Hay perdidas que te quitan las ganas de vivir. Ainara perdió a su bebé antes de conocerlo por culpa de la negligencia de su esposo.
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Parque
Ander se sentó al lado Josué en el pequeño parque del hospital. Quería que el niño se entretuviera mientras esperaban noticias de Aianara.
— A mí no me gusta la señorita Patricia— comentó Josué.
—¿Por qué? Patricia es muy buena.
—No es buena porque siempre me pregunta cosas difíciles.
—¿Qué te pregunta?
—Me pregunta como se llaman mis abuelos. También me pregunta si tengo hermanos, y no sé que contestar.
A veces, para seguir funcionado, hay que contener el llanto. Ander estaba recibiendo la lección más noble de un pequeño niño. Los ojos húmedos de Josué no derramaron ninguna lágrima; más al contrario, sonrió cuando una mariposa pasó por su frente.
Ainara después de ser atendida fue a buscar a Josué, cuando lo encontró empezó a llorar. Parpadeaba y los ojos se le llenaban de lágrimas. Josué no soportaba verla así, ni mucho menos a Ander.
Josué intentó ponerse de pie, pero su enfermedad avanzaba cada día. El niño ya no podía mover sus pies y se acercó a Ainara en una silla de ruedas. Ainara se agachó y lo abrazó. En ese momento, ambos entendieron que a veces Dios no te manda adonde quieras ir, sino a donde necesita que estés.
—Perdóname, mi amor por no venir antes— dijo Ainara.
—¿Me porté mal, mamá?
—No, mi amor.
—Pensé que no volverías.
Esas pequeñas manos estaban acomodando la vida de Ainara, mientras que las del niño empezaban a despedirse. El mundo a veces castiga, pero también tiene esos pequeños parches que intentan sanar hasta las heridas más profundas. El niño, con su corta edad noto que Ainara sufría. Las marcas en el cuello de su madre le revelaron que Aianara había sido maltratada. Quería ayudarla a sanar, pero no sabía como hacerlo. Había registrado que a veces el cuerpo cede y se abre para retomar la respiración.
—¿Quién te lastimó, mamá?— Josué preguntó a Aianara mirándola a los ojos.
—Nadie mi vida, estoy bien— contestó Ainara secando sus lágrimas.
—Ander muchas veces me dijo que mentir es malo.
—Es verdad, no es bueno mentir.
—¿Qué puedo hacer para que ya no estés triste?
—Quiero que me cuentes un cuento.
—No sé muchos cuentos, pero te contaré uno— dijo el niño, secando las lágrimas de Aianara—. Había una vez un niño que perdió la memoria: no recordaba a su mamá ni a su papá, ni nada de lo que había hecho. Pero una noche, cuando el niño tuvo una pesadilla, una mujer hermosa se acercó a él y le abrazo con mucho cariño. En ese mismo momento, el niño reconoció a su madre. Estaba seguro que era ella porque una madre nunca olvidaría a su hijo. Y desde ese momento, el niño no necesitaba recordar nada más, porque su madre cada día lo cuidaba y jugaba con él. Y esa misma noche también reconoció a su padre, porque le había traído su alfajor favorito.
Ander reflexionó al escuchar a Josué, sabía perfectamente que esa historia era más real que otros cuentos. Le tomó la mano a Josué, pero el niño enseguida puso la de Ander junto a la de Ainara, haciendo que ambos se tomaran de la mano para que luego Josué apoyara sus manos encima de ellos.
Hay bestias con rostros de amable, frente a sus ojos todo parecería estar bien, pero no se daba cuenta el daño que había provocado en el corazón de Josué. Briana a poca distancia observaba lo que estaba sucediendo en el parque del hospital, reconociendo el rostro de la esposa de su amante junto a su hijo.
Briana era la verdadera madre de Josué. Cuando lo dejó abandonado en el hospital, jamás imaginó que la esposa de su amante cuidaría de él en sus últimos días. Cuando los encontró juntos, no sabía si era una mala o una buena coincidencia.
Josué ya había nacido con cáncer, pero al no ser tratado, la enfermedad lo iba consumiendo poco a poco. A su madre no le importaba si vivía o moría; lo más fácil para ella era que desapareciera para reorganizar su vida. Su teléfono empezó a sonar en el momento e interrumpió la vista. Tomó el celular para contestar, notó que el número era desconocido. Pensó antes de contestar, pero la llamada era tan insistente que contestó.
—¡Decime ya! ¿Dónde está mi hijo, Briana?— se escuchó del otro lado de la llamada.
—¿De qué hijo me hablas, Farias? Vos y yo nunca tuvimos un hijo.
—Eso es lo que me hiciste creer, hija de puta. En cualquier momento te voy a encontrar y te voy a hacer mierda.
—No me hagas reír, no sos más que un puto resentido. Jamás tuve un hijo tuyo.
—Perfecto, eso quiero me lo digas de frente cuando te encuentre.— dijo Farias y colgó el teléfono.
Farias era el padre biológico de Josué, pero Briana jamás se lo dijo. Su egoísmo la llevó a querer borrar esa aventura con Farias para eliminar toda evidencia de ese encuentro, y la prueba de eso era Josué. Quería empezar una nueva historia, pero borrando todo rastro de su pasado.
Briana con mucha frialdad abandonó el hospital, una sonrisa sincera la acompañaba después de que un médico le dijo que el niño quizás no llegaría al fin de semana. Se hizo pasar por una asistente social, para obtener información del historial médico de Josué.
—Mañana es mi cumpleaños. ¿Te quedarás conmigo?— comentó Josué a Ainara.
—Claro mi amor. Te prometo que no volveré a dejarte y que mañana tendrás el mejor cumpleaño.
—¿De verdad?— dijo el niño muy contento.
—¿Qué te gustaría de regalo?— preguntó Ander a Josué.
—Me gustaría tener una hermanita.
A Ainara una vez más se le llenaron los ojos de lagrimas.
—No puedo prometerte una hermanita, quizás sea un hermanito. No sabemos qué puede ser, pero te prometo que intentaré dártelo, aunque no ahora. Los bebés no se hacen de un día para el otro. Todo tiene un procesó, pero lo voy a intentar. ¿Qué dices?— Argumentó Ainara tocando su vientre, vacío aún, con cicatrices que dolían en el alma como si algo quemara muy fuerte.
los personajes y crea muy bien la trama.
Joshua que astuto resultaste sabes que Aimara no es tu madre pero se lo haces creer te encanta que te abrace y llene de besos 😘😘😘🥰🥰🥰 pero no sabes si cuando te vayas sufrirá por tu partida y quieres que ella este con Ander para que no sufra lo que hace la inocencia de un niño.