Alexander Stronghold ha sacrificado mucho por su familia. Ha amado hasta sentirse vacio. Ha visto el amor triunfar en la vida de todos. Nunca se imagino como seria cuando el amor tocara su puerta y mucho menos imagino que su destinada seria una humana. Un mundo a su lado parecia imposible, pero imaginar un futuro sin ella se sentia peor que el infierno. Ese amor estaba destinado al fracaso. Aquella pequeña humana merecia tener una vida lejos de la oscuridad de su alma. Ella vivia con su propia oscuridad.
Emperatriz Walton nacio con una vida perfectamente planeada para servir diligentemente a su familia. Una jovencita educada. Elegante. Perfecta. Eso era lo que se esperaba de ella. Un viaje al mundo sobrenatural la ayudo a descubrir un mundo al que deseaba pertenecer. Pero eso solo era un sueño imposible de alcanzar. Cuando la tentación llama a su puerta sera dificil resistirse. En los brazos del otro encontraron el amor. Un amor fugaz que terminara escapandose de sus manos.
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Capitulo 12: Alma
POV Mark
Abri la puerta de la oficina de Dark esa tarde esperando encontrármelo de buen humor. Lo cual no pasaba muy constante últimamente. Pero ahi estaba, con una sonrisa en sus labios, pero eso tenia una razon. Aquel pedazo de papel que tenia entre sus manos y que observaba con gran concentración, hasta que cerre la puerta detras de mi y entonces me miro.
— Buenas tardes, Alfa. Veo que llegue en buen momento. Pareces feliz.
Dark solto una carcajada, se estiro hacia atras en su silla desprendiendo felicidad por los poros.
— Tienes razón. Estoy feliz. Leiah vendra mañana — Dark llevo el pequeño papel a sus labios depositando un sonoro beso para despues guardarlo en el cajón a su lado.
— Por la diosa eres excesivamente cursi cuando se trata de Leiah.
Dark hizo un gesto restándole importancia — No lo sé... Me sale natural cuando se trata de él.
Nos quedamos en silencio mientras Dark parecía viajar en sus pensamientos, con aquella sonrisa boba en sus labios.
— ¿Tienes un tiempo para tu compañero de aventuras? — pregunté sentándome al otro lado de la mesa.
Dark me miro, cruzo sus manos en su pecho y asintió.
— Claro, Cuéntame que te trajo hoy a mi consulta? — soltó con el rostro serio — ¿Qué es lo que te aflige dulce creatura?
Me moví hacia atrás en la silla soltando un suspiro y entonces lo miré — Puedo empezar desde el principio?
El asintió — Claro. Estoy aquí para escucharte.
Solte un suspiro mirando hacia arriba — Bueno... Todo empezó cuando naci...
— Pero qué pobre alma desafortunada — soltó con sarcasmo.
Lo mira sonriendo, me acomode en la silla y suspire — Ahora en serio. Necesito un favor, un gran favor.
— ¿Que necesita esta pobre alma desafortunada?
Dude en decir aquellos que quería, pero de verdad lo necesitaba.
— Tú... ¿Que hiciste con las pertenencias de los brujos?... ¿Las tienes?
Dark me miro confundido, se inclinó hacia adelante ahora completamente serio.
— Las tengo, pero... ¿Por qué preguntas?
— Crees... Que sería posible... Que tú...
Dark soltó un gruñido exasperado — Ya dilo, por la diosa.
Me armé de valor y simplemente lo dije.
— ¿Me los darías? Los grimorios y todo eso.
Dark se quedó en shock por largos segundos, hasta que de repente reacciono.
— Qué? — exclamo confundido — ¿Para qué quieres tú esas cosas? Ni siquiera tienes magia y tampoco te gusta leer.
Lo miré ofendido — Ya lo sé, Alfita. ¡No son para mí!
— ¿No?... ¿Entonces para qué quieres eso?
Lo miré por un momento, un suspiro escapo de mis labios exasperados.
— Es para Dana... Mañana es su cumpleaños y ella... Es una bruja que ha vivido toda la vida con vampiros y cambia formas. Quiero regalarle algo que la haga sentir, que perteneció a algo. Que hubo muchos otros como ella y además, a ella le encanta probar cosas nuevas. Sé que esto la hará feliz, así que por favor... Puedes...
Su mirada me escaneo por segundos que se sintieron eternos, se levantó de su lugar y camino hasta el estante en la pared abriéndolo, se dio la vuelta con una caja entre sus manos y camino hasta detenerse delante de mí.
— Esto es todo lo que tengo... Pero... Antes de darte esto, quiero que respondas dos preguntas.
— ¿Qué? ¿Qué es esto? ¿Un juego de preguntas? ¿Si las respondo mal no me las darás?
Un gruñido retumbo en el lugar y solo sonreí. Era tan fácil molestar a su alteza real.
— Ya. Está bien. Pregúntame lo que quieras Alfita. Entre tú y yo no hay secretos. Somos almas gemelas, mi vida es tuya, la tuya es mía, bla-bla-bla.
Dark suspiro exasperado, me miro con seriedad — ¿Por qué estás haciendo todo esto por Dana? ¿Es porque te sientes culpable?
— Qué? — exclame — Claro que no. Solo quiero hacerla feliz.
— ¿Por qué?
— Por qué, qué? — respondí confundido.
Aquellos ojos desprovistos de emociones me miraron como si pudieran leer mis pensamientos.
— ¿Por qué quieres hacer feliz a quien por mucho tiempo consideraste tu rival?
No supe que responder a su pregunta, nos quedamos observándonos en silencio, entonces Dark soltó un suspiro, estiro la caja hacia mí y sin dudarlo la tome entre mis manos.
— Es tuyo. Úsalo sabiamente.
— Lo haré... Gracias Alfa.
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La mañana siguiente camine a casa de Dana con aquella caja envuelta en papel de regalo entre mis manos, con el corazón latiéndome desbocado. Y entonces la vi de pie en la puerta, con una sonrisa de emoción entre sus labios, corrió hacia mi emocionada, como una pequeña niña, arrancando una carcajada de mis labios.
— Sabía que vendrías.
— Me conoces bien. Quería ser el primero en felicitarte.
Dana se detuvo delante de mí y miro la caja entre mis manos — ¿Es para mi?
Asentí — Feliz cumpleaños, Rosita.
Su sonrisa se agrandó, sus mejillas se pintaron de un suave rojo — Gracias, Mark.
— Vamos a tu casa para que puedas ver tu regalo.
Ella asintió repetidas veces, caminamos a su casa y entramos hasta el salón, nos sentamos uno al lado del otro, ella me dio una mirada emocionada y comenzó a rasgar el papel de regalo, la caja salió a relucir y ella me miró.
— Por favor dime que no hay un animal ahí dentro.
Solté una carcajada divertida — Descúbrelo por ti misma.
Dana tomó una bocanada de aire y me miro sería — Si hay un animal ahí dentro voy a golpearte, alfa tonto.
Solo sonreí y entonces ella abrió la caja, sus ojos se quedaron por un segundo ahí, volvieron a mí y otra vez a la caja, metió las manos dentro y saco un grueso libro de cuero, lo puso en sus piernas y lo abrió concentrada, paso los dedos por la primera página y ahí se quedó, con la cabeza gacha por un largo rato y entonces lo vi, aquella pequeña gota caer en el viejo papel.
— Rosita... — dije con preocupación.
Solté la caja en el suelo y la tomé del rostro, sus ojos me miraron llenos de lágrimas.
— Por qué lloras, Dana? — limpie sus lágrimas preocupado — No te gusto?... Lo siento, yo pensé...
— Me encanto — soltó cortando mis palabras — Esto... Es... Yo... Gracias
Aquella mirada... Eran como rayos de luz, estaba llena de calidez. Ella era... Cálida, dulce. El aire no llegaba a mis pulmones, ella me había robado el aire. La vida... Dana tenía razón... De repente se escapaba de tus manos y eso mismo me había sucedido ahora.
— ¡Dana! —
El sonido de la puerta abriéndose y la voz de Sana llamando su nombre me trajo a la realidad, Dana se levantó de su lugar con rapidez al mismo tiempo que yo alejaba mis manos de su rostro. Sana apareció en el salón con una sonrisa en los labios y entonces la miro.
— Mi amor, Feliz cumpleaños — Sana fue hasta ella, besando sus labios, abrazando su cintura, tomándola del rostro con tanto amor.
Ella no me pertenecía. Siempre lo supe. Ya no dolía.
Ya no.
de esa noche si abre los ojos a su destino que le diga por que ella piensa que es alguien más o dos que le rompa nuevamente el corazón pero que sufra en ese matrimonio para abrir los ojos cualquier opción podría ser