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HERIDAS DEL CORAZÓN

HERIDAS DEL CORAZÓN

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Milagros Ulloa

Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.

NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NADIE VUELVE A SER EL MISMO

El silencio dentro del café era tan denso que parecía imposible respirar.

León y Tomás se observaban como dos fuerzas opuestas destinadas a chocar desde mucho antes de conocerse. Gabriela permanecía entre ambos, sintiendo que el pasado y el presente se enfrentaban frente a sus ojos.

Nadie habló durante varios segundos.

Pero la tensión gritaba por sí sola.

León fue el primero en romperla.

—Levántate y aléjate de ella —dijo con voz baja, peligrosa.

Tomás no se movió. Su expresión permanecía tranquila, casi divertida.

—Curioso —respondió—. Siempre imaginé este momento diferente.

Gabriela sintió cómo el ambiente comenzaba a volverse incontrolable.

—Basta —intervino—. No vine aquí para que esto termine en una pelea.

León apenas la escuchó.

Sus ojos estaban clavados en Tomás.

—Sabía que volverías a aparecer —dijo León—. Los cobardes siempre regresan cuando creen tener ventaja.

Tomás sonrió lentamente.

—No soy yo quien tiene miedo, León. Tú llegaste corriendo porque sabes que hay cosas que Gabriela aún no te ha contado.

Las palabras golpearon directo.

León giró apenas hacia Gabriela.

—¿Qué significa eso?

Ella dudó.

Ese instante bastó para encender la chispa.

—Significa —continuó Tomás— que la mujer que amas ha vivido dentro de esta guerra mucho antes de conocerte.

Gabriela sintió un nudo en el pecho.

—Cállate.

—¿Por qué? —replicó él—. ¿No quieres que él sepa que tú también tomaste decisiones peligrosas?

León frunció el ceño.

—Gabriela, mírame.

Ella lo hizo.

Y por primera vez desde que comenzó todo, no vio solo preocupación en sus ojos… vio miedo.

Miedo a perderla.

La verdad sobre Claudia

Gabriela tomó el sobre lentamente y lo colocó frente a León.

—Necesitas ver esto.

León abrió los documentos con rapidez.

Las fotografías.

Las transferencias.

Los registros de llamadas.

Su expresión cambió gradualmente hasta volverse dura.

—No… —susurró—. Esto no puede ser real.

El nombre de Claudia aparecía una y otra vez.

Fechas exactas que coincidían con cada amenaza, cada emboscada, cada movimiento fallido.

—Es mentira —dijo León, más para convencerse que para negar.

Tomás cruzó los brazos.

—La lealtad es hermosa… hasta que deja de ser real.

Gabriela observaba a León con el corazón encogido.

—Yo tampoco quería creerlo —dijo suavemente—. Pero todo encaja.

León cerró los ojos un segundo.

Recordó conversaciones.

Ausencias inexplicables.

Momentos en que Claudia sabía demasiado.

Una verdad incómoda empezó a abrirse paso.

—¿Por qué? —murmuró.

Tomás respondió antes que Gabriela.

—Porque algunas personas no soportan vivir a la sombra de alguien más fuerte.

La traición inesperada

En ese momento, el celular de Gabriela vibró.

Un mensaje nuevo.

Un video.

Lo abrió sin pensar.

La imagen mostró a Claudia dentro de una oficina desconocida hablando con alguien fuera de cámara.

Su voz era clara.

—Todo está listo. Gabriela confía completamente. León también. Después de esta noche ya no podrán detenernos.

El video terminó.

El silencio fue devastador.

León dejó caer el teléfono sobre la mesa.

Su respiración se volvió pesada.

—Todo este tiempo… —susurró.

Gabriela sintió una mezcla de dolor y decepción.

Claudia había estado a su lado cuando más vulnerable se sentía.

Había escuchado sus miedos.

Sus dudas.

Sus planes.

Todo había sido entregado al enemigo.

León golpeó la mesa con fuerza.

—Voy a encontrarla.

Pero Gabriela levantó la mano.

—No.

Él la miró sorprendido.

—No vamos a reaccionar impulsivamente otra vez —continuó ella—. Eso es exactamente lo que esperan.

Tomás observó la escena con interés renovado.

Algo estaba cambiando.

Gabriela toma el control

Gabriela respiró profundamente.

Durante meses había corrido, reaccionado, sobrevivido.

Ahora entendía algo diferente.

Si seguían actuando desde el miedo, nunca terminaría.

Levantó la mirada con firmeza.

—Se acabó.

León la observó.

—¿Qué quieres decir?

—Que esta vez el plan lo hago yo.

Tomás arqueó una ceja, intrigado.

Gabriela continuó:

—Claudia cree que seguimos sin saber nada. Eso nos da ventaja. Vamos a usar esa confianza contra ellos.

León dudó.

No porque no confiara en ella… sino porque por primera vez la veía distinta.

Más fría.

Más decidida.

Más fuerte.

—Esto es peligroso —dijo.

—Siempre lo fue —respondió ella—. La diferencia es que ahora dejo de esconderme.

Tomás sonrió apenas.

—Finalmente aparece la verdadera Gabriela.

Ella lo miró con firmeza.

—No confundas esto contigo. Ya no tienes poder sobre mí.

Por primera vez, él no respondió.

El enfrentamiento

León dio un paso hacia Tomás.

—Si sabías todo esto, ¿por qué ayudar ahora?

Tomás sostuvo su mirada.

—Porque hay personas peores que yo manejando el tablero… y porque Gabriela merece elegir su propio final.

León no parecía convencido.

—Si le haces daño—

—No lo haré —interrumpió Gabriela—. Porque ahora yo decido quién permanece y quién no.

El silencio volvió.

Pero esta vez no era tensión.

Era cambio.

Gabriela tomó las llaves del auto y se levantó.

—Nos vamos.

León la siguió automáticamente.

Antes de salir, ella se detuvo frente a Tomás.

—Gracias por la información —dijo—. Pero esto termina sin ti.

Tomás inclinó la cabeza, aceptando la decisión.

—Siempre fuiste más fuerte de lo que creías.

Gabriela no respondió.

Salió del café sin mirar atrás.

Un nuevo equilibrio

Dentro del auto, el silencio entre León y Gabriela era distinto.

No incómodo.

Profundo.

Él finalmente habló.

—No sabía todo lo que cargabas sola.

Ella miró hacia adelante.

—Yo tampoco sabía cuánto podía resistir.

León tomó su mano.

—No quiero perderte por esta guerra.

Gabriela apretó sus dedos.

—Entonces deja de intentar protegerme de todo… y pelea conmigo.

León sonrió levemente.

—Siempre contigo.

Por primera vez, no eran protector y protegida.

Eran aliados.

Iguales.

Y peligrosamente unidos.

A lo lejos, sin que ellos lo supieran, un vehículo oscuro comenzó a seguirlos lentamente.

La verdadera batalla aún no había terminado.

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