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EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

Status: En proceso
Genre:Fanfic
Popularitas:770
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

Siete años después de graduarse de la Clase 3-E, Nagisa Shiota ha construido una vida estable como profesor, ocultando tras su calma el dolor del abandono de Karma Akabane. Karma, ahora un exitoso burócrata, regresa a la vida de Nagisa dándose cuenta de que el poder y el dinero no llenan el vacío de haber huido por miedo a sus propios sentimientos y al trauma del pasado.
​Lo que comienza como un asedio de persistencia por parte de Karma choca con el muro de frialdad de un Nagisa que ya no está dispuesto a ser el pilar de nadie más. En un reencuentro cargado de reclamos honestos y cicatrices abiertas, ambos deberán decidir si son capaces de perdonar las ausencias del pasado para permitirse, finalmente, un futuro juntos.


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22_El Despertar del Monstruo, La Caída del Imperio

La segunda oleada de intrusos cayó uno tras otro, desmantelada por la precisión fantasmal de Nagisa. Los gritos ahogados y los impactos silenciosos eran los únicos sonidos en el claro, mientras Nagisa se movía entre ellos, un espectro letal que dejaba un rastro de cuerpos silenciados. Cuando el último de los cinco hombres se desplomó, la oscuridad volvió a reclamar su dominio, rota solo por el crujido de las ramas bajo los pies de Karma y Kayano, quienes se acercaron a Nagisa.

—Impecable, como siempre, Nagisa —dijo Karma, su voz grave, con una mezcla de orgullo y una pizca de preocupación apenas perceptible por la máscara.

Kayano asintió, su postura más relajada ahora que la amenaza inmediata había pasado.

—Diez intrusos neutralizados. Parece que Arata subestimó seriamente a quién se enfrentaba.

Pero antes de que pudieran saborear la victoria, un chasquido metálico resonó desde la distancia, un sonido que solo un oído entrenado podría haber discernido entre los sonidos de la noche. Una décima de segundo después, el zumbido inconfundible de una bala de gran calibre rasgó el aire.

Karma, con sus sentidos hiperagudizados por la adrenalina, reaccionó por puro instinto. Se movió violentamente hacia la derecha, empujando a Nagisa detrás de él. El movimiento fue rápido, pero no lo suficiente. La bala, destinada a su cabeza o pecho, encontró un nuevo camino. Un dolor abrasador explotó en su brazo izquierdo, justo por encima del codo, y un impacto seco lo hizo tropezar. La sangre caliente comenzó a manar, empapando el tejido de su buzo.

—¡Karma! —gritó Nagisa, un sonido gutural de pura furia que rara vez se escuchaba de él.

Kayano, que había estado a punto de bajar la guardia, reaccionó al instante. Había sentido el disparo, el fizz de la bala. Disparó a ciegas hacia la dirección de donde provenía el ataque, una ráfaga de proyectiles que buscaban suprimir el fuego enemigo.

Pero Nagisa ya no estaba allí.

Su mente, que un segundo antes estaba evaluando la situación, ahora estaba dominada por una rabia helada. Había sentido la mirada, la del francotirador, un segundo antes de que la bala impactara a Karma. Era un error que solo un asesino principiante cometería, permitir que su objetivo sintiera su presencia. Nagisa había captado esa minúscula fracción de segundo, y ahora el cazador se había convertido en la presa del depredador más eficiente.

Con una velocidad sobrenatural, Nagisa se convirtió en un borrón de movimiento. Ignoró el dolor de Karma, la preocupación de Kayano, el mundo entero. Solo existía el francotirador. Se movió entre los árboles con una agilidad felina, su cuerpo una extensión de su voluntad asesina. Su capucha, su máscara, todo se mezclaba con la noche mientras se acercaba al punto de francotirador.

El francotirador, un profesional experimentado, estaba recargando su rifle, pero una sensación helada le recorrió la espalda. Era la sensación de ser observado, de ser cazado. No quería mirar atrás, porque sabía que algo estaba allí. El terror, un miedo primitivo y paralizante, se apoderó de él. Había sido demasiado confiado, demasiado lento en su huida.

Nagisa estaba detrás de él en cuestión de segundos. El francotirador, paralizado por el miedo, no tuvo tiempo de reaccionar. Con su técnica del "aplauso aturdidor", Nagisa golpeó sus manos cerca de los oídos del hombre con una fuerza brutal, desorientándolo y aturdiéndolo por completo. El francotirador se tambaleó, sus ojos vidriosos y sus sentidos anulados.

Nagisa no le dio un respiro. Con un golpe seco y preciso de su cuchillo, lo mató al instante, asegurándose de que no habría retorno, ni preguntas, ni oportunidad de identificarlo. Sangre por sangre. No era solo por la herida de Karma, sino por el desafío, por la insolencia de Arata de pensar que podía tocar a lo suyo.

Nagisa regresó al lado de Karma y Kayano, su postura más tensa que nunca, sus ojos brillando con una luz oscura a través del visor de su máscara.

—Lo tengo —dijo Nagisa, su voz era un gélido susurro. Se arrodilló junto a Karma, evaluando rápidamente la herida en el brazo. No parecía mortal, pero la sangre continuaba fluyendo.

Karma, aunque pálido por la pérdida de sangre, miró a Nagisa con una expresión de admiración teñida de una nueva comprensión. Había visto a Nagisa matar antes, pero nunca con tal ferocidad, con tal sed de retribución.

—Arata pagará caro —murmuró Karma, su voz grave, mientras Kayano comenzaba a aplicar presión sobre la herida de bala.

Pero esto no era todo. El Señor Arata había despertado algo en Nagisa que pocos habían visto. Había despertado al monstruo. Y el cazador, una vez desatado, no se detendría hasta que su presa fuera completamente eliminada.

Kayano, con la eficiencia de quien ha estado en situaciones similares antes, rasgó la tela del buzo de Karma para evaluar la herida. La bala había atravesado la parte carnosa del antebrazo izquierdo, limpiamente, sin tocar huesos ni arterias principales, pero la hemorragia era considerable. Rápidamente, utilizó un torniquete improvisado y aplicó presión con un pañuelo de tela que siempre llevaba consigo.

—Es una herida limpia, Karma —dijo Kayano, su voz tranquila y autoritaria—. Necesitas que un médico lo revise y te pongan puntos, pero no es grave.

Karma, aunque pálido, apretó los dientes.

—Menos mal que no soy zurdo —murmuró, intentando aligerar el ambiente, pero su mirada de dolor y rabia seguía fija.

Nagisa se levantó, su expresión una máscara de fría determinación. La sangre en sus manos no era suya, y eso solo avivaba su ira.

—Kayano, organiza la casa. Asegúrate de que los guardias hagan su trabajo. Karma, necesitamos movernos. No quiero quedarme aquí ni un segundo más.

Kayano asintió.

—Ya estoy contactando con el equipo de limpieza. Y mis hombres están en alerta máxima. Hay un refugio seguro a unos kilómetros de aquí, completamente aislado. Podemos ir allí para que Karma reciba atención médica.

Karma miró a Nagisa, viendo la tormenta en sus ojos. Conocía esa mirada. Era la de un depredador que había sido provocado, y que no descansaría hasta que su objetivo fuera erradicado.

—Nagisa —dijo Karma, su voz ya con más fuerza—. No te estoy pidiendo que te contengas. Pero primero, mi brazo. Y luego, Arata. Me encargaré de él.

Nagisa se giró, su mirada tan intensa que Karma casi podía sentirla a través de la máscara.

—No. Esta vez, la presa es mía. Él te ha herido. Él ha cruzado una línea que no se cruza. Lo haré pedazos.

La vehemencia en la voz de Nagisa era algo que Karma rara vez había escuchado. Era el Nagisa asesino, desatado de su jaula, y con un objetivo claro. Por un momento, Karma no supo qué decir. La furia de Nagisa era casi abrumadora, pero también extrañamente atractiva.

—Bien —dijo Karma finalmente, con una sonrisa ladeada que no alcanzaba sus ojos. Una sonrisa de un demonio que acababa de ver despertar a otro—. Pero no lo hagas solo. Estaré a tu lado.

Juntos, Karma y Nagisa se dirigieron al refugio seguro de Kayano, donde un equipo médico privado esperaba para atender la herida de Karma. La atención fue rápida y eficiente. Mientras el médico suturaba la herida, Karma no apartaba la mirada de Nagisa, quien, sentado a su lado, revisaba meticulosamente los planos de seguridad de la mansión de Arata en una tablet, la rabia silenciosa quemando en sus ojos.

Una vez que el brazo de Karma estuvo vendado y el analgésico comenzó a hacer efecto, Nagisa cerró la tablet.

—Arata tiene un patrón —dijo Nagisa, su voz fría y analítica, como si estuviera hablando de un complejo rompecabezas—. Es un hombre de hábitos, arrogante. Creerá que con su ataque ha puesto a Karma en su lugar y que se ha salido con la suya. No esperará una respuesta tan inmediata ni tan... personal.

Karma asintió.

—Tienes razón. Pensará que ahora que soy "vulnerable", me retiraré. Es el momento perfecto para atacar.

Kayano, que los escuchaba atentamente, intervino.

—Arata es un hombre muy bien protegido. Tiene guardias, pero también contactos en la policía y en el gobierno. Un ataque directo sería complicado. Podría volverse en nuestra contra.

Nagisa levantó la vista, sus ojos azules brillando en la penumbra de la sala de operaciones del refugio.

—No necesitamos un ataque directo. Arata es un hombre de influencias, de poder. Si le quitamos eso, le quitamos todo.

Karma entendió al instante. El plan de Nagisa no era solo eliminar a Arata físicamente, sino desmantelar su imperio, quitarle lo que realmente valoraba.

—Un ataque en la oscuridad —dijo Karma, una sonrisa peligrosa extendiéndose por su rostro—. Sin dejar rastro.

—Exacto —respondió Nagisa. Se puso de pie, su figura esbelta y letal. La máscara ya no cubría su rostro, revelando la fría determinación de un asesino con una misión. Sus ojos no mostraban piedad—. Se arrepentirá de haberte tocado. Y yo me aseguraré de que cada momento de su caída sea un infierno personal.

La furia de Nagisa, una fuerza contenida durante años, había sido desatada por la herida de Karma. El "monstruo" había despertado. Y Arata, sin saberlo, se había convertido en su próxima y más personal presa.

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