Andrea Miller jamás imaginó que una simple noche en una discoteca cambiaría por completo su vida. Después de semanas sintiéndose atrapada en la rutina, acepta salir con su mejor amiga, Viviana Lewis, sin saber que entre las luces, la música y el alcohol cruzaría miradas con el hombre que terminaría destruyendo su corazón.
Sebastián Foster es atractivo, elegante y demasiado encantador para ser real. Desde el instante en que se acerca a Andrea para ofrecerle una copa, la conexión entre ambos se vuelve imposible de ignorar. Las conversaciones fluyen, las miradas arden y el deseo termina convirtiéndose en algo mucho más peligroso: amor.
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Capitulo 16
Desde que su relación con Omar se había hecho más estrecha y sólida, la vida de Viviana había cambiado de formas que jamás habría imaginado. Al principio todo parecía perfecto: había encontrado al amor de su vida, un hombre atento, cariñoso y leal, y al mismo tiempo, se había integrado por completo en el grupo de personas que rodeaban a la persona que más quería en el mundo, su gran amiga Andrea. Gracias a Omar, que era el compañero inseparable y el confidente de Sebastián, ella pasaba tiempo en reuniones, cenas y encuentros donde se mezclaban todos aquellos que formaban parte de su círculo cercano. Creía sinceramente que tenía lo mejor de ambos lados: estaba junto al hombre que amaba, y podía estar cerca de Andrea, compartiendo su felicidad y cuidando de ella tal como se lo había prometido desde que eran niñas. Sin embargo, poco a poco, esa posición privilegiada se fue transformando en una carga pesada y dolorosa que empezó a pesarle sobre la conciencia y el corazón.
Al principio, los detalles que llamaron su atención eran cosas pequeñas, comentarios al pasar, frases que parecían inocentes pero que guardaban un doble sentido, o silencios que se hacían demasiado largos y significativos. Estaba acostumbrada a escuchar lo que Andrea le contaba con ojos brillantes y voz llena de ilusión: le hablaba de un amor sincero, de promesas de futuro, de obstáculos que superar, de un hombre que tenía problemas familiares y obligaciones complicadas pero que estaba luchando por ser libre y poder estar plenamente con ella. Viviana lo había aceptado tal cual se lo habían explicado, convencida de que se trataba de dificultades comunes, de asuntos complejos de familias ricas y poderosas donde todo tenía reglas estrictas y lazos difíciles de romper. Pero lo que escuchaba por otro lado, lo que captaba entre palabras dichas en voz baja, lo que notaba en la actitud de Omar y en la forma en que miraba y hablaba de Sebastián, empezaba a dibujar un cuadro muy distinto y mucho más turbio.
Una tarde, estaban en casa de Omar, él y Sebastián conversaban en el estudio mientras ella esperaba en la sala, un poco apartada pero lo suficientemente cerca como para escuchar lo que decían, ya que no habían cerrado la puerta del todo. Al principio hablaban de negocios y asuntos generales, hasta que la conversación derivó hacia temas personales, y la voz de Sebastián sonó cargada de angustia y preocupación.
—Esto se me está yendo de las manos, Omar. Ya no sé cómo sostenerlo todo. Cada día que pasa me siento más atrapado, más agobiado. Renata está cambiando, lo noto en su mirada, en cómo me observa, en cómo me pregunta cosas que antes ni se le ocurría mencionar. Ya no es esa indiferencia tranquila de antes, ahora hay vigilancia, hay sospecha. Y Andrea… Andrea confía plenamente en la historia que le he contado, cree que solo tengo obligaciones antiguas y ataduras familiares, no sabe la verdad completa. Me duele engañarla, me duele usar su confianza así, pero si le dijera quién soy realmente y cuál es mi situación real, todo acabaría ahí mismo, y yo no puedo perderla. No puedo.
La voz de Omar respondió con tono serio y comprensivo, como quien conoce cada detalle y cada secreto desde hace mucho tiempo.
—Lo sé, amigo, lo sé y estoy contigo como siempre lo he estado. Pero tienes que entender que esto no puede mantenerse mucho más tiempo. Tienes que recordar los acuerdos que existen, lo que significa tu nombre, lo que representa la unión con la familia Dawson. Romper eso o ponerlo en riesgo no es solo un problema personal, es algo que afecta fortunas, negocios y reputaciones que se han construido durante generaciones. Yo te ayudo, te cubro, invento excusas y te ayudo a ocultarte… pero cada vez que lo hago, también me arriesgo yo, y ahora también arriesgo lo que tengo con Viviana. Si algo sale mal, si ella llega a enterarse y se lo cuenta a Andrea, todo estallará y nadie podrá controlarlo.
Viviana se quedó inmóvil donde estaba, con la sangre helada en las venas, sin atreverse ni siquiera a respirar con fuerza para que no la notaran. Había escuchado palabras que lo cambiaban todo: Renata, acuerdos, unión familiar, obligaciones que van más allá de lo personal. De repente entendió que la historia que le habían contado a Andrea, esa versión de ataduras y problemas generales, era solo una parte, y que lo que se ocultaba detrás tenía un nombre y una forma mucho más clara y devastadora. Sebastián tenía un vínculo oficial, una compañera reconocida, una vida establecida que nadie le había mencionado a su amiga. Y lo que era peor: Omar lo sabía todo, había sido cómplice desde el principio, y le había ocultado la verdad a ella también.
Cuando los hombres salieron de la habitación, la encontraron sentada, pálida y silenciosa, tratando de disimular la tormenta que se desataba en su interior. Omar se acercó sonriendo, con esa ternura que la había conquistado, y le pasó la mano por el cabello con cariño.
—¿Todo bien, mi vida? Estuvimos hablando de cosas aburridas y complicadas, perdona si te hemos dejado mucho tiempo sola.
Ella levantó la vista y lo miró directamente a los ojos, buscando algún rastro de mentira, algún indicio de que se había equivocado o de que había entendido mal.
—Omar… —empezó a decir con voz que intentó mantener firme—. He escuchado parte de lo que decían. He oído nombres, he oído hablar de acuerdos y de una unión que parece muy importante. Hay algo que no me habías contado, algo sobre la vida de Sebastián… y necesito que me digas la verdad, por favor. ¿Qué es lo que realmente hay? ¿Por qué Andrea no sabe todo esto?
La expresión de él cambió al instante. La sonrisa se borró, la mirada se volvió inquieta y apartó la vista un momento antes de responder, eligiendo con cuidado cada palabra.
—Viviana, son asuntos muy complejos, cosas de negocios, de alianzas entre familias poderosas. Lo que escuchaste suena grave, sí, pero tiene explicación. Sebastián lleva una carga muy pesada, tiene compromisos que le impusieron y de los que intenta salir, tal como ya se lo ha dicho a Andrea. Ella sabe lo que necesita saber, y confía en él. Lo demás… lo demás es parte de un mundo complicado que es mejor que no le llegue, para protegerla de sufrimientos innecesarios.
—¿Protegerla? —repitió ella, sintiendo cómo la duda se transformaba en angustia—. ¿O es ocultarle la realidad completa para que siga creyendo en algo que quizás no es tal como se lo han hecho creer? Ella es mi mejor amiga, Omar. La quiero como a una hermana, y le prometí siempre estar de su lado, cuidarla y no dejar que nadie le haga daño. Si hay cosas importantes que se le están escondiendo, cosas que pueden destrozarla cuando salgan a la luz… entonces tengo derecho a saberlo, y tengo la obligación de pensar en ella antes que en nada más.
Omar tomó sus manos entre las suyas, con expresión de súplica y también de firmeza.
—Escúchame bien, amor mío. Lo que tenemos nosotros es hermoso y verdadero, y ha sido posible precisamente porque nos hemos movido dentro de este círculo, porque hemos compartido con ellos. Sebastián es mi amigo desde siempre, le debo lealtad y ayuda. Lo que hace o deja de hacer tiene que ver con sus decisiones y su vida, pero yo no puedo traicionarlo ni exponerlo. Y tú… tú estás conmigo ahora, formas parte de esto también. Entiende que no todo es blanco o negro, que hay matices, razones, historias largas y dolorosas que no conoces del todo. Si dices algo, si metes la mano en esto, vas a provocar una catástrofe que lastimará a todos, empezando por Andrea misma, que ahora mismo es feliz tal como cree que son las cosas. ¿Por qué quieres romper esa felicidad antes de tiempo?
Desde aquel día, Viviana vivió dividida en dos mitades, atrapada entre dos lealtades que se enfrentaban con fuerza desgarradora. Por un lado estaba su amor por Omar: sentía por él un sentimiento profundo, creía en lo que tenían juntos y deseaba con toda su alma que todo estuviera bien, que lo que él le decía fuera la verdad completa y que no hubiera malicia ni engaño de fondo. Por otro lado estaba la amistad que era el pilar de toda su vida, ese lazo indisoluble que la unía a Andrea, la certeza absoluta de que debía cuidarla, de que nadie tenía derecho a jugar con sus sentimientos ni a mantenerla en la ignorancia para su conveniencia.
Empezó a observar todo con otros ojos, y cada nuevo detalle confirmaba sus temores. Escuchaba comentarios en reuniones sociales donde mencionaban a Sebastián y a su esposa como una pareja establecida y reconocida, veía cómo apartaban temas o cambiaban de nombre cuando ella estaba cerca, notaba que todos parecían conocer la realidad menos precisamente la persona más afectada: su amiga. Intentó hablar con Andrea en varias ocasiones, insinuando cosas, tratando de ver cuánto sabía o cuánto imaginaba, pero siempre recibía la misma respuesta: confianza absoluta, seguridad ciega, la convicción de que los problemas eran solo dificultades ajenas a su amor y que pronto todo se resolvería para bien.
—Está pasando por mucho, Vivi —le decía Andrea con dulzura—. Tiene que deshacer cosas que le impusieron, cumplir promesas que no son suyas, pero lo está haciendo por mí, para poder ser libre y estar juntos forever. Solo necesito esperar y confiar, tal como él confía en mí.
Esas palabras terminaban de confundirla y de angustiarla más. ¿Debía romper esa ilusión, contarle lo poco que sabía o sospechaba, arriesgándose a romperle el corazón ahora mismo sin estar totalmente segura de todo? ¿O debía callar, hacer caso a lo que Omar le pedía y esperar, aunque eso significara dejar que siguiera creyendo en algo construido sobre bases que parecían falsas?
Una noche, mientras estaba acostada al lado de Omar, escuchando su respiración tranquila, Viviana no pudo dormir. Sentía que estaba pisando un suelo que se hundía, que estaba en medio de algo mucho más grande, más complicado y más peligroso de lo que había pensado. No sabía que pronto esa posición intermedia desaparecería, que ya no tendría opción de elegir si saber o mirar hacia otro lado, y que los acontecimientos la arrastrarían directamente al centro del conflicto, obligándola a tomar partido, a hablar o a callar, y a enfrentarse a consecuencias que pondrían a prueba tanto su amor como su lealtad hasta límites que jamás habría imaginado. Lo único que tenía claro en ese momento era que el equilibrio ya se había roto, que la verdad estaba acumulando fuerza para salir de golpe, y que cuando eso ocurriera, nadie de los que estaban conectados en aquella red de secretos y afectos quedaría sin sufrir las consecuencias.