Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.
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CAPITULO 12: ARGENTINA
CAPÍTULO 12: ARGENTINA.
Unos cuantos días más tarde, Elena ya estaba acostumbrada a su nueva vida en el hotel "Provence". La atención era muy buena, comía cuando quería, se duchaba en su baño privado con agua caliente del grifo, y si estaba muy aburrida bajaba a la sala, que era bellísima, para ver el movimiento de la gente.
Con Juan Manuel no se había cruzado, salía del hotel muy temprano y regresaba muy de noche. Una tarde, casi oscurecía, su esposo tocó la puerta y le dijo que se prepare porque al día siguiente tomarían una diligencia, Pero no a su nuevo hogar, aún le faltaba arreglar algunos asuntos en un lugar llamado Junín.
Al día siguiente, se estaba acomodando en la diligencia, con su libro en una mano y su abanico en la otra. Ese día se había levantado ansiosa en saber cómo continuaría su travesía, sobre todo si esa otra tierra sería tan impresionante como está, que estaba a punto de abandonar.
Su esposo entró y la distrajo de sus pensamientos, ella lo miró con una expresión muy hostil.
-¿No pretenderá que tome otra diligencia diferente a la suya?- pregunto algo divertido.
-Mire, lo que usted haga o deje de hacer, la verdad, a mí me tiene sin cuidado…- respondió Elena con arrogancia y comenzó a mirar por la ventanilla.
Juan Manuel inclinó la mirada hacia arriba, suspiro y tomo uno de los tantos periódicos que tomo para mantenerse entretenido en el camino. Casualmente, allí leyó los planes del gobierno por llevar vías Ferreyra a Junín en un futuro, gracias al éxito del negocio bovino.
Elena miraba por la ventanilla como de a poco, la ciudad quedaba atrás, y se le presentaban en frente solo paisajes verdes y silvestres. Estaba ansiosa por ver la próxima civilización. Pero nada, solo campos llanos, Pero eso sí, con muchos animales, sobre todo ganado.
Cuando el cansancio y el silencio la estaba vendiendo escucho a su esposo decir "¡llegamos!". Rápido se enderezó y miro por la ventanilla, Pero lo que veía la decepcionó. Junín era una ciudad muy pequeña, era como un pueblo. Juan Manuel la registro solo a ella en un hotelito muy precario. Él iría a una estancia, en dónde se quedaría ¿por un par de días, tal vez?
-Cualquier cosa que necesite se lo pide a la señora que nos atendió, Angustia se llama. Yo le encargue que la atienda bien y proteja.- le dijo.
Cuando se quedó sola en su cuartito, miro a su alrededor, era tan diferente al hotel "Provence" de Buenos Aires... Tan pequeño. comenzó a sentir un poco de pánico ¿Por cuánto tiempo estaría allí? estaba comenzando a hacer calor, era los primeros días de noviembre de una primavera Argentina, Pero no sé animaría a abrir las ventanas.
Juan Manuel estaba preocupado por dejar a su esposa en ese hotelito, Pero estar juntos en un mismo lugar, significaba futuros conflictos. Cualquier tema era motivo para discusión. Igual, le había pedido a Angustias, la mujer del hotel que la cuide, y la atienda de manera muy especial.
Cuando llego a la estancia "La oriental" el encargado, Martín, ya lo estaba esperando. Allí estaba su ganado, pretendía llevarse una suma importante a los campos que había comprado aledaños a los suyos.
-Aunque el número ha crecido en forma dramática por la cantidad de vacas preñadas, aquí se pueden quedar un tiempo más si lo desea.- dijo Martín.
-Lo sé, lo sé, y se le agradece. Pero como eran creciendo en números las quiero dividir en otros territorios. Apartar las que se irán exportando de las de maternidad.- respondió él.
-Bueno, si me permite aconsejarle, tengo entendido que hay mucho territorio libre luego de "la conquista del desierto".- comento el hombre.
-Sí, puede ser.-
-Sé que al noroeste de la provincia existe un suministro de sales, hay mucho campo verde para las vacas.- continuo el señor Martín.
-Sí, sí, conozco de lo que está hablando. Ese territorio recibió muchas expediciones europeas en el siglo XVII y XVIII, creo.- Además, recordo que en ese lugar había un asentamiento indio, pero prefirió callar -Ya le mandaré a mi notario para que se encargue del tema y cuando todo esté organizado, le pediré a algunos peones para poder trasladarlos.-
-Cuente con eso.- afirmó el hombre.
-Mañana bien temprano recorreremos, con el permiso suyo.- agrego -Es que me urge ir a la ciudad.-
-Recuerde que se puede quedar el tiempo que desee.-
-Se le agradece, Pero es que mi esposa está hospedada en Junín.- respondió Juan Manuel.
-¡Oh! ¿Y por qué no la trajo? Hubiese Sido buena compañía para Prudencia, mi mujer.- reprochó el hombre.
-Es que venimos desde Madrid, el viaje fue intenso y agotador.- explico.
Claro que no le podía decir la verdad, que Elena y él no soportaban respirar el mismo aire y en el mismo cuarto.
Dos días más tarde estaba nuevamente arriba de la diligencia. Está vez en lugar de mirar por la ventanilla, Elena, vencida por el cansancio, se recostó en su asiento. Todo ese movimiento de días, meses, la tenían muy agotada. Tanto que se quedó dormida. Cuando desierto, en el otro asiento, estaba recostado su esposo, dormido también. Se sentía y comenzó a mirarlo. Nunca había estado tan íntimo con un hombre, a pesar de verse a escondidas con Pedro, todo ese romance parecía estar tan lleno de inocencia.
Observo, muy atentamente, el rostro relajado y tranquilo. A pesar de ser un hombre mayor de 30 años, su atractivo era evidente, cabello rubio, buena estructura, la piel tostada por el sol le quedaba muy bien con esos ojos color azul, que aunque ahora estaban cerrados, ella había observado bien.
De repente, Juan Manuel, abrir sus, ya mencionados, luceros claros, y la miro. Ella muy nerviosa trato de disimular y comenzó a mirar por la ventanilla. Él se enderezó y la miro, así continuaron el resto del camino en silencio.
Llegaron a un lugar, un pueblito muy pequeño, en donde abordaron un carruaje local y más precario. Allí aprovecho para estirar un poco las piernas. El calor era insoportable, el abanico parecía no alcanzar. Continuaron viaje hasta una zona más silvestre. El recorrido parecía interminable. Elena ya no daba más, sentía que le faltaba un poco el aire: "Tal vez, me ajuste mucho el corset" pensó.
Por fin, arribaron a una casa en medio del campo, que le llamo la atención, porque había hombres, aún, trabajando en ella. Parecía como si estuvieran ampliando la estructura. Había muchos árboles y animales a un costado. Las gallinas, por ejemplo, y para su sorpresa, andaban libremente.
Cuando bajo del coche, empezó a mirar hacia todos lados. ¿Allí vivirían?, era un lugar muy inhóspito. Había muchos hombres trabajando en la edificación, Pero no había ninguna otra casa cercana, ni nada por el estilo.
Vio a tres personas acercándose rápidamente, un hombre y dos mujeres.
-¡Juan Manuel!- exclamó el masculino y abrazo a su esposo -Por poco llegas junto con tu último telegrama- bromeó.
-Sí... ¡Carito! ¡María!- dijo dirigiéndose a las dos mujeres, una joven y otra mayor.
Elena no sabía que hacer, se sentía muy incómoda, observaba todo en silencio. Juan Manuel se dirigió a ella.
-Ella es Elena... Mi esposa.- la presento -Él es Raúl.-
-Mucho gusto, señora.- dijo el hombre dándole la mano -La menciono en sus telegramas, Pero nunca dijo que era tan joven.-
Ella respondió al saludo, mientras los miraba detenidamente. Nunca había visto a alguien así, un hombre muy morocho, alto, corpulento, cabello corto, Pero muy negro, pómulos sobresalientes.
-Y ellas son Carito y María.- le presento a las mujeres -Cualquier cosa que necesite se lo pide a ellas.-
-Mucho gusto.- dijo María, la mujer mayor, morena, algo avejentada, con cabello oscuro y una trenza muy larga, aunque algunas canas en la zona de la frente.
-Dejeme ayudarla.- dijo Carito, una joven de unos 25 o 26 años, también como los demás, morena, aunque petiza, con dos trenzas de caTomoado. tomo su maleta y se dirigió hacia adentro.
-Como verás, hace unos días que llegó el arquitecto que mandaste, con un montón de peones y comenzaron a agrandar la casa.- explico Raúl.
-Sí, Cochabamba.- aporto Juan Manuel.
-Ese mismito, peñi. Pero la parte de la casita chica no la va a tocar, para que puedan seguir viviendo ahí, dijo.-
-Sí, sí. Aunque ahora veremos cómo nos acomodamos, hasta que la otra parte ya esté lista.- respondió él.
Raul lo miro sin entender. Juan Manuel conocía la duda que le abarcaba a su amigo, pero ya le contaria que su matrimonio no era lo que se dice... "Convencional" y que no podía dormir en el mismo cuarto con su esposa.