Cande, ceo de una gran empresa, muere y reencarna en Fiorella. Volviéndose la niñera del hijo del villano. El frívolo Giovanni. Tiene que proteger al niño para que no muera de una traición por parte de la corona. De lo contrario, ella es quien morirá. ¿lo malo a parte de que su vida depende de un niño? Es que nunca tuvo uno o cuido tan siquiera. Por eso, el joven amo le resulta tan estresante.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 3: Niño malcriado.
La primera vez que Fiorella se detuvo frente a la puerta del ala norte sintió un peso incómodo en el estómago, no por el cansancio ni por el cambio de vida que aún no terminaba de asimilar, sino por algo más simple y más real, miedo puro, miedo a hacerlo mal, a decir algo equivocado, a no saber qué hacer frente a un niño que, según todos, podía costarle la cabeza si algo le ocurría, así que sostuvo las llaves con fuerza y respiró hondo varias veces antes de atreverse a girarlas en la cerradura.
El pasillo estaba más silencioso que el resto del castillo, apenas iluminado por la luz que entraba por ventanas altas y estrechas. Caminó despacio, contando las puertas hasta encontrar la última, más grande, con una placa discreta y dos soldados apostados a los lados.
Los hombres la miraron de arriba abajo.
—¿Tú eres la nueva? —preguntó uno, con tono cansado.
—Sí… me asignaron al joven amo —respondió, cuidando cada palabra.
El otro soltó una risa corta.
—Pobre chica.
—No la asustes —dijo el primero—. Entra, pero si pasa algo grita, ¿entendido?
Fiorella asintió. No le gustó ese “si pasa algo”.
Empujó la puerta.
La habitación era amplia, demasiado formal para un niño. Cama grande, escritorio, estanterías con libros que probablemente nadie leía, cortinas pesadas, una mesa con comida intacta. Todo limpio, ordenado, silencioso.
Y en la silla junto a la ventana estaba él.
Solo sentado, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre las rodillas, mirando hacia afuera como si estuviera esperando algo que nunca llegaba.
Se veía pequeño dentro de ese espacio tan grande.
Fiorella se quedó quieta un momento, observándolo con atención. Había imaginado otra cosa. Pensó que encontraría a un niño malcriado, de esos que gritan órdenes y rompen objetos cuando no se salen con la suya, alguien difícil de tratar pero fácil de entender.
Pero ese niño no hacía nada.
Y eso la puso más nerviosa que cualquier berrinche. Cerró la puerta con cuidado.
El leve ruido hizo que él girara la cabeza.
Sus ojos eran serios, demasiado atentos para su edad. No había curiosidad infantil, solo desconfianza.
La miró como si evaluara si ella representaba una amenaza.
Fiorella tragó saliva.
—Buenos días… joven amo —dijo, sintiéndose torpe al hablar.
El niño no respondió.
Solo la miró.
Ese silencio se alargó tanto que empezó a doler. Ella nunca había tratado con niños. En su otra vida apenas soportaba las reuniones familiares donde había sobrinos corriendo por todos lados. No sabía qué decir, ni cómo sonreír, ni si debía acercarse.
—Me llamo Fiorella —probó de nuevo—. Desde hoy voy a cuidarlo.
Nada.
Caminó hacia la mesa y vio el plato lleno.
—¿No ha desayunado? —preguntó, aunque sabía que no contestaría.
Se volvió hacia él.
—Tiene que comer algo, si no se va a enfermar.
El niño bajó la mirada, pero no se movió.
Fiorella soltó un suspiro corto. Ya empezaba mal. Se acercó despacio, agachándose un poco para quedar a su altura.
—No voy a obligarlo —dijo con voz más suave—. Solo… al menos pruebe un poco.
El niño la miró directo a los ojos y por primera vez habló.
—Las otras también decían eso. Pero no duraban mucho.
Su voz era baja.
—¿Las otras?
—Las niñeras. Todas la eliminé.
—¿Que?
—Me preguntó cuánto durarás tú.
Los días siguientes no fueron mejores. El niño le gastaba broma pesadas; trampa con bichos, baño sorpresa con agua helada al entrar a la habitación. En pocas palabras. Era un...
—¡Es un malcriado!— gritó Fiorella al encerrarse en su habitación terminado el día.— Ahora lo recuerdo. No es un mundo alzar. Estoy dentro de una historia.
Sí. En una donde su padre se vuelve un malvado Gran duque por la perdida de su hijo. Después del asesinato, nada vuelve hacer lo mismo. Jamás encuentran al culpable.
Y a Cande le tocó ser una simple extra que debía soportar las travesuras del joven amo.
Por las noches casi no dormía. Se quedaba sentada junto a la cama, escuchando cualquier ruido, pensando en accidentes inventados por ese niño. Volvía a sentirse como la CEO que revisaba todo dos veces, que no delegaba nada, solo que ahora no manejaba contratos, sino la vida suya y la de él.
Al tercer día perdió la paciencia.
—¿Por qué no para con estos jueguitos? —le soltó mientras intentaba que cenara.
El niño siguió mirando el plato.
—No tengo nada que decir.
—Oh, claro que sí.
—No.
Ella apretó los labios.
—Mire, si no coopera, esto va a ser muy difícil para los dos.
Él levantó la vista.
—A mí siempre me va mal, con o sin niñera.
—¿Peor que a mí?... Tengo que soportarte y protegerte al mismo tiempo.
—Tengo 11, puedo protegerme.— le lanza una verdura en la cara.
Fiorella estrelló su cara contra la mesa. Resignada porque jamás, de los jamás en la vida, hubiera querido tener un hijo. Y está era una razón.
...----------------...
Muchas gracias por leer no olviden dejar su me gusta y su comentario ❤️.