La rivalidad entre un mafioso y una reportera provoca una serie de eventos que se complican de maneras inesperadas a medida que nuevos secretos salen a la luz.
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Capítulo 10
De cualquier modo, recuerdo mi plan. No he venido a conocerla, sino a cumplir mi trato.
Ella se sienta en la mesa donde estoy y queda justo enfrente de mí. Su seguridad no deja lugar a dudas para mí, así que tomo la carta de Frederick y la pongo sobre la mesa.
Ella toma la carta y veo que toma una cuchilla de su bolsillo. Abre el paquete de una manera muy inusual, haciendo un corte por un lado y retira varios papeles a través del corte que había hecho.
Entonces la escucho hablar por primera vez, pero con una voz que es claramente distorsionada: “Que bueno que no hayas intentado abrirla. De haberlo hecho, una cápsula de tinta en la parte superior se hubiera reventado, dañando el contenido de la carta.”
Con toda la calma que puedo intentar demostrar digo: “nunca me ha interesado leer correspondencia ajena” y después mecánicamente termino mi comida mientras ella lee los papeles que retiró del paquete.
Termino de comer y entonces, mientras ella lee, me dice: “mi padre murió antes de que vinieras y debiste haberte enterado. Pudiste elegir no venir.”
Quiero dar respuestas claras y precisas, pero cortas, así que digo: “Hice un trato y yo soy de palabra.”
Ella: “Sí, hiciste un trato que por lo que entiendo, no querías hacer. Explícame en tus palabras el porqué aceptaste.”
Digo: “Lo hice para salvar a una amiga. Frederick la había secuestrado y usó su vida como moneda de cambio. Acepté porque era la única forma de que ella saliera libre.”
Entonces me da la impresión de que la carta que leyó habla de mí al oírle decir: “¿Por salvar a una amiga o porque había un interés romántico de por medio?”
Digo: “Tuve interés en ella, pero entendí que no había espacio para mí en su vida más allá de una amistad. Probablemente, ella ya tiene a alguien en su vida y por mi está bien. Me basta con que ella esté viva y a salvo.”
Ella: “Entiendo. Sé que no sabes mucho de mí, pero sabes más que la mayoría. Quiero saber qué piensas de mí basándonos en lo poco que sabes… que en realidad es mucho.”
Digo: “Pienso que eres alguien que ha sabido mantener sus límites. No te conozco, pero lo poco que sé me dice que no eres como tu padre. Y que, aunque él te amaba, tú supiste mantener la distancia necesaria para no convertirte en lo que él era. Además, pienso que eres una mujer pragmática, metódica y cautelosa, tal como él te enseñó a ser. Sabes que este estilo de vida exige no dejar cabos sueltos, y por eso estás aquí, evaluándome detrás de esa máscara para asegurarte de que no represento una amenaza. Pero, sobre todo, pienso que eras el único motivo por el cual ese hombre aún intentaba mantener un mínimo de control antes de que todo se le fuera de las manos.”
Después de unos segundos, ella dice: “Un análisis bastante preciso para alguien que afirma no saber nada. Mi padre no se equivocaba contigo. Sabía leer a la gente. Estás aquí para responder mis preguntas y no al revés. Sin embargo, deseo saber algo. Si te diera la oportunidad de hacerme una pregunta, ¿Cuál sería?”
Digo: “Cuando no tuve más opción que aceptar este trato, dejé claro que me limitaría a entregar la carta y a responder preguntas. Cualquier pregunta que te haga me ataría un poco más a este caso, a tu padre y a tu vida. Sabes demasiado bien que la información es un peligro, y lo último que quiero para mi futuro es llevarme un solo secreto tuyo en la cabeza. Vine a cerrar un ciclo, no a abrir otro. Por lo tanto, no preguntaría nada de lo que probablemente imaginas. Sin embargo, te comento que no tengo planeado volver ni a la ciudad donde Frederick me contactó por última vez, ni a esta. Iniciaré una nueva vida en otro sitio. Si hay algún detalle que deba saber al respecto de cómo debo irme para dejar todo esto atrás, eso sí que me gustaría saberlo.”
Después de unos segundos ella se guarda la carta y dice: “Espera unos 5 minutos aquí después de verme salir. Luego, no converses lo que hemos hablado con nadie, ni siquiera con el dueño de este local. Abandonar esta ciudad permanentemente me parece excesivo, pero si ya lo decidiste, quizás sea mejor que no pospongas ese plan. Eso sí, la idea de no volver a la ciudad donde hablaste con mi padre por última vez es una idea inteligente. Presta mucha atención a lo que te diré a continuación porque definitivamente te es de utilidad. No vuelvas ni por la ciudad, ni por las personas que dejaste atrás. Mi padre ha muerto, pero el peligro no ha terminado y te conviene no volver.”
Entonces ella se levanta, se dirige a la puerta de salida y abandona el restaurante.
Obedezco la orden con precisión. Espero los 5 minutos y una vez transcurridos, abandono el local sin intercambiar palabras con nadie. Consigo un taxi que me lleve directamente al hotel de la ciudad donde me estoy hospedando y en el camino medito sobre lo que ha pasado. He finalizado con el trato y respiro con tranquilidad sabiendo que ahora voy a empezar desde 0 en donde yo elija.
Claro que me resulta difícil sacar de mi cabeza la frase de ella: "Mi padre ha muerto, pero el peligro no ha terminado."