🔞🔞En una ciudad donde las torres de cristal ocultan mafias, corrupción y cuerpos bajo neón, Cassian Cooling intenta vivir lejos de la violencia que marcó su juventud. Arquitecto prodigio de Central City, heredero de una fortuna y dueño de un talento capaz de construir maravillas, lleva años enterrando al monstruo que alguna vez aterrorizó las calles de Cuatro Leguas.
Cuando su mejor amigo queda atrapado en una deuda y la mujer de la que se enamora resulta herida, Cassian descubre que el pasado nunca desapareció. Solo esperó en la oscuridad el momento para volver.
Una guerra criminal comienza a devorar las dos ciudades más peligrosas, Cassian deberá decidir qué parte de sí sobrevivirá: el hombre que construye hospitales… o el que aprendió a destruir mafiosos.
Entre conspiración, mafias, tecnología, romance oscuro y una violencia tan brutal como adictiva, Cenizas y Cristal es una novela noir de ciencia ficción donde el amor puede salvar… o romper lo poco humano que queda dentro de t
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Cuarto Acto, Primera parte: El Fin del Tiempo Prestado.
...Capítulo 4....
...El Fin del Tiempo Prestado....
...“Primera parte”...
La conversación termina poco después, aunque la tensión permanece pegada al aire incluso cuando Walter se marcha de Zenith Architecture. Lekan se queda revisando algunos sistemas del proyecto Helix mientras yo intento concentrarme en los planos médicos frente a mí.
No funciona. Mi mente sigue atrapada en Cuatro Leguas. En Gastón. En las calles húmedas iluminadas de verde. En El Círculo.
Mierda…
Hace años que no pensaba realmente en ellos. En los trece. Ahora solo quedamos cuatro vivos. Nosotros dos y otros dos fantasmas perdidos en alguna parte del país. El resto murió exactamente como todos esperábamos: disparos, sobredosis, guerras callejeras, o ejecuciones mafiosas.
Cuatro Leguas nunca deja salir realmente a nadie. Solo te presta tiempo.
Lekan rompe el silencio sin levantar la vista de la terminal.
—No pareces alguien que disfrute hablar del pasado.
Suelto una pequeña risa seca. miro mis manos, las cicatrices brillan levemente con la luz artificial de la oficina.
—Porque no hay nada realmente bueno de lo que hablar…
Ella mueve algunas ventanas holográficas antes de responder.
—Entonces, ¿por qué todavía parece perseguirte tanto?
La pregunta permanece dando vueltas dentro de mi cabeza incluso después de varios segundos. Finalmente dejo el lápiz digital sobre la mesa.
—Porque parte de mí todavía pertenece allá —digo, viendo directamente sus hermosos ojos.
Lekan guarda silencio… Camina lentamente alrededor de la mesa central mientras las luces azuladas de los hologramas iluminan parcialmente su rostro. Cuando llega frente a mí, apoya ambas manos sobre la superficie de cristal y me observa directamente.
—No creo que seas un monstruo.
La frase me golpea más fuerte de lo que debería. Porque si supiera todo… si realmente hubiera visto quién era yo a los quince años… Tal vez sí lo creería.
—No deberías decidir eso tan rápido —murmuro.
Ella sostiene mi mirada varios segundos.
—Y tú no deberías decidirlo por mí.
Maldición… Ahí está otra vez esa sensación. La de querer acercarme demasiado. La de bajar la guardia. La de olvidar por unos segundos toda la oscuridad que llevo dentro. Eso me asusta más que Gastón. Mucho más.
Mi comunicador vibra de pronto sobre la mesa. Damián… Respondo inmediatamente. El rostro holográfico de mi hermano aparece frente a nosotros. Y apenas lo veo entiendo que algo está mal. Muy mal.
—Cassian… —dice con voz tensa—. Mamá… desapareció.
El miedo tiene muchas formas… Yo descubro la peor de todas cuando veo el rostro de Damián al otro lado de la llamada holográfica… Porque mi hermano jamás entra en pánico. Ni siquiera cuando nuestro padre agonizaba conectado a máquinas. Ni cuando los negocios familiares comenzaron a derrumbarse tras su muerte. Ni siquiera en Cuatro Leguas, cuando éramos niños y los disparos atravesaban las ventanas durante la madrugada. Ni siquiera cuando me vendaba, y me cocía a escondidas de nuestros padres.
Damián siempre fue el hombre que mantenía todo unido. Por eso verlo así me hiela la sangre.
—¿Qué quieres decir con que desapareció, Damián? —pregunto inmediatamente, levantándome de la silla.
Detrás de él puedo ver parte de la casa familiar. Las luces encendidas. Empleados moviéndose nerviosos. Damián se pasa una mano por el rostro.
—Ocurrió esta tarde, mientras estaba en una reunión —habla con los dientes apretados, lleno de culpa—. La cuidadora pensó que estaba descansando en el jardín. Cuando fueron a buscarla… ya no estaba.
—¿Cuánto tiempo? —pregunto, caminando al perchero.
—Dos horas…
Maldición. Mi pecho se endurece instantáneamente. La demencia de Nana todavía está en una etapa temprana, pero algunas veces pierde completamente la noción del tiempo y del lugar. A veces cree seguir viviendo en Cuatro Leguas. Otras, cree que Rubén todavía sigue trabajando hasta tarde y va a esperarlo junto a la ventana. O junto al parque.
Cierro los ojos un segundo… Claro. El parque.
—¿La buscaron en el Parque Centenario? —pregunto.
Damián me mira confundido unos instantes antes de entender.
—Mierda… —dice al fin.
Cuando llegamos a Central City, mamá solía esperarnos allí mientras nuestro padre terminaba sus reuniones y nosotros salíamos de la universidad Central. Incluso años después, cuando Damián y yo ya nos graduamos de arquitectura y administración, ella seguía sentándose en el mismo banco para esperar a Rubén algunas tardes.
Como si el tiempo nunca hubiera avanzado realmente para ella…
—Me encuentro más cerca. Voy para allá —digo inmediatamente.
La llamada termina. Tomo mi abrigo sin decir nada más. Lekan ya está caminando hacia mí antes de que pueda pedirlo.
—Voy contigo —me dice firme, mirándome profundamente a los ojos.
—No hace falta…
—No era una pregunta —sentencia, cubriéndose con su abrigo gris y elegante.
La observo apenas un segundo. Y mierda… Hay algo peligrosamente tranquilizador en no sentirme solo de pronto.
La lluvia cae con fuerza cuando salimos de Zenith Architecture. El aire nocturno de Central City está cargado de humedad, humo industrial y luces holográficas reflejándose sobre el pavimento mojado. Vehículos flotantes cruzan sobre nuestras cabezas mientras drones policiales patrullan las avenidas superiores.
Todo brilla demasiado. Todo parece demasiado limpio. Pero bajo esa perfección siempre hay algo roto. Siempre.
Mi Aeromóvil asciende rápidamente entre el tráfico aéreo mientras conduzco hacia el distrito universitario. Las luces del tablero iluminan parcialmente el interior oscuro del Vortex.
Lekan permanece en silencio a mi lado durante varios minutos. No intenta llenar el ambiente con frases vacías. No intenta tranquilizarme. Solo está ahí. Y por alguna razón eso me afecta más de lo que debería.
Finalmente habla, suavemente.
—La encontraremos…
Mantengo la vista al frente. Presiono más el volante. Esas simples palabras me calman, y de alguna manera, también me alteran lo suficiente, como para sentir el pinchazo nuevamente en el pecho…
—Cuando era niño, pensaba que mi madre era la única persona realmente buena que existía en Cuatro Leguas —digo, ignorando la presión en el pecho.
Lekan me observa de reojo. La lluvia golpea el parabrisas mientras las luces de la ciudad se deforman alrededor nuestro.
—¿Y ahora…?
Suelto una pequeña risa cansada. Suelto un poco el volante.
—Ahora creo que ella… simplemente era demasiado inocente para entender dónde vivíamos.
El vehículo atraviesa un túnel aéreo iluminado por enormes anuncios holográficos. Música tecno-pop retumba desde clubes nocturnos suspendidos entre edificios mientras grupos de personas entran y salen bajo paraguas transparentes.
Central City vive de noche. Respira de noche. Y a veces también… muere de noche.
Lekan vuelve a hablar.
—Tu madre te ama muchísimo —lo dice con una honesta sonrisa.
La frase me toma desprevenido. Aprieto apenas la mandíbula.
—¿Por qué dices eso, Lekan?
—Porque incluso ahora, con la enfermedad avanzando… sigue buscándolos a ti y a Damián.
El silencio se instala otra vez dentro del habitáculo de la Vortex. Pero ya no es incómodo…
Miro fugazmente hacia ella. Las luces de la ciudad atraviesan el cristal mojado y dibujan reflejos azules sobre su piel morena. El cabello oscuro cae ligeramente húmedo sobre uno de sus hombros. Sus ojos verdes observan la tormenta exterior con una calma silenciosa.
Es… Hermosa… Demasiado hermosa. Y últimamente eso empieza a convertirse en un problema serio.
Desvío rápidamente la mirada hacia el frente. Porque estoy cansado. Porque mi madre está desaparecida. Y porque este definitivamente no es el momento correcto para pensar en cómo se veía Lekan besándome bajo las luces de Central City. Lo peor es que mi cuerpo parece no entender eso.
Llegamos al Parque Centenario diez minutos después. El lugar permanece casi vacío debido a la tormenta. Árboles oscuros se balancean bajo el viento mientras antiguas lámparas urbanas iluminan senderos mojados y bancos metálicos cubiertos de lluvia.
Apenas estaciono, bajo inmediatamente del vehículo… Y la veo. Sentada, sola bajo una estructura transparente cerca del lago artificial. Mi madre. Pequeña. Frágil. Perdida.
El alivio me golpea tan fuerte que casi duele. Camino rápidamente hacia ella mientras el agua empapa mi abrigo.
—¡Mamá! —suelto, con la voz rota.
Nana levanta lentamente la mirada. Por un instante parece confundida. Después sonríe. Y durante apenas un segundo vuelve a parecer la misma mujer de cuando yo era niño.
—Cassiansito… —murmura, sonriendo y levantando lentamente sus delgados brazos.
Me arrodillo frente a ella, sintiendo el agua fría atravesar mi pantalón, mientras tomo suavemente sus manos frías.
—¿Qué haces aquí sola, mamá? —digo, soplando sobre sus manos para calentarlas.
Ella observa el lago detrás de mí… y sonríe con amor.
—Estoy esperando a tu padre —dice con firmeza en la voz, como si de verdad lo creyera—. Dijo que terminaría tarde las reuniones otra vez.
La frase atraviesa mi pecho como una cuchilla. No sabe… O no puede recordarlo…
—Papá no vendrá hoy, mamá… —murmuro suavemente, acariciando sus manos.
Nana frunce apenas el ceño. Como si algo dentro de su cabeza intentara acomodarse correctamente y no pudiera lograrlo.
—¿Por qué…? —pregunta, con un hilo en la voz, tan fino y frio que me corta.
No respondo enseguida. Porque no sé qué duele más: decirle otra vez que murió… o permitirle olvidarlo. Finalmente acaricio suavemente sus manos.
—Porque ya está descansando… —le digo, sintiendo como mi corazón se vuelve a fracturar.
Sus ojos se comienzan a humedecer lentamente… Y odio esto. Odio verla así. Odio sentirme tan inútil.
Lekan se acerca despacio detrás de mí, sosteniendo un paraguas, sin interrumpir el momento. Nana levanta la mirada hacia ella y sonríe débilmente.
—Es hermosa… —dice de pronto.
—Si, mamá… Es hermosa… —respondo, sin darme cuenta, con la honestidad que solo me sale al hablar con mi madre.
Siento a Lekan tensarse apenas.
—Gracias, señora Cooling —dice avergonzada.
Nana me observa otra vez. Y entonces sonríe de una manera distinta. Con esa expresión suave que solo las madres tienen cuando creen entender algo antes que sus propios hijos.
—Por fin trajiste a alguien decente —me dice, viéndome fijamente.
Maldición. El calor sube inmediatamente por mi cuello mientras Lekan contiene una pequeña sonrisa.
—Mamá… —murmuro, cubriéndome la cara avergonzada con una mano.
—Tu padre estaría muy feliz…
La frase destruye algo dentro de mí. Porque durante un segundo casi puedo imaginarlo. Rubén vivo. Damián discutiendo por teléfono por los negocios. Mi madre riéndose en la cocina. Los mellizos corriendo de un lado a otro, riendo junto a Lekan… Una vida normal. Una vida que nunca tuvimos realmente.
Ayudo lentamente a Nana a levantarse del banco mientras la lluvia continúa cayendo alrededor nuestro. Lekan de inmediato da un paso al frente y la cubre con el paraguas.
Y entonces ocurre algo cálido. Mientras caminamos hacia el vehículo, siento la mano de Lekan rozar suavemente la mía. Solo un instante. Un roce pequeño. Pero suficiente para enviarme un escalofrío completo por el cuerpo.
La miro. Ella también me está mirando y, me sonríe con ternura. La tormenta cae detrás de nosotros mientras las luces de Central City iluminan parcialmente su rostro… Hay algo distinto en sus ojos ahora. Más cercano. Más íntimo. Y por primera vez en muchísimo tiempo… quiero acercarme demasiado. Y no solo en la cama…
Lekan camina a la puerta del Vortex y la abre, ayudando a mi madre a subir. Ella le sonríe con ternura, sujetando su mano.
—Gracias, linda —le dice—. Eres toda una dama. Me agrada que mi pequeño se rodee de gente buena como usted.
Miro a Lekan, su hermoso rostro moreno se sonroja de inmediato. Siento como me sube el calor por el cuello y se acomoda en mi cara… Como puede ser tan linda… tan adorable.
—Gracias, señora Cooling… A mí también me agrada estar con alguien tan bueno como su hijo…
—¿“Estar” con alguien como él?… —murmura mi madre, viéndola de manera picara.
Lekan se queda un momento en silencio, su rostro se sonroja aún más.
—Digo… trabajar juntos —tartamudea, avergonzada—. No “estar” con él como lo imagina, no me refería a eso…
Me mira directo a los ojos… Sus hermosos ojos verdes brillan como si quisiera que negara lo que dijo.
—No compliques las cosas, mamá —digo al fin, apartando la vista de sus ojos—. No es lo que crees. Lekan solo es una compañera de trabajo…
Veo como Lekan se lleva una mano a la boca y ríe de manera coqueta. Nota claramente mi vergüenza, aun siento el rostro caliente.
—Bien, vámonos a casa —digo, abriendo la puerta trasera para Lekan—. Vamos, Lekan. Sube de una vez.
Lekan cierra la puerta de mi madre y camina junto a mí. Aun sonríe, su rostro aun esta sonrojado. Pero sonríe como si hubiera ganado algo que no logro entender.