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Rubí

Rubí

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Amor prohibido
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: jerinson Gómez

Cinco años después de haber sido absuelta por la misteriosa muerte de sus dos primeros esposos, la enigmática Rubí Vicentelli regresa al ojo de la tormenta pública al anunciar su tercer matrimonio con Julián, un millonario cuya fortuna promete salvar de la ruina a la aristocrática pero decadente familia Vicentelli. Sin embargo, la noche de bodas se convierte en un matadero cuando Julián aparece colgado del candelabro principal de la mansión.

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Capitulo 11

El silencio en el cuarto es quebrado por el sonido frenético de unas uñas raspando la pared. Valeria está de rodillas en el rincón más oscuro y frío, con la mirada perdida y las pupilas dilatadas. El trastorno mental la ha despojado por completo de la realidad. Con la punta de unas tijeras escolares, raspa el papel tapiz de flores, despegándolo en tiras largas.

—Si quito las flores, ellos no se pueden esconder —murmura Valeria, con la voz ronca, hablando en una velocidad vertiginosa—. Las flores tienen ojos y oídos. La novia se esconde detrás de las rosas y el hombre se mete en el tallo. Samuel me dijo que me cuidaría, pero las tijeras son más rápidas y eficiente. El sándalo... el sándalo se pega en la garganta y no me deja respirar.

Elena abre la puerta despacio, sosteniendo una bandeja con pastillas sedantes. Al ver el desastre en las paredes y las manos de su hija manchadas de pegamento y yeso, se le escapa un susurro de frustración paralizante.

—¡Valeria, por Dios! Mírate cómo estás —dice Elena, dejando la bandeja en la mesa de noche con rudeza—. Tómate esto ahora mismo. No voy a permitir que la policía te lleve a un psiquiátrico y que el pueblo entero se burle de nosotros más de lo que ya lo hace.

Valeria se gira lentamente, apuntando a su madre con las tijeras, con una sonrisa vacía que denota su desconexión total del mundo.

—Tú también vas a quedar pintada en la pared, mamá. El hombre del luto ya trajo los clavos para tu cama. Yo los escuché… ¡pam, pam!... están debajo de tus sábanas con Henrique.

Elena da un paso atrás, pálida y horrorizada al ver el nivel de demencia y precisión con el que su hija saca a la luz sus peores secretos.

***

El aire acondicionado de la habitación de huéspedes zumba con monotonía, manteniendo el ambiente gélido y sutil. Altagracia duerme plácidamente de lado, con su costoso camisón de vestimenta francés. Las luces de los jardines de la mansión se filtran débilmente por el gran ventanal, dibujando sombras alargadas sobre la alfombra de felpa.

Una silueta alta surge desde el marco de la puerta, moviéndose sin emitir el más mínimo crujido. Es la Mujer del Velo Negro.

Con una parsimonia espeluznante, la figura de luto se acerca hasta la cabecera de la cama. Se inclina sobre la anciana. La espesura de su velo casi roza las sábanas. Lentamente, estira su mano enguantada y comienza a acariciar el cabello canoso de Altagracia, pasando sus dedos con una suavidad afectuosa y escalofriantes, casi filial, que contrasta con la frialdad de la noche.

Altagracia se remueve en la almohada, sintiendo el mínimo cosquilleo en su cabeza. Sus párpados tiemblan y se abren despacio.

En ese milisegundo, la figura retrocede hacia la densa oscuridad del vestidor, desvaneciéndose como el humo de la oscuridad.

Altagracia se sienta de golpe en la cama, tocándose el cabello con una mano temblando bruscamente. Mira hacia todos los rincones de la habitación vacía. El olor a sándalo y a humedad inunda sus fosas nasales.

—¿Quién está ahí? —pregunta Altagracia en un susurro, con la voz quebrada por la intriga y la sospecha—. ¿Quién me tocó el cabello?

La anciana enciende la lámpara de la mesa de noche, pero no hay nadie. Solo la ventana del pasillo exterior se golpea suavemente con el viento, dejándole una profunda duda en la mente: la asesina no quería hacerle daño a un, la estaba tratando con una reverencia que solo se le tiene a la sangre propia.

***

La jefatura de policía está completamente vacía y en silencio. Una sola bombilla parpadea en el techo del despacho de Marcano. Sobre su escritorio hay una botella de ron a la mitad, un vaso de plástico arrugado y la pizarra de sospechosos llena de hilos rojos que ya no conducen a ninguna parte ni siquiera su rival.

Marcano está sentado con la corbata floja y la camisa desabrochada. Sostiene la fotografía de su exesposa y su hija, guardada en su billetera vieja, mirándola con unos ojos cansados y borrachos. La soledad dramática lo devora por completo. En este pueblo no le queda nadie; su obsesión por el caso de Rubí le ha costado la familia, los amigos y la cordura y la paciencia.

Se pasa una mano por el rostro áspero, sin afeitar de tres días.

—Nadie me espera en casa… —murmura Marcano para sí mismo, con una voz arrastrada, arrojando la billetera sobre el escritorio—. Nadie va a notar si la novia del velo decide que yo soy la próxima X en su pared. Estoy solo en este maldito agujero.

El detective se pone de pie con dificultad, tambaleándose un poco. Camina hacia el ventanal que da al estacionamiento desierto. Observa la calle oscura, dándose cuenta de que se ha convertido en un fantasma viviente dentro de su propia investigación. Saca su arma reglamentaria, le saca el cargador y mira la única bala real que le queda en el bolsillo.

Sabe que el tiempo corre, que la boda de Rubí y Alejandro se acerca, y que él está completamente solo para detener una masacre que ya está escrita.

El piso de mármol que alguna vez brilló impecable ahora está cubierto de escombros, ceniza y hojas secas que mete el viento. Las paredes exhiben las huellas negras de un incendio antiguo. Ya no hay lujos, solo abandono y confección.

El detective Marcano, visiblemente más viejo, con bastón y el cabello completamente gris, camina despacio por el salón en ruinas. Se detiene frente a la chimenea destrozada.

Unos pasos firmes resuenan detrás de él. Marcano no se gira; ya conoce ese andar.

—Viniste… —dice Marcano con la voz ronca, cansada—. Pensé que después de la boda de luto no volverías a pisar este cementerio mija.

—Esta casa sigue siendo mía, detective —responde una voz util.

***

Es Rubí. Viste un abrigo largo de lana negra, lleva el cabello corto y sus ojos ya no reflejan miedo, sino una madurez fría y calculadora y manipuladora. Ya no usa sus característicos guantes.

—Abrí la tumba de Alejandro la semana pasada, Rubí —suelta Marcano, girándose a verla—. El ataúd estaba lleno de piedras. Él nunca estuvo ahí adentro. Tú lo ayudaste a escapar… o la novia de negro se lo llevó vivo.

Rubí camina hacia la ventana rota, mirando hacia los jardines secos. Deja escapar una sonrisa amarga que paralizará la piel de los presentes.

—A Alejandro lo sentenciaron el mismo día que me puso el anillo, Marcano. Si quiere saber dónde está, deje de buscar en los cementerios de este mundo. Busque donde todo comenzó… seis años antes de que yo enviudara por primera vez.

La transición temporal nos lleva a una época donde las paredes de la iglesia lucían limpias y el pueblo respiraba una falsa paz. Abajo, en el sótano de la parroquia, la luz de las velas ilumina un taller improvisado de costura y firmeza. El olor a sándalo fresco inunda el ambiente.

***

El Padre Damián, seis años más joven y sin necesidad de usar bastón, baja las escaleras de piedra a oscuras. Se detiene al ver a una mujer de espaldas, cosiendo un espeso encaje negro bajo la luz de un candelabro.

—No deberías estar aquí a estas horas —dice el Padre Damián con tono severo y sutil pero protector—. Si Elena o Julián descubren que estás usando el sótano para esconder estas cosas, no podré defenderte.

La mujer detiene la aguja. No lleva el velo puesto, pero la toma de la cámara se mantiene desde atrás, ocultando su rostro de los que estaban detrás. Su voz en el pasado suena dulce, pero cargada de un rencor naciente:

—Ellos ya me condenaron, Padre. Julián cree que se quedó con las tierras de mi familia y Elena piensa que su secreto con Arturo morirá en el olvido. No me importa que me descubran. Estoy cosiendo mi propia justicia.

Un hombre joven, de hombros anchos y movimientos seguros, sale de la penumbra del fondo del sótano. Trae consigo una caja de madera llena de clavos de hierro nuevos y un martillo. Se acerca a la mujer por la espalda, rodeándole la cintura con un brazo en un gesto de profundo romance clandestino.

—El altar ya está listo para cuando decidas empezar —dice el hombre, besándole el cuello a la costurera con devoción—. Nadie en este pueblo se imagina quiénes somos. Cuando terminemos, los Vicentelli van a llorar lágrimas de sangre.

El Padre Damián se persigna, mirando la caja de clavos con un horror que predecía el futuro del pueblo, dejando la intriga en su punto más alto: la complicidad de la pareja misteriosa nació en la misma iglesia, bajo la sombra del propio sacerdote, seis años antes de que cayera la primera víctima.

***

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Warriorgame
Si está seguro de que es un cadáver, tiene toda la razón.
Warriorgame
Que caso!!!🤔
Cons Espher
Me encanta como vas creando el misterio en esta historia 🥰
Cons Espher
Que trague y mastique
Cons Espher
Muero por descubrir el gran misterio
Cons Espher
Este amor parece algo enfermizo, pero al menos parece inocente
Cons Espher
Ay pero eso si encaja con rubí
Cons Espher
Definitivamente hay un gran misterio ahí
Cons Espher
Ya hasta membresía de cliente frecuente en la policía ha de tener la pobre😅
Cons Espher
Se ve que nadie le tiene mucho aprecio a Rubí
Cons Espher
Gran inicio
Cons Espher
No pierde el tiempo jajaja aquí de nuevo leyendo otra historia de este gran autor
FerWang
"¡La química y las chispas entre ellos en este capítulo fueron oro puro! 💥"
FerWang
"Me fascina la personalidad que le diste al protagonista en este capítulo. No puedo esperar a ver qué decisiones toma ahora, ¡voy volando al que sigue!
FerWang
"Imposible cerrar la pestaña después de ese final de capítulo. ¡Voy volando al siguiente ahora mismo! ➡️"
FerWang
"Qué gran trabajo estás haciendo. Se nota que hay mucha dedicación detrás de cada diálogo y cada descripción en este capítulo. 🙌"
FerWang
"No me esperaba para nada ese detalle a mitad del capítulo. Me encanta cómo siembras pistas y misterios que nos dejan pensando. 🧠"
FerWang
"¡Qué gran cierre! Justo cuando pensaba que las cosas se iban a calmar, lanzas un giro que me deja picadísimo para el siguiente. 💥"
FerWang
"¡Esto se está poniendo buenísimo y apenas vamos empezando! No aguanto las ganas, me voy directo al capítulo tres. 🏃‍♂️"
FerWang
"Si el primer capítulo me gustó, este segundo terminó de atraparme por completo. ¡Qué buen ritmo le estás dando a la narración! 🔥"
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