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El Amor Eterno Del Rey Vampiro

El Amor Eterno Del Rey Vampiro

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Amor en la guerra / Fantasía épica / Salvando al mundo
Popularitas:10.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gloria Escober

**Una promesa sellada con sangre y eternidad.**

Tras la traición de su prometido, Cecil intenta concentrarse en lo único que siempre le ha dado sentido a su vida: la medicina. Como parte de una comisión médica de Oxford, viaja al reino de Kratos, sin imaginar que aquel viaje cambiará su destino para siempre.

Desde su llegada, extraños sueños y recuerdos que no le pertenecen comienzan a atormentarla. Al mismo tiempo, se siente inexplicablemente atraída por el rey Azharel, un hombre tan poderoso como enigmático, cuyos ojos parecen guardar el dolor de siglos enteros.

Lo que Cecil ignora es que su historia con Azharel comenzó mil años atrás, cuando él era un príncipe vampiro que renunció a todo por amor. Separados por la tragedia y la muerte, una promesa sellada con sangre y eternidad los mantuvo unidos a través del tiempo.

Ahora, mientras los secretos del pasado resurgen y antiguos peligros vuelven a despertar, Cecil deberá descubrir quién fue realmente y por qué el rey vampiro la mira como si hubiera esperado mil años para volver a verla.

Una apasionante historia de amor, destino y reencarnación, donde ni siquiera la muerte puede romper los lazos de un amor eterno.

NovelToon tiene autorización de Gloria Escober para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Definitivamente se parece a ti.

Azharel se encontraba frente a las torres de las brujas.

Ahora ya no vestía de manera sencilla como la noche anterior.

Había recuperado por completo la apariencia que correspondía a un príncipe de Kratos.

Vestía de negro.

Una larga capa caía sobre sus hombros, bordada con delicados hilos de oro que brillaban bajo la luz del día.

Su cabello negro estaba peinado hacia atrás, dejando al descubierto sus facciones elegantes y su porte imponente.

Aun así, su expresión permanecía tranquila.

Las inmensas torres de piedra se alzaban frente a él, cubiertas de enredaderas y flores de todos los colores.

El aroma de las plantas medicinales impregnaba el aire.

Se respiraba paz.

Al poco tiempo, Imelda salió acompañada por varias brujas mayores.

Todas vestían largas túnicas.

Imelda caminaba al frente.

Azharel hizo una ligera inclinación de cabeza.

Imelda respondió de la misma manera.

—Príncipe.

—Bruja mayor.

Imelda lo observó unos segundos.

—No esperábamos que viniera solo.

Azharel sonrió ligeramente.

—Prefiero venir solo. Entre menos vampiros haya, creo que habrá más paz en sus torres.

Algunas brujas se miraron entre sí.

Imelda soltó una pequeña risa.

—Puede traer un ejército entero. Aquí siempre hay paz.

Hizo una breve pausa.

Y añadió:

—Al menos hasta que yo me enoje.

Azharel sonrió.

—Entonces procuraré no darle motivos.

—Será lo mejor.

Ambos comenzaron a caminar.

Mientras avanzaban, Azharel observaba todo a su alrededor.

Las torres.

Los jardines.

Las enormes extensiones de plantas medicinales.

El sonido del viento moviendo las flores.

Era un lugar muy distinto a Kratos.

Más silencioso.

Más cálido.

Entonces se detuvo por un instante.

Algo llamó su atención.

Un aroma.

Uno muy particular.

Era dulce.

Suave.

Extrañamente familiar.

Azharel frunció ligeramente el ceño.

Aquella fragancia…

Era la misma de la noche anterior.

La misma que había quedado grabada en su memoria.

Por un instante volvió a ver el lago.

La luna.

Y aquellos ojos verdes.

Pero negó con la cabeza.

Era imposible.

Aquel era el territorio de las brujas.

Seguramente estaba imaginando cosas.

Continuó caminando.

—Es un lugar hermoso.

Imelda sonrió.

—Gracias. Hemos trabajado mucho para mantenerlo así.

Azharel miró las flores.

—Se nota.

Imelda lo observó unos segundos.

—Hemos preparado una torre para usted. Esperamos que se sienta cómodo durante su estancia.

Azharel hizo una ligera inclinación.

—Se lo agradezco.

Mientras avanzaban, varias personas continuaban con sus labores.

Algunos magos jóvenes preparaban remedios.

Otros clasificaban hierbas medicinales.

Algunas brujas transportaban libros y pergaminos.

Todo funcionaba con tranquilidad.

Azharel observó a su alrededor.

—Es interesante.

Imelda levantó la vista.

—¿Qué cosa?

—La organización que tienen.

Imelda sonrió.

—Llevamos siglos perfeccionándola.

—¿Todos viven aquí?

—No.

Ella señaló el horizonte.

—Algunos viven en pequeñas aldeas y otros recorren el continente ayudando a diferentes pueblos.

Azharel asintió.

—Entiendo.

Caminaron unos segundos más.

Entonces Imelda habló.

—Espero que su estancia sea agradable.

Azharel la miró.

—Eso espero también.

Imelda lo observó detenidamente.

Era curioso.

No encontraba en él la arrogancia que caracterizaba a su padre.

Aquello la sorprendía.

Llegaron hasta una de las torres.

Era amplia y elegante.

Estaba rodeada por jardines llenos de flores blancas.

Imelda abrió la puerta.

—Esta será su residencia mientras permanezca aquí.

Azharel entró.

—Es perfecta.

Imelda sonrió.

—Si necesita algo, no dude en pedirlo.

—Lo haré.

Entonces Azharel volvió a percibir aquel aroma dulce.

Más intenso esta vez.

Su corazón dio un pequeño vuelco.

Frunció ligeramente el ceño.

Y, sin darse cuenta, miró hacia una de las torres más alejadas.

Pero no había nadie.

Imelda siguió la dirección de su mirada.

—¿Busca algo?

Azharel volvió a mirarla.

—No.

Guardó silencio unos segundos.

—Solo me pareció reconocer un aroma.

Imelda lo observó.

—Aquí hay cientos de flores diferentes.

Él asintió.

—Debe ser eso.

Pero algo en su interior le decía que no.

Porque ese aroma no pertenecía a ninguna flor.

Y, aunque apenas la había conocido, sabía perfectamente a quién pertenecía.

A la extraña muchacha de ojos verdes que había conocido junto al lago.

…………………………………………………………………………………………….

Mientras tanto, en el reino humano…

En las profundidades del castillo, ocultas bajo enormes muros de piedra, las catacumbas permanecían iluminadas únicamente por la luz de cientos de velas.

El ambiente era pesado.

El aire olía a hierbas, humo y sangre.

En el centro de la inmensa sala se encontraban los diez huevos de dragón.

Melisandre caminaba lentamente alrededor de ellos.

Llevaba un recipiente de plata lleno de sangre humana.

Con delicadeza, iba bañando cada uno de los huevos mientras pronunciaba antiguas palabras en un idioma que muy pocos podían comprender.

Las llamas de las velas comenzaron a agitarse.

El suelo tembló ligeramente.

Entonces, uno de los huevos se movió.

Después otro.

Y otro más.

Melisandre sonrió.

Sus ojos brillaron llenos de satisfacción.

En ese momento, unos pasos resonaron detrás de ella.

Era el rey.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó acercándose.

Melisandre volteó con una sonrisa.

—Están vivos, mi amor.

El rey abrió los ojos con sorpresa.

Miró los huevos.

Y, efectivamente, estos continuaban moviéndose.

Pequeñas vibraciones recorrían sus superficies.

Como si algo estuviera despertando en su interior.

El rey sonrió.

—Por fin…

Melisandre se acercó a él.

—Ahora debemos darles tiempo para nacer.

El rey asintió.

—Espero que sea pronto.

Ella tomó su mano.

—No te preocupes. Cuando nazcan crecerán rápidamente.

Su voz se volvió más suave.

—Y se doblegarán a tu voluntad.

Sus dedos acariciaron la mano del rey.

—El mundo estará a tus pies.

El rey sonrió.

—Bien hecho.

Hizo una pequeña pausa.

—Debo avisarle a mi abuela.

Melisandre sonrió.

Y acarició su rostro.

—Estará contenta.

El rey asintió.

—Sí. Pero ella también debe cumplir su parte.

—Y lo hará.

Melisandre sonrió.

—Porque odia al maldito rey vampiro mucho más que tú.

El rey la observó.

Pero su expresión se volvió seria.

—Aun así, dio a luz un hijo para ese monstruo.

Bajó la mirada.

—Es posible que, cuando llegue la hora, no sea capaz de hacerlo.

Melisandre se acercó.

Colocó suavemente dos dedos sobre los labios del rey.

—Un hijo producto del abuso no reemplaza a dos hijos nacidos del amor.

El rey guardó silencio.

Ella continuó hablando.

—El príncipe Azharel fue engendrado mediante la violencia.

Su voz se endureció.

—El rey vampiro tomó a la reina por la fuerza.

—Mató a tu abuelo.

—La arrancó de su hogar.

—La separó de sus hijos durante décadas.

—La convirtió en vampira.

—Y la obligó a darle un heredero.

Melisandre lo miró a los ojos.

—El odio que ella siente por el rey vampiro es inmenso.

Luego sonrió levemente.

—No supera el amor que siente por el príncipe Azharel, eso es cierto.

Hizo una pausa.

—Pero tampoco supera el dolor que ese hombre le provocó.

El rey permaneció en silencio.

Melisandre tomó ambas manos entre las suyas.

—Créeme.

—Cuando llegue el momento, ella hará lo correcto.

El rey la observó unos segundos.

Luego asintió lentamente.

—Eso espero.

Melisandre volvió a mirar los huevos.

Las pequeñas vibraciones continuaban.

Uno de ellos incluso emitió un leve sonido desde su interior.

La bruja sonrió.

—Todo está comenzando.

El rey caminó hasta colocarse a su lado.

Observó aquellos diez huevos durante unos segundos.

Y una sonrisa apareció en su rostro.

—Dentro de poco… ningún clan volverá a gobernarnos.

Melisandre sonrió.

—Ni vampiros.

—Ni lobos.

—Ni brujas.

Las llamas de las velas se elevaron unos centímetros.

Como si hubieran escuchado sus palabras.

Entonces Melisandre susurró:

—El mundo les pertenecerá a los humanos.

Sin embargo…

En lo más profundo de la oscuridad, algo parecía responder.

Una presencia desconocida.

Algo mucho más antiguo.

Mucho más peligroso

……………………………………………………………………………………………

La torre de las pociones estaba llena de vida.

Era una de las más grandes del territorio de las brujas.

Las paredes de piedra estaban cubiertas por estanterías de madera que llegaban casi hasta el techo. Sobre ellas descansaban cientos de frascos de distintos tamaños, llenos de líquidos de todos los colores: azules, verdes, dorados, rojos, morados y plateados.

El aire estaba impregnado por el aroma de la lavanda, la miel, la menta, las flores silvestres y decenas de hierbas medicinales.

En varias mesas de madera, algunas brujas removían pequeñas ollas donde las pociones hervían lentamente.

Otras trituraban hojas y raíces en enormes morteros.

Y algunas escribían etiquetas para identificar cada frasco.

Merida estaba concentrada en su trabajo.

Con mucho cuidado vertía una poción de color morado en un pequeño recipiente de cristal.

Su cabello castaño caía sobre uno de sus hombros mientras observaba que ninguna gota se desperdiciara.

Entonces escuchó un pequeño sonido.

—Grrrr…

Merida sonrió sin siquiera levantar la vista.

—¿Ya despertaste, mi lord?

El pequeño cachorro de león había colocado sus dos patas delanteras sobre la mesa.

Sus ojos rosados observaban con enorme curiosidad el líquido morado.

Merida soltó una pequeña risa.

—Esta poción está hecha con lavanda.

Acercó el frasco hacia él.

—La vendemos a los nobles humanos. Solo rocían un poco sobre su ropa y olerán delicioso durante todo el día.

El cachorro olfateó.

—Grrr…

Merida sonrió.

—Es la misma con la que te baño.

El pequeño león volvió a oler.

Y sacudió la cabeza.

Ella soltó una carcajada.

—También les dejo un poco a los aldeanos, especialmente a las mujeres.

Le dio unos pequeños golpecitos en la cabeza.

—Yo la uso, pero le agrego un poco de miel.

Sonrió.

—Al igual que a la tuya.

Luego lo miró con ternura.

—Aunque, si las brujas la hechizan, el aroma puede sentirse a mucha distancia.

Le acarició detrás de las orejas.

—Por eso siempre sé dónde estás.

El pequeño león soltó otro sonido.

—Grrrr.

Ella sonrió.

Luego colocó el frasco terminado en una bandeja y se lo entregó a una de las brujas.

—Ya está. Este es el último. Solo necesita la magia.

La joven bruja sonrió.

—Gracias, Merida.

Luego preguntó:

—¿Cómo van los sapos blancos?

—¿Ya se recuperaron?

Merida asintió.

—Sí.

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Están más gorditos.

—Al igual que las tarántulas.

La otra mujer soltó una pequeña risa.

—¿Todavía siguen en tu habitación?

—Sí.

Merida sonrió.

—Las soltaré mañana.

—Por ahora seguirán conmigo.

La joven bruja negó con la cabeza, divertida.

—Nunca entenderé tu gusto por esos animales.

Merida rio.

—Son muy lindos.

—Solo hay que conocerlos.

La mujer soltó una carcajada.

—Claro, como tú digas.

Entonces señaló hacia otro lado de la mesa.

—Ahora encárgate de tu hijo.

Merida volteó.

El pequeño león estaba jugando con un frasco de cristal.

La joven abrió los ojos.

—¡Mi lord!

Rápidamente se acercó y tomó el frasco antes de que lo tirara.

Leyó la etiqueta.

Y abrió aún más los ojos.

—¡Poción de fertilidad!

La otra bruja comenzó a reír.

—Si sigue así…

Cruzó los brazos.

—Esperaré a que crezca y lo haré abrigo.

Merida abrazó inmediatamente al cachorro.

—¡No!

Lo pegó más a su pecho.

—No volverá a hacerlo.

El pequeño león escondió la cabeza entre sus brazos.

—Grrr…

Merida le besó la frente.

—¿Ves? Ya entendió.

La bruja rio.

—Claro, claro.

El cachorro levantó la cabeza y volvió a mirar la mesa.

Sus ojos rosados se fijaron en otro frasco.

Merida lo vio y negó con la cabeza.

—Ni lo pienses.

El pequeño león volvió a esconder la cabeza.

Las demás mujeres soltaron una carcajada.

Una de ellas sonrió.

—Definitivamente se parece a ti.

Merida rio.

—Eso es imposible.

—Yo sí me porto bien.

Todas comenzaron a reír.

1
Doris Angelica Pinzón Avila
osea que My Lord en realidad es la mascota de Mérida n su primera vida, y cuando ellos se casan Mérida se lleva al León con ellos, por eso My Lord vive con el rey Azharel y viene a rescatar a Cecil
Doris Angelica Pinzón Avila
su primer encuentro no fue muy bueno que digamos pues Azharel la quería atacar para tomar su sangre y ella descubrió que era un vampiro y no lo iba a ayudar
Elizabeth Delvicier
Tranquila escritora se comprende el entusiasmo
Elizabeth Delvicier
tengo una duda el 👑 vampiro y su 👑Aurora solo tenían un hijo y en entonces quien es la madre de Morgana
jessica jh
mas capitulos👏
Elizabeth Delvicier
y todo comenzó x una niña perdida buscando un 🐉 y un príncipe que buscaba una alianza sin saber que la 🧹 y los 🐺 tenían el mismo plan matar al 👑🦇 y esté en el 🌳🌳🌲 nunca pensó que encontraría el ❤️
Elizabeth Delvicier
no sé podía confiar en nadie esas brujas cochinas prepararon la flecha
Limaesfra🍾🥂🌟
mi lord que traidor 🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
no te preocupes la historia esta impactante💞💞💞
Adriana Trejo
esta melisandre maneja al rey a su antojo 😡
y el no cae en cuenta como es manipulado por ella , ciego por no querer ser menos en un mundo donde las bestias tienen poder y eso le va a jugar en contra 🤔
Alexandra Ortiz Posada
De verdad que los humanos se estaban llevando la peor parte
Nata Mazó
🤣🤣🤣🤣🤣 el dirá es tu problema no el mío yo siempre protesto y griii y nada 🤣🤣🤣 ahora arregleselas 🫣🫣
Limaesfra🍾🥂🌟
todo un minino heroico grrrr😋😋
Limaesfra🍾🥂🌟
cuida a Merida 🦁x el 🦇quiere comer a la nena🤣🤣🤣🤣
Cecilia castro zeledon
asi como se relata la historia entiendo al rey completamente la verdad lo apoyo ya que los otros se pasan de salvaje pero desafortunadamente no salio como se espero
Edith Leyva
así es, fue pura manipulación de la bruja para obtener el hijo del rey😡😡😡
Kim Nava
seguro ella es cimpable
y el rey segado por el dolor tomando malas decisiones😡😡
Nata Mazó
😂😂😂😂 a penas se viene acordar de mi Lord
Limaesfra🍾🥂🌟
Gracias por escribir tan buenas historias
Viviana Mosquera
Muy buena,.espectacular ¡a la espera de más capitulos¡
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