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Le Mandé Mi Novela Prohibida a Mi Jefe

Le Mandé Mi Novela Prohibida a Mi Jefe

Status: En proceso
Genre:CEO / Arrogante / Romance de oficina / Atracción entre enemigos / La mimada del jefe
Popularitas:24k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Kiara Jiménez sólo quería desahogarse de su jefe frío, exigente e insoportable. Así que hizo lo que jamás admitiría en voz alta: escribió una novela adulta con Darío Zárate como protagonista.

El problema fue que, por error, no la subió a la plataforma.

Se la mandó a él.

Una noche de alcohol, vergüenza y deseo termina en la cama del hombre que más quería evitar. Kiara intenta fingir que todo fue un accidente, pero Darío no parece dispuesto a dejarla escapar. Entre ascensos inesperados, una prometida celosa, secretos familiares y amenazas que la persiguen, Kiara tendrá que decidir si Darío es su peor error… o el único hombre capaz de protegerla cuando todo se derrumba.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11

Llegamos al puesto de mi abuela media hora después.

Pero el lugar no se veía como imaginé.

Las mesas estaban acomodadas.

Las sillas, en fila.

El carrito seguía funcionando.

Las máquinas estaban en su lugar.

Si no hubiera escuchado el miedo de doña Petra por teléfono, habría pensado que todo fue una broma cruel.

—Abuela.

Corrí hacia ella.

—¿Estás bien?

Mi abuela Inés ya parecía más tranquila, pero yo le conocía las manos. Todavía le temblaban un poco.

Cuando me vio, se le suavizó la cara.

—Mi niña, no te preocupes. Ya estoy bien. Un muchacho joven me ayudó. Asustó a esos vagos y se fueron.

Solté el aire.

—¿Dónde está? Tenemos que agradecerle.

Miré alrededor.

Mi abuela sonrió con algo de pena.

—Se manchó la ropa con caldo cuando esos tipos tiraron un tazón. Le compré algo para que se cambiara. Apenas fue. Debe tardar un poco.

—¿Y si se va sin decir su nombre?

—Ay, culpa mía. Debí retenerlo hasta que llegaras. Pero se veía honrado. Esperemos un poco.

Entonces mi abuela notó a Gabriel detrás de mí.

—¿Y este joven?

Me acordé de que no los había presentado.

Me acerqué a su oído y hablé bajo:

—Es Gabriel Alcocer. El hombre que mamá me presentó para... ya sabes.

Los ojos de mi abuela cambiaron.

—¿Volviste a hablar con ella?

Asentí.

—La encontré por casualidad.

Mi abuela apretó los labios.

—Tantos años y sigue calculando. Ni a su propia hija deja tranquila.

Se dio cuenta de que Gabriel seguía ahí y cambió el gesto de inmediato.

—Perdón, hijo. Con todo este lío ni te saludé bien. Gracias por acompañar a Kiara. Si no te molesta, siéntate y come algo. ¿Ya almorzaron?

Negué.

Mi abuela frunció el ceño.

—¿Cómo que no? Ya pasó la hora. No comer hace daño.

—Abuela, con lo que pasó aquí, ¿cómo iba a quedarme tranquila comiendo?

Gabriel intervino con una sonrisa amable.

—No se preocupe, doña Inés. El lugar se ve muy bien. Podemos comer aquí. Kiara estaba preocupada por usted; si no venía, no iba a poder probar bocado.

Asentí enseguida.

Mi abuela suspiró.

—Bueno. Esperen aquí. Voy a prepararles algo.

No quise dejarla trabajar sola. Le señalé una silla a Gabriel.

—Espérame aquí. Hoy te hemos causado muchos problemas. Mi abuela y yo vamos a preparar algo de la casa. ¿Tienes alguna restricción?

Ahora que ella estaba bien, mi cara ya no estaba tan tensa.

Gabriel me miró un momento de más.

Tanto que tuve que mover la mano frente a sus ojos.

—¿Gabriel?

Él volvió en sí.

—No tengo restricciones. Gracias.

Sonrió.

Yo también.

Me fui hacia la cocina del puesto para ayudar a mi abuela.

No pasó mucho antes de que la voz de ella sonara otra vez, más alta y contenta.

—¡Joven, ya regresaste! ¿No te quemaste con el caldo?

Seguí sirviendo los ingredientes en un tazón hondo.

Mi abuela continuó:

—Mi nieta ya llegó. Tenemos que agradecerte bien. No sé qué te gusta, pero ya es hora de comer. Siéntate, por favor.

Luego me llamó:

—Kiara, deja eso un momento. Mira, él fue quien me ayudó.

Levanté la vista.

Y me encontré con unos ojos fríos demasiado conocidos.

Darío Zárate.

Llevaba ropa casual, mucho más suave que sus trajes habituales. Aun así, seguía pareciendo Darío. Alto, limpio, imposible de ignorar.

Se me cortó la respiración.

—¿Director Zárate?

Mi abuela se iluminó.

—¿Se conocen?

Me apresuré a responder.

—Abuela, es mi jefe.

Darío me miró.

Su expresión se volvió un poco más profunda, como si la palabra jefe le hubiera parecido insuficiente o divertida.

—¿Tu jefe? —Mi abuela se emocionó más—. Entonces deja de estar ahí. Es tu jefe y además mi salvador. Ve a sentarte con él. Yo me encargo.

Antes de que pudiera protestar, mi abuela empujó a Darío hacia mí.

El olor limpio, con algo de cedro, llegó antes que él.

Qué situación.

Un minuto después, estábamos sentados en la misma mesa.

Yo miraba a Gabriel.

Luego a Darío.

Luego otra vez a Gabriel.

Sonreí con una incomodidad que seguramente se veía dolorosa.

—Gracias a los dos por venir y ayudar. Fue todo muy repentino. Otro día los invito a comer en condiciones. Hoy quizá tengan que conformarse con lo de aquí. Si prefieren, puedo reservar en otro lugar.

—No hace falta.

Los dos hablaron al mismo tiempo.

Me quedé parpadeando.

—¿Ustedes se conocen?

Hubo un segundo de silencio.

Gabriel sonrió.

—No. Pero no hice gran cosa. No tienes que gastar de más. Además, aquí se siente muy vivo.

Lo dijo con naturalidad.

Incluso llamó “abuela” a mi abuela con una facilidad que yo no noté del todo.

Asentí.

Luego miré a Darío.

—Director Zárate, ¿cómo terminó aquí?

Darío miró un instante a Gabriel.

No sé por qué, pero su expresión se volvió más cerrada.

—Pasaba por aquí.

Qué casualidad.

Una casualidad enorme, puntual y convenientemente heroica.

Aun así, no podía negar que ayudó.

—Entonces gracias a esa casualidad.

Serví jugo para los dos.

—Prueben. Mi abuela lo prepara en casa. Queda muy fino.

Darío tomó el vaso.

Gabriel también.

Y yo, atrapada entre mi cita arreglada y mi jefe imposible, entendí que el día todavía podía ponerse más raro.

1
Marín Orozco
quiero leer el final ya tengo varias novelas así y pues se pierde la emoción
Marín Orozco
hola a mi no me gusta criticar por qué me encanta leer y las novelas están muy bonitas pero por qué no terminan si eso es todo cuando menos digan fin 👏
Patri Carpi
5 veces le dijo lo mismo
Norma Vales
Demasiado problemas, muy inocente la principal protagonista y parece qué o aprende ,así sigue los capítulos repetidos.Deje porque aburre
Carmen Patricia More
están ablando de un mueble o de una persona que machista.y la protagonista que no tiene carácter pero poner un alto párese una adolescente sonrojando sé por todo
Carmen Patricia More
están ablando de un mueble o de una persona que machista.y la protagonista que no tiene carácter pero poner un alto párese una adolescente sonrojando sé por todo
Yadira
Por fin los dos se defienden, ya era hora
marta gallegos
Me gustaba la novela , Pero ver así de tonta a la protagonista .... porque no se lleva la abuela con ella ? era sabido que el padre iba a ir con la abuela . y además porque no lo denuncia ? y la otra tontera es que cuando el padre la invito' con agua , ella tomo' . Noooo... se me fue el entusiasmo
Carmen Aldana
🥰🥰🥰
Carola Videla 😈🇦🇷
caradura
Carola Videla 😈🇦🇷
amor propio, una materia pendiente? estúpida
Mariscal Morin
Hay no, porque hacen esto?
Mariscal Morin
Que bueno que siempre le ayuda 🩷❤️🩷❤️
Mariscal Morin
Kiara, te toca subir de nivel, y ahí la oportunidad 🩷👏👏👏👏👏👏
Mariscal Morin
😟😟😟😟😟😟😟
Mariscal Morin
Agarrate pinché víbora 🤬🤬🤬🤬🤬
Mariscal Morin
Que le va a hacer esta desgraciada 🤬🤬🤬🤬🤬
Mariscal Morin
👏👏👏👏👏👏👏👏Eso me gusta 😊😊😊
Mariscal Morin
Los buenos también reciben su recompensa ❤️🩷❤️🩷❤️🩷
Mariscal Morin
El se enamoro de ella desde el principio 🩷❤️🩷❤️🩷❤️😊😊😊
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