Yulian, un estudiante universitario harto de su gris y monótona vida, encuentra su único refugio en una novela gráfica de fantasía titulada El amanecer del amor. Aunque la trama sigue el romance tradicional entre la heroína Clara y el noble Albert, Yulian está perdidamente obsesionado con el antagonista: Eric, el brillante, incomprendido y temido Señor de la Torre Mágica, cuya trágica obsesión por Albert lo lleva a la locura y a una muerte injusta.
Tras una rabieta de frustración por el final del último capítulo, Yulian sufre un accidente mortal desde el balcón de su apartamento. Al despertar, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Daniel, el hermano mayor de la protagonista y oficial de la guardia real. Decidido a reescribir el destino y evitar la trágica muerte de su personaje favorito, Daniel se infiltra en el mundo de la novela con un solo propósito: amar y salvar al hechicero malvado, cueste lo que cueste.
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Capítulo 21: La furia del Duque y el ultimátum imperial
Capítulo 21: La furia del Duque y el ultimátum imperial
La noticia de lo ocurrido en las puertas de la fortaleza sacudió los cimientos de la alta aristocracia de la capital. La imagen de la virtuosa Clara regresando al palacio con la mejilla marcada y entre lágrimas, sumado a la renuncia pública de Daniel a su linaje por unirse al temido hechicero, provocó un escándalo sin precedentes.
En el Palacio Ducal, Albert escuchó el relato de los caballeros con una furia abrasadora. La vena de su frente palpitaba violentamente mientras contemplaba a Clara, quien continuaba llorando en los aposentos reales.
Para Albert, la acción de Daniel no era solo un acto de locura personal; era una humillación directa a su autoridad como Duque y a su estatus como héroe del imperio. Que el hermano de su esposa se entregara voluntariamente al hombre que él más despreciaba era un insulto que no podía tolerar.
Sin perder tiempo, Albert redactó una Carta de Orden Real respaldada por el sello del Canciller Supremo.
El documento fue enviado a la Torre Mágica mediante un emisario imperial de alto rango. El texto exigía, en nombre de la Corona y de la ley marcial, que el ex-capitán Daniel fuera castigado por deserción, privado de su libertad y entregado inmediatamente a las autoridades imperiales para ser sometido a un juicio por traición.
En el piso cien de la fortaleza, Eric leía la carta imperial sentado tras su escritorio. Daniel estaba recostado a su lado, descansando la cabeza sobre sus muslos mientras Eric le acariciaba el cabello.
Eric soltó una risa fría al terminar de leer las amenazas escritas con tinta dorada.
—Albert exige que te entregue —dijo Eric, mirando a Daniel con una sonrisa llena de una osadía oscura—. Amenaza con usar todo el poder militar del imperio si no obedezco antes de la próxima luna llena.
Daniel levantó la vista, sonriendo con arrogancia.
—¿Y qué le vas a responder, mi querido Maestre?
Eric tomó una pluma, no para escribir una respuesta diplomática, sino para redactar una sola frase en el reverso del pergamino imperial. Con su propia caligrafía afilada y cargada de una traza de maná purpúreo, escribió:
Él es mío. Daniel puede hacer exactamente lo que se le dé la gana. Y si no te gusta, Albert, eres libre de intentarlo todo. Pero ten por seguro que los destruiré a ti, a tu ejército y a todo tu territorio si tan solo piensas en hacerle el menor daño.
— Eric, Maestre de la Torre Mágica.
Eric envió el mensaje de regreso al Palacio Imperial mediante un hechizo de combustión espontánea que hizo aparecer el pergamino directamente sobre la mesa del Consejo del Rey.
Cuando el pergamino reapareció en la sala del Consejo Real ardiendo en llamas purpúreas, Albert leyó la respuesta de Eric en voz alta ante el Rey y todos los ministros del gabinete.
La respuesta del hechicero fue interpretada unánimemente como un acto de rebelión abierta y una declaración de guerra contra la Corona.