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La Mujer del Capo

La Mujer del Capo

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Intrigante / Mafia / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Izuki

Renata Solís nunca imaginó que una cara del pasado volvería a destruirle la vida.

Profesora de idiomas en la Universidad Nacional de Miravalle, inteligente, independiente y con un futuro prometedor, Renata cree haber dejado atrás la noche más oscura de su existencia. Hasta que lo ve a *él* —Dante Montero, heredero del imperio más poderoso de la ciudad— y reconoce en su rostro al hombre que debería estar muerto.

Dante Montero no es quien dice ser. Detrás del traje a medida, la torre de cristal y el apellido que hace temblar a jueces y políticos, se esconde un secreto capaz de destruir a toda una dinastía. Y Renata es la única persona viva que puede demostrarlo.

Pero Dante tiene sus propias armas. Cuando la deuda de su padre cae en manos de los Montero, Renata se ve atrapada en un pacto imposible: acompañarlo, guardar silencio, fingir ser su mujer ante el mundo... o perderlo todo.

Lo que ninguno de los dos esperaba era esto: que la trampa se convirtiera en un juego, el juego en obsesión, y la obsesión en algo que ninguno sabe nombrar.

Ella busca la verdad. Él protege su mentira.
Ella planea huir. Él se asegura de que no pueda irse.
Ella jura que no va a caer. Él ya cayó hace mucho.

En un mundo de lealtades compradas, secretos de familia y balas que no perdonan, Renata tendrá que decidir: ¿revelar al monstruo que se esconde detrás de Dante Montero... o salvar al hombre que se esconde detrás del monstruo?

*Porque en esta historia, la jaula tiene dos prisioneros.*

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Capítulo 11

Capítulo 11

El precio del silencio

Andrés no volvió esa noche. Ni la siguiente.

El viernes a las siete de la mañana llegó un mensaje: "Estoy bien. Necesito tiempo. Estoy en casa de Gerardo." Gerardo era su compañero de la constructora, soltero, departamento en la colonia Industrial. Renata se quedó mirando el mensaje hasta que la pantalla se apagó. Después se levantó, se bañó, se vistió y fue a dar clase como si las costuras de su vida no estuvieran reventando.

En la Universidad Nacional, el mundo seguía girando con la indiferencia feliz de un campus en primavera. Los alumnos se quejaban de los exámenes, los jardineros podaban los setos del estacionamiento, la cafetería servía el mismo café aguado de siempre. Renata dio su clase de Retórica con la voz firme y las notas impecables, corrigió dos ensayos durante la hora de comida y revisó los avances de tesis de un alumno de posgrado.

Emilio la interceptó al salir de la oficina.

—Profesora, ¿está bien? —Lo dijo con la torpeza sincera de un chico de veintiún años que detecta que algo anda mal pero no sabe cómo preguntar—. Si necesita ayuda con algo, lo que sea...

—Estoy bien, Emilio. Gracias.

Lo dijo con una sonrisa que había perfeccionado en las últimas semanas: convincente a tres metros, transparente a uno. Emilio asintió y se fue sin insistir, lo cual Renata agradeció. La bondad ajena era lo más difícil de soportar cuando una no podía explicar por qué la necesitaba.

El sábado Renata fue a la universidad a recoger exámenes y se quedó sentada en su oficina mirando la pared durante una hora. El domingo limpió el departamento de arriba a abajo —una actividad que no había hecho tan a fondo desde la última visita de Doña Gloria— solo para tener las manos ocupadas y la cabeza callada.

El domingo por la noche, Andrés le escribió: "¿Puedes mañana a las 8? En La Sazón de Doña Marta."

La Sazón de Doña Marta. Un changarro de comida corrida en una calle detrás del mercado de la colonia Centro, con manteles de plástico y un calendario del año pasado clavado con tachuelas en la pared. Renata y Andrés habían ido ahí la primera vez que salieron juntos, cuando eran estudiantes de licenciatura y él la invitó a comer porque era lo más caro que podía pagar. Desde entonces, cada vez que necesitaban hablar de algo importante, volvían. Era su territorio neutral, su embajada de dos.

Que Andrés hubiera elegido ese lugar significaba dos cosas: una, que lo que tenía que decir era importante. Dos, que todavía la quería lo suficiente para decírselo en su lugar.

---

El lunes a las ocho, Renata empujó la puerta de cristal de La Sazón. Olía a frijoles refritos y a tortillas de maíz recién hechas. Doña Marta —sesenta y tantos años, delantal manchado, pelo recogido con una red— la saludó desde la cocina con un "¡Pásale, mija!" que hizo que a Renata se le apretara la garganta.

Andrés estaba en la mesa del fondo, junto a la ventana que daba al callejón. Tenía una taza de café negro frente a él y las manos entrelazadas sobre la mesa. Se había cambiado de ropa desde la última vez que lo vio; llevaba una camisa limpia, recién planchada. Se había cortado el pelo. Esos detalles le dolieron más que un grito.

Renata se sentó frente a él. Doña Marta trajo otra taza sin que nadie se la pidiera.

—Gracias por venir —dijo Andrés.

—Andrés...

—Déjame hablar primero. —No era una orden. Era una petición de alguien que ha ensayado un discurso y necesita decirlo antes de perder el valor—. Estos dos días pensé mucho. Y llegué a una conclusión.

Renata esperó.

—No quiero saber qué estás escondiendo. —Levantó la mano cuando ella abrió la boca—. Escúchame. Puedo ver que estás sufriendo. Puedo ver que no duermes. Puedo ver que cada vez que te pregunto algo, te cuesta más mentirme. Sea lo que sea, te está comiendo viva. Y yo no puedo ayudarte si no me dejas entrar.

Hizo una pausa. Bebió un trago de café. Lo dejó en la mesa con un clic suave.

—Así que no voy a preguntarte qué es. Voy a preguntarte algo más simple: ¿confías en mí lo suficiente como para pedirme ayuda?

La pregunta aterrizó entre ellos como un cuchillo clavado en la mesa. No era una acusación. Era peor: era una puerta abierta. Y Renata sabía que si cruzaba esa puerta, del otro lado estaba la verdad completa —Dante, Nico, Vargas, la deuda, el vestido, la foto del Club, la camioneta negra— y la verdad completa pondría a Andrés en la línea de fuego.

Quiso decir que sí. Quiso tomarlo de las manos y contarle todo y llorar en su hombro y dejar que él hiciera lo que los hombres buenos hacen. Pero el recuerdo del Capitán Vargas —muerto en un "accidente", un hombre que solo había hecho su trabajo— le selló la boca.

—Dame un poco más de tiempo, Andrés. Un mes. Te prometo que todo va a tener sentido.

Andrés la miró. Sus ojos eran los de un hombre que ha puesto todas las cartas sobre la mesa y ve que la otra persona se guarda una.

—Un mes —repitió. La voz ni siquiera tembló. Era peor que si hubiera temblado—. Pero si en un mes sigues así... tendré que aceptar que la mujer que amo ya no existe.

Renata no pudo hablar. Asintió.

Se quedaron en silencio. Doña Marta trajo dos platos de enchiladas verdes que ninguno había ordenado —era lo que siempre pedían, y Doña Marta tenía la memoria de un elefante y la delicadeza de no preguntar por qué traían cara de velorio—. Comieron sin hablar, con el ruido del mercado filtrándose por la ventana y el sonido de una licuadora preparando agua de Jamaica al fondo. Sabía igual que siempre. Todo sabía igual que siempre excepto ellos.

---

Renata caminó sola de regreso al departamento. La noche de Miravalle estaba tibia, con ese aire húmedo de costa que pegaba la ropa a la piel. Pasó frente a una farmacia, una paletería cerrada, un poste con un cartel de una quinceañera de hacía tres meses.

Al llegar al edificio, sacó el teléfono para buscar las llaves y vio la notificación de un correo nuevo. Remitente: una dirección de caracteres aleatorios. Sin asunto. Sin texto. Solo un archivo adjunto.

Lo abrió.

Era una fotografía. En ella, un hombre joven de uniforme policial posaba frente a una casa modesta junto a una señora mayor en silla de ruedas y una niña de unos diez años. El hombre sonreía con el orgullo rígido de las fotos familiares baratas. Renata reconoció el bigote grueso y la mandíbula cuadrada: Capitán Tomás Vargas.

La señora sería su madre. La niña, su hija.

Alguien le estaba mandando información sobre Vargas. Alguien que no quería ser identificado. Alguien que, al igual que Renata, estaba buscando respuestas.

Subió las escaleras con el teléfono apretado contra el pecho. Un mes le había dado Andrés. Un mes para resolver algo que llevaba semanas creciendo como una grieta en una pared de carga. Y ahora, un desconocido le mandaba fotos de un policía muerto.

La cabeza le zumbaba con preguntas que ahora eran dos más que antes: ¿quién había enviado esa foto? Y ¿por qué justo ahora?

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Luz Mary Gomez Sierra
mucha adrenalina toda la novela gracias autora espero haya epílogo
Luz Mary Gomez Sierra
yo estoy nerviosa con un nudo en el estómago ya mismo le diría la verdad
Luz Mary Gomez Sierra
en la oficina de la u no vio en el techo la USB que escondió ahí?
Luz Mary Gomez Sierra
no me diga que Nico ya la encontró y mínimo Andrés ya tiene otro amor
Luz Mary Gomez Sierra
bueno Renata estás jugando a dos bandas al tiempo no has roto la relación con Andrés creo que eso traerá problemas no crees?
Luz Mary Gomez Sierra
párese que soy yo tengo miedo de llegar por favor mi corazón se va a salir de mi pecho
Luz Mary Gomez Sierra
ya está más enamorada de el acéptalo Renata entonces que pasa con el amor de Andrés
Graciela Saiz
hasta acá llegué me canso ..
Graciela Saiz
aburrida 🙄
Graciela Saiz
muy aburrida 🙄
Graciela Saiz
Andrés no se merece la mentira, 😡vos no lo mereces
Luz Mary Gomez Sierra
está niña se está metiendo en la boca del lobo ojalá no le suceda lo que a Tomás es muy arriesgada o valiente psrese que soy yo quien este sufriendo por Andrés
Luz Mary Gomez Sierra
muy arriesgada la profe debió confiar en Andrés el ha sido bueno con ella
Georgina Tejeda
Si le dice a Nico q está esperando un hijo pueda q el se entregue ya q el no tiene la culpa fue el viejo q ahora quiere casarlo con su amiga tiene q ser ahora no después
Nereida Hernández montes
pero no te imaginas que te mandé a vigilar y tenga cámaras en su despacho 😈👿😭 estás jugando con fuego y te puedes quemar 😭
Rosario Pelaez
un poco confusa había diálogos que no concordaban pero pues entretenida
Nereida Hernández montes
Por Dios vete lo más rápido posible
Nereida Hernández montes
Hay debe haber cámaras ocultas trata de no hablar cosas delicados solo escribir y borrar
Nereida Hernández montes
Cuídate mucho
Nereida Hernández montes
Pero yo me preguntó por qué no te disfrazas y escondes los papeles y borra esos mensajes 😈👿😭 estás trabajando para asesinos y con contacto ponte pilas
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