de una casualidad paso a una historia completa
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capítulo 15
Después de Chile, volvieron al país. Camila y Martín estaban impacientes por escuchar las noticias de su viaje, y cuando Luna les mostró el anillo, se emocionaron mucho.
—¡Felicidades, mis amorcitos! —dijo Camila, abrazándolos. —Estoy tan contenta.
—Sí, chicos —dijo Martín, con lágrimas en los ojos. —Me alegro mucho por ustedes.
Esa noche, organizaron una pequeña fiesta en el apartamento —invitaron a Doña Ana, a Juan (que había venido de la selva) y a algunos amigos cercanos. Doña Ana le dio a Luna un regalo —el mismo libro de poesía que le había dado a Camila cuando se comprometió con Martín.
—Este libroBringe suerte en el amor —dijo Doña Ana. —A mí me funcionó, a tu mamá también. Ahora te toca a ti.
Luna se emocionó y abrazó a Doña Ana. —Gracias, Doña Ana. Eres como una abuela para mí.
Durante la fiesta, Juan le dijo a Luna y Mateo:
—Quiero que se casen en la selva —dijo él. —En el poblado, con la gente, con la cascada y la estrella al fondo. Será un matrimonio maravilloso.
—Me encanta la idea! —dijo Luna.
—Yo también —dijo Mateo. —Será el lugar perfecto.
Camila y Martín asintieron. Sabían que la selva era el lugar donde empezó todo, y que era el lugar perfecto para que su hija empezára su propia vida con el hombre que amaba.
Los siguientes días, empezaron a planificar la boda. Querían hacerla en la primavera, cuando la selva estaba llena de flores. Luna se encargó de escribir las invitaciones —las diseñó con imágenes de la selva y de la estrella. Mateo se encargó de organizar el lugar —trabajó con Juan para preparar el poblado y la cascada.
Mientras planificaban la boda, también continuaron trabajando en la Red Estrella. Habían añadido más reservas en Colombia y Perú, y la organización estaba creciendo rápidamente. Luna escribió un libro sobre la Red Estrella —lo llenó de historias, fotos y poemas sobre las selvas que habían visitado.
Un mes antes de la boda, el libro de Luna se publicó. Se llamó "La Estrella que Une las Selvas", y fue un éxito inmediato. Se vendieron miles de ejemplares en Paraguay y en otros países de América Latina, y la crítica lo elogió por su belleza y su mensaje.
Una tarde, Luna tuvo una firma de libros en la librería "El Rincón de las Palabras". Mucha gente vino —amigos, familiares, lectores que habían leído el libro y se habían emocionado con su mensaje. Doña Ana estaba ahí, ayudándola a organizar la firma.
—Mi niña, eres una escritora exitosa —dijo Doña Ana, con orgullo. —Tu abuela estaría tan contenta de verte así.
Mientras firmaba libros, Luna vio a una niña pequeña de diez años que estaba esperando en la fila. La niña le dio un dibujo —un dibujo de la estrella con una familia abrazada al fondo.
—Leí tu libro y me encantó —dijo la niña. —Quiero ser como tú cuando sea grande —ayudar a la selva y escribir libros.
Luna se emocionó y abrazó a la niña. —Claro que puedes —dijo ella. —La estrella te ayudará, como me ayudó a mí.
Después de la firma de libros, Luna, Mateo, Camila y Martín se reunieron en el apartamento para celebrar. El editor de Luna le llamó para decirle que el libro sería traducido al inglés y al español, y que se vendería en Europa y Estados Unidos.
—Esto es increíble —dijo Luna. —El mensaje de la Red Estrella llegará a todo el mundo.
—Todo gracias a tu talento y tu pasión —dijo Mateo, besándola.
Mientras celebraban, miraron hacia el cielo y vieron la estrella brillando clara. Sabían que el legado de la estrella estaba llegando a más personas cada día, y que el amor por la naturaleza se estaba extendiendo por todo el mundo.
Un día antes de la boda, todos los invitados llegaron a la selva. Venían de Paraguay, Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú —amigos, familiares, voluntarios de la fundación y miembros de la Red Estrella. El poblado estaba decorado con flores de colores —rosas, lirios y margaritas— y los letreros tenían el logo de la estrella.
Luna se alojó en la casita de Juan, con su mamá y algunas amigas. Mateo se alojó en otra casita con su papá y algunos amigos. La noche antes de la boda, Luna y Mateo se reunieron en la orilla del río, con la estrella brillando en el cielo.
—Mañana nos casamos —dijo Luna, con emoción. —No puedo creerlo.
—Sí —dijo Mateo. —Y empezaremos una nueva vida juntos, trabajando en la Red Estrella, ayudando a la selva.
—Y tendremos hijos algún día —dijo Luna. —Y se los contaremos a ellos sobre la estrella, sobre la selva, sobre todo lo que hemos hecho.
Mateo se abrazó a ella y le dijo:
—Sí. Y ellos seguirán nuestro legado, seguirán protegiendo la naturaleza.
Mientras se abrazaban, escucharon la música de la gente del poblado —estaban cantando canciones tradicionales para celebrar la boda. Luna y Mateo se levantaron y se dirigieron al poblado, para bailar con la gente y celebrar.
El día de la boda llegó rápido. Era un día soleado y caluroso, y la selva estaba llena de colores y olores. Los invitados se sentaron en las sillas de madera que Martín había diseñado, en la orilla del río, con la cascada al fondo.
Luna se preparó en la casita de Juan. Llevaba un vestido de tulle blanco con mangas cortas y un velo que le llegaba hasta el suelo. Su mamá le ayudó a ponerse el vestido y le puso una flor en el pelo —una flor de la selva que Mateo le había regalado.
—Eres la mujer más hermosa del mundo —dijo Camila, con lágrimas en los ojos. —Tu papá y yo estamos tan orgullosos de ti.
Luna se abrazó a su mamá y dijo:
—Gracias, mamá. Por todo. Por apoyarme, por amarme, por enseñarme a seguir mis sueños.
Después, su papá llegó a buscarla. Martín llevaba un traje oscuro y una flor en la solapa. Cuando vio a Luna, se emocionó mucho.
—Mi niña —dijo él, con voz temblorosa. —Has crecido tanto. Estoy tan orgulloso de ti.
Juntos, caminaron hacia el lugar de la boda, acompañados de la música de una flauta tradicional. Los invitados se levantaron y aplaudieron, y Luna vio a Mateo en el altar, sonriendo y con lágrimas en los ojos.
El sacerdote era un amigo de Juan que vivía en la zona. Empezó la ceremonia, leyendo versículos sobre el amor y la naturaleza.
—El amor es como la selva —dijo el sacerdote. —Tiene que ser cuidado, nutrido, protegido. Y cuando lo es, crece y florece, y da frutos para todos.
Luego, llegó el momento de las promesas. Mateo habló primero:
—Yo, Mateo, te elijo a ti, Luna, como mi esposa —dijo él, mirándola a los ojos. —Te prometo amarte, respetarte, apoyarte y cuidarte en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad. Te prometo seguir trabajando con ti para proteger la naturaleza, para hacer el mundo un lugar mejor. Te prometo amar la estrella que nos une, por el resto de mi vida.
Luego fue el turno de Luna:
—Yo, Luna, te elijo a ti, Mateo, como mi esposo —dijo ella, con voz temblorosa. —Te prometo amarte, respetarte, apoyarte y cuidarte en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad. Te prometo escribir sobre nuestra historia, sobre la selva, sobre la estrella que nos une. Te prometo seguir contigo, por siempre y para siempre.
Se intercambiaron anillos —el de Luna era el de jade de la selva valdiviana, y el de Mateo era un anillo de madera tallada en la selva de Paraguay.
—Ahora, te declaro marido y mujer —dijo el sacerdote. —Puedes besar a tu esposa.
Mateo la abrazó y la besó, un beso fuerte y pasional que fue recibido con aplausos y vítores de los invitados. La gente del poblado empezó a cantar y bailar, y la fiesta empezó.