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Omega De Sangre Real

Omega De Sangre Real

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Vampiro / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Su sangre puede coronar reyes... o enterrarlos.

Cuando un omega despierta con la marca de un alfa vampiro ardiendo en su cuello, descubre demasiado tarde que no es una víctima: es la última arma que todos quieren poseer.

Y el alfa que lo reclamó no piensa soltarlo... ni vivo, ni muerto.

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Capítulo 12: El peso de la sangre

El peso de la sangre

La voz que había resonado en el pasaje no pertenecía a un soldado cualquiera.

Damien lo supo en el mismo instante en que el eco murió. A través del vínculo, Kael sintió el reconocimiento frío del alfa, la memoria antigua que se removía dentro de él como una bestia despertando.

—Lord Draven —dijo Damien en voz baja, casi para sí mismo—. El hijo menor. El que todavía recuerda el sabor de la sangre pura.

Kael no tuvo tiempo de preguntar. La presencia que se acercaba era pesada, densa, distinta a la de los vampiros que habían atacado antes. No era solo poder. Era antigüedad. El tipo de antigüedad que había aprendido a matar antes de que la mayoría de las casas existieran.

Damien empujó a Kael detrás de su cuerpo y se colocó en el centro del pasaje estrecho. La luz ámbar de la marca de Kael iluminaba apenas su espalda tensa, los hombros cubiertos todavía de sangre seca de combates anteriores. El alfa no se giró.

—Quédate atrás —ordenó a través del vínculo, la voz mental áspera—. Si entra en combate real, el pasaje se convertirá en una trampa. No intervengas hasta que yo lo diga.

Kael apretó los dos medallones contra su pecho. El más nuevo y el más antiguo latían al unísono, como si reconocieran la amenaza que se acercaba.

La figura apareció al final del corredor.

Era alto, incluso para un vampiro. Cabello blanco largo recogido en una trenza gruesa, ojos de un rojo tan oscuro que casi parecían negros. Vestía una armadura ligera de un metal que absorbía la luz. Cuando sonrió, los colmillos que mostró eran más largos y afilados que los de Damien.

—Príncipe Voss —saludó con una inclinación de cabeza casi cortés—. Qué lejos has caído. Escondiéndote en las ratoneras de los antiguos con tu… premio.

Damien no respondió al saludo.

—Largate, Draven. Esta es tierra de la Casa Voss y de la sangre real. No tienes derecho a estar aquí.

Lord Draven rio por lo bajo. El sonido fue seco, sin humor.

—El derecho lo da la fuerza, muchacho. Y la tuya… se está agotando. Puedo olerlo. Las heridas. El cansancio. El vínculo recién formado que todavía no sabes manejar del todo. Y él… —sus ojos se posaron en Kael por encima del hombro de Damien—. Él todavía no controla lo que acaba de despertar. Qué tentación tan… jugosa.

Kael sintió que el poder dentro de él respondía a esas palabras con un calor agresivo. Damien notó el cambio a través del vínculo y envió una orden clara:

*Conténlo. Todavía no.*

Lord Draven dio un paso más.

—La Casa Nocturne quiere al omega vivo para criarlo. Nosotros, los Draven, somos más prácticos. Preferimos extraer lo que necesitamos de su sangre y dejar el cascarón. Aunque… —sonrió de nuevo—. Si el príncipe Voss se arrodilla ahora y me lo entrega, podría considerar dejarlo vivir. Como mascota, quizás.

Damien se movió.

No fue un ataque. Fue una declaración. El poder de su linaje llenó el pasaje estrecho como una marea negra. Las paredes mismas parecieron contraerse. Kael sintió el peso de esa presencia a través del vínculo y, por primera vez, comprendió de verdad lo que significaba ser un príncipe purosangre de la Casa Voss.

Lord Draven dejó de sonreír.

—Así que todavía te queda algo de orgullo. Bien.

El combate comenzó sin más palabras.

Damien se lanzó primero. La velocidad fue tan alta que Kael apenas pudo seguirla. El choque de cuerpos resonó como un trueno en el pasaje. Lord Draven bloqueó el primer golpe con el antebrazo y respondió con una garras que buscó el cuello de Damien. El alfa se giró apenas a tiempo; las garras le abrieron el hombro en lugar de la garganta.

La sangre de Damien salpicó la piedra negra.

Kael sintió el dolor como si fuera propio. El vínculo transmitió cada corte, cada impacto, cada segundo de rabia controlada. Sus rodillas temblaron. Los medallones ardieron contra su piel.

Damien no retrocedió. Usó el dolor. Se acercó más, colmillos al descubierto, y logró clavar uno en el brazo de Draven. El sabor de esa sangre antigua y amarga llegó hasta Kael a través del lazo. Era distinta. Más pesada. Más corrupta.

Lord Draven gruñó y lanzó a Damien contra la pared. La piedra se agrietó. Damien cayó de rodillas un segundo… y se levantó de inmediato.

—Todavía eres rápido —reconoció Draven, sacudiéndose la sangre del brazo—. Pero no lo suficiente.

Se lanzó otra vez.

Esta vez el combate fue más brutal. El pasaje estrecho no daba espacio para esquivar. Cada golpe resonaba. Cada vez que Damien recibía una herida, Kael la sentía. El poder dentro del omega se agitaba, pidiendo salir, pidiendo proteger. Kael apretó los dientes hasta dolerle la mandíbula, recordando la orden de Damien.

*Todavía no.*

Pero cuando Lord Draven logró inmovilizar a Damien contra la pared y hundió las garras en el costado ya herido del alfa, algo dentro de Kael se rompió.

El poder salió.

No fue una oleada controlada como las anteriores. Fue un estallido. La luz ámbar de la marca y de los dos medallones llenó el pasaje con una intensidad casi blanca. Lord Draven fue lanzado hacia atrás como si lo hubiera golpeado un muro invisible. Su cuerpo chocó contra la pared opuesta y la piedra se derrumbó parcialmente sobre él.

Damien cayó de rodillas, respirando con dificultad. A través del vínculo, Kael sintió el alivio y, al mismo tiempo, la alarma.

—Kael… —logró decir el alfa.

Kael ya estaba a su lado. El poder seguía corriendo por sus venas, caliente, casi eufórico. Colocó ambas manos sobre la herida más profunda del costado de Damien y dejó que la energía fluyera. La carne comenzó a cerrarse a una velocidad visible. Damien gruñó, mitad por el dolor, mitad por el exceso de poder que Kael estaba canalizando a través del vínculo.

—Demasiado —advirtió con voz ronca—. Vas a quemarte.

—No me importa —respondió Kael entre dientes.

Lord Draven se estaba levantando entre los escombros. Su armadura estaba abollada. Una línea de sangre oscura le bajaba por la frente. Ya no sonreía.

—Así que el Omega de Sangre Real ya puede herir a un Draven… Interesante. Y peligroso.

Se limpió la sangre con el dorso de la mano y miró a Kael con una intensidad nueva.

—Tal vez la Casa Nocturne tenía razón. Tal vez es mejor llevarte vivo.

Antes de que pudiera lanzarse otra vez, una nueva presencia llenó el pasaje.

No venía de atrás. Venía de las paredes mismas.

Las runas antiguas que habían estado dormidas se encendieron una por una. Una voz que Kael ya reconocía —la del Corazón de la Piedra— resonó dentro de sus cabezas:

*Suficiente.*

Lord Draven se tensó. Por primera vez, algo parecido al respeto cruzó su expresión.

—Los antiguos… todavía se mueven por él.

La voz volvió a hablar, más fría:

*Este pasaje es territorio de la sangre real. Has derramado sangre de un Voss que juró protegerla. Has intentado tomar lo que no te pertenece. Tienes dos opciones, hijo de Draven: retirarte ahora… o quedarte y enfrentar lo que todavía duerme debajo de tus pies.*

El suelo tembló.

Lord Draven miró a Kael. Luego a Damien. Y finalmente a las runas brillantes.

—Esto no termina aquí, Omega —dijo con voz baja—. La próxima vez no vendré solo. Y no habrá antiguos que te salven.

Se giró y desapareció por el pasaje por el que había llegado, con una velocidad que dejaba claro que no estaba huyendo… sino reagrupándose.

El silencio regresó.

Damien se dejó caer sentado contra la pared, todavía con la mano de Kael sobre su costado. La herida ya casi estaba cerrada. El poder de Kael se había calmado un poco, pero seguía presente, inquieto.

—Usaste demasiado —murmuró Damien—. Puedo sentirlo. Estás al límite.

Kael no retiró la mano. A través del vínculo le envió una certeza silenciosa:

*No iba a dejarte morir.*

Damien levantó la vista. Sus ojos rojos estaban más oscuros de lo normal. Levantó una mano ensangrentada y tocó la mejilla de Kael, dejando una marca roja sobre su piel.

—Ya no eres el mismo omega que encontré en ese callejón —dijo en voz muy baja—. Y yo… ya no sé si soy el mismo que te reclamó.

Kael sostuvo su mirada. El vínculo latía entre ellos, lleno de adrenalina residual, de alivio y de algo más profundo y peligroso.

—Entonces cambiemos juntos —respondió.

Damien lo miró un segundo más. Luego, con una lentitud deliberada, lo atrajo hacia sí y apoyó la frente contra la suya. El gesto no fue suave. Fue posesivo. Casi desesperado.

—Los medallones —preguntó contra su boca—. ¿Todavía los tienes?

Kael asintió. Sintió el peso de ambos objetos contra su pecho.

—Los dos.

Damien cerró los ojos un instante.

—Entonces estamos en un punto de no retorno. Si los unes… el poder que liberarás será suficiente para que incluso los antiguos se arrodillen. O para que te consuma. No hay término medio.

Kael respiró el olor de Damien, sangre y sándalo y feromonas oscuras.

—Todavía no —dijo—. Pero pronto tendré que decidir.

Un nuevo sonido llegó desde lejos. No eran pasos. Era algo más grande. Como si una parte de las catacumbas mismas se estuviera moviendo.

Damien se puso de pie de inmediato, levantando a Kael con él.

—Tenemos que llegar al siguiente sello antes de que Draven regrese con refuerzos. Y antes de que lo que acabamos de despertar decida que ya no le gustamos.

Kael apretó los medallones una última vez y asintió.

Juntos se adentraron más profundo en la oscuridad, dejando atrás el pasaje destruido y la sangre derramada. El vínculo entre ellos latía con una fuerza nueva, más pesada, más real.

Y en el pecho de Kael, los dos sellos de la sangre real esperaban, pacientes, a que alguien finalmente se atreviera a unirlos.

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Victor Cueto
Quiero saber más..mm😭
Victor Cueto
Se pone cada vez más interesante
Victor Cueto
Me encanta....
Victor Cueto
Buenas trama para solo tener 3 capítulos por favor publicar más.
Victor Cueto
para iniciar apenas, está buena la trama.
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