Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Eloise
El latido en la oscuridad se volvió más fuerte.
Más real.
Más cercano.
Hasta que.. Aire. Frío.
Llenó sus pulmones de golpe.
Sus ojos se abrieron.
El techo sobre ella no era el de un edificio moderno.
Era alto… demasiado alto. Con molduras delicadas, talladas con una precisión que hablaba de otra época. Un candelabro colgaba en el centro, apagado, pero aún así imponente.
Parpadeó.
Una vez.
Dos.
El cuerpo… se sentía extraño.
Ligero… pero no suyo.
Se incorporó lentamente, apoyándose en la cama. Las sábanas eran suaves, de una tela gruesa y lujosa que jamás había sentido antes. Todo en esa habitación gritaba elegancia antigua.. cortinas pesadas, muebles de madera oscura, detalles dorados.
—¿Dónde… estoy…? —su voz salió más suave, más delicada de lo que recordaba.
Se quedó inmóvil.
Esa voz…
No era la suya.
El corazón comenzó a latir con fuerza.
Bajó la mirada.
Sus manos…
Más finas.
Más pálidas.
Más pequeñas.
Temblaron ligeramente.
—No… —susurró.
Un mechón de cabello cayó sobre su pecho.
Se quedó congelada.
Ese color…
No era el suyo.
Lentamente, como si temiera que el mundo se rompiera con un movimiento brusco, llevó la mano hasta él.
Suave.
Sedoso.
Y de un tono…
Morado oscuro.
Exactamente igual al de la joven que había visto en aquella historia.
El aire se le quedó atrapado en la garganta.
—No puede ser…
Se levantó de la cama, sintiendo una ligera debilidad en las piernas, y caminó tambaleante por la habitación. Cada paso era extraño, como si estuviera aprendiendo a moverse de nuevo.
Hasta que lo vio.
Un espejo de cuerpo completo, enmarcado en oro envejecido.
Se detuvo frente a él.
Por un instante…
No quiso mirar.
Pero lo hizo.
Y el mundo se detuvo.
La joven del reflejo no era ella.
Era… ella.
Pero no.
Su rostro era hermoso, delicado, con rasgos suaves y una expresión naturalmente tímida. Sus ojos, grandes y brillantes, reflejaban confusión… y algo más profundo, algo que no pertenecía a esa vida.
El cabello caía en ondas oscuras, de ese tono morado profundo que parecía cambiar con la luz.
Era idéntica.
A la joven.
A la historia.
A la chica que había muerto sola.
Retrocedió un paso.
Luego otro.
Negando con la cabeza.
—No… no… esto no es real…
Pero todo se sentía real.
El suelo bajo sus pies.
La tela de su vestido.
El latido desbocado de su corazón.
Su mente comenzó a unir las piezas, una a una, con una claridad aterradora.
La historia.
La joven.
El secuestro.
La muerte.
Y entonces…
El nombre.
Sus labios temblaron.
—…Eloise… —la palabra salió apenas como un suspiro.
Se llevó una mano al pecho, como si intentara sostener su propia identidad antes de que se deshiciera por completo.
—Eloise Knapp…
El sonido de ese nombre en su propia voz la hizo estremecer.
Ahora no era un recuerdo.
No era una visión.
Era ella.
—Soy… —tragó saliva, sintiendo el peso de la verdad caer sobre sus hombros— …la hija menor de la familia Knapp…
Las imágenes volvieron a su mente.
El encierro.
El abandono.
La decisión fría de su familia.
La muerte.
Sus rodillas cedieron ligeramente, y tuvo que apoyarse en una mesa cercana.
—La que muere… en un secuestro…
El silencio en la habitación se volvió abrumador.
No podía creerlo.
No quería creerlo.
Pero el reflejo no mentía.
Su cuerpo no mentía.
Ese mundo… no mentía.
Una risa nerviosa escapó de sus labios, quebrada, incrédula.
—Esto… esto es una locura…
Se miró de nuevo en el espejo.
Esta vez, más detenidamente.
Más consciente.
Más asustada.
—Ahora… soy ella…
La chica olvidada.
La que nadie salvó.
La que nadie consideró valiosa.
La que murió… esperando.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Pero esta vez…
Algo era diferente.
Porque dentro de ese cuerpo…
Ya no estaba la misma Eloise.
Sus ojos, reflejados en el espejo, cambiaron ligeramente.
Ya no eran solo tímidos.
Había algo más.
Algo firme.
Algo vivo.
—No… —susurró, apretando suavemente sus manos— …no voy a morir así otra vez.
El miedo seguía ahí.
La incredulidad también.
Pero junto a ellos…
Nacía una decisión.
Porque si esta era su nueva vida…
Entonces esta vez…
La historia no terminaría igual.
El temblor en sus manos tardó en desaparecer.
Durante unos segundos más, se quedó frente al espejo, como si al apartar la mirada todo fuera a romperse… o a devolverla a su antigua vida.
Pero no ocurrió.
Seguía allí.
Seguía siendo Eloise.
Respiró hondo.
Una vez.
Dos.
Y entonces, más calmada, volvió a observar su reflejo… pero esta vez no con miedo, sino con atención.
Con análisis.
Con intención.
Sus ojos recorrieron cada detalle.
El rostro era hermoso, sí… pero demasiado pálido. No el tipo de palidez elegante que se elogiaba en esa época, sino una que hablaba de debilidad, de falta de sol… de falta de vida.
Bajó la mirada.
Sus clavículas estaban demasiado marcadas.
Las muñecas… excesivamente delgadas.
Incluso bajo la tela del vestido, podía notar lo frágil que era ese cuerpo.
—Esto no es… saludable… —murmuró, frunciendo ligeramente el ceño.
No era una simple contextura delgada.
Era descuido.
Negligencia.
Quizás incluso abandono disfrazado de “delicadeza”.
Y eso… Le molestó. Mucho.
Porque ahora ese cuerpo era suyo.
Y no pensaba dejarlo marchitarse.
Lentamente, apretó sus manos, sintiendo la poca fuerza que había en ellas.
—Así… no voy a sobrevivir…
La frase no tenía dramatismo.
Era un hecho.
Claro.
Frío.
Real.
Cerró los ojos un instante, recordando todo lo que había visto.
El secuestro.
El abandono.
La decisión de su familia.
Nadie iba a salvarla.
Nadie iba a correr a buscarla.
Nadie iba a pagar por ella.
Ni siquiera…
Iban a lamentar su pérdida.
Abrió los ojos.
Y esta vez, no había duda en ellos.
—Entonces tendré que hacerlo yo.
Se enderezó ligeramente, aunque el cuerpo aún no acompañaba del todo su determinación.
—Primero… —miró sus manos nuevamente— …esto.
Su salud.
Su fuerza.
Su resistencia.
No podía enfrentarse al mundo siendo tan frágil que un empujón la derribara.
Caminó lentamente por la habitación, sintiendo cada paso con mayor conciencia. Abrió un pequeño armario, observando vestidos elegantes… pero nada práctico.
—Claro… Mucha apariencia… poca utilidad.
Cerró el armario.
Pensó.
Ordenó sus ideas.
No podía hacerlo todo de golpe.
Pero sí podía empezar.
—Comer mejor.. Lo que sea que me estén dando… no es suficiente.
Recordaba vagamente cómo lucía la mesa de una familia así.. platos refinados, porciones pequeñas, restricciones absurdas en nombre de la “imagen”.
Negó suavemente.
Eso se acababa.
—Necesito fuerza… no perfección.
Se acercó a la ventana y corrió ligeramente la cortina. La luz entró suavemente, iluminando su rostro.
Cerró los ojos un segundo, sintiendo el calor.
—También necesito sol…
Había algo casi triste en lo poco acostumbrado que estaba ese cuerpo a la luz.
Luego… vino el pensamiento más importante.
Más urgente.
Más real.
Su expresión cambió.
Se volvió seria.
—Y necesito aprender a defenderme.
No era una idea exagerada.
No después de lo que había visto.
No después de saber cómo terminaba su historia.
—Si me secuestran.. no habrá rescate.
El silencio pareció asentir.
No había nadie que la contradijera.
Porque era la verdad.
Y por primera vez… no le dolió.
La aceptó.
La convirtió en herramienta.
—Así que no puedo permitir que eso pase.
Se giró, mirando la habitación con otros ojos ahora.
Ya no como una prisionera elegante.
Sino como alguien que estaba evaluando un campo de juego.
—Necesito fuerza física.. resistencia… reflejos…
Hizo una pequeña pausa.
—Y alguien que pueda enseñarme.
Eso sería más difícil.
En una familia como esa, una joven “delicada” no debía ensuciarse las manos, ni aprender a pelear.
Pero ella…
No era esa Eloise.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
No dulce.
No tímida.
Sino decidida.
—Entonces tendré que encontrar la forma… sin que lo noten.
Quizás un sirviente.
Un guardia.
Alguien en los establos.
Alguien que no hiciera preguntas.
Alguien que entendiera el valor de sobrevivir.
Se llevó una mano al pecho.
El latido seguía rápido… pero ya no era de miedo.
Era de determinación.
—Esta vez… no voy a ser una víctima.
El recuerdo de los pequeños gatos cruzó fugazmente su mente.
Una vida terminada por un accidente.
Otra… por abandono.
No.
Ya había tenido suficiente de eso.
Abrió completamente la cortina.
La luz llenó la habitación.
Y con ella…
Una nueva versión de sí misma.
[Voy a cuidarme. Voy a volverme fuerte. Y voy a vivir.]
No importaba si tenía que hacerlo sola.
Porque si algo tenía claro ahora…
Era que su vida…
Dependía únicamente de ella.
Pero falta un toque de celos para él, qué otro hombre se ponga a coquetear con Eloise /Awkward/