Celeste Marín fue abandonada frente a toda la manada el día de su ceremonia. Sin Alpha, sin voz y con su madre agonizando en una clínica privada, quedó marcada como la esposa muda que nadie quería proteger.
Dos años después, Damián Valcárcel regresa a Silver Crown decidido a cerrar un matrimonio político que nunca deseó. Pero en cuanto se acerca a Celeste, su lobo reconoce un aroma imposible: jazmín nocturno, lluvia fría y una promesa de luna que ningún contrato puede romper.
Celeste no quiere un dueño. Quiere recuperar la voz que le arrebataron, destruir a la familia que la usó y descubrir por qué su madre desapareció al despertar. Damián no quiere otra Luna. Quiere a la mujer que su lobo ya eligió, aunque los Ancianos, una falsa salvadora y una manada entera intenten separarlos.
Cuando la verdad del incendio salga a la luz, Celeste tendrá que decidir si acepta el vínculo que la consume o si rechaza al Alpha que una vez la dejó sola ante todos.
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Capítulo 11
Capítulo 11: La Pluma de Luna
Nocturna Studios estaba en un edificio de cristal donde nadie hablaba de lobos.
Hablaban de contratos, plataformas, audiencias, campañas y números. Humanos con café en vasos reciclables cruzaban los pasillos sin imaginar que dos pisos completos pertenecían a Silver Crown y que la mitad de los guardias olían a lobo aunque llevaran traje.
Celeste prefería ese lugar a la hacienda.
En Nocturna, su silencio no era rareza.
Era misterio.
La Pluma de Luna recibía guiones, informes y cortes preliminares bajo un correo cifrado. Nadie sabía quién estaba detrás. Algunos decían que era un equipo de escritoras en Ciudad de México. Otros, un viejo productor retirado. Celeste dejaba que hablaran.
La invisibilidad también podía ser arma.
Mateo la acompañó hasta una sala de edición.
—Damián pidió que no te perdiera de vista.
Celeste escribió:
¿Y tú obedeces todo lo que pide?
—No. Solo lo que me permite molestar a gente interesante.
Ella casi sonrió.
En la pantalla estaba el proyecto que llevaba meses salvando en secreto: Reina de Medianoche. Una serie humana sobre una heredera que sobrevivía a una familia criminal. Para los ejecutivos era entretenimiento. Para Celeste, un ensayo de guerra.
Un hombre de producción hablaba demasiado rápido al frente de la sala.
—La protagonista no conecta. El segundo acto se cae. Valeria Sol amenaza con abandonar si no arreglamos esto antes del lunes.
—Yo no amenazo —dijo una mujer desde la puerta—. Aviso con elegancia antes de incendiar algo.
Valeria Sol entró con lentes oscuros, cabello cobrizo y scent de naranja amarga, champagne y sol caliente. Era humana para la prensa. Para Celeste, no del todo. Había algo en ella, no un lobo completo, pero sí sensibilidad suficiente para oler mentiras sociales.
Valeria se quitó los lentes.
—¿Quién es ella?
El productor abrió la boca.
Mateo sonrió.
—Consultora.
Celeste levantó el teléfono.
Revisé el corte. El problema no es la protagonista. Es que todos a su alrededor hablan como si ella no hubiera sobrevivido a nada.
Valeria leyó.
Su expresión cambió.
—Eso dije yo.
Celeste escribió más.
Si quieren que el público la crea peligrosa, dejen de hacerla explicar su dolor. Que actúe. Que guarde pruebas. Que sonría cuando todos piensen que ya perdió.
La sala quedó quieta.
El productor parpadeó.
—Eso suena como...
Valeria dio un paso.
—La Pluma de Luna.
Celeste no se movió.
Mateo dejó de sonreír.
—¿Perdón?
Valeria la miró como si acabara de encontrar una puerta secreta.
—Tú escribiste la escena del juicio. Nadie más corta las frases así.
Celeste bajó el teléfono.
El secreto no debía salir.
Todavía no.
En el pasillo, un aroma oscuro llegó antes que los pasos.
Damián.
Celeste no sabía que iba a venir. Su cuerpo sí. El hilo en su pecho se tensó antes de que la puerta se abriera.
Damián entró con dos hombres de seguridad detrás. Traje negro, mirada de Alpha intentando fingir que era solo un CEO.
Fracasaba.
—¿Todo bien? —preguntó.
Valeria miró a Celeste, luego a Damián.
—Mucho mejor ahora que sé que tu esposa es la razón por la que este desastre todavía respira.
El productor se puso pálido.
Damián no miró a nadie más.
—¿Tu esposa?
La pregunta de Valeria fue una trampa deliciosa.
Damián sostuvo la mirada de Celeste.
El aroma de tormenta se mezcló con algo más bajo, casi cálido.
—Sí.
Una palabra.
El cuerpo de Celeste reaccionó como si la hubiera tocado.
Valeria sonrió.
—Perfecto. Entonces dile que venga a salvar mi serie cara a cara. No me gusta negociar con fantasmas.
Celeste escribió:
No trabajo para usted.
Valeria soltó una risa.
—Me gusta más.
Damián leyó por encima de la pantalla, demasiado cerca.
Celeste sintió el roce de su calor sin contacto. El bloqueo de acónito se abrió un milímetro y el scent de él entró como cedro quemado después de lluvia.
*Cerca.*
Su loba no sonó enferma esa vez.
Sonó hambrienta de aire.
Celeste se apartó.
Damián lo permitió.
—Si Celeste decide ayudar, será bajo sus términos —dijo.
La sala oyó “Celeste”.
Valeria oyó “decide”.
Celeste oyó la única palabra que importaba: términos.
Quizá podía usar Nocturna.
Quizá podía construir algo que no dependiera de la piedad del Alpha.
Abrió una nota nueva.
Primera condición: nadie cambia una línea mía sin consultarme.
Valeria se quitó los lentes por completo.
—Hecho.
Segunda: mi nombre no sale.
Damián la miró.
No le gustó.
No la contradijo.
Valeria asintió.
—Hecho.
Celeste escribió la tercera sin mirar a Damián.
Tercera: si alguien intenta usar este proyecto contra mí dentro de Silver Crown, usted lo niega todo.
Valeria leyó despacio.
Su sonrisa se apagó.
—Cariño, si alguien intenta usarme para destruir a una mujer que escribe así, no lo niego. Lo hago público.
Por primera vez en mucho tiempo, Celeste sintió que el mundo abría una ventana.
Damián también lo sintió.
Y su lobo, posesivo y torpe, gruñó bajito.
No de amenaza.
De orgullo.
Valeria no le pidió a Celeste que confirmara de inmediato si era La Pluma de Luna.
Eso fue lo que la volvió peligrosa.
Una persona impaciente habría empujado. Valeria, en cambio, dejó sobre la mesa tres guiones anotados, dos contratos y una taza de café sin azúcar.
—No necesito tu confesión para reconocer tu ritmo —dijo—. Pero sí necesito saber si quieres seguir escondida mientras otros ganan dinero con tu voz.
Celeste miró los guiones.
Sus palabras estaban allí, disfrazadas por nombres de actrices y presupuestos. Durante años escribir había sido la única forma de tocar el mundo sin que el mundo la tocara de vuelta.
Damián estaba en la puerta, escuchando.
No intervino.
Celeste escribió: Si trabajo, mis condiciones.
Valeria sonrió.
—Por fin alguien interesante.
El orgullo que Celeste sintió no vino de ser descubierta.
Vino de negociar.
La negociación duró más de lo que Valeria esperaba.
Celeste exigió control sobre cambios de guion, cláusula de protección para actrices sometidas a scent manipulation en escenas, y derecho a retirar su nombre si Nocturna usaba su discapacidad como marketing triste.
Valeria leyó la lista y levantó la vista.
—¿Siempre fuiste así de difícil?
Celeste escribió: No. Estoy practicando.
Damián, desde la puerta, bajó la mirada para esconder una sonrisa.
Valeria firmó la primera hoja.
—Me caes mejor practicando.
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que víva los novios
vamos tu puedes
siempre
luchando
Que lindo
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