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“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

Status: En proceso
Genre:Hija rica en bancarrota / Diferencia de edad / Apoyo mutuo
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XII: Ruido en la sala

Kendra sabía que Axel tenía razón y que, si bien Ifigenia estaría orgullosa de que tuvo éxito al conquistar a Ángel y hacer que terminara con Keila, lo que acababa de perder era algo que no sabía si alguna vez recuperaría.

—Por suerte para usted su padre la ama— añadió Axel, manteniendo la vista fija en el camino, con esa frialdad profesional que Kendra siempre encontraba fascinante— De lo contrario, no se habría roto la mano contra una pared, sino que la habría usado contra usted.

Kendra guardó silencio y tragó saliva porque sabía que era verdad, que no había perdón para lo que había hecho y que su padre la amaba tanto que prefería romperse la mano antes de tocarla, pero después de esto probablemente ya no la favorecería nunca más.

Durante el último mes la vida había sido muy difícil para Keila, y a pesar de su fortaleza, sentía que su alma se destruía a pedazos, su orgullo estaba roto y lo que más la destrozaba era la falta de respuesta de parte de Ángel por la ruptura del compromiso.

Era como si el amor de Ángel se había terminado de la noche a la mañana, y el único consuelo que tenía Keila era que su hermana Kendra con mucha eficiencia se había encargado de los trámites para la cancelación de la boda, evitándole así pasar por ese trago tan amargo.

Aunque el verdadero problema vivía bajo su mismo techo, porque Ifigenia no paraba de hacerle comentarios hirientes cuando estaban solas, por eso Keila anhelaba que regresara su hermana para que su madre no le prestara atención.

—¿Mamá, por qué no puedes entender cómo me siento? —preguntó Keila, con la voz cargada de cansancio.

Ifigenia la recorrió con la mirada haciéndola sentir insignificante, porque nunca la vio como a una hija sino como a un error, y la culpa de que su amante la abandonara.

—Debes admitir que ese hombre era demasiado para ti —sentenció con un desdén.

Keila negó con la cabeza, sintiendo el mismo vacío de siempre, mientras que Kendra era el sol, la heredera, la mujer perfecta, y el orgullo de la familia Barreto ella, por el contrario, era una sombra que siempre estorbaba en ese lugar.

—Supongo que era demasiado esperar una palabra de consuelo de tu parte, mamá.

Lo que Keila ignoraba es que, con una narcisista como Ifigenia, incluso para Kendra la hija perfecta la vida era un infierno, nadie sabía el costo que tenía para ella ese exceso de atención y por eso estaba al borde de romperse en pedazos en cualquier momento.

—¿Qué esperabas que ocurriera? —replicó Ifigenia, cruzándose de brazos— Solo mírate al espejo y dime a qué hombre decente le puede gustar una mujer como tú, Ángel es un abogado exitoso y necesita a una mujer que lo represente, no a alguien que parece vivir en un eterno Halloween.

Keila guardó silencio, porque para Ifigenia, su estilo rebelde, su pasión por la literatura, y su gusto por los tonos oscuros, eran señales de una mujer fracasada.

Lo que ignoraba era que su hija menor estaba construyendo un camino propio, y en realidad era una escritora incógnita cuyos libros eran éxitos de ventas, Keila tenía una fortuna propia, pero ellos nunca se habían preocupado por conocerla mejor.

—De seguro es tu culpa que hayan terminado —la acusó Ifigenia—Lo único bueno que habías logrado era ese novio, y ahora también lo arruinaste.

Kendra llegó en ese momento y escuchó las duras palabras que Ifigenia le dijo a Keila, y no se pudo contener, corrió a abrazarla susurrándole palabras amables, cuando sintió en calma a la persona en sus brazos, volvió su rostro hacia Ifigenia.

—¡Ya es suficiente, mamá! —La voz cortante de Kendra resonó en la habitación.

Keila sentía que el aire le faltaba, pero el consuelo de Kendra la reconfortaba.

—Keila nada de esto es tu culpa —sentenció Kendra observando a su madre con enojo.

Keila salió de la habitación y cuando se quedaron solas, Ifigenia sujetó con fuerza el brazo de Kendra clavando sus uñas con malicia.

—No te olvides de quién soy —siseó Ifigenia, acercando su rostro al de ella— Soy tu madre, y me debes lealtad.

—Mamá, no necesitas ser tan cruel con ella —respondió Kendra, zafándose del agarre con un gesto de desagrado— Después de todo, ya obtuviste lo que querías, ya tienes el control y tienes a Ángel, así que déjala en paz.

Ifigenia observó como Kendra se marchaba y se cruzó de brazos, tenía el ceño fruncido porque sabía que Kendra se le estaba saliendo de control y no podía permitirlo.

—Kendra si te atreves a traicionarme —murmuró Ifigenia para las sombras— voy a hacer que te arrepientas, no me importa que lleves mi sangre, porque para mí, solo eres una pieza en el tablero.

Mientras Kendra se dirigía a su habitación se dio cuenta de que Ángel había llegado y supo que el momento que tanto temía finalmente había llegado, Ángel estaba apoyado contra la pared con una indolencia que la enfureció.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella con la voz cargada de preocupación.

—Tu padre me llamó —respondió Ángel, ajustándose el nudo de la corbata— Y me advirtió que, o hablábamos con Keila hoy mismo, o lo haría él, y créeme que no queremos que tu papá maneje la narrativa.

Anabella, oculta tras una columna, escuchaba la conversación conteniendo el aliento, y sus sospechas se confirmaron que todo era una emboscada planificada, y negó con la cabeza.

—Sé amable con ella—suplicó Kendra, y por primera vez, la culpa era genuina— Nada de esto es su culpa.

—¿Ahora resulta que eres la “Hermana del año”? —se burló Ángel con una sonrisa cínica.

—No soy mejor que tú, “el Prometido del año” —escupió ella.

—Kendra, cariño no peleemos, eso es malo para el bebé—dijo él, intentando rodearle la cintura con un abrazo.

Ángel intentó abrazarla y ella sintió una oleada de asco que casi la hace retroceder y se preguntó si a partir de ese momento esta sería su vida, así que esquivó su tacto con una fría excusa.

—Ángel, este no es el lugar ni el momento.

Kendra sentía que el aire le faltaba, porque ella nunca había aspirado a ser la esposa dócil que se queda en casa, ella se había formado para dirigir la empresa familiar, y tomar decisiones de peso, pero Ángel con su arrogancia vacía, representaba todo lo que ella despreciaba en una pareja.

—Ella lo va a entender… y con el tiempo te perdonará —susurró Ángel, con esa confianza arrogante que ahora a Kendra le resultaba repulsiva.

—Lo dices con mucha convicción —respondió Kendra con sarcasmo.

—El mal ya está hecho, ahora solo nos queda seguir adelante—dijo Ángel con arrogancia.

Kendra lo miró con asco, porque las palabras de Ángel eran muy estúpidas, además de que estaba asombrada de que se trataba de un abogado brillante, el cual carecía de empatía, y finalmente lo comprendió con amargura que ese hombre era un cobarde, el problema es que ya no podía dar marcha atrás.

Anabella decidió ir a buscar a Keila a su habitación para advertir a su sobrina porque ella merecía saber la verdad y no seguir sufriendo por ese hombre ni ser cercana a la hipócrita de Kendra.

Keila estaba tirada en su cama observando la pared sintiendo un enorme vacío, cuando la puerta se abrió y Anabella entró con el rostro pálido y una expresión de profunda preocupación.

—Keila… Ángel está en la sala —anunció, evitando sostenerle la mirada—Ha venido de visita y dice que necesita hablar contigo.

El corazón de Keila le dio un vuelco, porque sabía que el momento de cierre definitivo había llegado, Anabella que acababa de escuchar la conversación secreta entre Ángel y Kendra, tomó las manos de su sobrina con una ternura infinita, sabiendo que estaba a punto de recibir un fuerte golpe.

—Keila, escúchame —le dijo con afecto mirándola a los ojos— Eres hermosa y valiente, nada de lo que digan en esa sala puede definir quién eres, sus palabras son solo ruido, así que no permitas que te destruyan.

Mientras tanto Kendra esperaba sentada en la sala entre Ángel e Ifigenia y el ambiente era asfixiante y la palabra más adecuada para ese momento es que era un rehén, aunque para cualquier extraño eran la viva imagen de una familia perfecta.

—A partir de hoy comenzaremos con los preparativos del compromiso y la boda, no es que nos sobre el tiempo—dijo Ifigenia lanzando una mirada intencionada al vientre de Kendra.

—Descuide suegra, que todo se hará con la mayor eficiencia—respondió Ángel con seguridad.

Kendra alzó la vista y vio a su hermana menor al final de las escaleras, y al notar su rostro apagado, una punzada de dolor se instaló en su pecho.

—Bajen la voz—susurró Kendra fingiendo una sonrisa que no llegaba a sus ojos— Ya llegó Keila.

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Fran Sánchez
Estoy así 🤯..... qué pasará en la fiesta..... me estoy comiendo las uñas, de esta intriga....
María Angelica Stessens
me gusta mucho la forma de ser de Axel
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