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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 No estaba listo

Había llegado el viernes.

Después de todo lo que pasó con la mamá de Lilibeth y de la conversación tan incómoda que tuvimos, terminamos llegando a la finca cuando ya estaba oscureciendo.

La verdad yo venía pensando muchas cosas durante el camino.

Quería a Lilibeth.

Eso no lo dudaba.

Habíamos hablado durante años.

La había esperado.

La había conocido.

Y estaba enamorado de ella.

Pero también sentía que todo estaba pasando demasiado rápido.

Cuando llegamos a la finca, mi mamá salió a recibirnos.

—¡Llegaron!

—Buenas noches, mamá.

—Buenas noches, señora —dijo Lilibeth sonriendo.

Mi mamá la abrazó como si la conociera de toda la vida.

—Bienvenida, mija.

—Muchas gracias.

Melissa también salió corriendo.

—¡Lili!

Las dos comenzaron a hablar inmediatamente.

Felipe apareció detrás de ellas.

—Bueno, hermano, al fin se trajo la novia.

—Cállese.

—¿Qué? Si es verdad.

Todos comenzaron a reírse.

Entramos a la casa y nos sentamos a cenar.

La conversación iba de un lado para otro.

Mi mamá preguntándole cosas a Lilibeth.

Melissa contándole historias.

Miguel Ángel jugando alrededor de la mesa.

Y Felipe molestando cada cinco minutos.

Cuando terminamos de comer llegó el momento que yo sabía que iba a llegar.

Mi mamá preguntó:

—Bueno, ¿y dónde va a dormir Lilibeth?

Yo respondí de inmediato.

—Con Melissa.

Mi mamá me miró sorprendida.

—¿Con Melissa?

—Sí.

—¿Por qué, hijo?

—Porque sí.

Mi mamá sonrió.

—Pero si ya se la trajo.

Yo bajé la mirada unos segundos.

—Mamá...

—¿Sí?

—Aún no.

—¿Aún no qué?

—Aún no me siento listo para eso.

La mesa quedó en silencio.

Felipe fue el primero en hablar.

—Hermano.

—¿Qué?

—La trajo como su mujer.

—Felipe.

—No, en serio.

—¿Qué pasa?

—Entonces debería dormir con usted.

—No.

—¿Por qué no?

Yo suspiré.

—Porque no quiero.

—No lo entiendo.

—No tiene que entenderlo.

Mi hermano soltó una risa.

—Usted sí es raro.

—Tal vez.

Mi mamá me observó durante unos segundos.

Después sonrió.

—Déjenlo tranquilo.

—Pero mamá...

—Felipe.

—Bueno, bueno.

Miré hacia donde estaba sentada Lilibeth.

Y fue ahí cuando la vi.

Tenía la mirada baja.

La pequeña sonrisa que había tenido durante la cena había desaparecido.

Por un momento sentí un nudo en el pecho.

No porque hubiera hecho algo malo.

Sino porque pensé que tal vez ella había interpretado mis palabras de otra manera.

Como si no la quisiera.

Como si me avergonzara de ella.

Y eso estaba muy lejos de la realidad.

Terminamos de organizar las habitaciones.

Melissa estaba feliz porque iba a dormir con Lilibeth.

Mi mamá siguió hablando con ellas.

Y Felipe continuó molestando.

Pero yo me quedé pensativo.

Sentía que debía aclarar las cosas.

Sin embargo, en ese momento no encontré las palabras.

Así que simplemente me levanté de la mesa.

—¿Para dónde va? —preguntó Felipe.

—A cambiarme.

—¿Y después?

—Tengo unas cosas pendientes.

—Ni en viernes descansa.

—Alguien tiene que trabajar.

Felipe se rió.

Yo fui hasta mi habitación.

Me quité la ropa con la que había viajado.

Me puse ropa más cómoda.

Una camiseta vieja.

Un pantalón sencillo.

Y salí nuevamente.

La noche estaba tranquila.

Las luces de la casa iluminaban el patio.

Los grillos cantaban entre los árboles.

Y el aire fresco del campo se sentía agradable.

Caminé hasta una parte de la finca donde había dejado algunas cosas pendientes.

Mientras trabajaba, no podía dejar de pensar en lo ocurrido.

La verdad era sencilla.

Yo quería muchísimo a Lilibeth.

Pero también quería hacer las cosas con calma.

No porque no confiara en ella.

Ni porque no la considerara importante.

Todo lo contrario.

Precisamente porque era importante para mí.

Porque la quería.

Porque la respetaba.

Y porque quería que nuestra relación fuera construyéndose poco a poco.

Recordé la cara que puso cuando dije que dormiría con Melissa.

Y sentí preocupación.

—Ojalá no se haya sentido mal —murmuré.

Seguí trabajando durante un rato más.

Moviendo unas herramientas.

Revisando unas cercas.

Terminando lo que había dejado pendiente en la mañana.

Pero mi cabeza seguía en otro lugar.

Seguía pensando en ella.

Cuando finalmente terminé, regresé caminando hacia la casa.

Desde afuera podía escuchar las risas.

Mi mamá estaba contando historias.

Melissa hablaba sin parar.

Y Lilibeth también se escuchaba reír.

Eso me tranquilizó un poco.

Entré lentamente.

Nadie parecía notar que había estado preocupado.

Mi mamá me vio.

—¿Ya terminó?

—Sí.

—Venga, siéntese.

—Ya voy.

Me senté cerca de todos.

Y observé a Lilibeth.

Ella levantó la mirada.

Y me regaló una pequeña sonrisa.

Yo le devolví otra.

En ese momento entendí que tarde o temprano tendríamos que hablar.

Explicarle exactamente lo que sentía.

Decirle que no era falta de amor.

Ni falta de interés.

Sino todo lo contrario.

Que me importaba tanto que quería hacer las cosas bien.

Con paciencia.

Sin afanes.

Y respetando los tiempos de ambos.

Porque después de tantos años esperando para estar juntos, una noche más o una noche menos no iba a cambiar lo que sentía por ella.

Y eso era algo que pensaba decirle al día siguiente.

1
Kayra Villavicencio
Y el papá
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