●Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Para Bahir, la vida es tan pacífica como la tienda de flores y té de su abuelo beta, la cual cuida con esmero. A sus veintiún años, es un omega puro, inocente y con un dulce aroma a duraznos frescos que cautiva a cualquiera. Sin embargo, su corazón ya tiene dueño: Louie, un alfa dominante, imponente y protector que ha logrado ganarse su amor y, finalmente, un anillo de compromiso.
Bahir cree que ha encontrado a su príncipe azul. Lo que no sabe es que detrás de la fachada del prometido perfecto se esconde un acosador obsesivo, un alfa sádico y egocéntrico que lleva meses vigilando cada uno de sus pasos desde las sombras. Ahora que el compromiso es oficial, Louie está extasiado; el juego de la seducción ha terminado, y es hora de que el inocente omeguita descubra quién es realmente el dueño de su destino.
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Capítulo 11: El día del lazo eterno
Capítulo 11: El día del lazo eterno
Novela: Tu Guardián Sádico.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
El invierno se había despedido por completo, dando paso a una mañana de marzo sencillamente espectacular. En la exclusiva costa de los Hamptons, el cielo se extendía como un lienzo azul despejado y el viento del océano soplaba con una frescura suave, arrastrando el aroma a salitre que se mezclaba con la monumental producción floral que Louie había ordenado desplegar.
La propiedad frente al mar era un despliegue de opulencia egocéntrica y buen gusto. Tal como Bahir lo había soñado, el camino hacia el altar estaba alfombrado por miles de pétalos en tonos durazno, blanco y rosa pastel. Un impresionante arco de rosas importadas y ramas de jazmín se alzaba justo al borde del acantilado, enmarcando la vista infinita del océano Atlántico. Las sillas para los invitados, de un pulido cristal que reflejaba la luz del sol, estaban dispuestas en semicírculo, rodeadas por sutiles estaciones de té helado artesanal, una mezcla exclusiva de té blanco y rosas que Bahir había diseñado especialmente para la ocasión.
La seguridad en los alrededores era impenetrable. Guardias privados vestidos de traje negro controlaban cada acceso a kilómetros a la redonda; Louie se había asegurado de que ningún periodista o intruso perturbara la burbuja de paz de su omega.
A partir de las dos de la tarde, la alta sociedad comenzó a hacer su entrada.
El desfile de invitados era un testimonio del inmenso poder de la familia de Louie. Limusinas y autos de lujo de último modelo se estacionaban uno tras otro, dejando bajar a la élite de Manhattan: alfas dominantes de linajes antiguos, empresarios multimillonarios, diplomáticos y las figuras más influyentes del país. Las mujeres omega lucían vestidos de alta costura que competían en brillo, mientras que los alfas mantenían un porte rígido y respetuoso. Entre los murmullos de la multitud, solo se escuchaban elogios sobre el despliegue del evento y la misteriosa belleza del omega que había logrado domar al heredero más codiciado y temido de la ciudad.
En las primeras filas, ya se encontraban ubicados los pilares de la familia.
Roland y Roxanne recibían a los invitados con la gracia y el orgullo de los perfectos anfitriones. Roxanne, vistiendo un espectacular vestido color champaña, mantenía una sonrisa radiante, aunque por dentro su corazón de madre omega latía con fuerza. Miraba el altar y luego hacia la mansión, sabiendo que este día cambiaría todo. A su lado, el abuelo Bernard lucía impecable y distinguido en su traje gris. El anciano beta observaba el océano con los ojos llorosos, deseando en silencio que su amada Marisol pudiera ver el maravilloso destino que le esperaba a su nieto.
Mientras los invitados terminaban de ocupar sus asientos y la música de un cuarteto de cuerdas en vivo comenzaba a flotar en el aire, la tensión mística del momento empezó a densificarse.
Poco a poco, el ambiente se impregnó de las feromonas de los novios, que ya se preparaban en habitaciones separadas dentro de la mansión. Por un lado, el aroma denso, posesivo y abrumador de Louie —madera ahumada y cuero— se extendía como una advertencia silenciosa para cualquier alfa presente: Este territorio me pertenece. Por el otro, flotando suavemente desde los ventanales más altos, el dulce, puro e inocente aroma a duraznos frescos de Bahir calmaba la marea, anunciando que el cordero estaba listo para entregarse voluntariamente a su lobo guardián.
La hora había llegado. Los invitados guardaron silencio, las puertas de la mansión se abrieron y todas las miradas se dirigieron hacia el inicio del pasillo de pétalos. El gran día había comenzado.