Nació gemelo, pero jamás fue tratado como tal. Marcado en el rostro, fue despojado de nombre, amor y humanidad. Mientras su hermano era criado como el elegido, él fue guardado como reemplazo, como ofrenda silenciosa. Cuando el prometido huye la noche del sacrificio, la familia no duda: no lo buscan… lo borran.
Y entonces lo entregan a él.
Traicionado por su propia sangre, ofrecido a un demonio que nunca aceptó el trato original, descubre que el pacto no exigía un hijo perfecto, sino uno roto. En un mundo donde el amor es una mentira y la familia es el primer verdugo, aprenderá que la verdadera monstruosidad no viene del infierno, sino de quienes sonríen mientras te sacrifican.
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Primer paso.
Habitación de Azrael.
—Mi señor… aquí estoy.
—Sigue.
Lilian entró y se inclinó.
Azrael la observó con detenimiento, sin suavidad.
—¿Qué sucede contigo, Lilian? Hasta ahora no había tenido problemas contigo, a pesar de tu mal carácter y tu soberbia.
Ella guardó silencio. No era un regaño ni un consuelo. Él solo le estaba recordando lo evidente: estaba fallando, estaba siendo descuidada… estúpida.
—Tal vez —dijo al fin— es porque ya no me toca, mi señor.
Se irguió, desabrochó el broche de su vestido y dejó que la tela cayera. No había vergüenza en ella, solo necesidad.
—¿Me estás diciendo que la falta de sexo te volvió torpe?
Lilian lo conocía. Sabía cuán débil era ante la piel expuesta, cuán poco resistía cuando el deseo lo tomaba.
—Ven aquí.
Se sentó en su regazo, rodeándolo con los brazos.
—Quiero que me haga suya.
Lo besó con hambre. Azrael respondió, su cuerpo reaccionó… pero su mente no estaba allí.
Daniel.
Cada caricia, cada movimiento, lo llevaba a él. A su torpeza, a su respiración entrecortada, al temblor involuntario de su cuerpo. A lo sensible que era al más leve roce… a lo fácil que era hacerlo llorar.
Lilian lo sintió.
—Mi señor… —susurró— ¿Sucede algo?
—No.
Azrael la penetro con fuerza eso a ella le encantaba, pero Azrael parecía no verla a ella sus ojos buscaban a alguien más.
Por más que se esforzaba en qué él la notará ella sabía que su mente estaba en otra parte.
La mente de Azrael solo recordaba como entraba y salía de Daniel esto lo hacía estremecer y desear más. Sus gemidos era fuerte llenos de placer, Pero no eran por ella.
—Daniel… —gimió Azrael.
El mundo se detuvo.
Lilian se quedó completamente rígida.
Su cuerpo aún estaba caliente por el contacto, pero algo dentro de ella se congeló de golpe.
¿Escuché mal? pensó.
—Daniel… —volvió a gemir Azrael, sin pudor.
Lilian apretó los labios con fuerza. Ya no podía detener nada. Debía dejarlo terminar, pero su piel se volvió ajena, fría.
Cuando todo acabó, Azrael se levantó de inmediato. No la miró. Se vistió con rapidez.
Lilian se incorporó lentamente y comenzó a vestirse con manos temblorosas.
Se sintió usada. Humillada, Violada. Utilizada.
Está bien que no me ame, pensó con rabia. Pero incluso en el sexo… incluso ahí…
Pronunciar el nombre de otro mientras me tocaba es una traición que no estoy dispuesta a perdonar.
Azrael habló sin girarse.
—Tengo cosas que hacer. Puedes marcharte.
Ah… y no lo olvides —añadió con frialdad—. No quiero más errores.
La mandíbula de Lilian se tensó hasta dolerle.
—Sí, mi señor —respondió.
Salió de la habitación casi corriendo. Estaba rota. Furiosa. Las lágrimas caían por su rostro, pero no eran de dolor… eran de rabia pura, corrosiva.
Entró a su habitación y una sirvienta ya había preparado la bañera.
—Mi señora, puede bañarse —dijo con voz temerosa.
Lilian no respondió. No tenía a quién culpar. No tenía dónde descargar aquello que le ardía por dentro. Necesitaba romper algo. A alguien.
Se giró de repente, tomó a la sirvienta por el cuello y la empujó con violencia dentro de la bañera. Hundió su cabeza bajo el agua con fuerza brutal.
La mujer pataleó, arañó, intentó soltarse.
Fue inútil.
Lilian no aflojó.
Solo cuando el cuerpo dejó de moverse, cuando el silencio llenó la habitación, la soltó.
El agua quedó quieta.
Habitación de Daniel
—¿Quieres ver a tu hijo?
Los ojos de Verónica se iluminaron al instante, como si alguien hubiese encendido una chispa olvidada dentro de ella.
—Por supuesto, mi señor.
—¿Qué debemos hacer?
Daniel apoyó la espalda en el respaldo de la silla, cruzando los dedos con calma calculada.
—Mi hijo se encuentra en el primer piso, al lado de la habitación del señor Azrael. Solo él y su esposa tienen la llave de acceso. Nadie puede subir a la planta principal sin autorización expresa.
Sonrió lentamente.
—Pero ahora yo estoy a cargo de la mansión.
Verónica tardó un segundo en reaccionar.
—Así es, señor… entonces necesitará las llaves.
—Ve por ellas, Verónica.
Ella salió de la habitación sin dudar, pero apenas cruzó el umbral se encontró con Azrael. Se inclinó de inmediato.
—Verónica —dijo él con frialdad—. Ya ríndete. ¿Por qué no te quitas esas marcas del cuerpo?
Ella no respondió. Bajó la mirada y se encogió apenas, como si su piel aún ardiera bajo palabras que no eran nuevas.
—No vuelvas por ahora.
Verónica asintió en silencio y se alejó.
Sus pasos la llevaron hasta la habitación de Lilian. Desde afuera ya podía escucharse el sonido del agua corriendo. Golpeó con cautela.
—Señora Lilian.
Desde el interior, la voz de Lilian respondió cargada de furia contenida.
—¿Qué quieres?
—Las llaves de la mansión. El señor Daniel las necesita.
Un frasco de esencias se estrelló contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos. El olor dulce se mezcló con algo metálico.
Verónica abrió la puerta.
La escena la recibió sin pudor alguno: la sirvienta yacía inmóvil en la bañera, la cabeza hundida bajo el agua. Lilian estaba de pie, con la mano sangrando por los cortes que los vidrios le habían provocado.
No hubo gritos. No hubo sorpresa exagerada. Era… natural. Como si aquello fuese parte del orden cotidiano.
—¿Le preparo algo para beber? —preguntó Verónica con voz neutra.
Lilian giró hacia ella con los ojos encendidos.
—¿Y qué crees que puedes hacer tú, maldita? Toma las llaves y lárgate de aquí.
Verónica se inclinó una vez más. Tomó las llaves manchadas de sangre y salió sin mirar atrás.
Sabía que, por ahora, no podía volver.
Daniel estaba de espaldas, observando el paisaje a través de la ventana. El aroma fresco y puro de la naturaleza a veces lo hacía dudar de su propia realidad: ¿cómo era posible que viviera entre demonios y siguiera con vida?
Azrael lo rodeó por la cintura sin aviso. Daniel se estremeció. Lo giró lentamente y entonces la vio: una pequeña marca en su pecho.
Frunció el ceño. Sus uñas se clavaron en la piel alrededor de la marca, como si quisiera arrancarla.
—¿Con quién te revolcaste, demonio libidinoso? —espetó, furioso.
—Con Lilian —respondió Azrael con calma.
Daniel apretó la mandíbula.
—¿Y lo dices con tanto descaro? ¿Cómo te atreves a venir a mí cuando alguien más te ha tocado?
Aquella reacción solo avivó el deseo de Azrael.
—No me tocarás —dijo Daniel.
—¿Por qué?
—Estás sucio.
Azrael sonrió.
—Entonces bañémonos.
Lo levantó en brazos y lo llevó directo a la bañera.
—La próxima vez que traigas marcas de alguien más en tu cuerpo —susurró Daniel, temblando de rabia—, te arrancaré ese pedazo de piel.
Azrael sonrió con lentitud. Se incorporó, tomó una daga y la puso en las manos de Daniel.
—Puedes hacerlo ahora.
—Mira que me atrevo —amenazó Daniel, apuntándole.
—Hazlo —respondió Azrael, mirándolo con un deseo descarado.
Daniel tiró la daga al suelo.
—Miedoso —se burló Azrael antes de besarle el cuello—. Me encanta cuando estás enojado… esas caras que haces, inflas las mejillas… pareces un koala.
Daniel ya estaba perdido en el deseo; apenas escuchaba.
—Te daré un regalo —murmuró Azrael—. Dime qué quieres.
—Quiero que te cases conmigo.
Azrael se detuvo en seco. Lo miró fijamente. Daniel estaba sonrojado, ebrio de calor, el cuerpo temblándole.
—Incluso así… incluso en este estado —dijo Azrael con una media sonrisa—, sigues siendo calculador. ¿Por qué quieres casarte conmigo? No vas a heredar nada. Morirás antes que yo.
Daniel hizo un puchero.
—¿Y eso qué? Con más razón. Moriré pronto… quedarás viudo rápido. No es mucho lo que pido.
Azrael rió suavemente y le pellizcó las mejillas.
—Qué bonito eres.
Suspiró.
—Está bien. Tú organiza todo.
sería genial qué pasará eso, queda como que el plan que tenía se dio vuelta y no salió como esperaba
ahhh más más capítulos