Anastasia solo quería un café tranquilo y quizás encontrar la oferta del 2x1 en su supermercado. En cambio, terminó siendo el centro de atención de siete hombres que parecen sacados de una fantasía... o de un manicomio con buena genética.
Un millonario excéntrico, un artista bohemio dramático, un científico genio con alergia social, un chef que solo cocina para ella, un guardaespaldas estoico que le tiene miedo a los gatos... ¿y la lista sigue? Anastasia intentará mantener la cordura (y su espacio personal) mientras su "harem" compite por su afecto de las maneras más hilarantes y desastrosas imaginables.
¿Podrá encontrar el amor verdadero o solo una gran factura de terapia?
NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11: La Batalla Culinaria y el Sabor del Desastre
Después de la "terapia artística" de Caleb, la vida había vuelto a su ritmo habitual de caos organizado. Anastasia, con su nueva perspectiva, incluso había empezado a encontrarle cierto encanto a la constante supervisión de Rocky, a las extravagancias de Max, a los análisis de Silas y a los monólogos filosóficos de Caleb. Pero una cosa seguía siendo constante: la comida. Y en ese reino, Nico Sabor era el rey indiscutible.
Nico había estado trabajando en un nuevo concepto culinario: "Sabores Ancestrales Modernizados". Su objetivo era rescatar recetas olvidadas y combinarlas con técnicas de vanguardia, creando experiencias gastronómicas que tocaran el alma. Ana, a pesar de sus reservas iniciales sobre cualquier cosa que implicara la palabra "ancestral" después de la "reconexión con la tierra" de Caleb, se había dejado convencer por el entusiasmo de Nico.
El gran momento llegó con la "Cena de Degustación Ancestral", un evento exclusivo para un puñado de críticos gastronómicos y, por supuesto, para la "musa culinaria", Ana. Nico había alquilado un espacio impresionante, un antiguo almacén industrial transformado en un restaurante pop-up de alta cocina. Los preparativos habían sido meticulosos, con Nico supervisando cada detalle, desde la temperatura del horno hasta la disposición de las flores en la mesa.
Pero la cocina, como la vida, puede ser impredecible. La noche de la cena, una serie de calamidades se desataron en el templo culinario de Nico.
La primera fue el "incidente del horno". Nico, en su afán por experimentar con una técnica de cocción lenta a baja temperatura, había estado utilizando un horno de última generación con una interfaz de usuario extremadamente compleja. Silas, queriendo ser "útil", se había metido en la cocina.
"Nico, he detectado una fluctuación del 0.03% en la temperatura interna del horno", dijo Silas, con su tablet en mano. "Podría afectar la caramelización de la corteza del mojojoy glaseado."
Nico, que estaba en medio de un delicado proceso de reducción, se sobresaltó. "¡Silas, te he dicho mil veces que no toques el horno! ¡Es un ser vivo!"
Silas, sin embargo, ya había comenzado a "optimizar" la configuración. "He reprogramado los algoritmos de convección para compensar la anomalía. Debería mejorar la homogeneidad térmica en un 4.2%."
El resultado de la "optimización" de Silas fue una explosión de humo y un olor a quemado que invadió la cocina. El mojojoy glaseado, un plato estrella, se había carbonizado. El horno, por su parte, ahora mostraba una serie de mensajes de error en japonés.
La segunda calamidad fue el "motín de los ingredientes exóticos". Max, queriendo sorprender a Nico, había encargado una serie de ingredientes rarísimos y costosísimos, incluyendo "pipilongo peppercorn" de Colombia, "maravilla" (un bulbo comestible) y unas exóticas frutas colombianas como el "maraco" y el "cupuaçu". El problema fue que los ingredientes llegaron en un estado... inesperado.
Rocky, el encargado de la "seguridad alimentaria", había abierto el paquete. "Señorita, estos 'pipilongo' parecen... gusanos. Y este 'maraco' tiene un olor peculiar. No sé si son aptos para el consumo."
Max, que estaba intentando impresionar a Ana con sus conocimientos culinarios, intervino. "Rocky, no seas dramático. Son delicias exóticas. El pipilongo es un pimiento largo y aromático, y el maraco es una fruta chocolatera amazónica. ¡Son el futuro de la gastronomía!"
Pero Rocky, con su instinto de protección, ya había comenzado a "inspeccionar" los ingredientes. Descubrió que una de las cajas de frutas exóticas contenía, además de las frutas, una pequeña serpiente inofensiva que se había colado. La reacción de Rocky fue, previsiblemente, un grito que se escuchó en todo el restaurante, seguido de una persecución cómica con una escoba. La serpiente, asustada, se metió en una caja de "maravilla".
El tercer desastre fue la "inspiración artística descontrolada" de Caleb. Caleb, que se había recuperado de su crisis y ahora estaba en una fase de "exploración sensorial", había insistido en "ayudar" a Nico con la presentación de los platos.
"Nico, el emplatado es un arte", declaró Caleb, con su bata de chef manchada de pintura. "Cada plato debe contar una historia. Debe evocar una emoción. He estado trabajando en un concepto de 'caos estructurado' para el plato principal."
El "caos estructurado" de Caleb implicaba una serie de "salpicaduras deliberadas" de salsas, un "montículo deconstruido" de vegetales y una "nube de espuma etérea" que se desvanecía en el aire. El problema fue que las salpicaduras eran excesivas, el montículo parecía un derrumbe y la espuma, en lugar de ser etérea, tenía la consistencia de una masa pegajosa.
Nico, en medio de la vorágine, estaba al borde de un ataque de nervios. Su cocina, su santuario, se había convertido en un campo de batalla.
Ana, viendo el pánico en los ojos de Nico, decidió tomar el control.
"¡Escuchen todos!", exclamó Ana, con una voz que sorprendió incluso a Rocky. "Nico necesita ayuda, no más 'optimización' ni 'arte conceptual' ni serpientes. ¡Max, deshazte de los ingredientes extraños y pide un nuevo suministro de los que se quemaron! ¡Y sin serpientes esta vez! ¡Silas, apaga el horno y reinicia la electricidad! ¡Caleb, guarda tus pinceles y ayúdanos a pelar las verduras! ¡Y Rocky, por favor, detén la persecución y asegúrate de que no haya más fauna silvestre en la cocina!"
Para sorpresa de Ana, sus órdenes fueron acatadas. Max, con un suspiro dramático, llamó a su asistente para que se encargara de los nuevos ingredientes. Silas, con una eficiencia robótica, reinició el sistema eléctrico. Caleb, aunque con cierta frustración artística, comenzó a pelar zanahorias con un entusiasmo inesperado. Y Rocky, después de asegurar la cocina de cualquier intruso reptiliano, se puso a cortar cebollas con una precisión militar.
Ana se acercó a Nico, que estaba sentado en el suelo, con la cabeza entre las manos. "Nico, respira. No está todo perdido. Todavía podemos salvar esto."
Juntos, Ana y Nico, con la ayuda (a su manera) de los otros, comenzaron a reconstruir la cena. Ana, con su experiencia en la gestión del caos, coordinó las tareas. Silas, a pesar de sus errores iniciales, resultó ser sorprendentemente bueno en la organización de los ingredientes y la optimización de los tiempos de cocción. Caleb, con su ojo artístico, encontró una nueva forma de emplatar los platos de manera simple y elegante. Rocky, con su precisión, se encargó de las tareas más delicadas. Y Max, aunque seguía haciendo llamadas a su asistente, al menos no obstaculizaba más.
Cuando los críticos gastronómicos se sentaron a la mesa, la cocina estaba impecable y los platos, aunque no eran exactamente lo que Nico había planeado inicialmente, eran deliciosos. El mojojoy carbonizado había sido reemplazado por un uchuva glaseado (una fruta exótica colombiana), los ingredientes exóticos con serpiente fueron descartados y sustituidos por otros, y la presentación de Caleb, ahora más minimalista, era sorprendentemente efectiva.
La cena fue un éxito rotundo. Los críticos elogiaron la "audacia" de los sabores, la "creatividad" de la presentación y la "innovación" de la experiencia. Nico, exhausto pero radiante, agradeció a su equipo.
Al final de la noche, mientras Ana ayudaba a limpiar la cocina, Nico se acercó a ella. "Ana", dijo, con una voz suave. "Gracias. Sin ti, esto habría sido un desastre absoluto."
Ana sonrió. "Para eso estamos, Nico. Para el caos organizado."
Miró a su alrededor. Max estaba regañando al lavaplatos por no usar el jabón adecuado para la plata. Silas estaba analizando los restos de comida en un pequeño dispositivo. Caleb estaba dibujando un retrato del crítico gastronómico más exigente. Y Rocky, por supuesto, estaba patrullando la cocina en busca de cualquier señal de vida felina.
La vida era una constante aventura culinaria, artística y, a veces, un poco peligrosa. Pero con este equipo, Ana sabía que no importaba el desafío, siempre habría una historia que contar. Y quizás, incluso, una buena comida al final del camino.