NovelToon NovelToon
Soñe Con El Antes De Nacer

Soñe Con El Antes De Nacer

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / BL / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Elior siempre se sintió fuera de lugar.
En su vida pasada fue profesora de ciencias, alguien que creía en la lógica… hasta que murió y despertó en un mundo regido por jerarquías, vínculos y destinos imposibles de ignorar.
Ahora es un omega masculino de belleza andrógina, hijo de los duques del Ducado de Lirien, rodeado de protección… y de miradas peligrosas.
Desde antes de renacer, soñaba con un hombre que nunca vio, pero que su cuerpo siempre reconoció.
Cuando el mundo intenta reclamarlo como una oportunidad política, Elior descubre que el vínculo que lo llama no exige posesión, sino espera.
🌙 Omegaverse · Reencarnación · Romance BL · Deseo contenido · Consentimiento

Advertencias:
Presión política sobre omegas · Intentos de reclamo forzado (no consumados) · Tensión emocional intensa
✔️ Sin violación
✔️ Sin romance forzado

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Donde decido detenerme

No lo planeé.

Si alguien me hubiera preguntado esa mañana qué iba a hacer, habría respondido con sinceridad que nada distinto. Caminar, leer, escuchar, cumplir con lo que se esperaba de mí sin sobresaltos. Mantener esa calma nueva que había empezado a sentir como propia.

Y, sin embargo, el cuerpo ya había decidido algo antes que yo.

Me di cuenta cuando tomé el corredor equivocado.

No fue un error evidente. Era una desviación mínima, un giro que siempre evitaba porque conducía a una zona más abierta, menos protegida, donde las rutas se cruzaban con mayor facilidad. Me detuve a mitad del pasillo, consciente de la elección que acababa de hacer sin pensarlo.

Podía volver atrás.

Nadie lo notaría.

Nada cambiaría.

El vínculo se mantuvo estable, atento, como si esperara mi decisión sin inclinarla en ningún sentido. No había presión. No había urgencia.

Solo posibilidad.

Respiré hondo.

—Un momento —murmuré.

Y seguí adelante.

El jardín cubierto estaba casi vacío a esa hora. La luz se filtraba suave entre los cristales altos, dibujando sombras claras sobre el suelo de piedra. El sonido del agua era constante, tranquilo, como un pulso que marcaba el ritmo del lugar.

Me acerqué a la baranda y apoyé las manos en ella. El contacto frío me ancló al presente. No estaba temblando. No estaba huyendo.

Estaba esperando.

No a alguien en particular —eso me repetí—, sino a mí mismo.

El recuerdo de la mirada volvió sin aviso. No como una imagen insistente, sino como una sensación clara de reconocimiento mutuo. No había exigido nada. No había pedido más de lo que yo estaba dispuesto a sostener.

Eso era lo que me había permitido quedarme.

El vínculo respondió con una estabilidad firme, como si reconociera el espacio que yo había elegido ocupar. No se acercó más. No se retiró. Se mantuvo exactamente ahí, a una distancia que no dolía.

—Está bien —susurré—. Solo… quédate así.

El aire pareció acomodarse.

Me di cuenta entonces de que no estaba esperando que él apareciera. Estaba probando algo mucho más importante: qué se sentía no retroceder. Permanecer en un lugar donde antes me habría marchado por incomodidad, por miedo a sentir demasiado.

El sonido de pasos llegó desde el extremo opuesto del jardín.

No me giré de inmediato.

Mi cuerpo reaccionó primero: la respiración se afirmó, el latido se hizo más profundo, no acelerado. No hubo sobresalto. Hubo atención.

No huí.

Cuando finalmente giré la cabeza, lo vi.

No estaba cerca. Tampoco lejos. Se había detenido al notar mi presencia, exactamente como yo había hecho días atrás. La distancia entre nosotros era suficiente para que ninguno se sintiera invadido… y lo bastante corta como para que el vínculo se afirmara con claridad.

Nuestros ojos se encontraron.

Esta vez fue distinto.

No hubo sorpresa.

No hubo tensión contenida.

Hubo reconocimiento sereno.

Sentí el impulso de bajar la mirada. No por miedo. Por una conciencia repentina de estar siendo visto de una forma que no exigía defensas. Pero no lo hice.

Me quedé.

Él tampoco avanzó.

El vínculo se alineó con una precisión que me dejó sin aliento. No se expandió. No tiró. Simplemente encajó, como si ambos hubiéramos elegido el mismo ritmo sin hablarlo.

—Hola —dije.

La palabra salió suave, casi inaudible. No era una invitación. No era una promesa. Era solo… presencia.

Lo vi inspirar despacio, como si esa mínima ruptura del silencio hubiera tenido peso real.

—Hola —respondió.

Su voz era grave, contenida, exactamente como la había imaginado sin haberla oído nunca. No dio un paso más. No me obligó a sostener nada que no pudiera.

Ese detalle me sostuvo a mí.

Nos quedamos así unos segundos más. No hubo preguntas. No hubo explicaciones. El mundo alrededor parecía haberse reducido al espacio exacto que compartíamos.

Por primera vez, entendí algo con claridad total:

No había llegado hasta aquí para ser reclamado.

Había llegado para encontrarme.

Y esa elección —la mía— estaba siendo respetada.

Sentí una calma profunda asentarse en el pecho. No era el final de nada. Era un comienzo que no necesitaba correr.

—Me quedaré un momento más —dije, sin saber por qué sentí la necesidad de decirlo.

Él asintió apenas.

—Yo también.

No fue una promesa de permanencia. Fue algo mejor: una coincidencia elegida.

Cuando el silencio volvió a acomodarse entre nosotros, no se sintió vacío. Se sintió suficiente.

Y mientras el agua seguía su curso y la luz se desplazaba lentamente sobre el suelo, supe que esa pequeña decisión —no retroceder, no huir— ya había cambiado algo esencial.

No porque él estuviera allí.

Sino porque yo había decidido quedarme.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play