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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10 EL BANQUETE DEL SOLSTICIO

Aelion

El Gran Salón de los Candelabros chispeaba bajo el resplandor de miles de luces mágicas. Hilos de seda dorada y guirnaldas de hojas de plata caían desde los techos abovedados de piedra marfil, mientras la música de las arpas y los violines de cristal llenaba el aire.

La crème de la crème de la sociedad de Aethelgard, junto con diplomáticos, señores feudales de las Comarcas y delegaciones extranjeras, abarrotaban el recinto. Todos vestían sus mejores galas, presumiendo telas costosas, joyas centelleantes y sonrisas ensayadas.

Yo, sin embargo, me sentía como un depredador enjaulado en mi propio palacio.

Llevaba el traje ceremonial de la casa real: una chaqueta entallada de terciopelo negro con hilos de plata que dibujaban el árbol ancestral de mi linaje, pantalones oscuros y la espada de gala al cinto.

Estaba de pie en el estrado superior junto a mi madre, respondiendo con asentimientos mecánicos a los saludos de los nobles que se acercaban a rendirme pleitesía. Pero mi mente no estaba allí. Mis ojos azules escudriñaban frenéticamente la doble puerta de roble del salón, contando los segundos, esperando.

—Disimula un poco, Aelion —murmuró la Reina Elora a mi lado, sosteniendo una copa de cristal con néctar de saúco y ofreciendo una sonrisa majestuosa a la multitud—. Estás a punto de desgastar el suelo con la mirada.

—Las personas siempre llegan tarde —siseé entre dientes, acomodándome los puños de la chaqueta con impaciencia.

—Llegarán cuando sea el momento adecuado. Un banquete real exige temple, no la desesperación de un cazador hambriento —reprendió mi madre en un susurro divertido.

Antes de que pudiera responder, los trompetistas reales apostados en las balconadas hicieron sonar sus instrumentos de latón, anunciando la entrada de las delegaciones de las Comarcas del Valle. El gran chambelán golpeó su bastón contra el mármol tres veces.

—¡Dorian Fisher y la dama Mia Fisher de las Comarcas! —resonó la voz del chambelán.

El mundo pareció detenerse en seco.

Cualquier vestigio de la compostura real que me quedaba se evaporó en el instante en que mis ojos la encontraron. Cruzando el umbral de la gran puerta, apoyada con elegancia en el brazo de un Dorian erguido y recuperado, venía ella. Y el aliento se me congeló en la garganta.

Mia era una visión traída directamente por los dioses. El vestido de seda verde esmeralda que le había llevado esa tarde le ajustaba el cuerpo como si hubiese sido confeccionado por las mismas ninfas.

El corsé entallado moldeaba la curva perfecta de su cintura y realzaba el escote sugerente de sus pechos, mientras las mangas transparentes caían con gracia sobre sus hombros blancos.

La falda vaporosa de seda se abría a cada paso, revelando destellos de plata que imitaban hojas de hiedra al caminar. Su cabello castaño estaba recogido en un peinado intrincado con horquillas de cristal, dejando al descubierto la curva suave de su cuello.

Estaba abrumadoramente hermosa. Tan radiante, tan pura y al mismo tiempo tan peligrosamente provocativa que sentí un impacto directo en el centro del pecho.

Mi sangre comenzó a hervir, y mis puños se apretaron a los lados de mis muslos. Sentí la boca seca; estaba casi babeando por ella, devorándola con los ojos desde el estrado como un salvaje.

El murmullo en el Gran Salón fue inmediato. Decenas de cabezas se giraron hacia la entrada. Los elogios no tardaron en susurrarse entre la multitud.

—¿Quién es esa mujer? Es fascinante...

—Miren esa prestancia, parece una ninfa de los bosques arcanos...

—Qué elegancia tan natural, jamás la había visto en la corte...

Varios jóvenes nobles elfos y diplomáticos humanos, deslumbrados por su belleza y sin conocer su origen, se apresuraron a acercarse a ella para ofrecerle reverencias, buscando entablar conversación y halagarla con sonrisas ensayadas.

Mia, visiblemente abrumada por la atención, sonreía con timidez y cortesía, aceptando los elogios con esa humildad que me volvía completamente loco.

Pero entonces, ocurrió lo inevitable.

A medida que los hombres se acercaban demasiado a su espacio personal, la magia antigua del vínculo de almas gemelas actuaba por instinto.

Al aproximarse a menos de un metro de ella, los nobles percibían el aura invisible pero aplastante de mi marca: el sello del lirio plateado que su piel había absorbido la noche que la poseí. El aura de mi posesión marcaba a Mia como la hembra del Príncipe Heredero, transmitiendo una advertencia primordial de muerte a cualquier macho que intentase cortejarla.

De inmediato, los rostros de los pretendientes pasaban de la fascinación al palidez y al pavor absoluto. Daban un paso atrás torpemente, haciendo una reverencia profunda llena de un respeto casi sagrado, para luego alejarse a toda prisa con la cabeza gacha.

Lo gracioso de la escena —y lo único que evito que saltara del estrado a degollar a un par de condes— era la reacción de Mia. La vi parpadear confundida, frunciendo el ceño suavemente mientras veía cómo todos los hombres salían huyendo de su lado tras apenas cruzar dos palabras. La inocente criatura no tenía la menor idea de por qué huían de ella como si llevara una plaga consigo. No sabía que mi rastro estaba impreso en su propia alma.

—Te dije que la ropa le sentaría de maravilla —murmuró mi madre con una sonrisa de satisfacción, dándole un sorbo a su copa—. Es un espectáculo, Aelion. Pero ten cuidado, tus ojos están a punto de prenderle fuego al vestido.

No tuve tiempo de responder.

—¡Aelion, mi querido príncipe! —resonó una voz chillona y empalagosa a mi derecha.

Sentí que la mandíbula se me tensaba hasta doler. Lady Isolda avanzaba hacia el estrado luciendo un deslumbrante vestido de brocado rojo y oro, sofocante y recargado de joyas. Sus ojos oscuros brillaban con una ambición descarada. Llevaba una sonrisa plástica mientras se abría paso entre los invitados, extendiendo sus manos engalanadas con anillos hacia mí.

—El banquete es absolutamente majestuoso, Aelion —dijo Isolda, ignorando por completo la fría distancia en mi rostro y posando una mano audaz sobre mi antebrazo—. Decididamente, esta noche debemos abrir el baile juntos. El Consejo Real me ha asegurado que nuestra unión se anunciará oficialmente antes de que termine la temporada de verano...

El roce de su mano sobre mi piel me produjo un asco visceral. La sola idea de que Isolda estuviera a centímetros de mí mientras la mujer a la que le pertenecía mi alma estaba al otro lado del salón me llenó de una rabia negra.

Giré la cabeza y le clavé a Isolda una mirada tan gélida y letal que la mujer borró la sonrisa de golpe, dando un leve paso atrás.

—No toque mi traje, Lady Isolda —dije en un murmullo cortante como un filo de hielo—. Y no dé por sentadas decisiones sobre las que no tiene ningún poder. Con su permiso, tengo asuntos de Estado que atender.

Sin esperar respuesta y dejando a Isolda mascando su propia furia ante la mirada divertida de mi madre, me bajé del estrado.

Caminé entre la multitud con la determinación de un huracán. Los invitados se abrían a mi paso, percibiendo la marea de feromonas y la tensión peligrosa que emanaba de mi cuerpo. No desvié la mirada ni un solo segundo. Mia estaba de pie cerca de una columna de mármol, escuchando con atención a Dorian mientras sostenía una copa de cristal.

Llegué hasta ella antes de que pudiera reaccionar.

Dorian me vio venir y se inclinó con respeto, pero yo no tenía tiempo para formalidades. Deslicé mi mano rodeando la cintura de Mia con una firmeza posesiva que la hizo soltar un leve jadeo. La calidez de su cuerpo a través de la seda verde incendió cada una de mis fibras musculares.

—Con su permiso, Dorian —dije con voz grave, sin darle tiempo a responder.

—Aelion... ¿qué haces? —alcanzó a susurrar Mia, con los ojos ámbar abiertos de par en par por la sorpresa y el sonrojo cubriendo sus pómulos.

No dije una sola palabra. La arrastré suave pero inflexiblemente lejos del salón principal, internándome por un pasillo lateral y cruzando las pesadas cortinas de terciopelo que daban acceso a una galería a oscuras. La galería de los arcos estaba desierta, iluminada únicamente por la luz de la luna que filtraba a través de los ventanales.

Apenas las cortinas cayeron a nuestras espaldas, la empujé con delicadeza contra la columna de piedra más cercana. Su espalda chocó contra la superficie fría, y antes de que Mia pudiera articular un reclamo, encajé mi cuerpo contra el suyo, acorralándola por completo.

La tensión contenida en mi pecho estalló.

—¡Aelion, detente, estamos en el palacio...! —intentó protestar ella, pero sus palabras fueron devueltas a su garganta.

La besé.

Fue un beso furioso, salvaje y hambriento, cargado de los celos acumulados que me habían estado carcomiendo las entrañas desde que la vi cruzar la puerta. Poseí su boca con una brutalidad apasionada, forzándola a abrirse ante mí, saboreando el néctar dulce de sus labios y la calidez de su aliento. Mia soltó un gimoteo sordo contra mi boca, intentando empujar mi pecho con sus manos, pero la firmeza de mi agarre convirtió su resistencia en una rendición inmediata.

Sentí el temblor de su cuerpo. El beso cambió de ritmo, volviéndose más denso, más profundo, dominado por una atracción irrefrenable. Deslicé mis manos por su espalda, amoldando la curva de sus caderas contra la dureza de mi pelvis, demostrándole el deseo salvaje que me provocaba. Mia soltó un jadeo tembloroso y, para mi absoluta perdición, sus manos dejaron de empujarme y se aferraron a los solapas de mi chaqueta, devolviéndome el beso con una desesperación compartida que quemaba la penumbra de la galería.

—Me estás volviendo loco, Mia... —gruñí contra sus labios, bajando la boca hacia su cuello para besar la piel suave que olía a jazmín y a deseo puro—. Esos hombres mirándote... deseándote... no puedo soportarlo.

—Tú... tú me trajiste este vestido —susurró ella entre jadeos, echando la cabeza hacia atrás mientras mis labios encontraban el punto sensible detrás de su oreja.

—Lo sé... y me arrepiento de haber dejado que nadie más que yo te viera con él —admití con la voz rasposa por la pasión.

Mis manos, impulsadas por una necesidad física y territorial, bajaron desde sus caderas hasta la seda de su falda. La levanté con descaro, colando mi mano abierta entre las capas de tela suave hasta alcanzar la piel desnuda de sus muslos. Mia soltó un jadeo agudo cuando mis dedos ascendieron por su firmeza, sintiendo el calor abrasador que emanaba de su centro.

—Aelion... no, por favor... alguien puede venir —suplicó en un murmullo roto, aunque sus piernas se abrieron instintivamente para darle paso a mi toque.

—Que vengan —siseé en su oído, desnudando la intención de mi mente.

Deslicé mi mano por debajo de la tela fina de su prenda íntima. Mia estaba húmeda, hirviendo de deseo por mí. Al rozar su centro con la yema de mis dedos, la joven soltó un gemido ahogado que vibró contra mi cuello. Comencé a acariciarla con movimientos lentos y profundos, dándole un placer directo que la hizo arquear la espalda contra la columna de piedra, aferrándose a mis hombros con las uñas clavadas en mi tela.

—Dioses, Mia... eres mía —murmuré, acelerando el ritmo de mis caricias, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba en la antesala de un espasmo de placer puro—. Di que eres mía.

—Aelion... ah... sí... —gimió ella, perdiendo el control, al borde del colapso.

Estaba a un segundo de llevarla al límite de la locura y reclamarla allí mismo contra la piedra cuando...

Una tos falsa, exageradamente ruidosa y teñida de una burla absoluta, resonó desde el arco de entrada de la galería.

Nos congelamos.

Apenas me separé un centímetro de su boca, usando mi cuerpo para cubrir a Mia por completo y protegerla de cualquier mirada. La joven estaba jadeando, con los mejillas encendidas en un rojo escarlata y los ojos ámbar nublados por la lujuria interumpida. Rápidamente saqué la mano de debajo de su falda y le acomodé la seda con torpeza, intentando contener la respiración agitada que amenazaba con delatarnos.

Alcé la mirada hacia la penumbra, listo para decapitar a quienquiera que nos hubiera interrumpido.

Allí estaba Albus.

El gran cambiaformas rubio estaba apoyado contra el marco de madera del arco con los brazos cruzados sobre el pecho. Una sonrisa socarrona y juguetona dominaba su rostro alto y apuesto. Mantuvo la vista fija en el techo para no incomodar la desnudez del momento, aunque el brillo divertido de sus ojos grises lo decía todo.

—Agradezcan a los dioses que fui yo quien los encontró —habló Albus con soltura, agitando una mano en el aire como si ahuyentara el ambiente—. Por el aroma a feromonas de león en celo que emana de este pasillo, calculo que estaban a tres segundos de concebir un heredero contra la pared.

Mia soltó un chillido de vergüenza pura y escondió el rostro caliente contra mi pecho, deseando que la tierra se la tragara por entero. Yo le clavé a mi amigo una mirada de odio tan pura que habría derretido el acero.

—Albus... —siseé con una voz de ultratumba—. Más te vale que el palacio se esté quemando para haber interrumpido esto.

—Oh, créeme, su alteza, las personas se preguntara donde está si no regresa —respondió el infeliz, soltando una risita corta y nada arrepentida—. Te ves absolutamente preciosa esta noche, Mia, el vestido le hace justicia a su belleza... pero me temo que la Reina Elora los está buscando a ambos para las presentaciones oficiales con los Reyes del Sur. Y créanme, prefería ser yo quien los atrapara en este desliz y no la reina con toda la comitiva de la corte.

Mia se zafó de mis brazos a toda prisa, acomodándose el corpiño y el peinado con manos temblorosas, sin atreverse a levantar la vista del suelo.

—Yo... debo volver con mi tío —musitó ella avergonzada, alisándose la falda verde esmeralda con torpeza.

Me pasé una mano por el rostro, soltando un largo suspiro cargado de frustración y deseo insatisfecho. Miré a Albus, quien me ofreció un guiño burlón desde la entrada.

—Arregla tu chaqueta, Aelion —añadió el cambiaformas con guasa—. Tienes la marca de sus labios en el cuello y la espada torcida. Sería una lástima que Isolda lo notara.

Le dirigí a Albus un gesto amenazante con la mano antes de volverme hacia Mia. Me acerqué a ella, tomé su mentón con suavidad y la obligué a mirarme a los ojos. Sus pupilas ámbar seguían dilatadas, guardando el eco de la pasión que casi nos consume.

—Esto no ha terminado, Mia —le prometí en un susurro bajo y dominante que hizo volver a temblar su respiración—. Esta noche bailarás conmigo. Y antes de que el solsticio acabe, vas a volver a ser mía.

Le di un beso corto y firme en los labios, dejando que Albus nos escoltara de regreso al bullicio del Gran Salón, mientras el calor en mi sangre juraba que la noche apenas estaba comenzando.

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Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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