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Dueña Del Mañana

Dueña Del Mañana

Status: En proceso
Genre:Amor tras matrimonio / Mundo mágico / Salvar al hijo enfermo / Romance / Reencarnación / Padre soltero
Popularitas:48.5k
Nilai: 5
nombre de autor: LunaDeMandala

Renace en un nuevo mundo con magia y demostrará que ya nadie va a subestimarla..

* Está novela es parte de un mundo mágico *
** Todas novelas independientes **

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Vacaciones

Durante casi un año entero, la vida de Tracy se organizó en torno a un solo objetivo irse de vacaciones por primera vez en mucho tiempo. No eran unas vacaciones cualquiera, sino ese viaje que había soñado en silencio mientras viajaba apretada en el metro, mientras contaba monedas en la cocina o mientras miraba fotos de playas lejanas en su viejo teléfono con la pantalla agrietada.

Tracy vivía en un pequeño departamento en el tercer piso de un edificio antiguo. Las paredes eran delgadas, el ascensor se descomponía a menudo y la calefacción funcionaba solo a medias en invierno. Trabajaba como asistente administrativa en una empresa mediana, con un sueldo justo, sin lujos ni excesos. Cada peso tenía destino cuentas, arriendo, comida, transporte. Por eso, la idea de ahorrar para unas vacaciones parecía, al principio, casi un acto de locura.

Pero una noche, después de una jornada especialmente agotadora, Tracy abrió un cuaderno nuevo y escribió en la primera página “Fondo vacaciones”. Debajo dibujó un pequeño avión torcido, como hecho por una niña. Fue un gesto simple, pero algo cambió dentro de ella en ese momento. Decidió que, pasara lo que pasara, iba a intentarlo.

Comenzó con montos diminutos. A veces eran cinco mil pesos, a veces diez, otras solo lo que le sobraba al final de la semana. Metía los billetes en un sobre amarillo que guardaba dentro de una caja de zapatos, escondida en lo alto del clóset. Cada vez que añadía dinero, anotaba la fecha y la cantidad en el cuaderno, con una letra ordenada y cuidadosa, como si cada cifra fuera una pequeña victoria.

Los sacrificios no tardaron en aparecer. Dejó de comprar café para llevar y empezó a prepararlo en casa, en una cafetera vieja que silbaba como una tetera enojada. Canceló sus suscripciones de streaming y volvió a ver series antiguas descargadas en su computador. Dijo que no a varias salidas con amigas, inventando excusas suaves “estoy cansada”, “tengo que ordenar”, “otro día mejor”. Aprendió a cocinar platos sencillos y económicos lentejas, arroz con verduras, pan casero. Cada renuncia tenía un propósito, y ese propósito le daba una extraña sensación de control sobre su propia vida.

Hubo meses más difíciles que otros. Cuando se enfermó y tuvo que gastar en medicamentos, pensó en tocar el sobre amarillo, solo un poco, pero no lo hizo. Cuando su refrigerador se estropeó y tuvo que pagar una reparación inesperada, sintió cómo se le encogía el estómago al ver su cuenta bancaria casi en cero. Esa noche lloró en silencio, sentada en el borde de la cama, preguntándose si todo ese esfuerzo valía la pena.

A la mañana siguiente, sin embargo, abrió la caja de zapatos, contó el dinero y volvió a escribir en su cuaderno. No era mucho todavía, pero era real. Era suyo. Y eso le devolvió la determinación.

Con el paso de los meses, el sobre empezó a engordar. Los billetes ya no cabían tan prolijamente y tuvo que cambiarlos por un segundo sobre, luego por un tercero. A veces se permitía un pequeño ritual sacaba todo el dinero, lo ordenaba por denominación y lo contaba despacio, como si cada billete fuera una promesa tangible. Después lo guardaba otra vez, con una sonrisa secreta que nadie más veía.

También empezó a investigar destinos. Miraba videos de playas de agua turquesa, de ciudades antiguas con calles empedradas, de mercados llenos de colores y aromas desconocidos. Pegó en la pared una foto impresa de un lugar tropical, con palmeras inclinadas sobre una arena blanca. Cada vez que dudaba, miraba esa imagen y se decía a sí misma “Para esto es”.

El día que por fin alcanzó la cifra que se había propuesto, Tracy no saltó ni gritó. Simplemente se quedó sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la cama, el cuaderno abierto sobre las piernas y el sobre en las manos. Sintió una mezcla de incredulidad, orgullo y un cansancio dulce. Había tardado muchos meses, había renunciado a muchas cosas pequeñas, había tenido miedo de no lograrlo. Pero ahí estaba.

Esa noche se dio un pequeño lujo pidió comida a domicilio por primera vez en mucho tiempo y brindó sola con una copa de jugo, riéndose de sí misma. Al día siguiente, compró su pasaje. Cuando recibió el correo de confirmación, le temblaron un poco los dedos al sostener el teléfono. No era un sueño. Era una fecha, un lugar, un plan concreto.

Y mientras cerraba el cuaderno de “Fondo vacaciones” por última vez, Tracy comprendió que ese viaje no solo iba a ser un descanso del trabajo o de la rutina. Iba a ser la prueba silenciosa de que era capaz de proponerse algo y cumplirlo, paso a paso, billete a billete, mes a mes. Una victoria íntima que nadie más había visto, pero que lo cambiaba todo.

Cuando por fin aterrizó en su destino, Tracy sintió primero esa punzada eléctrica de emoción que había imaginado durante meses. El aire era tibio, salado, distinto al de su ciudad gris. Bajó del avión con su mochila al hombro y una sonrisa nerviosa, como si todavía no creyera del todo que estaba ahí. Tomó un taxi, miró por la ventana palmeras, carteles coloridos, gente en sandalias… “Lo logré”, se dijo en voz baja.

Pero la primera grieta en su fantasía apareció apenas cruzó la puerta del hotel.

El lobby estaba repleto. Familias con niños corriendo, parejas discutiendo en voz baja, turistas arrastrando maletas enormes. Había una fila larga para revisar su reserva y el aire acondicionado apenas daba abasto. Tracy miró a su alrededor, apretó la correa de su mochila y pensó, forzando una sonrisa interior..

[No importa, es temporada alta, es normal. Igual vine a descansar.]

Cuando por fin le entregaron la tarjeta de su habitación, subió cansada pero aún esperanzada. Dejó la mochila en la cama, se cambió de ropa y bajó al restaurante del hotel con hambre, con esa ilusión simple de sentarse frente al mar y comer algo rico.

Ahí llegó la segunda decepción.

Revisó el menú una, dos, tres veces. Pan, pastas, empanizados, salsas espesas, postres con harina. Casi todo tenía gluten. Llamó al mesero y preguntó con cuidado si había opciones sin gluten. Él frunció el ceño, hojeó el menú como si lo viera por primera vez y le señaló una ensalada triste y un pescado a la plancha sin acompañamiento.

—Eso es todo lo que podemos asegurar que no lleva harina —dijo.

Tracy pidió el pescado, seco y sin gracia, y mientras comía pensó otra vez..

[No importa. Solo es comida. Vine por la playa, por el descanso, por la experiencia.]

Decidió ir al mar.

Se puso su traje de baño, tomó una toalla y caminó hasta la playa que había visto tantas veces en fotos. El cielo estaba nublado, pero todavía claro. El viento era suave. Metió los pies en la arena, respiró hondo… y entonces cayeron las primeras gotas.

—¿En serio? —murmuró, levantando la cara al cielo.

La lluvia se intensificó en minutos. La gente empezó a correr, a juntar sus cosas, a buscar refugio bajo quitasoles inútiles. Tracy se sentó un momento en una reposera mojándose, como si no pudiera procesarlo.

[No importa, una lluvia pasajera. En un rato para.]

Pero no paró.

Un par de horas después, los empleados del hotel comenzaron a circular avisando que se había deTracydo un temporal inesperado. Algunos locales, con expresión confundida, decían que nunca llovía en esa época del año, que eso no era normal, que algo raro estaba pasando con el clima.

Tracy subió a su habitación con la ropa húmeda, el pelo pegado a la cara y un nudo en la garganta que ya no podía disimular. Se sentó en la cama y miró la pared unos segundos, sin pensar en nada. Todo ese esfuerzo, todos esos meses, cada billete contado con cuidado… y ahí estaba, atrapada en un hotel lleno, sin poder comer casi nada, sin playa, sin sol.

Entonces lloró.

Lloró en silencio primero, apretándose las manos contra las rodillas. Luego lloró con sollozos torpes, con la cara hundida en la almohada, dejando salir una mezcla de rabia, tristeza y cansancio acumulado. No solo por el viaje arruinado, sino por todo lo que había cargado durante meses para llegar hasta ahí.

Cuando por fin se calmó un poco, otro problema empezó.

Desde la habitación de al lado llegaban gemidos, risas ahogadas, el golpeteo rítmico de la cama contra la pared. Una pareja Tracymente muy fogosa había decidido que el temporal era la excusa perfecta para no salir en todo el día. Tracy miró el techo con los ojos abiertos, incrédula.

[No… no puede ser..]

Intentó ponerse audífonos. No funcionó. Intentó subir el volumen del televisor. Tampoco. Cada sonido atravesaba la pared como una burla. La frustración volvió a subirle al pecho, caliente y desesperada.

Se levantó de golpe.

Se puso una chaqueta liviana, metió el celular al bolsillo y salió de la habitación sin pensarlo demasiado. En el pasillo, un empleado la miró con preocupación.

—Señorita, no es buena idea salir ahora. El clima está muy malo. Puede ser peligroso.

—Solo voy a caminar un poco —respondió Tracy, con la voz quebrada pero firme.

—De verdad, no lo recomendamos…

Pero ella ya estaba yendo hacia la salida.

Afuera, la lluvia caía fuerte, inclinada por el viento. Las palmeras se sacudían, las luces de la calle parpadeaban. Tracy caminó sin rumbo, empapándose en segundos, riendo y llorando al mismo tiempo como si se hubiera roto algo dentro de ella.

—¡Mis ahorros! —gritó al cielo, con una risa histérica—. ¡Mis malditos ahorros!

Las lágrimas se mezclaban con la lluvia en su cara. Pensaba en el cuaderno, en el sobre amarillo, en cada café que no compró, en cada salida que rechazó. Todo para esto. Todo para sentirse así de sola y derrotada en un lugar extraño.

Siguió caminando, sin ver bien por dónde, con la vista borrosa y la cabeza liviana.

Entonces pasó.

Un destello blanco cortó el cielo, seguido de un trueno ensordecedor que hizo vibrar el suelo. Un rayo cayó sobre un árbol a pocos metros de ella. Hubo un crujido seco, brutal. Una rama enorme se desprendió y voló como un proyectil.

Tracy apenas tuvo tiempo de levantar la cabeza.

Sintió un golpe violento en la frente, un estallido de luz dentro de su mente, y luego nada.

No recordó la caída al suelo.

No recordó el dolor.

No recordó la lluvia.

Lo último que quedó fue una sensación extraña, como si se estuviera hundiendo en un silencio tibio, profundo… y después, la oscuridad absoluta.

1
Limaesfra🍾🥂🌟
Oluver y Tracy?
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣Jason al.pie del cañom como un verdugo afilando armas y Tracy ahi sudando hielo en dias de calor🙃🙃🙈🙈
Kathy Roma
chale hasta que viene otro y se interesa en Tracy Oliver se da cuenta que la quiere 🤣
Natty Suleika Salvatierra Clavijo
Oliver es cierto es una gran perdida pero la vida continúa y tú hijo te necesita duele quien dijo que no pero lo importante es salir de allí
sandra martin
Nuestro Oliver como que se está comenzando a interesar en nuestra trancy hay el amor el amor 🥰🥰☺️/Heart//Heart//Heart//Heart/
Natty Suleika Salvatierra Clavijo
Con Otis si que el corazón late más rápido y más con su progreso
Natty Suleika Salvatierra Clavijo
Me duele el pecho pensar en el bb 😫😫😭😭😭
Limaesfra🍾🥂🌟
pobre no disfrutó nada😭😭😢
Natty Suleika Salvatierra Clavijo
Quedé oh que paso y me asusté
Natty Suleika Salvatierra Clavijo
El muertito si que hizo sudar a Tracy y a quien no si es tan intenso
Jennifer
ahora sí se está poniendo mucho más emocionante la historia...
Ivon Caraballo
y Oliver se podrá más serio cuando esté celoso 🤣🤭
Jennifer
ya la reclamo como mamá y el papá no se da por enterado jajaja jajaja
Hanna
Oliver está enojado... és comprensible... después de todo sabe lo que és perder alguien 🥺🥺 y no quiere perder a Tracy también, mismo que él aún no sepa 😂😂😂
Hanna
🥰🥰😍😍😍
Alma Morales
La preocupación de Oliver no solo es por su hijo es que ya esta empezando a sentir más que gratitud por Traisy👏👏👏👏
Anonymous
Hay oliver, calma tigre estas enojado porque la consideras valiosa o porque es la que mantiene vivo a otis, no lo arruines y mejor apóyala
Isabel Peña
Ohh se nos enojo Oliver!!!!Se esta poniendo posesivo 🤭🤭y ahora se tiene que cuidar, porque Asaf vio muchas condiciones de Tracy!!!Oliver ponte las pilas sino vas a dejar a Otis sin mamá!!!!!!
Edel Martinez: si está celoso Oliver que se ponga las pilas 😂😂😂😂🤣🤣🤣
total 4 replies
Nena
Ya sabemos que es lo que tiene que curar Oliver, el miedo al riesgo que pueda sufrir otra persona, y esa otra persona es Tracy. Van a comenzar los choques
Kathy Roma
creo que aquí habrá un triangulo amoroso 😬🤭😂
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