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La Venganza De Los Beltrán

La Venganza De Los Beltrán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Venganza / Completas
Popularitas:780
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: La orden que nunca se cumplía Narra Santiago

Ahora teníamos escoltas.

A donde íbamos, ellos estaban ahí. Siempre cerca. Siempre atentos. Siempre con esa presencia silenciosa que hacía que el mundo alrededor se sintiera distinto. Armados, entrenados, observando cada movimiento como si nada pudiera escaparse de su control.

Ya no caminábamos como antes.

Ya no vivíamos como antes.

Y, aun así, había algo que seguía sin cambiar: el pasado.

Ese pasado que nos había marcado cinco años atrás.

Ese pasado que nunca se había ido.

Habíamos dado una orden clara desde hace tiempo.

Una orden que para nosotros era más que un trabajo.

Era una promesa.

Si encontraban a los responsables de la muerte de nuestros padres… debían ser llevados directamente a la mansión.

Sin excepción.

Sin discusión.

Los escoltas lo sabían.

Todos lo sabían.

La idea no era improvisada. No era un impulso. Era una instrucción fija, repetida más de una vez en reuniones donde el silencio era más pesado que cualquier palabra.

Scarlett había sido clara desde el inicio.

—Si aparecen —había dicho una vez— no se negocia.

Victoria también lo había apoyado, aunque con una mirada más fría.

—Se termina donde empezó —fue lo único que dijo.

Ángel no había hablado mucho ese día.

Karina tampoco.

Y yo… yo solo asentí.

Porque en ese punto ya no se trataba de rabia.

Se trataba de cerrar un ciclo.

Pero el problema era otro.

No los encontraban.

Pasaban los días.

Luego semanas.

Luego meses.

Y nada.

Los reportes de los escoltas eran siempre los mismos.

—Sin rastro.

—Sin coincidencias.

—Sin movimientos.

Era como si el mundo los hubiera tragado.

O como si hubieran aprendido a desaparecer mejor que nosotros aprendimos a buscarlos.

Esa mañana nos reunimos en la sala de la mansión.

El ambiente era como siempre: controlado, frío, organizado. Las pantallas mostrando información, los escoltas en los pasillos, el silencio de una casa demasiado grande para la cantidad de pensamientos que guardaba.

Scarlett estaba revisando datos.

Victoria hablaba con uno de los encargados de seguridad.

Ángel estaba apoyado contra la pared.

Karina estaba sentada, observando sin intervenir.

Yo caminaba de un lado a otro.

—Otra vez lo mismo —dije finalmente.

Nadie respondió de inmediato.

Scarlett cerró la laptop.

—No hay nada nuevo —confirmó.

Victoria cruzó los brazos.

—Los equipos revisaron rutas, contactos, movimientos recientes… nada.

Ángel suspiró.

—Es como si no existieran —dijo.

Karina bajó la mirada.

—O como si supieran esconderse mejor que nosotros encontrarlos…

El silencio volvió a caer.

Yo me detuve.

—No puede ser que después de todo este tiempo… no haya nada —dije.

Scarlett me miró.

—No es que no haya nada —respondió—. Es que no han cometido errores.

Victoria asintió lentamente.

—Y sin errores… no hay rastros.

Ángel apretó la mandíbula.

—Entonces seguimos esperando.

No era una pregunta.

Era una frustración.

Karina habló por primera vez en el día.

—¿Y si nunca aparecen? —preguntó en voz baja.

Nadie respondió rápido.

Porque esa pregunta ya había estado en la mente de todos.

Scarlett fue la primera en romper el silencio.

—Aparecerán —dijo con seguridad.

Victoria la miró.

—No podemos depender solo de eso —añadió.

Yo apoyé las manos en la mesa.

—La orden sigue en pie —dije.

Todos me miraron.

—Si aparecen —continué—, los escoltas los traen aquí.

Scarlett asintió.

—Y aquí se termina todo.

Ángel no dijo nada, pero su expresión era seria.

Karina respiró hondo.

—Eso suena más difícil de lo que parece…

Victoria la miró.

—Lo es.

El problema no era la orden.

El problema era la espera.

Porque cada día que pasaba sin respuestas no solo alargaba el proceso…

también desgastaba algo dentro de nosotros.

El deseo de cierre.

El deseo de entender.

El deseo de terminar lo que empezó aquella noche.

Scarlett se levantó.

—No podemos obsesionarnos con esto —dijo.

Yo la miré.

—No es obsesión —respondí—. Es el origen de todo.

Ella sostuvo mi mirada.

—Y también puede ser lo que nos destruya si no lo controlamos.

Silencio.

Victoria se acercó un poco a la mesa.

—Tenemos que seguir moviéndonos —dijo—. No podemos detener todo por algo que todavía no aparece.

Ángel asintió.

—La vida no se detuvo para ellos… tampoco para nosotros.

Karina miró a todos.

—Pero esto sigue aquí… aunque no lo veamos.

Nadie la contradijo.

Porque era verdad.

Yo me alejé un poco de la mesa.

Miré la casa.

Grande.

Fría.

Llenada de decisiones acumuladas.

—Cinco años buscando respuestas —dije en voz baja—. Y todavía no tenemos una sola.

Scarlett me respondió desde su lugar.

—Pero tenemos control.

Victoria añadió.

—Y tenemos estructura.

Ángel cruzó los brazos.

—Y tenemos paciencia… aunque no queramos.

Karina bajó la mirada.

El silencio que siguió fue distinto.

Ya no era tensión.

Era aceptación de una realidad que no avanzaba al ritmo que queríamos.

Yo respiré hondo.

—La orden sigue —repetí.

Scarlett asintió.

Victoria también.

Ángel no discutió.

Karina tampoco.

Pero en el fondo, todos entendíamos lo mismo:

no es lo mismo dar una orden…

que ver el momento en que esa orden finalmente se cumple.

Y ese momento, por ahora, seguía sin llegar.

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