Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo XI:Efecto Dominó
Ada se detuvo frente a la imponente puerta de la dirección, ajustó las correas de su mochila porque estaba muy nerviosa, tomó una bocanada de aire intentando calmar el temblor de sus manos, sabía que debía ser como una piedra gris, pero su naturaleza normalmente tímida le estaba jugando una mala pasada, tras un breve golpe la voz autoritaria del director le permitió la entrada a su oficina.
—Señorita Medina, qué sorpresa verla por aquí tan temprano—dijo el hombre, ajustando sus gafas de lectura—Usted es de las pocas estudiantes que nunca espero ver en mi oficina, ¿En qué puedo ayudarla?
Ada se sentó en la silla frente al escritorio, y su voluntad flaqueaba porque la idea de ser la persona que delatara a su antiguo grupo de amigos la abrumaba.
Con voz suave, pero sin vacilar, comenzó a relatar lo que había descubierto, el robo del examen de Química Orgánica, la distribución de las respuestas en el karaoke y la implicación de la mayoría de los alumnos que lideraban el cuadro de honor.
El rostro del director pasó de la curiosidad a una expresión de gravedad absoluta, porque para él, esta situación era muy compleja, Ada no solo era la mejor estudiante de la próxima promoción, sino que su denuncia afectaba a los alumnos más influyentes de la secundaria, incluyendo a su propia hermana.
—Esta es una acusación muy seria, Ada—comentó el director—No necesito decirle que esto podría poner en riesgo no solo el promedio de la promoción, sino también la ceremonia de graduación y el prestigio de la institución.
—Lo sé, señor director —respondió Ada, manteniendo el contacto visual— Pero también sé el esfuerzo que hay tras una calificación legítima y no puedo permitir que mi título valga lo mismo que uno obtenido mediante el fraude, yo ya he cumplido con mi parte; ahora le toca a la institución cumplir con la suya.
El silencio que siguió fue muy denso, el director observó la integridad inamovible de la joven frente a él, y al final asintió con solemnidad.
—Investigaré la situación de inmediato, señorita Medina, y si lo que dice es cierto, se tomarán las medidas disciplinarias correspondientes, sin importar los alumnos involucrados, le doy mi palabra.
Ada se puso de pie, sintiendo que a pesar de las consecuencias que esto traería para ella en su hogar, era un peso enorme que se quitaba de sus hombros.
Al salir de la oficina y ver como el director llamaba a su secretaria con urgencia, Ada supo que su misión había tenido éxito, y que tanto Sebastián, como Victoria y sus compañeros de clases finalmente caerían como piezas de dominó.
Entre tanto en el estacionamiento de la casa de la familia Hernández, Sebastián se sorprendió porque una persona no estaba allí esperándolo como todas las mañanas para que le diera un aventón.
—Qué extraño que Ada no me esperara —murmuró con desconcierto.
Al entrar al edificio de la secundaria, saludó a todos con su carisma habitual, sin embargo, su mirada se detuvo de inmediato en el banco cerca de la cantina, pero, allí no estaba Ada estudiando cómo era su hábito y una ligera punzada de inquietud lo recorrió.
La buscó por los alrededores y al entrar al aula se dio cuenta de que ella estaba allí estudiando para el examen de Química Orgánica que tendría lugar a la última hora académica de la jornada de la mañana.
Sebastián sintió el impulso de acercarse y saludarla, y de paso tantear el terreno tras los sucesos de la noche del sábado.
—¿Ada por que no me esperaste para darte el aventón y te viniste en bus? —preguntó intentando sonar casual y con una sonrisa ensayada le extendió un envase de jugo de naranja de la marca favorita de Ada y un par de pastelitos—Toma te traje esto, es una ofrenda de paz.
Ada alzó la vista y lo observó con un rostro neutro, lo dejó con la mano suspendida en el aire y no tomó el desayuno que le ofrecía, en el pasado ese solo gesto la conmovería hasta el punto de perdonarlo, pero ahora todo había cambiado.
—Gracias, Sebastián, pero ya desayuné —respondió Ada con frialdad —Y en cuanto a lo del aventón considero que no está bien que abuse de la amabilidad de mis vecinos.
Las palabras de Ada le sonaron como un balde de agua fría y lo irritaron, su mandíbula se tensó y se cruzó de brazos pensando en que el berrinche de ella que estaba durando demasiado y empezaba a resultarle verdaderamente muy molesto.
—¿Qué demonios te pasa, Ada? —reclamó, dando un paso hacia ella— ¿Desde cuándo soy “solo un vecino”?
—Sebastián es que eso es lo que somos, vecinos y compañeros de clases, ¿Acaso no estoy en lo cierto?
—Mira Ada, hasta para hacer un berrinche debe haber un límite.
Sebastián extendió la mano para tomarla del brazo y obligarla a salir del aula y exigirle una explicación de qué demonios le estaba pasando, sin embargo, no tuvo la oportunidad porque una voz estridente se escuchó desde la entrada del salón.
—¡Sebastián, cariño, ya llegué!
Victoria entró caminando con paso seguro y con la posesividad de siempre, se colgó de su brazo como una enredadera, reclamando toda su atención, y de inmediato el ambiente se cargó de una vibra muy pesada, el aroma dulce y empalagoso de la colonia que usaba Victoria se esparció, haciendo que Ada que era alérgica a esa fragancia de inmediato empezara a estornudar.
—Mamá está furiosa porque te fuiste de la casa tan temprano —le reclamó Victoria a Ada, mirándola de reojo.
Ada se cubrió la nariz con un pañuelo y se encogió de hombros porque para ella las rabietas matutinas de Mónica ya no tenían ningún sentido.
—Vamos a sentarnos en nuestros lugares —insistió Victoria, tirando del brazo de su novio.
Sebastián quería continuar confrontando a Ada, pero fue arrastrado por las exigencias de Victoria, y a pesar de las risas de sus amigos que también venían entrando al salón y del plan que compartían para el examen, él no podía sacudirse esa sensación inquietante en su pecho, era como un presentimiento de que estaba por ocurrir algo muy grave y que esta era la calma antes de la tormenta.
—Cada vez la soporto menos... —masculló Victoria en voz baja, observando a Ada, la cual se había vuelto a resolver problemas de química con avidez—Si no fuera porque papá insiste en que no quiere que se vaya lejos, te juro que yo misma le empacaría las maletas.
—Deberíamos ponernos a repasar, Victoria —sugirió Sebastián, tratando de disipar su mal presentimiento.
—No es necesario, Sebastián... además, ya tenemos las respuestas del examen —respondió ella con total despreocupación, cambiando de tema de inmediato para hablar de sus planes para el próximo fin de semana.
Mientras tanto Sebastián no dejaba de observar a Ada, pero ella no levantó la vista ni una vez porque estaba concentrada en estudiar.
—¿No te parece que tu hermana actúa diferente el día de hoy? —preguntó.
—Es tan rara como siempre—sentenció Victoria, restándole importancia con un gesto de la mano.
Dada su baja estatura y el uso de gafas, Ada solía ocupar el primer asiento de la fila central, porque esa posición le permitía una visión clara de la pizarra.
Sebastián por el contrario se sentaba al final del salón, y con esa distancia de por medio no necesitaban cruzar palabra alguna, en el pasado, Ada solía aprovechar cualquier descanso para acercarse al lugar de él como una “pagafantas”, sin embargo, su atención el día de hoy estaba volcada totalmente hacia Costanza y otros compañeros que por no haber asistido al karaoke el sábado, ignoraban que el examen de Química Orgánica había sido robado y distribuido entre el círculo de los alumnos populares.
—¿No te parece que todos ellos están actuando raros el día de hoy? —preguntó Augusto, el novio de Constanza, sentándose al lado de Sebastián.
—La verdad es que sí —respondió Sebastián. Al observar que su amigo llevaba un suéter cerrado a pesar del clima, frunció el ceño y negó con la cabeza—Por cierto, memoriza las respuestas y borra lo que tienes escrito en el brazo, no te arriesgues.
—No es necesario, además puedo alegar que tengo frío y no me quitaré el suéter —respondió Augusto con una sonrisa confiada.
Llegó la ultima hora académica de la mañana y el ambiente en el aula, se volvió asfixiante, y tras una revisión meticulosa de pupitres y calculadoras, el profesor comenzó a repartir las hojas, pero la tensión estalló antes de que el primer lápiz tocara el papel, cuando el docente se detuvo justo al lado del pupitre de Augusto.
—Quítate el suéter —ordenó con una voz que heló la sangre de los presentes.
Augusto titubeó, pero al quitarse el suéter, en el brazo de Augusto estaban escritas todas las respuestas del examen y aunque el profesor ya sabía de la denuncia de Ada, negó con la cabeza, pensando en que el estudiante, además de arrogante, era un completo idiota.
—Ve ahora mismo a la oficina del director—dijo el profesor con el rostro lleno de ira—El examen queda suspendido hasta nuevo aviso.
El caos fue inmediato, el profesor retiró todos los exámenes y abandonó el salón, y en su lugar entró la profesora guía, una mujer de rostro severo que les ordenó ponerse a repasar mientras el profesor regresaba.
Poco después entró Augusto con el rostro pálido y uno a uno fueron llamados los alumnos implicados y todos regresaban al salón con el mismo semblante.
—¿Cómo demonios se enteraron? — preguntó Sebastián con desconcierto, sintiendo que el suelo se abría a sus pies.
Una hora después regresó el profesor con fajos de hojas se trataba del examen de contingencia, y este era una versión muy brutal, y llena de ejercicios muy complejos, el cual fue diseñado especialmente para castigar la soberbia y deshonestidad del grupo.
—Tienen dos para resolverlo — anunció el profesor con severidad.
Por si el examen no fuera lo suficientemente difícil, entraron varios profesores para custodiarlos y al finalizar el tiempo solo diez alumnos resolvieron todos los problemas entre ellos se encontraba Sebastián el cual a pesar de su evidente falta de moral siempre fue un buen estudiante brillante.
En cuanto sonó el timbre, Ada recogió sus pertenencias con calma y fue la primera en salir del salón.
—¡Ada espera un momento! —dijo Sebastián.
Sebastián quería ir tras Ada y preguntarle si ella los había delatado, porque el director mencionó que había recibido una denuncia y aunque no dijo su nombre hubo alguien que la vio entrar en la oficina del director antes de comenzar las clases.
—¡Ada! —insistió, pero ella no se detuvo.
Pero ella lo ignoró y caminaba con paso presuroso por el pasillo hacia el comedor, porque ya nunca más sería aquella persona que lo protegía.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre