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El Omega Que Debía Morir En La Torre

El Omega Que Debía Morir En La Torre

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / Fantasía / Amor prohibido / Completas
Popularitas:9.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Reencarné como un omega destinado a morir de hambre en una torre.
Para sobrevivir, huí de la historia que me condenaba.
Pero el niño que una vez me salvó… ahora es el emperador tirano destinado a morir por mi culpa.
¿Puedo cambiar nuestro destino?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: El nombre que fue robado

El sonido fue seco.

No hubo gritos.

No hubo súplicas.

Solo el golpe contundente que resonó en la sala de piedra y el silencio posterior, tan pesado que ninguno de los presentes se atrevió a respirar.

Vhalderion Morthaine permaneció inmóvil, sosteniendo la espada con una elegancia casi ceremonial. La hoja no brillaba por sangre visible, sino por el reflejo de las antorchas que temblaban en las paredes.

—Les advertí —dijo con voz tranquila— que no tolero errores.

Los hombres alineados frente a él inclinaron la cabeza. Nadie miró al suelo. Nadie miró al cuerpo.

El duque limpió la espada con calma, como si se tratara de una tarea cotidiana. Luego levantó la vista y una sonrisa mínima, torcida, apareció en su rostro.

No era una sonrisa de ira.

Era una sonrisa de satisfacción.

—La lealtad —continuó— no se demuestra con palabras, sino con resultados.

Guardó la espada.

—Encuentren al omega —ordenó—. Vivo. Nadie debe dañarlo… todavía.

Sus ojos se oscurecieron.

—Ese niño nunca debió recordar.

La sala quedó vacía poco después. Sin embargo, la sensación de peligro permaneció, adherida a las paredes como una sombra imposible de borrar.

Aelion despertó sobresaltado.

El corazón le latía con fuerza y un sudor frío recorría su espalda. Tardó unos segundos en comprender dónde estaba.

La posada.

La habitación.

La ventana entreabierta.

Se llevó la mano al pecho.

El colgante estaba tibio.

—Otra vez… —susurró.

No había visto nada concreto en sueños. No rostros. No voces. Pero una certeza incómoda se había instalado en su mente.

Algo se ha movido.

Sostuvo el colgante entre los dedos y, sin querer, un recuerdo regresó con nitidez: la torre fría, el hambre constante, y aquel niño de ojos oscuros que se había acercado sin miedo.

“Para que no estés solo”, le había dicho, colocándole el objeto en la mano.

Aelion cerró los ojos.

—Nunca me lo quitaste —murmuró—. Ni siquiera cuando desapareciste.

Ese colgante no pertenecía al duque.

Nunca había sido suyo.

Era lo único puro que había recibido en ese lugar.

Al amanecer, la ciudad parecía contenida por una tensión invisible.

Los comerciantes hablaban en murmullos. Las puertas se cerraban antes de lo habitual. Los soldados patrullaban con más frecuencia.

—Morthaine se está moviendo —dijo Kael mientras avanzaban por un mercado secundario—. Eso significa que nos ha localizado.

Aelion asintió, apretando el colgante bajo la ropa.

—Siempre actúa así —respondió—. Cuando siente que pierde el control.

Kael lo miró con atención.

—¿Lo recuerdas?

—No con la mente —dijo Aelion—. Con el cuerpo.

Guardó silencio un instante antes de añadir:

—Este objeto… fue lo único que no pudo quitarme.

Kael sintió un estremecimiento extraño. Una sensación de familiaridad que no lograba explicar.

Fue entonces cuando una anciana se detuvo frente a ellos.

Su mirada se fijó directamente en el colgante que asomaba entre la ropa de Aelion.

—Ese objeto… —susurró— no pertenece a este ducado.

Aelion se tensó.

—¿Lo conoce?

La mujer asintió lentamente.

—Hace muchos años lo vi en el palacio del reino vecino —dijo—. La reina llevaba uno idéntico… antes de que el príncipe desapareciera.

El mundo pareció inclinarse.

—¿El príncipe…? —repitió Aelion, con la voz apenas audible.

La anciana abrió la boca para decir algo más, pero el sonido de pasos metálicos se acercó.

Soldados.

Kael reaccionó de inmediato.

—Tenemos que irnos.

La mujer retrocedió, nerviosa.

—Recuerda esto, niño —dijo apresurada—: la sangre puede ser silenciada… pero nunca olvidada.

Y desapareció entre la multitud.

Corrieron.

No hacia la salida de la ciudad, sino hacia zonas abandonadas donde antiguas estructuras alquímicas se mezclaban con ruinas olvidadas. Aelion sentía la marca bajo su piel arder con intensidad, como si algo lo guiara.

—Aquí —dijo, deteniéndose frente a un muro derruido—. Algo me llama.

Kael lo siguió sin cuestionar.

Tras apartar escombros, apareció un mural antiguo. La pintura estaba desgastada, pero aún se distinguía una familia coronada… y un niño de cabello blanco sostenido en brazos.

Aelion sintió que las piernas le fallaban.

—Ese… —susurró— soy yo.

Kael observó el mural con el ceño fruncido.

—Entonces Morthaine no solo te encerró —dijo con voz grave—. Te borró.

Aelion alzó la mirada, los ojos firmes pese al temblor.

—No lo logró.

Muy lejos, en su fortaleza, Vhalderion Morthaine escuchó el informe en silencio.

—Los sellos antiguos se están debilitando —dijo el mensajero—. No sabemos por qué.

El duque apoyó el mentón en la mano.

No sabía qué era exactamente lo que se había activado.

Solo que algo que llevaba años bajo control comenzaba a resquebrajarse.

—Así que el niño empieza a recordar… —murmuró, con una sonrisa lenta—. Y eso nunca es buena señal.

Sus ojos se oscurecieron.

—Prepárense —ordenó—. La cacería no ha hecho más que empezar.

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Maru19 Sevilla
Ya me preocupe por los sacrificios 😭
Maru19 Sevilla
👏👏👏
Maru19 Sevilla
Malvado 😱
Maru19 Sevilla
😱
Maru19 Sevilla
Es interesante la historia 👏👏
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