rostro, más afilado. Sus ojos… más peligrosos que nunca.
—Viniste —dijo, sin sorpresa.
—No para salvarte. — respondió Amanda. — Vine por la verdad.
Sebastián sonrió apenas. --
—Siempre fuiste directa. Eso fue lo que me condenó. --
Ella avanzó unos pasos, manteniendo la distancia.
—Me usaste —dijo—. Me acercaste, me hiciste confiar… y cuando todo explotó, me dejaste en la línea de fuego. --
El silencio entre ellos fue tenso, cargado de todo lo que no habían dicho cuando aún podían fingir normalidad.
—No fue así —respondió Sebastián finalmente—. Pero tampoco fui inocente.
Amanda cruzó los brazos. —Empieza a hablar. --
Sebastián respiró hondo, como si cada palabra fuera a costarle algo irrecuperable.
—La empresa no estaba limpia cuando regresé. Mi padre lo sabía. El consejo lo sabía. Yo solo era el rostro joven que necesitaban para continuar haciendo lo mismo… pero con menos preguntas. --
Amanda sintió un escalofrío. —Entonces las irregularidades eran reales. --
—Sí —admitió Sebastián.— Pero no como las presentaron. Yo no desvié dinero para mí. Redirigí fondos. Cerré contratos antiguos. Toqué cifras que no debía… para frenar algo peor. --
Amanda lo miró con incredulidad. —¿Esperas que crea que eras un héroe? --
—No — Sebastián no respondió de inmediato. — Espero que entiendas que era un estorbo. --
Sebastián caminó lentamente por el salón, como un animal acorralado.
—Cuando me negué a firmar ciertos acuerdos, cuando pedí auditorías internas reales, el consejo decidió sacrificarme. Necesitaban a alguien con apellido fuerte, alguien cuya caída distrajera lo suficiente. --
Amanda recordó entonces los documentos que había encontrado. Las fechas alteradas. Las firmas replicadas.
—¿Falsificaron tu autorización?
Sí. Y cuando no fue suficiente, hicieron algo más inteligente. --
Sebastián se detuvo frente a ella. —Te pusieron en medio. --
Amanda sintió que el aire se volvía denso. —¿Yo? Tu cercanía conmigo no fue casual. —
-- Claro que fue casual, yo no sabía quién eras esa noche.
Alguien filtró rumores, exageró gestos, creó una narrativa. El heredero corrupto y la ejecutiva ambiciosa. Era perfecto.
Amanda recordó las miradas, los informes anónimos, las preguntas del comité de ética. Todo encajaba con una precisión aterradora.
—¿Y tú qué hiciste? —preguntó, con voz baja. — ¿Intentaste detenerlo? --
Sebastián sostuvo su mirada. —Te observé… y dudé. Me negué a creer que tú tuvieras algo que ver, con el fraude.
Eso dolió más que cualquier confesión. —¿Dudaste? Porque una parte de mí pensó que podrías protegerte sola —dijo—. Y otra… fue cobarde. --
Amanda dio un paso atrás, como si necesitara espacio para respirar.
—Yo perdí todo, Sebastián. Mi nombre. Mi lugar. Mi credibilidad. Y tú… dudaste. --
Y el viejo desgraciado disfrutando fuera del país peto pendiente de todo reprochando que su hijo insiste con la empresa.
Y todavía piensas en Amanda están enamorados aunque se niegue.
Así que no te arrepientas sigue siendo profesional lo que paso en esa habitación Amanda se queda allí.
Amanda te fuiste a desahogar a un bar y te encuentras a un chico guapo sera Sebastian el hijo brillante de tu jefe pero con un carácter insufrible veremos que pasara esa noche.
Autora te deseo éxito y mucha suerte con esta nueva novela.
Gracias.