Una historia sobre las cicatrices del pasado, las decisiones imposibles y la dolorosa lección de que, a veces, incluso el amor más intenso necesita ser Cuestión de tiempo.
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Capitulo 19 Regresar al epicentro
El aire de Nueva York me golpeó en el rostro en cuanto salí de la terminal del aeropuerto. Apenas había pasado poco más de un mes desde que me había ido, pero sentía como si hubieran transcurrido años. En Londres estaba construyendo una rutina, una paz... y ahora estaba de vuelta en el lugar donde se habían roto todos mis sueños, no por gusto, sino porque mi familia me necesitaba.
Dominic me recibió en la zona de desembarque. Tenía el rostro cansado, los ojos cargados de frustración y los hombros caídos por el peso de la situación. Nos abrazamos en silencio, un abrazo largo que reflejaba lo mucho que nos hacía falta apoyarnos el uno en el otro.
—Gracias por venir, Zoe —me dijo mientras caminábamos hacia su auto—. Mamá está al borde de un colapso nervioso. Las cosas están peor de lo que te conté por teléfono.
Durante el trayecto a la casa, Dominic me explicó los detalles legales. El banco ya había emitido la orden de ejecución. Mi papá se había escondido detrás de excusas baratas, culpando a la economía y a sus socios, sin asumir que se había gastado el dinero que mi mamá y Dom le daban para las cuotas en puras inversiones fantasma. La casa de toda nuestra vida estaba a días de ser rematada.
Al llegar, encontrar a mi mamá llorando en la cocina rodeada de estados de cuenta y notificaciones judiciales me partió el corazón. Pasamos el resto de la tarde y parte de la noche organizando papeles, llamando a abogados y buscando opciones de préstamos de emergencia. Era una carrera contra el tiempo.
Mientras tanto, en las oficinas de la empresa, la atmósfera era igual de densa, pero por razones muy distintas.
Dominic había regresado brevemente a la oficina para recoger unos documentos legales importantes. Estaba revisando unas carpetas en su escritorio cuando la puerta se abrió de golpe. Liam entró como un torbellino, con la misma mirada desquiciada que tenía el día de la videollamada.
—¿Dónde estabas? —le reclamó Liam, plantándose frente a él—. Te desapareciste toda la mañana, Dominic. Y sigo esperando que me digas por qué Zoe me colgó de esa manera. ¡Necesito hablar con ella!
Dominic suspiró, frotándose las sienes con evidente hartazgo. No tenía energía para los dramas amorosos de su amigo cuando su propia familia se estaba hundiendo.
—Liam, déjame en paz. No tengo tiempo para tus obsesiones. Tengo un problema gigante con mi familia, mi papá nos metió en un agujero legal y financiero de la patada —respondió Dominic, metiendo los papeles en su maletín.
—¿Qué problema? ¿Pasó algo con tu mamá? —preguntó Liam, moderando un poco el tono.
—Mi papá hipotecó la casa y se gastó el dinero. Nos van a ejecutar. Tuve que ir al aeropuerto a buscar a Zoe porque tuvo que regresar de urgencia desde Londres para ayudarnos a resolver esto. Así que hazme un favor y...
Dominic se detuvo al ver la expresión en el rostro de Liam.
El mundo pareció detenerse para Liam en ese milisegundo. Sus ojos oscuros se abrieron de golpe y la rigidez de su mandíbula cedió ante el shock absoluto. Zoe estaba en Nueva York. A solo unos kilómetros de distancia. Respirando el mismo aire. Aquella distancia atlántica que lo tenía atado de manos y volviéndose loco se había esfumado en un parpadeo.
—¿Zoe... está aquí? —articuló Liam, con la voz repentinamente ronca y el corazón golpeándole el pecho con una violencia salvaje.
—Sí, Liam, está aquí por una emergencia familiar, no por ti —le advirtió Dominic con tono severo, señalándolo con el dedo—. Ni se te ocurra aparecerte por mi casa a armar un escándalo. Bastante tiene mi hermana con el desastre de mi papá como para que vengas tú con tus rollos.
Dominic tomó su maletín y salió de la oficina a paso rápido, dejando a Liam solo en medio de la habitación.
Pero las advertencias de Dominic entraron por un oído de Liam y salieron por el otro. Una chispa peligrosa y ardiente se había encendido en su pecho. No le importaban las circunstancias, no le importaba, ni Tiffany, ni las prohibiciones de Dominic. Zoe estaba de regreso en su terreno, y no iba a perder la oportunidad de tenerla frente a frente. Tenia que aclarar las cosas con ella de una vez por todas.